viernes, 13 de enero de 2017

Simat-Llutxent-Surar-Barx



Concluía con esta ruta entre los Monasterios de Simat y Corpus Christi (Llutxent)  la trilogía de rutas por los monasterios entre Alzira y Alfauir.
Dejo aquí los enlaces a las rutas que visitan estos monasterios:

Monasterio de la Murta en Alzira no es accesible en bicicleta.
Monasterios de Simat y Corpus Christi (Llutxent):  
Aprovechaba estas vacaciones a principios de año para cerrar este proyecto ya empezado y no retrasarlo a la semana próxima pues las previsiones meteorológicas no son muy halagüeñas. Así que en coche hasta Simat de la Valldigna inicio y fin de ruta. Por el camino amanece y los primeros rayos de sol acompañan la melodía falling apart together de Immaculates Fools subo el volumen, a full… canto a pleno pulmón sin saber lo que digo “solo se le parece”, luego, sin solución de continuidad engancha con fisherman blues de The Waterboys, ¿esto no tiene más volumen? Da igual. Y en un abrir y cerrar de ojos ya ha amanecido, ¡hágase la luz!!! Dos de esas canciones que dan un buen rollo increíble y uno no quiere saber de qué hablan no sea que las vayamos a estropear. Llego a Simat y descargo la bici. Empezamos con la musiquilla en la cabeza y la moral a tope, a pesar del fresquito.
Dejo el monasterio a mi espalda y ruedo paralelo a la carretera, enseguida a la izquierda para enlazar con la carretera de Xátiva y la salida junto al cementerio que también enlaza con la primera de esta secuencia de rutas. 

Encuentro aquí una sorpresa en forma de lavadero. No conocía este segundo lavadero en Simat y siempre es una alegría encontrarlos. Llego a la carretera y esta empieza a subir inmediatamente. Me quedan algo más de 4Km. casi al 6% de media. Nada excesivo y encima por asfalto fino y fácil, carretera con poco tráfico y buenas vistas cuando la carretera gira mucho a la derecha y deja todo el valle y el mar a la vista. 

Ya al otro lado del puerto de montaña, la montaña a la izquierda comienza a ser protagonista mostrando sus escarpadas cumbres. Y el nuevo valle se derrama hacia el interior buscando las aguas del río Albaida y del Xúquer, del mar. La bajada es rápida por la sombra ya que la cercana montaña no deja entrar el sol en todo el invierno. Al fondo la sierra Vernissa se desvincula un poco de la serra Grossa para arropar Xátiva a sus pies. Gano velocidad en estas curvas amplias hasta llegar, inmerso en la pinada, al desvío a la izquierda hacia el Pla de Corrals, pequeño núcleo de población perteneciente a Simat. Llego por la carretera hasta la ermita del Pla de Corrals. 

Pequeña y blanca sus coloridos pináculos marcan el celeste azul que los rodea. En la fachada la sombra de los farolillos agranda su relieve bajo el prisma solar. 

Sigo adelante y paso el desvío que tomaré en unos instantes; primero me acerco al núcleo de población para ver el lavadero, embutido en el barranco junto a una pequeña compuerta. Podría ser este punto el nacimiento del río Barxeta tras juntarse los barrancos que bajan desde la sierra. Algo más allá una zona de merendero bajo la arboleda típica de ribera. La sierra proyecta su sombra en gran parte del valle y sus escarpados picos parecen inaccesibles. Retrocedo hasta el desvío y lo tomo, ahora, a la derecha. Poco después otra bifurcación. A la derecha hacia Quatretonda, esa es mi dirección. Tramos de cemento indican rampas fuertes, pero al final no es para tanto. Lo que si pica es la fresca humedad del camino que no ha visto el sol desde hace, quizá, meses. Y lo que le queda. Las lluvias de las pasadas semanas mantienen el ambiente húmedo y fresco y el suelo se llena del verdín característico de este tipo de climatología. El camino se pega al barranc del L’Avenc que vadearé en varias ocasiones por tramos encementados pero que hoy no presentan caudal, al menos no más allá de mojar algo las cubiertas. La pendiente suave, el aroma a bosque húmedo, el frescor de plantas henchidas de agua, los romeros en flor buscando su máximo apogeo y siempre custodiados de sus inseparables tomillos y oréganos, todo un placer para los sentidos. 

El sol filtrando luz entre los pinos iluminando un mundo distinto y solitario. Sigo subiendo sin problemas, disfrutando de la tranquilidad, del silencio y de la soledad claustrofóbica que enlentece este clima invernal. Paso varios postes indicadores de senderos y llego a la casa de la Bastida. 

Un aula de la naturaleza enclavada en inmejorable lugar para su propósito. Poco después llego a una zona con merendero y una vieja casa con una fuente. A partir de aquí el paisaje cambia pues dejo de estar tan aprisionado dentro del barranco y el camino sube a un nivel más cercano a los suaves cerros que me rodean. Sigo en ascensión pero de forma más suave. Llego a un altiplano donde el camino será la divisoria de los barrancos que vierten sus aguas al norte o al sur. Giro a la izquierda y en el siguiente cruce a la derecha. Ya alcanzo a ver el inmenso plano de la Vall d’Albaida. 


El camino se estrecha y junto a un gran muro de piedra este se mimetiza con el camino y son todo uno. Intento buscar la foto “del árbol” (el “árbol” es un proyecto de ruta que tengo para más adelante pues esta semana, mientras escribo esta crónica, la meteorología ha reventado mis expectativas de hacer rutas a lo grande) en el valle desde este punto elevado, pero lo más que consigo es una buena panorámica del Benicadell y la serra Mariola tras él. Una gran mole de piedra. La única salida entre los arbustos. De momento la suave superficie pétrea permite rodar en bajada sin problemas, pero pronto, junto al enorme barranco que asoma a mi derecha y que es el que veía en su cabecera unos metros atrás, el camino se torna intransitable por el arrastre de piedras. Solo serán unos metros hasta poder volver a pedalear pero me obliga a bajar de la bici. Bajada rápida hacia Quatretonda que interrumpiré a la señal del treki para girar a la izquierda y dirigirme hacia Llutxent. Llego a un cruce de caminos y descarto el que comienza a bajar hacia el pueblo, giro a la izquierda y sigo subiendo hacia el monasterio del Corpus Christi edificado sobre una antigua ermita del siglo XIII. 

La primera imagen del conjunto es fascinante: el tupido pinar verdeado por la hierba que mulle el suelo. Los caminos se bifurcan y no sabes cual tomar. A la derecha el templete que me recuerda mucho el humilladero de Alcalá de la Selva: http://www.elitetorrent.net/categoria/2/peliculas/pag:3

A la derecha el camino lleva hasta la cruz delante de la entrada a la iglesia. Lástima que el campanario está en obras y los trabajos de andamiaje, con su inevitable ruido afeen el lugar que sin duda era el elegido para descansar durante el almuerzo. 

Rodeo el edificio buscando ese lugar tranquilo que permita el descanso pero no lo encuentro pues hay más obras de acondicionamiento con los árboles de la zona.


Unas cuantas fotos más y desciendo hacia la Ermita de la Virgen de la Consolación apenas a unos metros del monasterio bajando hacia el pueblo. 

Allí, junto a la cruz de piedra y los dos enormes árboles pararé a almorzar y deleitarme con el paisaje. 


La ermita es un coqueto edificio con la peculiaridad de un precioso reloj de sol. 

Hacia el sur el paisaje se viste de agujas y escarpadas crestas. El “mountain Skyline” es abrumador. Enfrente la serra de La Solana, a la izquierda el Circ de la Safor y a la derecha el Benicadell. 

Más próximo, a mi izquierda, el valle que baja desde Pinet, la carretera y los restos del castillo de Xio del siglo XII edificado durante la dominación Almohade. Más allá las colinas que bien pronto voy a tener que subir. Almuerzo fotografiando cada cumbre que se me pone por delante. Por desgracia la posición del astro rey volverá, una ruta más, a nublar las fotos que ya de por si no son demasiado limpias con esta cámara. Pero es lo que hay y al menos el recuerdo me lo traigo conmigo. Acabado el bocata, un par de respiraciones conscientes y me dejo caer en una bajada rapidísima hacia Llutxent. 

Me paso la primera entrada al pueblo que atacaré desde el centro para subir y ver la plaza de la iglesia y el Castillo Palacio obra del siglo XIV. Salgo del pueblo hacia el polideportivo y poco después una enorme fábrica de palets. Tras ella bajada rápida, cruzo el río Pinet; que más tarde se convertirá en la rambla Vernissa, aquella que pasé en la segunda ruta de esta serie y en la que se había hecho una presa de laminación, y me adentro entre campos de cultivo hasta hacerse cada vez más débil la presencia humana. Comienzo a subir con alguna rampa nada despreciable y siguiendo los paneles que indican la dirección del Surar. Dejo atrás los cultivos y el paisaje de montaña con sus arbustos aromáticos toma el control. Las grandes arboledas hace tiempo quedaron arrasadas por los incendios. Me adentro en el camino que remonta uno de los innumerables barrancos que bajan desde la parte este de la sierra del Buixcarró hacia el valle de Pinet y que nutren su río. Llego a una bifurcación. El camino que sigue adelante al final no tiene salida así que hago caso del GPS y giro a la izquierda junto a una vieja caseta. Tomo aquí el camí del Surar, el PR-CV 434. Tras la curva el camino se… 


y siguiendo la tónica, la triste historia de mis últimas salidas, pie a tierra y a patear el camino durante al menos 3Km. Algún pequeño tramo se podía hacer pedaleando pero nada excepcional. Para colmo aquí arriba ha empezado a arreciar el viento y un manto de nubes amenazaban el plácido día que he tenido hasta ahora. 

He encontrado un árbol, no el que buscaba en el valle pero algo es algo, se lo enviaré a Luis a ver qué le parece a él, que también anda a la busqueda de un árbol. También veo el V.G. de Puchegut, pero queda fuera de camino y con lo que estoy pateando ya tengo bastante. Por suerte las panorámicas son exquisitas, a pesar de la luz en contra. 
No son buenas para la cámara pero sí para mí. Con la altitud voy ganando vistas sobre las mismas sierras de antes, pero además tras ellas se abre todo un mundo de cumbres, filos, agujas y crestas que darían para un “clínic”. 


Con el límite visual cerrado por las sierras de Aitana, els Plans, la Font Rotja, el Menejador, el Montcabrer, la serra de Beneixama, la Filosa, la Serra Grossa, etc. Vamos, lo que vendría a ser una locura. Si nos juntamos aquí arriba Luis y yo redondeamos las montañas de tanto mirarlas. 

También se abren ante mí ventanas a barrancos que miran hacia el sureste, y allí abajo en el valle intento, sin éxito, captar la imagen del monasterio de Sant Jeroni tapado por la ladera de la montaña. En cambio si veo con fuerza la silueta afilada del Montgó. Sigo subiendo esperando que más pronto que tarde pueda volver a pedalear la sierra. Lo hago un poco antes de encontrar a mi izquierda el camino que viene desde Pinet. Una ruta da para muchos pensamientos, y uno de ellos me hace centrar mi atención en los objetivos para el nuevo año. Parece que hace una eternidad pero solo estamos a día 13 de enero y ¿qué pasa con todos esos proyectos que nos habíamos marcado? ¿siguen ahí, intactos? ¿los hemos empezado y ya los hemos abandonado? ¿buscamos un momento mejor para llevarlos a cabo? No lo hay, no hay mejor momento que este, solo hay excusas para posponerlos… o razones para empezarlos. Y el pensamiento tal como viene se va y se sustituye por otro y otro y otro, y veo que estoy pensando más de la cuenta, demasiado deprisa y disfrutando de toda esta ruta menos de lo debido. Así que momento mindfulness y aplico toda mi atención en disfrutar el paisaje e integrarme en este paisaje que tanto me está haciendo sufrir, pero es lo que hay, he sido yo quien he venido a buscarlo, a disfrutarlo.

También encuentro, dispersas, algunas encinas o carrascas, o podrían ser perfectamente sureras pues no sé muy bien distinguirlas en marcha, y hay tan pocas que no voy a parar a mirar los troncos para ver el corcho. Si esto es el Surar creo que se han precipitado con el nombre. Sigo el camino y llego al desvío de la barraca de Pedra, luego al barranco del Surar y finalmente a la Baseta del Surar. Ahora sí que estoy en el Surar y la vegetación no deja lugar a dudas. 



Allí, junto a la pequeña balsa hay un par de mesas de madera al cobijo de los enormes alcornoques que presentan el típico corte en la corteza señal de su antiguo aprovechamiento para extraerles el corcho. 

Tras las fotos y un pequeño descanso sigo camino para observar, con un poco de perspectiva la grandeza de este rincón. Poco después comienza la bajada y esta me acerca a los barrancos que surcan la zona central de esta gran herradura que es la sierra del Buixcarró. 

La panorámica se abre hacia el valle de Pinet primero y hacia la Vall d’Albaida más allá. Rápidamente llego a otro cruce de caminos. 

Voy a la derecha pero antes me desvío unos pocos metros para ver de cerca un gran navajo, al menos más grande que la Balsa del Surar, que queda un poco a la izquierda ya en el camino hacia Pinet y el Pla de Corrals. Hago la foto de rigor a esta charca rojiza y continúo la bajada, hacia la derecha, que me lleva al valle de Barx. 

Enfrente el coloso, el rey, el Montdúver al que desde aquí rindo pleitesía. Veo las colosales rampas que enfrentamos en dos ocasiones y de las que salimos victoriosos. 

El camino deja la tierra y se vuelve asfalto, y con él la pendiente se incrementa, así que la bajada es vertiginosa. Exprimo los frenos al aproximarme a las curvas de herradura y al soltar ya estoy volando otra vez. Y así, en un suspiro llego a la fuente de la Benita, última foto de la jornada, izquierda y unos metros después enfilo la entrada al pueblo. Aquí tengo el susto de la jornada ante una zanja sin señalizar por la que pasan unos tubos, supongo que de la luz o similar. Sin esperármelo el trompazo seco contra el canto apunto está de tirarme de la bici pero consigo soltarme las calas y dar unos pasos trastabillando que finalmente hacen que no me haya caído de milagro. La cámara no tiene tanta suerte y en esos pasos sale volando de la funda y este si es un buen trompazo, “defunci… tivo”. Miro la bici y compruebo que no se ha hecho nada. Luego comprobaré que la suspensión delantera no retorna como es debido, supongo que por un retén o porque se haya descomprimido, no sé. De momento me acerco a la nevera que está solo a unos metros y me servirá para tranquilizarme mientras admiro la monumental obra.
Qué manía tienen las zanjas conmigo: http://bikepedalvalencia.blogspot.com.es/2014_11_01_archive.html  
De momento solo han roto aparatos, yo esta vez voy, de momento mejor parado, aunque con dolor en la cadera y la espalda. 


La nevera, rematada con una especie de esfera armilar presenta un atractivo más que notable. También ayuda el entorno cuidado y especialmente diseñado para acompañarla. 

Emprendo la marcha entrando en el pueblo que me recibe con un precioso reloj de sol en una de sus casas. Tras esto llego hasta la plaza de la iglesia y luego me acerco a l’Avenc de la Donzella. Primero lo intento por un camino que el propio barranco corta. 

Encuentro bajo una higuera un “charco” de tréboles que no se si son para desearme suerte o si es que me la han traído hace unos minutos. En cualquier caso gracias, por lo que pudo haber sido y por lo que será. Doy la vuelta al barranco para encontrar el cartel que indica al Avenc. Llego hasta el cartel que indica que está a 300 metros pero no se oye el agua caer, así que no recorro esos metros por un terreno bastante embarrado. Vuelvo al camino y continúo hacia la carretera que me bajará a Simat. Ya la conozco así que sé lo que me espera. Una bajada rapidísima y divertida por zigzags que exigen “brillo, brillo” o dicho de modo más mundano, freno a tope de maneta para no comer guardarrail. 

Las panorámicas que ofrece la bajada del conjunto monacal son impresionantes y no por conocidas me voy a ahorrar la parada para ver el monasterio desde las alturas. Sigo adelante y gano el llano, aunque no del todo pues el terreno sigue picando ligeramente hacia abajo. Con todo puesto pedaleo rápido para exprimirme en estos últimos metros de ruta. 

Entro al pueblo y paso ante el monasterio. 

Luego llego hasta la fuente grande que recoge parte de las surgencias de agua del macizo que acabo de recorrer. 

Eso explica el caudal de agua del río Vaca a partir del desagüe de la fuente. El lavadero también tiene su caudal. Recorro los últimos metros de la ruta para llegar al coche donde me espera un refresco y algo de fruta antes de llegar a casa a por la cerveza de fin de ruta, rutón.




Track de la ruta: https://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=16278200  




viernes, 4 de noviembre de 2016

Alzira-Fte.Barber-Simat-AigüesVives

Iba hoy a continuar mi personal interpretación de la ruta de los monasterios. Salía desde Alzira, pero como el monasterio de La Murta no es accesible en bicicleta pues lo dejé fuera de esta ruta. En todo caso la intención era haber llegado hasta la puerta de este monasterio en la ruta: http://bikepedalvalencia.blogspot.com.es/2016/09/cullera-jucar-alzira-estany.html pero con el pinchazo de aquel día se fue el tiempo y la opción de llegar hasta allí. No estaba previsto para hoy ya que los valles de la Murta y la Casella no son inaccesible entre sí en bicicleta si no es volviendo hasta Alzira y sumando kilometraje. Uff que rollo de explicación. Vamos a pedalear flotando sobre el teclado y deslizándonos por mi memoria.
La semana de vacaciones iba según lo previsto para hacer las rutas programadas. Llegaba en coche hasta la estación de tren de Alzira lugar de inicio y fin de la ruta.

La primera impresión de La Cotonera me deja diciendo ¡¡¡guau!!! De donde ha salido esto? Qué pasada de edificio. Y resulta que en principio fue un almacén de naranjas y posteriormente se transformó en fábrica de hilos y tintes. Hoy está orientado al negocio de la hostelería pero el edificio no ha perdido ni pizca de encanto. Llego a la orilla del río y por el carril bici hago un pequeño “escaletix” para poder llegar al puente y cruzar por él junto a la carretera hacia la población. Allí encuentro una enorme locomotora mirando a la estación del tren al otro lado del río, tan lejana para ella. Un poco más allá el paseo junto al que está la muralla, al menos parte de ella. Giro a la izquierda para ir por detrás de la muralla. Antes pasaré por delante de un curioso monumento; los restos de la Iglesia Santísimo Cristo De La Virgen María. El mensaje grabado allí no tienen desperdicio “por la vesania de unos y la incuria de todos” vamos, como ahora, un siglo después seguimos repitiendo los errores. Aquello de tropezar con la misma piedra… 

Sigo adelante para ver la muralla asomando entre casas, adosada a ellas y formando parte de su entramado.

Desemboco en la plaza del ayuntamiento y después en la de la Constitución donde algunas antiguas y preciosas casonas se alzan emblemáticas de la plaza. Salgo del casco antiguo y el tráfico me obliga a cruzar rápido sin fijarme en el waypoint que me indica que, a mi derecha, están los casalicios con las estatuas que decoraban el puente ya desaparecido sobre el Júcar. Sigo adelante para cruzar toda la población saliendo junto a la ermita de san Salvador que domina el pueblo. Allá que me dirijo. La subida es suave y por asfalto. La visita a esta ermita hoy es rápida pues tan solo quería enlazar con la anterior ruta.

Cruzo la plaza y encuentro la bajada por el calvario. Primero unos escalones que me hacen bajar de la bici. Luego ya no hay problema pues la bajada no es escalonada. Callejeo un poco para volver a la carretera de salida hacia la Casella. Inmediatamente los naranjos se adueñan del paisaje y el sutil olor de azahar y naranjas llena el ambiente.

También se dejan ver algunas casonas de soberbia factura. Me adentro en el valle y la carretera va subiendo de forma suave y progresiva, sin requerir esfuerzos. Poco a poco los pinos y la cercanía de la montaña le comen terreno a los naranjos hasta que finalmente, junto a unos pilares, entro en el paraje Las Fuentes metido completamente en el bosque. Un profundo baño de bosque: https://autoconocimientointegral.com/2016/03/08/un-bano-de-bosque-la-tecnica-japonesa-que-aniquila-el-estres/  Aparte del Shinrin-Yoku también estoy practicando una buena sesión de Mindfulness en los movimientos conscientes pues el camino no deja de picar hacia arriba y mantengo la atención en las piernas, en el empuje, en soltar la presión de la pedalada, en notar los músculos tensándose y soltando, en sentir el aire entrar y salir, en sentir el bosque a mi alrededor, la humedad casi palpable, física.
Poco después giro a la izquierda dirigiéndome a la casa forestal. Llego al bar del campo de tiro y giro a la derecha. El camino, que ya ha dejado el asfalto, encuentra algunas rampas fuertes poco antes de la fuente de Tormos y la caseta forestal. Unos metros antes una zona protegida con ciervos dentro de un recinto vallado. Un par de curvas después salgo de la protección de la pinada y las vistas se abren a mi derecha sobre el valle de la Casella y la serra de les Agulles. Un poco más adelante una senda se abre a mi izquierda y se adentra en la montaña subiendo al mirador, a L’Ouet y al pico de la Raya, cumbre de la sierra de Corbera.

Abajo la Font del Garrofer, fácilmente reconocible su amarillo oasis entre el verde pinar, a la que se llegaba desde el desvío que he dejado cuando he subido hacia la caseta forestal. El camino dibuja las curvas de nivel de estas sierras y se adentra en el valle buscando su final.

La subida suave y continua no presenta ninguna dificultad y a cada paso las vistas se magnifican. Las cumbres de la serra de la Murta, a la izquierda del camino, se insinúan y llaman mi atención con la presencia de L’Ouet, un antiguo observatorio forestal ya en desuso y con una curiosa forma arriba de la montaña. Completo la subida para poder ver la cabecera del valle y el Montdúver asomando como una sombra por encima de las montañas, y encontrar una de las estampas más bonitas que veía en mucho tiempo.

El paraje de la Font del Barber impacta por su colorida arboleda, síntoma inequívoco de la presencia de agua. La construcción de una balsa contra incendios, por más que recomendable, no deja de ser un elemento extraño en este entorno natural al que afea. Desciendo hasta la arboleda para encontrar una zona de mesas y bancos de piedra baja una estupenda pinada que da sombra y protege un poco del viento. Junto a los chopos la fuente, pero la zona buena para descansar es bajo los pinos.

Almuerzo aquí extasiado en el paisaje y recordando la impagable estampa del valle de la Casella derramándose hacia Alzira que en muchos momentos de la subida quedaba como custodio del entorno. Me pregunto si sabrán la joya que tienen a sus pies. Que buen lugar para reencontrarse con uno mismo aunque sea solo por unos minutos.  Me doy mi segundo baño de Shinrin-Yoku completo además de una breve meditación en tan evocador paraje.

Un remanso de paz para el alma. Un bello recuerdo que me acompañará por siempre. Acabo el almuerzo y sigo adelante. Llego a un cruce y giro a la derecha. A la izquierda continúa el camino, por el Pla del Barber, hasta la parte más alta de este valle.

El giro vuelve a poner a mis pies la fuente desde otra perspectiva así como una parte del valle, ya no tan visible en toda su extensión. También encuentro el último repecho antes de asomar a la Valldigna. Me reencuentro con el asfalto y con una bajada brutal.

Antes una parada para admirar las vistas. Otra vez la luz, la bruma y la orientación hacia donde miro me frenan en mi afán de comerme el paisaje. 

El coloso del Montdúver al frente, y abajo Benifairó y Simat de la Valldigna. El Monasterio imperceptible a simple vista. Hacia la derecha un campo de golf verdea aún más un valle de Aguas Vivas repleto de campos de naranjos. Lo de las montañas ya es otra cosa. Negras, chamuscadas, heridas. No en balde me preguntaba hacía solo un rato si sabrían las gentes de la zona el tesoro impagable que tienen a las puertas de sus casas. En medio de esa desolación parece que no, también aparece, engullido entre urbanizaciones, el Monasterio de Aigües Vives, también imperceptible prácticamente. Inicio una bajada brutal y peligrosa pues el desnivel enloquece la velocidad de la bici y hay que tirar de freno constantemente con una fuerza tremenda que deja notar los latigazos de la inercia. Temo un recalentón de los frenos pues estoy apretando de lo lindo. Curvas de zigzag que sin embargo no parecen afectar a la velocidad de la bici pasados unos metros. Llego abajo a una recta que desemboca en una rotonda. Incorporado a la misma he de imprimir velocidad para mantener la ventaja que les he sacado a los coches antes que estos entraran a la misma. Por más que insista en indicar mi maniobra de giro no sé si alguno que siga recto se me va a llevar por delante o qué. Luego continúo por la larguísima recta que desemboca en Simat. La otra alternativa a la carretera era Benifairó y solo recortaba la mitad del trayecto. Pedaleo como loco en la carretera para huir de ella cuanto antes. Al fin llego al pueblo donde ya puedo, sobre la acera, reponerme del esfuerzo y contemplar, en lontananza el monasterio. Estampa de contrastes; un jeroglífico entre lo eterno, lo divino y lo mundano. Contaminación sobreinformativa.

Me adentro en el pueblo a la derecha junto al cauce del río Vaca. Llego al entorno de la Font Gran y recorro el parque en dirección contraria en busca del alargado lavadero.


En la rotonda a la izquierda dejando el monasterio a la derecha. Me alejo de él para encontrar un molino a la izquierda. El camino sigue y empiezo a virar a la derecha enfrentando el macizo del Montdúver tapado este pico por crestas de menor tamaño de tan encimadas que están. En la distancia, en medio de las montañas, el castillo de Marinyen.

Voy completando el acercamiento a la Fontarda, que es, en periodos de fuertes lluvias, otro de los surgimientos naturales del río Vaca igual que la Font Gran. Aquí he cerrado el círculo con la ruta de Roda i Pedal: http://rodaipedal.blogspot.com.es/2008/08/por-la-valldigna-al-montduver.html

Ahora toca acercarme a la ermita de Santa Ana que fue construida sobre la antigua mezquita del poblado árabe de La Xara.

Estoy rodeando el monasterio y toca ahora la aproximación final.
 

Llego al pueblo y dejo la bici en la puerta para hacer un par de fotos del interior, no tengo tiempo de mucho más. Desde la plaza enfrente del monasterio contemplo en monumental conjunto del Real monasterio de Santa María de la Valldigna. Imponente. El acceso es gratuito por lo que merece la pena una escapadita a este singular pedazo de historia y arte. Me adentro en la calle, llego nuevamente a la Font Gran y remonto el pueblo en busca de la camino del cementerio. Por allí remonto el barranc del Cremenser que me llevará, entre giros y recodos hasta los pies del campo del golf.

Antes paso la entrada de una curiosa alquería donde los campos de naranjos pelean su territorio ante el imparable avance del cultivo del caqui. Otra guerra de poder: moros contra cristianos, bosque contra fuego, naturaleza contra urbanizaciones, naranjos contra caquis, hombres contra hombres…

…de todo menos del tiempo
que se escurre entre los dedos
hablemos para no oírnos
bebamos para no vernos
que hablando pasan los días
que nos quedan para irnos
yo al bucle de tu olvido…

…maldita dulzura la tuya…
…maldita dulzura la mía…
…maldita dulzura la nuestra.

Vetusta Morla – Maldita dulzura

Paso junto al campo de golf que queda en la falda de la montaña. Da la impresión de que no te tienes que mover del sitio para darle a la pelotita pues la pendiente de la montaña te la trae de nuevo en un bucle sin fin… tú golpeas haciendo el remonte y ella disfruta de la bajada a tumba abierta, igualito que en btt, que gozada!!!

Entro en las primeras calles de la urbanización, urbanizadas que no construidas, preparadas para un aumento de presión demográfica sobre las montañas y el entorno, sin dejar un milímetro de espacio sin construir, no sea que el sol valla a resecar la tierra. Llego al Real Monasterio de Santa María de Aguas Vivas hoy en desuso y que tras el abandono de los monjes pasó por diferentes propiedades y usos, incluso como hotel restaurante. Me adentro en la avenida que da a la escalinata. El edificio impresiona.

La pared norte, bajo la escalinata de piedra envejecida y flanqueada de árboles te hace empequeñecer, las ventanas como ojos escrutadores.

Bajo el porche de madera desvencijado la soledad es abrumadora. Los canticos monacales parecen resonar en el vetusto y enmohecido ambiente, pero solo lo hacen en mi imaginación. Recorro el cerrado recinto hacia la parte sur donde está el campanario y la entrada a la iglesia.

El reloj de sol no marca las horas, no tiene para quien, pero si le presto atención él la tiene para mí. Emprendo la marcha con una doble sensación de nostalgia y descubrimiento… de agridulce tragicomedia difícil de expresar. Esto también pasará. Las siguientes pedaladas me llevan a subir hacia la montaña calcinada en una rampa diabólica. Desde lejos las sensaciones que destilaba el monasterio desaparecen. Ya pasó. La inmediatez prima… el aquí y el ahora… pero sobre todo el futuro. Arriba recupero las pulsaciones y me dejo caer en una bajada divertida curveando junto a un pequeño barranco, salida natural de la montaña hacia La Barraca. Llego al municipio, que no es tal pues pertenece a Alzira. 

Callejeo buscando el lavadero, siendo este el último edificio en el extremo noroeste del pueblo. Luego, ya de bajada, paso frente a la parroquia encajada entre viviendas y de la que destaca el campanario. Cruzo la carretera y el camino serpentea entre chalets dispersos por el valle a los pies de la ladera sur de la serra de les Agulles. Inicio una suave subida buscando un camino en la falda de la montaña bajo la protección de la pinada. El último tramo de subida está imposible y me obliga a tirar pie a tierra, tal es la erosión de la rampa que por momentos desaparece. Ya en el camino giro a la izquierda y bajo los pinos me dirijo hacia el oeste.

El camino es plano con algún repecho y convirtiéndose en senda por momentos, todo bajo el amparo del bosque. Tras un rato de placido pedaleo la tormenta irrumpe en el paisaje y torna en camino en tramos imposibles de ciclar. Son cortos pero cubren todo el espectro de alternativas: bajadas, subidas, escalones, raíces, piedras, etc. 

Es la combinación perfecta que define las rutas de esta semana en las que he tenido de todo (ver las dos rutas anteriores). Por fin, tras esta travesía salvaje pero divertida llego al asfalto en una bajada corta e intensa que me lleva hasta la carretera nuevamente. Cruzo con precaución y ya entre los campos se deja ver la alta silueta de la ermita de san Salvador. El camino me lleva, salvando la carretera de Carcaixent, hasta la locomotora situada junto al parque de la muralla. Antes paso junto a un inmenso bosque de pilares de hormigón que aguantan la intemperie como pueden y que se había proyectado como centro comercial. ¿También habrá rescate para esta megalítica construcción?, quiero decir para los bolsillos de los “inversores”. Pedaleo adentrándome en una pequeña y coqueta pinada que desemboca, pasando un túnel bajo la carretera, junto a la vieja Mikado. 


De allí al parque y la muralla.

Continúo para ver, también, la pequeña muralla junto a la plaça del Regne, volver a adentrarme en el centro y regresar, ahora sí, por dentro del parque junto a la muralla. Vuelvo al puente para cruzar el Júcar y llegar al coche, donde me espera un buen bocata y un refresco antes de conducir hasta casa y acabar con una buena cerveza la imponente ruta de hoy.   

Track de la ruta:http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=15655229