jueves, 22 de diciembre de 2011

Calles-Tartalona-Fte.Cabera-Embalse

La ruta de hoy llevaba tiempo en la carpeta de rutas pendientes. Iba a llegar desde Calles a la Tartalona. Este verano pasado me quedé a las puertas por un error en el camino. Aquel día había salido sin el GPS pues iba ha hacer una ruta cortita hasta Tuejar, pero ya allí estuve apunto de hacer la incursión aunque la dejé sin abordar, hoy era el día.

Subo hacia Chelva por la carreterita de la bodega y luego, a la vista de la ermita de San Cristobal giro a la izquierda hacia Bercuta. Camino conocido que hace que vaya rápido.
Paro en fuente Berra para cargar agua fresquita y continuar adelante. No llegaré a subir por fuente Bercuta, en cambio me desvío a la derecha hacia el Plano para enlazar allí con el camino de vuelta de aquella excursión hasta Tuejar. Luego el camino no tiene pérdida, es todo recto, hasta la carretera que enlaza el pueblo con el embalse de Benageber. Tomo la escasamente transitada carretera en bajada para ir en busca del desvío de la Tartalona. Después del desvío me dirijo hacia las montañas al fondo, a la derecha un valle en el que los cultivos y las granjas toman el protagonismo. Más al fondo una cantera deja al descubierto el interior de las montañas y afea y ensucia el entorno. En cambio a la izquierda la masa arbolada cubre por completo estas montañas que en la otra vertiente se deslizan hacia el pantano. Salgo del asfalto para zigzaguear entre los campos de almendros que están siendo podados para prepararlos para la siguiente cosecha; los primeros calores de la primavera removerán nuevamente los árboles que pondrán en marcha todo el proceso hasta la cosecha. La ladera de delante es la que alberga la zona de la Tartalona. Tengo previsto rodearla para entrar por detrás.
Me adentro poco a poco en el bosque y llego al refugio del Collado de la Perdiz. Allí sigo el asfalto hacia arriba, llego a lo alto del collado y desciendo para encontrar el cartel que indicaba la zona de acampada de la Tartalona.
Esta zona de acampada fue una de las de mayor éxito para todos los campistas allá por los 80.
Las instalaciones abandonadas avanzan hacia la ruina a marchas forzadas, es una lástima que estas instalaciones se pierdan de forma tan miserable, tanto como la forma de actuar de los energúmenos que no tienen otra cosa más inteligente que destrozar las cosas y ponerlas al borde de la ruina. Recorro con calma toda la zona, la pinada deja espacio donde se ubicaban las tiendas, y desciende hacia un mirador que se asoma de forma vertiginosa sobre el pantano. Al otro lado, la ladera, sube hacia la cumbre de Valdesierra que muestra sus antenas sobresaliendo sobre un mar de verde pinar. Adivino el camino que recorrí pasando por la Olmedilla y las Ventiscosas hacia el Charco Negro.
Me paro a almorzar con estas extraordinarias vistas que calman la mente y el alma. La tranquilidad que destila el lugar hace que uno se funda con la naturaleza, y el aroma de los pinos y sobre todo del sotobosque embriaga como un licor olfativo que me hace deslizar las manos por los romeros y tomillos para romper sus frágiles carcasas odoríferas que rápidamente me envuelven. Me pongo en marcha siguiendo el camino que me lleva a donde dejé el asfalto y está señalizado con el cartel de fuente Cabera. He obviado el desvío anterior a izquierdas de antes, en pronunciado descenso, para bajar este camino hasta el pantano.
Siguiendo las indicaciones de la pantalla en el manillar, llego hasta fuente Cabera, un precioso paraje acurrucado a la sombra de la montaña y la pinada. Inicio el descenso y un poco más adelante ya tengo visión del azul del lago entre la verde y frondosa pinada. Destellos de color que me frenan en seco para darme tiempo a observar. Me pregunto si bajar o no. Pues claro que voy a bajar aunque luego me tenga que meter una subida del 7, vaya pregunta. Pero el descenso no es cosa de broma, así que la subida que me espera tampoco. De momento sigo disfrutando del camino con todos los detalles que ofrece. No me puedo lanzar ya que el firme no está en muy buenas condiciones y los baches pueblan el camino. La horquilla se exprime a fondo mientras el freno trasero lo llevo casi blocado y acabo de frenar con el delantero. La inercia empuja la bicicleta con ímpetu en busca del agua. Ya abajo encuentro el refugio que vi desde el camino del otro lado. La guarrería humana no tiene límite y el refugio es un vertedero. Estos son los amantes de la naturaleza, esto lo hacemos los tan respetados senderistas y bikers entre otros, a ver si nos avergonzamos un poco de este incívico comportamiento y hacemos más por dejar los lugares que visitamos mejor de lo que los encontramos, puesto que la basura que dejamos ahora ocupa y pesa menos que antes.
Me acerco hasta la orilla del Turia, cerrado su paso por la presa del embalse. El nivel del agua dista mucho de su máximo a juzgar por las marcas en la montaña. Cuando está lleno llegará casi hasta el refugio. Algunas fotos me recordarán que estuve aquí abajo viendo las montañas desde esta profundidad. Inicio la subida. Me impongo calma. Más para darme ánimo que para frenarme el ritmo. Las suspensiones cerradas para evitar el rebote y las calas calzadas para empujar con todo. Busco la trazada buena entre las piedras, esquivando baches y piedras, bebiendo cada pocos metros, aprovechando los descansillos que brinda el camino para recuperar el aliento y el tono muscular. Estiro con los brazos al mismo tiempo que empujo en cada pedalada. La cuesta se va acabando poco a poco y llego a donde está marcada la fuente en la pantalla. No coincide con la ubicación real: puede que por error de calibración del mapa o porque se ha marcado unos metros más allá, de todas formas más una anécdota que un problema, en este caso. Paso la fuente y giro a la derecha para seguir subiendo.
La cuesta no se acaba nunca, o eso parece. Desde lo alto de la sierra del Tramusero algún hueco entre los árboles me dejará ver Tuejar y las montañas que se muestran por detrás, como el omnipresente pico Remedio y el alto de la sierra del Toro, donde algo me dice que no tardaremos en ir. Un poco más adelante las vistas hacia el sur me permiten unas postales increíbles sobre el azul del embalse.
El camino llega hasta la carretera y la tomo esta vez en subida. Pasadas las curvas en zigzag un camino a la izquierda me mete por un pedregal en mitad del bosque. Este camino enlaza con el camino que pasa por la base del Cerrillar. Los campos de la izquierda se están preparando con el tractor para ser plantados en breve.
Bajo hacia el caserío de Bercuta por este camino en malas condiciones que no recordaba tan estropeado. La subida por fuente Bercuta nos marcó tanto que esta subida, aquel día, no se grabó en nuestra memoria. Bajo rápido pero con precaución por el pedregoso firme. Llego al cruce de caminos y tomo a la derecha para entrar en la aldea. Solitaria y con muchas de sus casas en ruinas, las pocas que se están reformando no acaban de guardar una estética muy acorde con lo que las rodea.
Inmortalizo la ermita y vuelvo atrás para llegar otra vez al cruce. Antes la sorpresa del día. Un V.G. se yergue entre una isla de carrascas en un pequeño altozano de piedra a las puertas del poblado. Tan solo unos metros me separan de él, así que pies para qué os quiero. Luego llego hasta el camino y descarto la bajada hacia la fuente. Sigo el camino que me permite ver en todo momento a mi derecha la aldea. Cuando remonte y gire a la izquierda la bajada me hará perder de vista la aldea, pero la emoción de la bajada no me permitirá pensar más en ella. El camino está en perfectas condiciones y me permite alcanzar una buena velocidad. Emoción y adrenalina en este descenso que me pondrá en Calles en media hora de casi continuo descenso. Impresionante una vez más esta divertidísima bajada. Mañana otra ruta que me llevará desde Chulilla a Gestalgar por la temida subida hacia el camino de Pera. Ya os contaré.



 

TRACK DE LA RUTA: http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=2368519