lunes, 13 de diciembre de 2010

Calles-Requena (por Mas del Caballero)

Tiempo de vacaciones, tiempo de pedaladas. Eso creía yo hasta que la cosa se torció un poco por problemas de salud de mi padre. Al final todo solucionado y a terminar las vacaciones sobre la bicicleta. Pero antes de esto las crónicas se acumulaban en mi cabeza ya que estaba sin ordenador donde escribir ni ver las fotos, ni los mapas que me recordaran y me aportaran datos para plasmar lo más fielmente posible el camino.
Tras la batalla de Espadán del sábado, hoy lunes me tocaba una ruta a la que le tenía muchas ganas. Se trata de un triangulo en el que unir Calles, Requena y Riba Roja. En esta primera etapa iba a salir desde Calles y llegar a Requena, desde allí en tren hasta Loriguilla y rematar unos pocos kilómetros hasta Riba Roja. La ruta la tenía planeada, originalmente, por Chera y el Reatillo hasta subir cerca del pico Tejo y llegar a Requena. La información que me facilitó Eva M. al consultarle por Internet una duda sobre la zona, me hizo cambiar la ruta y llevarla por el Mas del Caballero para ver así aquella preciosa zona de interior que me describía. Ese cambio me hizo trastocar también la segunda etapa, la ruta en bicicleta desde Requena hasta Riba Roja, y tocar así parte de la ruta original de la primera etapa pero en sentido inverso, pero eso será otro día. Para ello tendré que subir en tren hasta Requena y luego volver en bici hasta casa para cerrar el triangulo que hoy iniciaba y que tendría mañana el segundo lado.

Así que me ponía en marcha con las primeras luces del Alba en un día fresquito pero que prometía un sol radiante a lo largo de la jornada. Cruzo el pueblo de Calles aún entre sombras que no dejan ver a nadie por la calle, voy subiendo hacia el radio faro y la bruma se empeña en ocultar los rostros de las montañas cercanas y conocidas. Se que están pero casi no las distingo.
Abro un poco la chaqueta para refrigerar el calentón que me estoy pegando en esta subida, no es nada nuevo y además aún me quedan muchos kilómetros de subida por delante. Pero primero disfrutaré en una bajada colosal que me lleva por asfalto hasta Lapuente Alta. Inicio el descenso de este portillo con el Sol intentando superar la altura de las montañas e iluminar el Turia.
No lo conseguirá, o al menos no veré como lo hace pues lo dejaré a mi espalda para seguir subiendo por el camino que lleva a Jórgola. El camino en perfecto estado, casi como los caminos de Espadán. La última vez que subí esto no estaba tan bien el camino. Voy sin cebarme pero a buen ritmo, controlando las pulsaciones y la respiración. La peor rampa de este tramo conocido está justo después del área de Jórgola. La supero sin mayor dificultad y voy llegando al desvío de Las Marianetas.
Es el alto de toda esta muela al sur del Turia y a los pies del Pico Ropé. Luego llego al desvío de fuente Mascán. En estas curvas sombrías el sol no ha secado del todo las lluvias de la semana pasada y hay tramos embarrados que intento evitar cargando con la bici. La kilometrada de la ruta no invita a ir lleno de barro en los piñones, frenos y cambios. Cuando no hay más remedio, paso despacio buscando la parte con menos barro. Pero esto durará poco. Llego a la parte de arriba y a los cruces de caminos. El primero a la derecha lleva a Benageber y fuente Chelva, lo dejo atrás y continúo hasta el siguiente cruce. Izquierda a Chera, Pico Ropé y Reatillo. Este es el que tenía planeado al principio. Pero el cambio de planes me lleva a la derecha, hacia Villar de Tejas.

El camino se mete por una densa pinada a ambos lados de la pista. Algunos muros de piedra, o mejor restos de muros indican donde los pastores levantaron casonas y refugios en tiempos pasados. El sol apenas se filtra entre la maraña de ramas que se elevan muy por encima de mi posición. Gotas de agua cuelgan de las hojas como lágrimas apunto de derramarse. El suelo húmedo compacta la tierra y permite un rodar suave. Y llega el problema. Una señal indica el Mas del Pinar por esta perfecta y preciosa pista, pero el track dibujado por mí me saca de esta estupenda pista y me mete por un camino estrecho en bajada. Poco después llego a un barrizal descomunal y una charca delante de un cable que corta el paso por el camino.
Esquivo lo uno y lo otro y continúo. Aquí, las huellas de los jabalís son patentes en todo momento recorriendo el camino arriba y abajo. La espesa mata de monte bajo impide que los animales se puedan mover entre el monte con libertad, no lo harán a menos que sea imprescindible para evitarnos, así que cuando pueden utilizan el camino. Es una zona que deja una impresión de preocupación en la cara. El sombrío bosque, la humedad y la neblina jugando con los árboles, el silencio que cae como una pesada manta, el camino cortado, la presencia de animales… es un todo que crea una aparente alarma. El mayor problema es que pueda haber un guarda forestal o algo así por la zona, los animales no son peligrosos en campo abierto. Al menos así lo creo. Poco a poco empiezo a encontrarme con un camino que hace mucho tiempo que no se transita; la vegetación va ganando terreno sobre la pista, la estrecha e incluso crece en la parte central. Pendientes muy pronunciadas y con piedra suelta dificultan aún más el avance. Esto unido a las torrenteras que se crean por las lluvias y al fango, me hacen bajar varias veces de la bicicleta. Es un tramo de constantes subidas y bajadas de la bici que me machacan mentalmente. Por fin llego hasta otro cable que corta el camino, esto es la salida de esta zona cerrada. Veo que es una zona completamente vallada, y para colmo pone que el cable está electrificado. No lo creo posible pero por si acaso paso la bici por encima con todo el cuidado del mundo y luego me meto entre los huecos de los alambres hasta sentirme seguro al otro lado. Giro a la izquierda y empiezo a subir la cuesta por un camino abandonado y en ruinoso estado. Ni que decir tiene que este trayecto lo hago a pie y arrastrando la bici.
Un centenar de metros después, pero que en subida parecen una eternidad, llego a otra bifurcación. A la derecha esta vez. El estado del camino no mejora y la pendiente sigue a lo suyo, subiendo sin tregua. Otro centenar de metros largos y ya veo el final de este suplicio. Este tramo de ir a pie cargado con la bici me ha machacado las fuerzas y me ha hecho perder muchísimo tiempo. Al final intuyo que el camino que veo más abajo tiene que ser el que viene desde fuente Chelva. Por lo que sigo elucubrando y pienso que estos terrenos cercanos tendrán que ser los de La Casa de La Capitana. Esta es una explotación ganadera con vacas y puede que con toros, esos sí dan miedo, así que habrá que tener en cuenta las otras alternativas para no tener que entrar por este camino cortado. Tanto por fuente Chelva como siguiendo el camino hacia el Mas del Pinar y que lamentablemente dejé atrás, aunque este debe de tener otro desvío, nos llevarán al punto de confluencia de los tres caminos en el alto, junto a los corrales de Ricardo.
Desde aquí las vistas son impresionantes. Hacia el norte el collado Nieva y el Cerro Alonso se muestran próximos, más allá los molinos eólicos de la zona de Villar del Arzobispo y las primeras estribaciones de Javalambre. Pero hacia el sur el paisaje se magnifica. Abajo del Collado aparece una extenso terreno de cultivo salpicado por islas de frondoso pinar. El color rojizo del terreno y de los cultivos se filtra entre el oscuro verdor de los pequeños bosques que delimitan los campos. Los caminos ondulan entre los campos y se alejan en todas direcciones hasta las aldeas que se distribuyen por este extenso territorio. Villar de Tejas o Estenas se dejan ver en la lejanía.
También diviso, casi escondido entre los árboles mi siguiente destino: El Mas del Caballero. Pero primero pararé a almorzar y reponer algo de fuerzas después de casi 25 Km. de ascensión y un buen tramo a pie cargado con la bici y sorteando obstáculos. Lastima no haber venido por el otro camino que, aunque hubiera tenido más longitud y desnivel, al menos hubiera sido todo pedaleado. Pero ya es tarde para lamentos. Paro junto a los restos esparcidos del corral. A casi mil metros de altitud las condiciones climáticas no tienen que ser fáciles aquí arriba, pero el deterioro que veo de este estupendo paraje no corresponde a la acción de la naturaleza: hay una naturaleza mucho más siniestra en este derribo malintencionado y perverso que ha sufrido este lugar. Por suerte, la naturaleza intenta absorber las piedras que un día fueron suyas y devolverlas al lugar del que nunca hubieron de salir. Esta fusión de naturalezas en un lugar tan solitario crea un clima de sosegado bienestar. Tras el almuerzo y una miríada de fotos continuo camino. Me espera una bajada intensa. Rápida pero no vertiginosa. Además, es un camino desconocido que transito por primera vez, y a parte de los inconvenientes que puedan surgir estoy atento al excepcional paisaje. Ya abajo, en el valle, el camino me lleva hacia el oeste por una planicie. El collado que he descendido se vuelve abrupto a mi derecha mientras los campos se extienden a mi alrededor.
Luego llego al desvío del Mas del Caballero. Una torre aislada da la bienvenida al poblado. Una serie de casas cerradas esperan, en la soledad de estas tierras, un futuro incierto. Despoblado y carente de vida el conjunto de casas se aprieta en torno a la plaza de la Virgen, a los pies de la iglesia, como para darse calor. Una preciosa melancolía se agita en el ambiente, me contagio de una tranquilidad que invita a un prolongado descanso junto al muro que mira la iglesia bañado por el sol. Pero el tiempo no se para tampoco por este precioso rincón y tengo que continuar.
Atravieso toda la aldea para meterme por otro camino abandonado que al final se interna en un campo recientemente arado. Para no tener que atravesar el campo lo mejor es volver atrás y tomar el camino a la derecha dentro del poblado y que nos llevaría a la carretera de Utiel a Requena pasando por Villar de Tejas y Villar de Olmos. En este tramo entre el campo tendré el susto del día: un pinchazo en la rueda trasera obligará al líquido blanco dentro de la rueda a emplearse a fondo. Es mi primera experiencia con los Tubeless y un pinchazo, por lo que no sé como va a reaccionar. Simplemente me pone la bici perdida del liquido blanco y en pocos segundos me olvido del tema, asunto zanjado. Llego a la carretera y giro a la izquierda, me lleva en pronunciado descenso hacia el primer Villar. Esta aldea si está habitada y además no tiene ningún encanto. Las casas no guardan ningún concierto arquitectónico, ni en color ni en materiales ni en estructura. Nada guarda una uniformidad que de encanto al conjunto, todo lo contrario del anterior asentamiento.
Tiene la fealdad de las ciudades pero en pequeño, solo llama la atención, aunque lejos de ser interesante, la plaza de la iglesia con la tasca de la esquina y el gran parchís dibujado en el suelo, por lo que paso rápidamente por el pueblo y sigo las instrucciones en pantalla. Primero el camino sube por un pedregal que a fuerza de potencia y molinillo se puede subir.
Luego este camino me lleva a la aldea de Estenas pasando cerca del Pico Negrete, inconfundible con sus gigantescas antenas afeando la altiva montaña, es el precio de la tecnología. Más tarde el valle se abre y deja ver el camino de bajada. Intuyo Utiel al fondo, quizás algo tapado por la montaña, pero la bruma que cubre el horizonte no permitiría ver nada. El calor que me ha acompañado todo el día no ha sido por la presencia del sol, que, velado por la bruma, se mantenía en un discreto plano. Inicio otra bajada rápida y divertida que me llevará a Estenas pasando por la zona de recreo de Los Mancebones.
Otra aldea en el camino. Me interno en ella para llegar a la plaza de la iglesia, pasar por delante del Olmo centenario y ver la singular decoración de una casa allí mismo. Poco más que aportar tienen estas cuatro casas, pero en la salida hacia Las Nogueras encuentro la fuente, lavadero y área recreativa que aportan un toque paisajístico digno de mencionar.
El paso por Estenillas es superfluo, aquí además, encadeno una serie de caminos sin salida definida, por lo que, al final doy la vuelta y decido continuar por la carretera dado el inexistente tráfico que soporta. Las Nogueras es casi otro pueblo fantasma. Cuatro casas al pie de la Sierra de Juan Navarro donde nace el barranco de los Tornajos que entregará sus aguas al río Magro. Inicio lo que será la última ascensión de la jornada. El camino asfaltado se empina suave pero progresivamente y se mantiene, tozudo, pese a mis deseos para que deje ya de subir. En cada curva quiero adivinar el final, pero tendré que seguir al menos hasta la siguiente curva. Por fin veo un tramo llano y sé que es el final. Este pequeño llano ofrece unas vistas impresionantes hacia el norte y hacia el este. El Pico Tejo, como techo de las cercanas montañas muestra orgulloso su cima junto a colosales montañas que empequeñecen a su lado. El gigante del Cinco Pinos no lo parece tanto al otro lado del barranco del Reatillo. Observo con detenimiento la colosal vuelta que he dado. Veo, completamente al norte el collado donde he almorzado. La caída de esas montañas es el inicio de los numerosos barrancos que conformarán, después, el río Reatillo.
Justo debajo de mi posición está la casa de La Pedriza, esta es una finca de caza ubicada en este entorno privilegiado. Adopto ya la posición de descenso. Los pedales en las calas, de pie y firmemente cogido al manillar. El dedo corazón apoyado en la maneta de freno para una rápida intervención. La posición aerodinámica con el cuerpo vencido hacia adelante sobre el manillar, y la velocidad golpeándome en la cara en forma de viento. Los frenos mordiendo los discos a la entrada de las curvas y las gomas arañando el asfalto como un gato que baja de un árbol buscando el mejor agarre. El golpe de adrenalina es brutal, como la bajada. Ya al final y antes de cruzar la carretera, la vista de la casa de Villar de Salas y su coqueta pinada, son un regalo para los ojos.
Luego el camino se estrecha y discurre junto al barranco de La Casa Nueva. Este tramo de camino en suave descenso invita a dar pedales para adquirir velocidad. La estrechez del camino y algunos tramos con escalones de piedras ponen un toque técnico a la ruta. Pero el paisaje a lo largo de este tramo es precioso.
La interminable sucesión de campos de cultivo enlazandose con solitarias islas de pinos a un lado y otro del barranco son una vendición para las retinas que se recrean en la contemplación del apabullante paisaje. Y como colofón, ya hacia el final del camino una visión salida de otros tiempos ocupa todo el plano a mi derecha.
Una casona señorial de principios del siglo XX se alza como un majestuoso monumento al buen gusto arquitectónico. Quizás algo fuera de lugar por sus singulares, incluso algo excéntricas formas, más propias de los palacios de los zares rusos o algo así que de esta zona a caballo entre la meseta castellana y la planicie costera.
Doy un pequeño rodeo para llegar hasta allí, y es que la visita de esta casona vale la pena. Anexada a ella hay una bodega que puede ser visitada. La vista y las imágenes de la casa son realmente indescriptibles, lo mejor es dejarse llevar por su belleza.
Después de las fotos continúo para llegar hasta Requena, de camino a la estación de tren pasaré por el antiguo convento de San Francisco, que se convirtió en hospital a finales del siglo XIX. Hoy esta en proceso de rehabilitación pero aún queda mucho trabajo por hacer.
Tras callejear un poco llego a la estación del tren. Sentado en un banco daré cuenta de la comida mientras espero al tren que me llevará hasta Loriguilla para terminar la ruta de hoy, ya allí y con las últimas luces diurnas me pondré en camino hacia Riba Roja. Desde el tren veo un paisaje no desconocido pero olvidado muchos años atrás.
Ya en Loriguilla me pongo a pedalear con el ocaso echándose encima a pasos agigantados. Con las luces de la bicicleta encendidas iré viendo como estas ganan protagonismo en cada pedalada ante la creciente oscuridad. Llego a casa completamente de noche, una buena ducha y a dormir tempranito que mañana queda otra ruta memorable. La segunda parte de esta trilogía pedalística.





Track de la ruta: http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=1388112