lunes, 2 de julio de 2012

Puerto de Sagunto-Cara del Oso


En los años 80 hizo furor una marcar de prendas deportivas; los fieles a la marca y ahora nostálgicos, aunque hay que decir que ha vuelto, aunque con menos fuerza de la deseada, nos pertrechamos con zapatillas, camisetas y las reconocidísimas parcas de la marca “Karhu” que lucimos durante años y, que con el paso del tiempo, aún atesoramos como autenticas joyas, algunas en perfecto estado de uso. 

Pero nada tiene esto que ver con la ruta de hoy, o sí… si lo miramos desde la cara del “oso”, el último oso de La Calderona. 

Y es que cuando estaba diseñando esta ruta, me encontré con la agradable sorpresa de una imagen reconocida y grabada en mi memoria a fuerza de verla al revés en el espejo; la cara del oso me miraba desde el mapa… y no pude contenerme y acabé diseñando el recorrido como homenaje a ese mítico oso; como anécdota decir que Karhu vendió el logotipo de las tres bandas a la marca Adidas. Pero vamos ya a la ruta que es lo que nos interesa.

Inicio la ruta en el Puerto de Sagunto. El mar me mira adentrarme por la desembocadura muerta del río Palancia. 

Unos arcos dan la entrada a esta zona acondicionada con caminos y como zona de esparcimiento y actividades deportivas. Unos montones de tierra me obligan a adentrarme entre unas casetas, al otro lado de estas llego al vado asfaltado por el que cruzan los coches el cauce del río. A ambos lados unas monumentales arboledas crecen dando sombra a los caminos que circulan bajo ellas. Me adentro ahora en la margen izquierda y transito bajo un mundo inundado del olor a eucalipto. Este magnifico tránsito dura poco y luego encuentro un camino muy similar al conocidísimo parque fluvial del Turia. Con la evidente diferencia de la falta de agua y frescor y la consiguiente falta de árboles. Aun así el camino tiene algo de especial. Las montañas, lugar de destino en la ruta de hoy van acercándose pedalada a pedalada detrás del castillo de Sagunto. 

La enorme mole de la montaña coronada con el excelso castillo se agranda ante mis ojos con cada metro que avanzo. Detrás, la mola de Segart parece un gigante enano. El camino del río se acaba junto al muro que sube a Sagunto, una senda acaba los últimos 5 metros de río obligándome a bajar de la bici para salvar la rampa y el bordillo por el que accedo directamente a la carretera, ni una acera ni un carril bici, ni siquiera un paso de peatones, nada, el mundo es de los coches. Enseguida llego al puente que cruza al otro lado del río, sigo recto para adentrarme en la calle que se pega al río. Los edificios son colosos de 8 plantas, pero al otro lado, una nueva expansión del pueblo abre nuevos horizontes al despropósito urbanístico y al mal gusto. Edificios de hasta 10 plantas matan completamente la preciosa ermita de sant Cristòfol que se alza sobre un altozano en lo que algún día estuvo en las afueras del pueblo, hoy casi integrada en él a fuerza de hormigón y ladrillos. Sigo por esta calle y me adentro en la acera cuando es posible o sigo por la carretera cuando no. Bajo al cauce en el único punto donde he sido capaz de encontrarlo, pero con tan mala suerte que muere unos metros más allá, casi a la salida del pueblo en un azud que no se puede remontar, así que subo unas escaleras hasta la carretera que sale del pueblo. Encuentro, afortunadamente, un carril bici que, con más o menos fortuna, pues en algún punto se cruza la carretera y el carril desaparece, no hay posibilidad de cruzar para retomarlo al otro lado, me lleva hasta las huertas de Gilet tras cruzar un pequeño barranco. Por un paso inferior salvo las vías del tren y luego la autovía. Entro al pueblo frente a la iglesia y giro a la derecha. En la plaza una calle se eleva hacia el calvario, encuentro las estaciones de penitencia adosadas a la pared de las casas. El grado de elevación de la pendiente se agrava con cada estación. Ya no hay pérdida, solo hay que seguir el camino que sube. Se acaban las casas y una pinada teje, con sus hojas caducas, el suelo por el que transito. Todo metido en los platos y agachado sobre el manillar para evitar que la rueda patine en la pinocha. Esto me recuerda a otra rampa que también subía hacia un santuario no hace muchas fechas… no es lo mismo desde luego, pero la sensación que tengo en las piernas me indica que no es mi mejor día. El calor me está atacando de una forma despiadada, pero el cansancio que llevo encima del trabajo me está pasando factura. 

Llego arriba junto a la ermita de sant Miquel y un asomo de pájara me obliga a tomarme mi tiempo de descanso. Vale, tomo nota del aviso y me digo que la jornada me la tomaré con calma. Desde aquí arriba diviso la torre de Gilet que desde abajo no veía tapada por la iglesia. La ermita no tiene mucho más que ver así que bajo otra vez al pueblo y retrocedo para verla. Desde allí vuelvo a retroceder para llegar hasta la bajada de la ermita. Retomo ahora la carretera en dirección a Santo Espíritu. Este tramo de carretera no tiene mucho tránsito a pesar de llegar a muchas urbanizaciones, de todas formas, extremo la precaución ante los coches con los que me encuentro. Rotonda a la izquierda y más urbanizaciones. Luego la carretera se adentra entre la pinada que conduce hasta el convento. 

Antes paso el camino a la derecha que tomaré después de la visita al convento. Ya conocía este lugar de las rutas: http://rodaipedal.blogspot.com.es/2008/12/crnica-pla-de-lluc-monasterio-de-sant.html y http://rodaipedal.blogspot.com.es/2009/12/cronica-de-manises-monte-picaio.html pero ante este encantador lugar no podía pasar de largo sin una breve parada. Bajo hasta el camino que ahora queda a mi izquierda y me adentro en la montaña, en los caminos de tierra y piedra, en mi terreno. La subida pronto se endurece. Cuando quiero darme cuenta ya están todos los hierros metidos y yo boqueando buscando aire. Las piernas me pesan y subo a ritmo, a ritmo lento quiero decir. Encuentro las temibles rampas asfaltadas de las que no me quería acordar, con la esperanza de que hubieran desaparecido. No es el caso. Ahí están, poniendo unos puntitos más de interés a la rampa. Casi no sirve aquello de ir en zigzag, el camino es tan estrecho que casi no ganas nada, mas que desequilibrarte. El sudor me corre como si me hubiera echado agua por encima y las gafas están llenas de gotitas de sudor que me molestan para ver. 

A mi derecha la montaña de la cruz. Su increíble perfil atrae la vista como un poderoso imán. Voy ganando altura junto a campos de naranjos que poco han crecido desde nuestro paso de la primera ruta arriba mencionada. Sobre ellos el Xocainet que tendré que rodear. Llego hasta el refugio de los cazadores, pero el camino aún no ha tocado techo. Me adentro por completo en la pinada. El terreno adquiere con más fuerza el rojo del rodeno y firme encuentra su justa medida en el caos que otorga esta terreno quebradizo.
Tan pronto el camino es una alfombra roja compactada, como un mar de agujas de piedra saliendo del suelo o un laberinto de roderas comidas por la acción del agua. El transito de un firme al otro es tan rápido como incierto. Esto dificulta sobremanera la subida, que poco a poco me lleva hasta la boca del “oso”. Y es en este tramo cuando encuentro las rampas más duras. Llego a una bifurcación que recto sigue hacia la Mola de Segart. Giro a la derecha para tomar el camí del Caçadors y encontrar enseguida la bajada. Pero la recompensa será llegar arriba para obtener unas extraordinarias vistas sobre Les Merles y El Garbí. 

Ya tocado techo de la ruta junto al Xocainet, busco un lugar sombreado donde almorzar y descansar un rato. Cada parada fotográfica me ha obligado a alargar la parada para descansar ante las constantes bajadas de tensión y asomos de pájara. Así que el almuerzo se tomará su tiempo mientras disfruto de unas inmejorables vistas sobre El Garbí, el Alt del Pí y Les Merles.
Después del almuerzo me pongo en marcha ya en terreno descendente. El camino baja hacia la potente muela de La Rodona. 

El perfil recuerda en extremo a la Mola de Segart. Sigo bajando por un firme tan cambiante como antes, pero en este lado, la pendiente parece más pronunciada y las roderas son más profundas, vuelvo a extremar las precauciones ya que el cansancio que tengo encima me hace perder la concentración y pensar que todo es para abajo ya está todo hecho. Me adentro más aún en la pinada conforme bajo hacia el barranco de Segart. 

Poco después llego a la carretera y por ella hacia Albalat. Rotonda, paso inferior de la autovía y otra rotonda, aquí a la derecha y otra vez derecha antes de la parada del autobús. Un pequeño camino asfaltado bajo la vía del tren que después de la curva se pega a la autovía. Es un tramo del antiguo trazado del tren minero, este trazado más arriba es la vía verde de Ojos Negros, pero aquí está desconectada y no está señalizada. Aun así pasaré por uno de los túneles que se conservan en este pequeño tramo. Vuelvo a cruzar la carretera y la vía, hacia la izquierda para bajar hasta el cauce del Palancia. Es un tramo algo lioso, pues al llegar a la carretera y pendiente de los coches no veo que el camino está completamente de frente. Aclarado el error consigo bajar hasta la orilla del río. Más que río es un páramo. Un camino polvoriento que sortea algunos tramos en obras y otros donde se amontonan escombros y residuos, amén de la poca vegetación y menos arboleda que de un poco de sombra. Cruzo el río por uno de los vados y por camino asfaltado llego hasta Petrés. Antes una vista en perspectiva de Gilet, la torre y el campanario y la ermita elevándose hacia la grandiosidad de La Calderona. 

En verdad no llegaré a entrar en Petrés. Me quedo a pocos metros, pero es que el implacable sol me hace continuar sin detenerme. Veo de lejos el castillo, o lo que queda de él. Así de lejos parece más deteriorado que otra cosa, buscaré una excusa para volver. Entre naranjos llego a la carretera junto al puente que antes interrumpió el carril bici desde Sagunto. Aquí tampoco encuentro paso de peatones ni para bicis, así que cruzo con toda la precaución y continúo con Sagunto ya en el horizonte visual. Vuelvo a cruzar la A-7 y paso frente al campo de futbol y poco después junto al azud. Justo antes de cruzar el puente que me adentraría en el pueblo un camino a la izquierda sube hacia la ermita de Sant Cristòfol. 

Contrasta su blancura con la verde pinada de la colina sobre la que se levanta. Hasta los pies de la misma colina lo que otrora fueran campos de cultivo son hoy un terreno urbanizado, que no edificado todavía. Una cadena cierra el paso al camino de subida. La rampa es cruel para mi estado de cansancio de hoy. Una subida corta pero muy intensa me deja frente a la ermita que reza un “socorro” en neón difícil de interpretar. La explicación de esta obra de arte en el cartel interpretativo, también.
A mis pies, la ciudad romana de Saguntum, casi queda envilecida por los monstruosos edificios que mencionaba antes. 

Una fachada que evidencia un “sky line” de dudoso gusto. Este ensanche norte del pueblo ya es tan grande como el mismo pueblo, eso sin contar el ensanche este que llega hasta el Puerto de Sagunto, y que ha convertido en urbanizables millones de metros cuadrados. El calvario casi lo tapa esta mole de colorines a mayor gloria del arquitecto. El teatro romano es también visible por su colosal “reconstrucción” (quizá del mismo arquitecto). Ante tanto despropósito, el castillo, que debería ser santo y seña del pueblo, languidece en lo alto de la montaña y se empequeñece ante tan fastuosos agravios constructivos. Y por si todo esto fuera poco, a lo lejos, pero como si estuvieran aquí mismo ante su megalítico tamaño, los monstruos de la antiguas factorías metalúrgicas afeando aún más el horizonte. Un horizonte plagado de obstáculos hacia el mar, ese mismo mar que algún día nos dio de comer. Pasado, presente y futuro. Un futuro que muchos creían inacabable y que hoy, hecho presente, nos ahoga sin piedad. Me pongo otra vez en marcha bajando hacia el pueblo. Recorro el carril bici que se pega al cauce del río por la parte norte. Cruzo algunos puentes y llego al final de este ensanche. No he visto por donde bajar al río, así que tomo la carretera de Canet esperando algún camino que me conecte con el paseo del río. Error. Justo antes del paso inferior de las vías hay un camino asfaltado que gira a la derecha y este es el que baja hacia el río y allí se conecta con el paseo. Yo, esperando encontrar algún camino recorreré unos kilómetros de carretera hasta que harto de este paisaje aborde un camino que muere en una acequia. Cargo la bici al hombro y tras cruzarla y bajar un terraplén me planto en mitad del camino a orillas del Palancia ya frente al hospital. Este último tramo me lleva hasta la impresionante arboleda que veía esta mañana desde la otra orilla. 

La atravieso por completo y salgo junto al faro para cruzar la carretera y entrar Nova Canet. El faro se alza orgulloso a sus 30 metros de altura y sus más de 100 años de historia. Allá arriba está el V.G. invisible e inalcanzable para mí. 

Llego a la playa y me asomo a ella entre los bañistas. No me hubiera venido mal un chapuzón con la que está cayendo, pero como no soy muy amigo del agua salada y la arena, prefiero llegar a casa de David y abordar la ducha, después de reponer líquidos desde el fondo de una buena lata de cerveza.


TRACK DE LA RUTA:http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=3028789 

miércoles, 27 de junio de 2012

Un granito de arena‏


Como ya sabéis este blog no va de política ni nada parecido, solo cuenta las historietas más o menos divertidas de lo que veo desde mi bicicleta por los caminos que recorro y de lo que siento. 
Pero este domingo pasado, una comida familiar acababa, como muchas últimamente, en la conversación estrella desde hace unos años; si, digo unos años. Ya casi hemos perdido en la memoria que entramos casi en barrena en el lejano 2008. Está tan lejos que ya nos hemos acostumbrado a vivir en crisis. Nos hemos acostumbrado a que las cosas van mal y que aún irán peor, es lo que llevamos oyendo desde hace demasiado tiempo. Nos lo repiten y lo repetimos como un mantra para hacernos más fuertes ante la adversidad. Pero no nos hace más fuertes, solo nos prepara para resistir, en definitiva para aguantarnos. 
Nos hemos metido en las trincheras y de ahí no avanzamos, no salimos, tan solo nos vamos hundiendo poco a poco, tan poco a poco que parece que no pase nada. Todos miramos a nuestro alrededor y nos vemos casi como antes… pero la salida de la trinchera está cada vez más alta, el muro crece y nosotros seguimos dentro, cada vez más abajo.
En el fragor de la acalorada conversación, como casi siempre, surgen ideas y conceptos que siempre quedan en eso. Estoy seguro de que a lo largo del domingo hubo cientos, quizá miles de conversaciones como esta en muchos lugares. Y como casi siempre acaban con los participantes más indignados y calientes… pero cada uno a su casa y a tomar una cervecita fresquita para bajar el calentón. Todo igual que siempre.
Y mientras, algunos siguen ocupando el sillón de siempre, da igual de que color sea o donde esté ubicado siempre que sea en el mismo edificio en el que estaba. Siguen teniendo su puesto de trabajo y su “jornal” garantizado, unos con contratos blindados, otros no, pero de eso ya se encargarán. Lo preocupante es que no se preocupan de los que estamos en las trincheras.
Esto va de que: si no hacemos algo por nosotros mismos no van a venir a hacerlo por nosotros.
En cuanto pueden nos dicen que la sociedad ha vivido muy por encima de sus posibilidades, cosa que no digo que no sea cierta, pero hemos llegado tan lejos como ellos nos han permitido. Y aunque nosotros tenemos nuestra parte de responsabilidad, cada uno la suya de hasta donde haya llegado, ellos son los responsables finales por haber permitido que la situación llegue a donde está, no lo olvidemos ni les permitamos olvidarlo.
Esta carta o manifiesto o como queramos llamarlo va de eso, de que nos estamos olvidando de recordárselo, de que estamos permitiendo que no afronten sus responsabilidades, de que seguimos pagando nosotros por ellos.
Aquí os dejo estas reflexiones para como decíamos en esta conversación: intentar poner en marcha alguna rueda.



Un granito de arena‏


Queremos la verdad. Queremos la verdad aunque duela. Queremos saber la verdad para poder poner solución al problema. Pero queremos que los causantes de esta dolorosa realidad sean responsables de sus actos. Todos y cada uno de ellos. Queremos que la justicia no solo caiga, sino que se cebe, en quienes tanto daño nos han hecho. En los gobernantes irresponsables que han jugado (ya no digamos lo que nos han robado) con el dinero de todos, pero sobre todo con nuestra confianza. Han abusado, la han pateado y nos la han quitado.
¡¡RECOBREMOS LA CONFIANZA!!

Y queremos que la responsabilidad también recaiga sobre nosotros; que con nuestra desidia y “pasotismo” hemos permitido que creciera este monstruo hambriento de la codicia sin ponerle freno, pues era más fácil mirar hacia otro lado mientras lo teníamos todo. Ahora ya no lo tenemos todo. Ahora cada vez tenemos menos y, si no hacemos algo, pronto nos quitarán lo poco que aún nos queda. Y aun así seguimos mirando para otro lado. Es hora de ponerse en marcha ¿A qué estamos esperando? ¿A que nos lo solucionen? ¿Quiénes lo van a solucionar?

Pues a pesar de todo lo ocurrido en la política, la justicia, la banca y demás, aún permitimos que nos gobiernen los mismos, aunque sean de distinto signo político o distinto nombre. Siguen estando las mismas personas que nos metieron en esto. Ellos solo se preocupan de salvar su puesto de trabajo mientras más de 5 millones de españoles estamos en el paro. Los mismos que 5 años después de la crisis aún no tienen ni la menor idea de a qué nos enfrentamos ni de cómo solucionarlo. Ni aquí ni en el resto de países. Necesitamos nuevas ideas, necesitamos la unión de todos los ciudadanos; los políticos que tanto reclaman esa unión solo lo hacen para figurar, pues ni la buscan ni les importa, ellos ya tienen trabajos con sueldos estratosféricos. Quizá lo primero que necesitemos sean nuevos políticos, más honrados. O mejores políticas, más justas, humanitarias e igualitarias. En cualquier caso necesitamos nuevas ideas, y tú las tienes. ¡¡APÓRTALAS!!

Y cuando quienes nos gobiernan han hundido la empresa o el país, se van de rositas con indemnizaciones que nos escandalizan pero que seguimos permitiendo y las pagamos entre todos… unas largas vacaciones en prisión es lo que podríamos pagarles entre todos. Salen a los medios de comunicación y reclaman miles de millones sin inmutarse, sin sonrojarse ni querer saber quién es el responsable, y los políticos miran para otro lado. Los reclaman no como préstamo sino como capital ¡¡YO TAMBIEN QUIERO CAPITAL!! Pero me aguanto y voy a trabajar todos los días por un humilde sueldo que apenas me permite llegar a fin de mes.
Ellos viajan en primera, se alojan en Resort, realizan “comidas” de trabajo con intérpretes, utilizan coches oficiales para todo. Y todo a cargo de cuentas oficiales que pagamos entre todos, autorizan obras absurdas en las que dilapidan el dinero de todos, cobran por trabajar desde antes de haber nacido en empresas fantasmas… y luego nos ponen peajes en las autovías, o nos cobran por cada recetas, o nos cierran ambulatorios y colegios y paralizan hospitales y carreteras.

Pero seguimos aguantando. Seguimos mirando hacia otro lado. Seguimos indignados con este comportamiento…y seguimos sin hacer nada… que lo solucionen ellos que para algo les pagamos.

¡¡ESA ES NUESTRA RESPONSABILIDAD!! Ese es nuestro reto. Unidad, ideas, trabajo, denuncia de la injusticia y el despilfarro, señalar al corrupto y exigirle su responsabilidad.
¡¡NO PASEMOS NI UNA MÁS!! ¡¡HAGAMOS QUE ESTO MEJORE!!

Aporta tu granito para mejorar este manifiesto y démoslo a conocer a todo el mundo.
Mejor intentarlo que seguir de brazos cruzados. Mejor equivocarse con la mejor de las intenciones que seguir permitiendo el expolio de lo que nos queda sin haberlo intentado.

¡¡¡ HAGAMOS ALGO !!!


Kike Lahuerta Artieda

domingo, 10 de junio de 2012

Calles-Chelva-Acueducto Peña Cortada


Tras la batalla del sábado en Alcalá del Júcar no tenía el cuerpo para muchos ruidos, así que hoy tocaba una ruta sencillita; pocos kilómetros, poco desnivel, y mucho de visita turística. Y es que Chelva merece una visita con tiempo y detalle. Al final y sin proponérmelo he hecho un recorrido por gran parte de las ermitas del pueblo, a ver si un día me animo y las uno todas en una sola ruta.  Pero vamos a empezar.
Salía tarde de casa ya que no iba a ser muy larga la ruta de hoy. Ya me estoy acostumbrando a coger la CV-35 entre Calles y Chelva; primero por la vía de servicio, luego el tramo del puente, sobre un pequeño barranco, que es insalvable. Un poco más adelante, y con eso de ir de ruta de exploración, he tomado un camino a la derecha para recorrer la antigua CV-35 y abandonar definitivamente la carretera principal, tramos que ya están prácticamente abandonados y que sirven como vía de servicio. Estos tramos suben y bajan los diferentes barrancos que hay en la zona así que te ponen un punto de dureza en las piernas. 

Poco antes de la rotonda de entrada al pueblo está la ermita del Loreto, un precioso edificio que destila calma por todos lados, hoy no me he acercado a la parte delantera que es la más bonita, pero como ya la conocía de otras veces y tengo las fotos me ahorro esos metros. Tras la ermita y en segundo plano queda otra ermita encaramada a un altozano que domina el pueblo, la ermita de san Cristóbal, tampoco llegará hasta allí hoy. Entro en el pueblo para ver las casonas de época que dominan la carretera a su paso por el pueblo. Giro a la izquierda hacia el gimnasio municipal y me adentro en la parte vieja del pueblo. La torre de la iglesia es visible desde muchos sitios; entre dos callejones, por encima de unos tejados, a través de un parque, etc. Es una estampa casi omnipresente, casi como el pico del Remedio por toda la zona. 

Callejeo sin dirección ni rumbo, tan solo quiero gozar del ambiente de la parte vieja del pueblo. Calles estrechas, algunas con escaleras en medio para poder salvar la pendiente, casas viejas y modestas pero bien pintadas y cuidadas. Es el barrio morisco de el Arrabal. En la plaza hay un cartel donde se indica un pequeño itinerario por él. Aquí hay una fuente y un par de fotos bonitas. 

Giro a  la izquierda y callejeando llego hasta la ermita-mezquita de la Santa Cruz, una pequeña y coqueta construcción que ya me impresionó en anteriores ocasiones, pintada de un azul desvaído y con un soportal de madera y su puerta de medio arco en piedra…, no se lo que puede quedar de mezquita ya que no la he visitado por dentro y nada afuera, salvo el nombre, indica que siga siendo mezquita. De frente a ella y a la derecha se sigue bajando hasta la ruta del agua, aunque antes se pasa por otra ermita con una fuente en la fachada, es la ermita de los Desamparados, otra pequeña joya que hay que visitar. 

Casi a partir de aquí la bajada no es ciclable en un buen tramo, ya que es una ruta con escaleras que impide ciclarla, de hecho se podría bajar pero si no se puede subir yo la considero no ciclable. Desde la ermita doy la vuelta y retrocedo hacia la plaza, allí a la izquierda hacia una monumental casona que dejo a mi izquierda, poco a poco voy adentrándome en el barrio judío pero el estilo de las casas y las calles no cambia mucho. Así llego hasta la plaza del ayuntamiento y la iglesia. La rehabilitación de algunos edificios deja ver todo el esplendor de estas edificaciones. Y la iglesia. 

Una monumental iglesia que deja clara la vocación religiosa de este pueblo. Esto también queda patente en los múltiples grabados y cuadros de cerámica dedicados a santos y beatos que hay en muchas fachadas. Las fuentes son otra de las características del pueblo. Hay muchísimas donde poder refrescarnos y cargar la mochila. Sigo sin rumbo fijo por dentro del pueblo, solo quiero empaparme de este ambiente que nada tiene que ver con la gran ciudad, incluso con la parte más nueva de Chelva. Sigo vagabundeando entre casas pintadas de blanco mezcladas con nuevas construcciones que, algunas, mantienen, sin demasiada estridencia, la atmósfera de las casas colindantes. Y así llego, sin darme cuenta, a la capilla de la Virgen de la Cueva Santa. Una singularísima capilla soterrada por debajo del nivel de la calle. Lastima del coche aparcada en la  mismísima puerta, si no llega a estar cerrada se mete dentro. 

Continúo bajando hasta otra fuente casi a las afueras del pueblo hacia el río Tuejar. Luego subo hacia la residencia de la tercera edad, cruzo la carretera y tomo una calle a la derecha, es una zona de nueva construcción, adosados y fincas coparán este nuevo ensanche del pueblo, pero me interesa más una vieja construcción: el lavadero. 

No tiene nada destacable y sin embargo es especial, siempre me llaman la atención estos lugares. Ya en la carretera giro a la derecha y salgo del pueblo en dirección Tuejar. 

Nada más salir está, a la derecha, la bajada hacia el área de recreo de Molino Puerto, aquí tengo una bonita vista del monasterio y del corte que hace el río Tuejar en la montaña para llegar hasta la playeta y la ruta del agua. Tras la foto giro a la derecha por un camino que se adentra entre pequeños huertos regados por acequias que bajan desde el canal principal; este canal nace en el azud romano allá en Tuejar, tal como pude comprobar en la ruta: http://bikepedalvalencia.blogspot.com.es/2012/04/habia-pensado-una-ruta-corta-pero.html  

Sigo subiendo por caminos estrechos hasta el mismo canal, allí a la derecha y ya veo mis dos siguientes objetivos del día: fuente La Gitana; de la que veo su enorme y preciosa arboleda, y tras ella la Torrecilla; encaramada en su altozano y siendo testigo mudo de los muchos cambios que va sufriendo el pueblo y toda la zona, como el brutal incendio de la semana pasada en la zona de Bercuta. Unas pedaladas después estoy en la fuente, pero antes me llama la atención la montaña que queda a mi izquierda y que tiene un camino delimitado de pinos. Es el cerro Cojanta y arriba está el depósito de agua del pueblo. Allá que voy. La subida está salpicada desde el inicio de grava gruesa y piedras más gruesas todavía. La pendiente se pone brava a la primera de cambio y no afloja en toda la subida, así que tengo que ir tirando de potencia y haciendo equilibrios para meter la rueda por donde menos piedras hay. A veces las propias piedras no permiten el giro y me llevan por donde quieren, solo conseguiré cambiar la trayectoria a base de potencia de pedalada y giros bruscos del manillar. Claro que la potencia y el derrapar tampoco son muy efectivos, a todo esto se unen los goterones de sudor que me salpican las gafas y me escuecen en los ojos, esto ya no es un clima tan seco como el del sábado. Veo ya el depósito de agua arriba y me empeño en conquistarlo. Mi trabajo me lleva, pero al final la rampa cede junto al depósito y logro coronar este montículo, mi premio sería que hubiera por aquí un V.G. de los muchos que hay por ahí de categorías 2, 3 y 4 sin identificar ya casi en ningún sitio. Pero no tengo esa suerte. 

La recompensa serán las magnificas vistas tanto del pueblo como de toda la contornada. Y especialmente del pico del Remedio que se eleva como un coloso hacia el norte, o sea, hacia arriba. Saciada mi sed de panorámicas bajo con la precaución que infunde un camino lleno de piedras y que todavía me deja dolor en el talón izquierdo, recuerdo de la bajada del Toro. Junto a la fuente paso por debajo del albergue municipal y llego a la carretera de Chelva a Ahillas. Giro a la derecha hacia el pueblo, allí encuentro el descansador de san Sebastián y la acequia Real a sus espaldas. Ese mismo camino a la derecha me lleva hasta fuente La Gitana. Un corto camino que me deja bajo la gran arboleda que veía antes. La sombra es tan densa que cuesta ver con las gafas de sol puestas. Olmos viejos que derraman sus brazos en todas direcciones y crean una cubierta impenetrable para el sol. Bajo ellos la brisa se mueve caprichosa y crea canciones con el frotar de sus hojas. Y luego la fuente. 

Sus 20 caños engarzados en una pared de cerámica con dos pilas crean una estampa de bella factura, a la izquierda un solo caño brota de la pared como si fuera el original. El almuerzo será aquí, bajo la calma sosegada que impone la arboleda regada por la fuente. Tras deleitarme con el bocata y la cerveza me pongo en marcha para llegar otra vez a la carretera, bajo un poco hacia el pueblo y frente a la entrada del cementerio encuentro la pequeña ermita de la Virgen del Carmen. 

Luego me doy cuenta de que lo que siempre había creído el cementerio no lo es. Si el cementerio lo tengo a mis espaldas… bajo a comprobarlo y veo que es el calvario, en su interior la ermita de san Sebastian, el recinto está cerrado y además un perro custodio tumbado a la misma puerta me impide comprobar si puedo entrar o no, no es muy grande ni le tengo miedo, pero está montando un cirio de tres pares así que no tengo ganas de seguir aguantando el escándalo. Otro día sin perro probaré de entrar. Sigo bajando un poco más hacia el pueblo para encontrar la ermita de la virgen de Monserrate, una pequeña ermita de aspecto frágil ante el coloso que sobresale a sus espaldas. 

Ahora ya, me dirijo hacia la Torrecilla. Retrocedo y salgo del pueblo pasada la plaza de toros y campo de fútbol a la derecha, el camino está perfectamente indicado, así como la Peña Cortada, pero no la distancia que hay hasta allí. En Calles hay una señal que indica a fuente Ciruejelo, pero no pone que está a casi 15Km. ni que hay unos 800 metros de desnivel, que igual con el mismo esfuerzo llegas a Casinos, en fin. A partir de aquí ya no hay pérdida hasta el acueducto, la Torrecilla queda en el mismo camino así que más pronto que tarde llegas a ella. El camino de subida está muy deteriorado y abandonado pero se puede subir con algo de esfuerzo. La pena es que arriba la torre está vallada. 

Es una torre de origen musulmán, pero está restaurada como si fuera una torre de nueva construcción, sin rastro visible de su antigüedad ni origen, lucida en casi su totalidad, la restauración no permite ver la originalidad de la construcción, para eso igual salía más barato hacer una nueva, con esta misma técnica mejor que no intenten restaurar el acueducto de Peña Cortada. Sigo el camino para llegar a unos primeros arcos del acueducto a pesar de estar aún a más de un kilómetro de distancia. Una arboleda hace las veces de parking y unos paneles informativos nos indican los dos itinerarios. Uno sale de frente y se adentra en la pinada y la rambla de Alcotas. Una senda bien definida que tras salvar el paso de la rambla por unos puentes de madera llega hasta la base del acueducto para verlo desde abajo. Hoy no opto por este itinerario, en cambio a mis espaldas sube otra senda bien definida que sigue subiendo hasta hacerse muy aérea y permite observar abajo, en la rambla, la otra senda. Esta es la parte senderista de la ruta de hoy. Lo peor son los primeros metros en subida arrastrando la bici, luego se llega a una cota y se estabiliza en altura. 

Tras una curva llegamos al imponente acueducto. Un puente de tres ojos y unos 25 metros de longitud permite el paso sin ningún problema ya que es suficientemente ancho. Por supuesto la bici al lado, ya que una ráfaga de viento o un pequeño despiste nos puede llevar a una caída brutal. Tras el acueducto viene la segunda parte: la Peña Cortada. La montaña está tallada y agujereada para permitir el paso de un canal. 

Se puede llevar de la mano perfectamente la bicicleta. El canal se abre a un lado de la montaña por una especie de ventanas y luego se vuelve a sumergir en la profundidad de la montaña hasta un poco más allá, asomando y desapareciendo un par de veces más. 

El suelo salpicado de piedras para quedar por encima del agua que se acumula tras algún chaparrón y que se mantiene debido a la protección de la roca. Ya al otro lado vuelvo a ver la piedra cortada desde lo alto de la montaña hasta el canal. Impresionante. Cuesta imaginar el ingente trabajo que hicieron para acometer esta obra. Se dice que se pretendía llevar agua hasta Llíria ó Sagunto, en cualquier caso el trabajo para eso hubiera sido faraónico. Ahora queda la parte más tediosa de la ruta, no por los paisajes ni la dificultad sino por tener que cargar con la bicicleta es esta casi kilómetro y medio de bajada, por senda, escaleras y puentes por encima de la rambla. 

El último tramo se hace muy pintoresco con la senda balizada con postes de madera y un puente sobre la rambla junto a las escaleras de piedra. Desde aquí hay una imagen bonita de las pozas en la rambla. Poco después llegamos al parking y comienza el camino que baja hacia Calles. La fuente del Sapejo será el último lugar a visitar antes de coger el camino en bajada hacia el pueblo, siempre junto a la rambla. Quería cerrar el círculo pues había hecho la ruta en los dos sentidos pero siempre volviendo atrás, hoy cerraba el círculo de la ruta del acueducto de Peña Cortada. Otra de las maravillas de la Serranía.


jueves, 31 de mayo de 2012

Riba Roja-Molinos Paterna-Quart-Manises


Trabajando en el hotel de Paterna, cayó un día en mis manos un tríptico de los molinos de Paterna. Las pocas fotos que había en él llamaron tanto mi atención que me decidí a hacer una ruta por la zona y buscarlos. Así que fui diseñando una ruta por los molinos y de paso adentrarme en el pueblo para llegar hasta la torre, que no visitaba desde pequeño y de la que apenas guardaba algún recuerdo. Con la ruta casi terminada va y encuentro la más que recomendable página de bicitarianos donde hace un recorrido por muchos molinos de la zona de l’horta nord: http://bicitarianos.blogspot.com.es/2012/03/ruta-de-los-molinos.html y l’horta nord-sud http://bicitarianos.blogspot.com.es/2012/05/ruta-de-los-molinos-ii-horta-nord_21.html
Así que tomando estas entradas como referencia de que son los molinos que quería visitar, y con las indicaciones GPS, me lanzo a la aventura. Vamos a ello.
Salgo de casa para bajar al río e ir hasta Masía de Traver, este tramo por más que conocido, no me extenderé en explicaciones, solo hay que seguir el curso del río por el camino del parc fluvial del Turia, nunca me deja indiferente. Las imágenes que ofrece el río no dejan de asombrarme y maravillarme. Dejo atrás el sendero ecuestre que cruza el río en Traver y enseguida giro a la izquierda para subir hacia L’Eliana. En la rotonda tomo la calle que sale de frente en giro a la derecha y me interno en la urbanización. No sabría decir donde empieza una y termina la otra, así que no lo intentaré. Continúo recto pasando entre chalets que despiertan mi sana envidia ya que a estas horas respiran tranquilidad y no el bullicio y el tráfico de la ciudad. Hay que estar atento a la bajada hacia el barranco por una calle señalizada como “sin salida”, pero al fondo hay una pasarela que cruza el barranco y va a la parada de metro de Montesol. Giro a la derecha y sigo la calle pegada al Arroyo de la Granolera después que este cruza L’Eliana. Este camino me lleva a cruzar las vías del metro por un paso inferior y me adentra aún más en el corazón de las urbanizaciones. Mi intención era llegar al pequeño bosque que hay en Montesol cerca de las pistas de tenis y atravesar este pequeño e idílico parque. Pero el laberinto de calles no me conduce hacia donde yo quiero y no tengo ganas de dar marcha atrás para unos pocos metros, así que sigo hasta la carretera y la continúo unos metros para enlazar con la entrada hacia la Vallesa. La parte que le ganó la urbanización al bosque sigue parada, las parcelas por urbanizar y las calles asfaltadas… pero con las vallas por el medio, si al menos adecentaran la zona y se pudiera pasear tranquilamente… Pronto empiezo a recorrer sendas que se adentran entre los pinos ya calientes del sol de la mañana. Aquí su aroma no embriaga pues están cubiertos de polvo de las obras de la urbanización. Pero poco a poco empiezan a cerrarse en una galería vegetal que me seduce cada vez que visito este pequeño y frágil mundo vegetal. Serpenteo entre árboles, todos iguales, todos diferentes. Llego a la estación de metro de Entrepins y me pego al camino junto a las casas, encima tengo la línea de alta tensión. Giro a la derecha para volver a adentrarme entre los árboles, por una senda espectacular y algo técnica, pero sin dificultades. Otro giro a la derecha me hará pasar junto a un chalet en el barranc Fondo. Remonto un pequeño repecho y llego a un cruce de caminos en medio del bosque. Recto pasa por la casa aquella con el espectacular portalón de hierro forjado, a la derecha vuelve hacia Entrepins, y a la izquierda se adentra hacia la urbanización Cumbres de San Antonio. Espero encontrar por aquí un camino que me lleve hasta la zona aquella de sendas espectaculares y evitarme el bacheado camino que sigue recto. Voy a probar. Por desgracia me paso el camino que sale a la derecha y tengo que seguir un poco más adelante para poder hacer el giro. Llego a la senda pero me he perdido un poquito de ella. A estas alturas de primavera esperaba la vegetación más alta y cerrando más el paso, pero por lo visto el tránsito es intenso y los hierbajos se mantienen a raya. Es un tramo muy cortito pero que destila intensidad. Lo disfruto enormemente ya que hacía mucho tiempo que no pasaba por aquí. Llego hasta la carretera de Paterna pero no tengo que llegar a tocarla pues un camino paralelo a ella llega hasta la calle que tomaré a la derecha para internarme en la urbanización El Plantío. No hay pérdida, pues otra línea de alta tensión cubre mi cabeza. Remonto la urbanización y luego “des-remonto”, o bajo hacia las vías. Giro a la izquierda y hago un tramo de camino bastante bacheado hasta llegar al asfalto que llega hasta La Cañada. Junto al centro de salud hay una pinada y un parque que recorro con calma para disfrutarlo. Este será el lugar elegido para almorzar. Aún es un poco pronto pero una vez en Paterna no encontraré un lugar similar. Rápidamente me rodean las palomas, acostumbradas a ser alimentadas por los paseantes han perdido todo el miedo. Tanto es así que un gran macho persigue incansable a una pequeña paloma a la que duplica en tamaño, adivino sus intenciones… y la paloma las mías de no darle de comer, por lo que se aleja llevando tras de sí al palomo. Doy cuenta de la cerveza y el bocata y me pongo otra vez en marcha llegando hasta las vías. Al otro lado las casas tipo colonial se suceden entre chalets de nueva construcción y otros más modestos. A este lado también hay algunas casonas imponentes. Llego al paso a nivel y cruzo las vías para ir por el carril bici. Acabada la urbanización el carril continúa unos metros hasta llegar al puente sobre la A7. Aquí el carril bici desaparece y no tienes más remedio que ir a parar a la carretera. Apenas faltan unos metros para unirlo con el carril que comienza al otro lado del puente, pero esos pocos metros demuestran la enorme falta de voluntad de los políticos por poner en marcha estos espacios para la seguridad de todos, no solo de los ciclistas. Ahora en el P.I. Fuente del Jarro el carril sigue paralelo a la vía. Luego la cruza por un paso inferior y vuelve a pegarse a ella, y así sigue hasta la parada de Santa Rita. La parte nueva de Paterna está todavía a medio edificar, y más adelante, hasta el campo municipal también, pero poco a poco se va agrandando el pueblo. Junto a la estación giro a la derecha pasando sobre las vías una vez más, como si fuera a Manises, y enseguida llego al primer molino. Asentados sobre la acequia de Moncada tres molinos se apiñan formando un conjunto. 
El primero y más grande es el molino de Martinet. La vegetación descontrolada que crece a la vera de la humedad procedente de las acequias tiene ahogado este edificio que se encuentra en estado de semi abandono. Pintadas en la fachada y escombros bajo los enormes árboles que custodian la puerta de entrada y que tapan el letrero, en azulejos, que corona el edificio. Tras él unos silos de grano y una antigua torre permanecen en pie. Recorro la fachada oeste hasta la misma acequia pero no tengo posibilidad de observar el canal de entrada, así que vuelvo al camino, a la izquierda, y ya tengo de frente el molino del Testar. 
El caz de salida del molino es simplemente espectacular. Lo observo desde un pequeño puente que crea la pared invisible de este cuadrado, las otras tres paredes se elevan hasta los tres pisos de altura y embalsan las aguas que salen a presión bajo los cuatro arcos que forman el canal de salida de La Real Acequia de Moncada. Por un momento, viendo esas aguas te sientes transportado a otro lugar, a otro tiempo, no puede ser que tengamos esta joya aquí al lado de casa y no sepamos de su existencia. Ya habíamos pasado todo el grupo de Roda i Pedal por aquí varias veces, pero nunca habíamos recorrido los cuatro metros que nos separaban de ver esta joya. Prendado del lugar me adentro en la “zona fortificada”. El molino Real es una estructura modernista rodeada de una valla y vigilada toda su extensión por infinidad de cámaras. Esto debe de ser la joya de la corona. Pinceladas de distinción y modernismo a raudales: paredes de cristal, un edificio ovalado a modo de caparazón de armadillo hecho de metal, una pasarela de madera vieja pero que está tan de moda que parece nueva, la barandilla metálica con cables de acero junto a un jardín espectacular, que en su parte trasera permite observar de cerca los silos y la torre del Martinet. 
Todo ello apoyado sobre la base del canal de la acequia de Moncada que entrega sus aguas a la entrada del molino y las recoge a la salida sin haberse empapado de este precioso lugar. Pero entre estas dos joyas me quedo con el molino del Testar. Vuelvo atrás para pasar otra vez por la puerta de Martinet y continúo recto por un camino para llegar hasta el molino de la Tandera unos metros más adelante. 
Una espectacular ruina que aún permite observar los siete ojos de entrada de la acequia para mover las ruedas que molían el trigo para hacer la harina, pues todos estos molinos eran harineros, aunque también se emplearon algunos como batán textil. Todo esto está mejor explicado en el blog de bicitarianos en las entradas que enlazo al principio de esta crónica. La ruta planeada me hacía ahora retroceder para cruzar el pueblo hacia el norte e ir a buscar el parque que antiguamente era el campo de tiro, pero como no me gusta volver atrás me he dicho: ¿y si continúo y el camino llega hasta el campo de futbol? Y he ido a ver. El camino se acaba pero luego una senda cruza un campo, y viene aquello de: estará la senda sobre la linde y por tanto hay paso o se ha hecho la senda a través del campo. No me paro a averiguarlo bajo este sol implacable que calienta que da gusto. Ahora, ya otra vez sobre el camino sigo para llegar a donde me había propuesto. Así que llegado a la carretera de Manises giro a la izquierda y encaro la entrada al pueblo. La antigua fábrica de galletas hace tiempo que dejó de impregnar con su delicioso aroma las tardes-noches de nuestra infancia, cuando al pasar por aquí, o incluso desde casa, en Manises, cerrábamos los ojos y sentíamos en la boca el sabor de las galletas Rio a través del olfato. Subo la calle para llegar al cruce, junto a la gasolinera y girar a la derecha por la calle mayor. El intenso tráfico y el trasiego de gente de aquí para allá pronto empiezan a desesperarme más de la cuenta, así que me salgo a la izquierda y comienzo a callejear hacia la torre. Llego al parque de la torre. También hay allí casas-cueva que elevan sus chimeneas y sus tragaluces pintados de blanco. Pero la pétrea figura cónica de la torre lo empequeñece todo, y contrasta su color terroso con el blanco inmaculado de las casas encaladas sobre el azul celeste. 
Es colosal y grandiosa. Si bien su origen no está del todo claro, ya que se atribuye tanto a época romana como árabe. Pero al observarla eso da igual, es simplemente una maravilla. Allá arriba está el vértice geodésico que hoy no veré, pero también eso da igual, casi que me lo apunto como conquistado. Paseo un poco por el parque disfrutando de una estampa que te descoloca en medio de la ciudad; más parece un poblado troglodita como el que sale en la guerra de las galaxias que una ciudad en Valencia. Me pongo en marcha hacia el molino del Batán. Antes paso junto al ayuntamiento y aquí mi error: en lugar de girar superada la rotonda a la derecha para llegar al calvario y después entrar en la avenida Pérez Galdós para ver las cuevas del Batán, continúo recto por la urgencia que dan los coches que llevo detrás, caigo en mi error ya a mitad de avenida y entonces giro a la derecha para llegar hasta ella. 
Es una avenida peatonal en la que se transita literalmente por encima de las casas que, conforme bajas, queda su entrada a la derecha. Decido no volver atrás para verlas desde el inicio ya que esto me da una idea de cómo son. Así que sigo adelante y poco después giro a la izquierda pasando por delante del gran teatro Antonio Ferrandis. Callejeo un poco para llegar al impresionante palacio Cortina, de estilo modernista. 
Otra pincelada de distinción en esta ruta plagada de detalles, de toques arquitectónicos de lo más variado. Ahora ya toca cruzar las vías del metro cerca de la estación de campamento. Ya se ve el molino Batán al otro lado de las vías. Este molino si que está en completa ruina. No es solo una ruina inducida por el paso del tiempo, es la barbarie del vandalismo personificada. La basura y los desperdicios se instalan a sus anchas en este deteriorado esqueleto que cualquier día se vendrá abajo. 
Junto a la estructura del edificio la característica chimenea de ladrillo, y bajo ellas, a través de una compuerta de hierro, la acequia de Moncada que sigue su curso ajena al deterioro que dejó atrás en los anteriores molinos y del que tampoco tomará nota en este. Bajo de la bici para pasar junto al canal en un tramo con socavones y girar, al final del muro, a la izquierda por una senda que me lleva hasta el camino tantas veces recorrido entre las huertas. Me acerco junto a la estación de Paterna para ver una casa en medio de la huerta, siempre la habíamos visto de lejos en nuestros paseos hacia la playa pero nunca nos habíamos acercado, lo hago hoy para descubrir una casa de aspecto colonial en mitad del campo, no muy grande pero con encanto bajo la sombra de un pino y dos palmeras que resisten el ataque del picudo rojo. Retrocedo unos metros y giro a la derecha en dirección al río. Esta fue la primera zona que se rehabilitó del actual parc fluvial del Turia. Hoy descubro un puente de madera a escasos 15 metros de este que estoy cruzando, no podían haber buscado una mejor ubicación a ese puente… Hace años que no paso por esta zona y voy a indagar. Un nuevo parque se extiende entre la subida y el molí de la Vila, luego, los callejones venidos a menos años atrás se ven ahora con luz propia al haber abierto toda esta zona. Una nueva calle pasa por detrás del centro Betania y continúa hasta enlazar con la salida hacia Mislata. Antes paso por delante de la toma de acequias. 
Al menos cinco acequias tomas sus aguas de este punto para regar la fértil huerta valenciana: Rascaña, Robella, Favara (margen derecha e izquierda) y Oro. Allí mismo se eleva otra antigua chimenea surcando los cielos de los pueblos valencianos, mientras, el inmenso solar que antaño ocupara una fábrica química hoy espera al ladrillo. Llego hasta el inicio de la V-30 aquí en Quart, una escalera conduce al puente que salva el río hacia Mislata, pero no hay acceso hacia el parque ni hacia el polideportivo, ¿no hubiera sido mejor aquel puente aquí? En fin. Si alguien se levantara de su sillón antes de hacer las cosas y mirara si esa obra es necesaria o no… no cobraría las comisiones, por eso no se levantan. 
Vuelvo atrás y visito la plaza de Betania, la plaza de la iglesia con su cisterna; paso junto al auditorio y recorro la parte de abajo del parque; sigo junto al colegio y me adentro en un camino por el barranco Salt del Aigua para pasar por debajo del puente sobre la plaza de España y el desaparecido puente de hierro del antiguo tren de cercanías. 
Después viene el acueducto Els Arcs, pero una ingente aglomeración de arbustos impide el paso y me toca subir hasta el puente, incluso desde aquí arriba casi impiden ver los ojos de los arcos. Es lo que pasa siempre con el patrimonio de nuestros pueblos, vamos a visitar lo de otros pero lo nuestro, por estar ahí, lo vamos dejando para otro día. Pues me ha salido un poco rana la visita, pero en fin, otro día será. 
Ya me dirijo hacia casa, antes una parada para admirar la fachada de la antigua fábrica Valldecabres, otro de esos monumentos dignos de visitar. El tiempo se me echa encima después de ir a ver a mi padre, así que la visita al molí de la Llum es rápida, tampoco queda mucho que ver.
Luego vuelta a Riba Roja por el camino de las canteras y parada para lavar la bici que falta le hace. Me digo que tengo que hacer más visitas culturales como esta, y repasando algunas crónicas de las rutas, veo que ya llevo algunas sin habérmelo propuesto. No será la última.