sábado, 16 de julio de 2011

Calles-Benageber (rodeando la Atalaya)


Volvía a iniciar otra ruta desde Calles. El verano traía una disgregación del grupo por unos u otros motivos y eso me dejaba en la serranía con mil y un caminos que explorar. Tenia en la cabeza el run-run de no haber seguido aquel camino que conducía hacia el Mas del Pinar y que, por tener trazado otro en el GPS, no seguí en la ruta hasta Requena. Tuve entonces que pasar un pequeño cercado y no me había dejado la impresión de una ruta “terminada”, así que hoy quería buscar una alternativa a aquel camino. Ya puestos iba a llegar hasta Benageber rodeando la cordillera del Alto de la Atalaya. Vamos a la historia.

Me despierto temprano y remoloneo un poco en la cama, aún no son las 7 y la ruta, planeada para todo el día, me ofrece tiempo más que suficiente. Unos minutos después decido levantarme y evitar así unos minutos de calor en el cuerpo bajo el ardiente ecuador de julio. Desayuno, estiramientos y me pertrecho con la mochila cargada hasta los topes y el alma llena de ilusión. Bajo hasta el puente en el único descanso que tendré en los próximos Km. pues una vez paso el río todo hacia arriba hasta el radiofaro.
Ya conozco la subida y me la tomo con calma aunque me parece llevar un buen ritmo de subida, o tal vez es que controlo muy bien las pulsaciones y subo sin un esfuerzo excesivo. La pendiente tendida y por asfalto permite bloquear todo y llevar una buena cadencia. Enseguida veo lo que me espera y una sonrisa se forma en mis labios. El día diáfano, el calor intenso, el esfuerzo continuado y ni una gota de sudor, fantástico. Un buen día de poniente. Para mí no son ningún problema estos días de ambiente reseco y temperaturas elevadas, los prefiero a los días húmedos y pegajosos que sufrimos aunque con algo menos de temperatura. Bueno, eso es lo que hay y el camino es el camino, iba a salir igual con cualquier otra temperatura. Cobro altura y las vistas sobre el valle sur del Pico Remedio se engrandecen, la carretera curvea en este lado del valle y sigue ascendiendo hasta el radiofaro.
Desde allí la colosal bajada hacia La Puente Alta y sin tregua, o sin solución de continuidad que queda muy literario, inicio el ascenso por camino de tierra para dejar atrás, primero fuente Jórgola, luego el desvío de Las Marianetas y llegar en una ascensión interminable hasta el desvío de Benageber, que no está indicado como tal, aunque no recuerdo lo que pone en el letrero. Enseguida llego al segundo desvío. Tomo a la derecha hacia Villar de Tejas. Hoy el camino no está encharcado como en aquella ocasión. Pronto llego al desvío que tomé aquel día y hoy, con la lección aprendida, sigo la señal del Mas del Pinar por el camino principal hacia arriba.
Un par de fuertes rampas después llego a la zona alta del camino, o casi, aquí el camino dibuja una cerrada curva sobre la ladera de la montaña y visto desde arriba casi cierra un circulo sobre sí mismo. Allí mismo las vistas hacia el norte son esplendidas y hago una parada contemplativa para ubicar cumbres y montañas conocidas.
Continúo camino buscando a la derecha aquel infernal tramo de subida por un camino desdibujado que se muestra en la ladera de delante. Sigo este placido camino acercándome hacia la cumbre, hacia aquella masía abandonada y ruinosa en el cruce del camino. Hoy no llegaré hasta allí ya que he comprobado que este camino es factible, hoy bajaré hacia la izquierda siguiendo un nuevo cartel indicativo del Mas del Pinar. En este desvío nace un caminito que se adentra en la montaña casi campo a través. Como desconozco exactamente su ubicación dejo pasar el V. G. del Mas del Pinar que roza, a falta de escasos centímetros, los mil metros de altitud. Inicio la bajada hacia el valle donde se ubica Villar de Tejas.
Los pinos forman pequeñas islas entre la roja y fértil tierra que acoge, aquí y allá, pequeños huertos o cereales o árboles frutales. Paso junto a las ruinas de la masía. Un pequeño conjunto de casas, mejor dicho; de lo que fueron casas, destartaladas, ruinosas, abandonadas. Una larga lista de muros derruidos a lo largo del camino es el mudo testigo de un pasado ganadero y agrícola que interactuaba con el medio, no lo explotaba sin reabastecerlo, no lo minaba hasta secarlo y dejarlo inútil. Un profundo sentimiento de pena me invade ante la visión de estos muros, no solo de estos, es la letanía que me ha ido contando el camino, todos los caminos de esta zona y sus abandonadas aldeas. Sigo descendiendo hacia el valle. La bajada no permite demasiadas alegrías puesto que hay mucha piedra suelta, pero sobre todo quiero disfrutar del paisaje. Bajo una de estas islas arbóreas paro a almorzar y descansar del implacable sol que castiga con mayor dureza a cada minuto que pasa. Dos horas y media en estos casi veinte Km. subiendo, no esta mal, me he ganado una buena cerveza. Tras el almuerzo continuo en dirección a Benageber. Voy por el camino que pasa junto al Mas de Caballero y que ya visité camino de Requena.
Dejaré esta aldea a mi izquierda mientras contemplo la mole de la Atalaya surcada por caminos que, por los desniveles, no parecen ciclables. Así llegaré a la parte semiencañonada del barranco del agua, con el Mas de Sancho a mis pies y la mole del Negrete en la otra orilla. Las altas lomas tapan, por la perspectiva más cercana, la mayor altitud de esta cima que casi siempre es localizable por las antenas que coronan la montaña. El camino gira ligeramente a la derecha ciñéndose a la base de la Atalaya. Inicio un suave pero rápido y divertido descenso, camino perfecto y curvas suaves y con buena visibilidad. Algunos badenes en el camino que viéndolos venir los aprovecho para volar a ras de suelo e incrementar un poco más la velocidad.
Tan entusiasmado estoy que me paso el camino a la derecha, llego al cruce con unos pinos en medio, en una isleta. Un letrero indica a fuente Cortes, no será hoy cuando llegue hasta allí.
Retrocedo unos metros hasta el camino ahora a la izquierda y sigo un camino bordeado de árboles y matorrales, monte bajo que se afana en verdear el terreno; a lo lejos parece una alfombra de suave césped, de cerca es otra cosa, pequeñas y tiernas coscojas que crecen poblando el suelo, más a lo ancho que a lo alto y que parecen transportarme mentalmente a otro lugar. Poco después un suave descenso me llevará hasta el campamento y luego a la ermita de San Isidro a las afueras de Benageber.
Esta parte del camino la recorrimos en aquella lejana ruta de Sinarcas al embalse de Benageber http://rodaipedal.blogspot.com/2007/11/sinarcas-benageber.html pero en sentido contrario. Tras la visita a la ermita y un breve descanso en la sombreada fuente giro a la derecha para iniciar un tramo llano que pasa por un viejo pozo junto a la casilla de arriba, a partir de aquí el camino empieza a subir y me dejará en el collado Nieva: en el cruce que recto sigue hacia la Capitana y que a izquierdas sigue subiendo hacia los Visos, subo y enseguida dejo a mi izquierda la bajada hacia los Visos y después el Collado de Alonso. Desde aquí arriba una mirada hacia atrás me mostrará la cumbre de la Atalaya y los caminos que surcan sus laderas. La cima parece tan inalcanzable en bicicleta como dulce sería el sabor de coronar esta cumbre.
Con este pensamiento enredado en mi mente me dejo llevar por el ondulado camino entre las colinas que suponen un verdadero rompe piernas, aunque en el sentido de mi marcha de hoy es mucho más llevadero, pues al final siempre pica hacia abajo. Hacia el Tiñoso y más allá. La cruel subida hoy se torna bajada y el calor asfixiante en los valles entre las laderas no me permite parar a comer.
Tampoco es que haya muchas sombras en las que refugiarse del tórrido sol estival. Solo de pensar en el caldito de cerveza de me tomaría me hace seguir con ganas hacia casa. Me queda una hora de camino para disfrutar de una refrescante cerveza, ¡Umm cerveza…!




 TRACK DE LA RUTA: http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=1995492