martes, 16 de agosto de 2011

Calles-Losa del Obispo-Calles

Hoy tocaba madrugar. La experiencia fallida el otro día en Tuesa me obligaba a comenzar un poco antes las rutas cortas y así ganar algo de tiempo para llegar sin problemas, o al menos intentarlo, a hora de comer.

La ruta programada para hoy me llevará a Losa del Obispo por la antigua CV 35, después subiré hacia la muela de Losa para ir a conectar con el camino de las Saletas y llegar otra vez a Calles con el menor recorrido posible por carretera. Vamos al principio.

El día amanece con nubes bajas que encapotan el cielo, no amenazan lluvia, solo calor, pero de momento salgo de casa con la bendición de no rodar bajo el sol de justicia que me acompañará a la vuelta.

Acompaño al río Tuejar un poquito y luego salgo a la antigua carretera que ha quedado como vía de servicio hasta la cola del embalse de Loriguilla, cruzo el puente sobre el azud del Tuejar antes de unirse al Turia y remonto la cuesta. Sigo por la antigua carretera que baja, hasta cruzar el barranco del Agua Salada por primera vez en la jornada, y luego remonta con el asfalto herido de muerte por la vegetación que crece entre sus grietas y que lo aprisiona desde los márgenes. Los desprendimientos de rocas que tapan esta parte de la carretera siguen allí desde que los vimos hace 5 años en la ruta Transpantanaica http://rodaipedal.blogspot.com/2008/04/transpantanaica-loriguilla-benagber.html
Llego arriba para dejar esta carretera secundaria y meterme por el arcén de la CV 35. Al menos tendré que rodar dos Km. para llegar al desvío del Pantano de Loriguilla ya que no hay ninguna forma de unir Calles con Losa que no sea carretera, para eso precisamente es esta ruta, para encontrar caminos. La carreterita esta desciende hacia el embalse con una caída progresiva pero contante, me desviaré a la izquierda unos Km. más adelante. El camino también en bajada y con un firme en muy buenas condiciones, se adentra entre cultivos de oliveras, almendros y algarrobos; estos últimos no suelen estar presentes más arriba.
El camino me encara a veces con la muela del embalse, inconfundible con su característica forma. Otras veces vira hacia el este para dejarme delante las montañas más cercanas a casa pero dificiles de ubicar con el día brumoso de hoy. Voy siguiendo una flecha roja que desde hace algunos giros me indica el camino a seguir como si supiera adonde voy. De momento el “Treki” no la contradice y allá que voy. El camino cruza el barranco de la Cueva la Mora aquel que crucé más abajo y con más agua en la ruta que me trajo desde Riba Roja a Calles en aquel tríptico que se completaba con la ruta de Calles a Requena, de estas rutas hay buena cuenta en este mismo blog. El caso es que aquí hay menos agua y además no tienes que entrar por dentro del cauce, así que concluyo que este camino es mejor. Poco después bordeo una cantera en la que o bien han cesado la explotación o está inactiva por vacaciones, sea como sea la tranquilidad y ambiente limpio se agradecen. Justo arriba la primera está la ermita de los dolores, primera parada programada y lugar elegido para almorzar. Entro hasta el pueblo para encontrar la subida que llega arriba pasando por el cementerio. El paraje es una maravilla.
Una pinada rodea una zona de mesas, una fuente, y el vía crucis que culmina en la pequeña ermita, solo algo más grande que las estaciones de penitencia. Lo cuidado del entorno contribuye a la paz que siempre transmiten estos lugares. Tras el almuerzo atravieso el pueblo y salgo junto a la piscina municipal y la fuente de Santa María con su fresca agua. El Sol ya ha hecho acto de presencia y se deja notar sin ningún tipo de tregua. Dejo atrás el camino de servicio del canal que ya tomaré otro día y continúo hacia la Canaleta.
Enseguida otro camino a la derecha y enfilo la subida que llega a la casa blanca que hay arriba y es visible desde la carretera. Siempre había pensado que aquello era una ermita o algo parecido pero se trata de un chalet ubicado en un lugar magnifico, es la cresta sur de la sierra del Tarragón. Las rampas para subir son toda una declaración de intenciones de lo que me espera a partir de este momento. Ya arriba los propietarios me sacan de mi error al constatarme que es una propiedad privada. Tengo su permiso para disfrutar de las pocas vistas que el caluroso día permite a través de la bruma.
Aun así la línea del canal es como una autopista de vida y frescor para las secas tierras del interior en su camino hacia el este. Tras el descanso bajo la pinada emprendo la bajada por la senda que está señalizada con la ya conocida flecha roja. Me dicen en el chalet que se puede bajar por ahí hacia la Canaleta, así que con una confirmación y con la indicación pertinente pienso que se podrá bajar. Craso error el mío. Donde haya camino mejor no jugar a los aventureros. La senda comienza como tal y pronto se convierte en una trialera muy técnica con pasos muy altos sobre lamas de piedra. Ante la dificultad y la poca velocidad e inercia que llevo decido bajar el tramo andando. Luego rampas cortas pero con unos desniveles descomunales para mi técnica y habilidad, y por qué no decirlo, para mi valor, me hacen volver a bajarme de la bici. Pero el remate es la última rampa. Unos 5 metros de desnivel en otros tantos de recorrido, insuperable de todas todas para mí. Otra vez vencido por la rampa y con un pequeño problema para bajar por aquí, pego el culo a tierra y me deslizo por la rampa a punto de irme de morros en un par de ocasiones.
Ya abajo me topo con el área recreativa de la Canaleta. Un lugar de ensueño bajo una tupida arboleda atravesada por el barranco de la Cueva la Mora. Relleno el depósito de la camel y me refresco a fondo bajo el hilo de agua que cae constante del caño. Emprendo la subida viendo un letrero que indica fuente Pedro a solo 10 minutos de aquí, eso queda para otro día, hoy ya no hay tiempo. Una primera rampa contundente por asfalto me obliga a sacar lo mejor de mi repertorio y del de la bici, luego el asfalto desaparece y el camino de tierra, perdón, de piedras coge el relevo. El desnivel no es tan cruel como la anterior rampa pero la constancia del mismo unido al firme inestable y desgarrado por las piedras sueltas endurece la subida de forma considerable. Llego a un primer cruce y tomo a la izquierda junto a la abandonada fuente de Santa María. En un par de ocasiones la pérdida de tracción me hace patinar, intento rehacerme con un golpe de pedal pero eso desestabiliza la trazada que dejo de controlar para ser pasto del capricho del terreno, lo que acaba viendo como echo pie a tierra un par de veces. El tórrido sol, la inestabilidad del terreno, el cansancio, casi más mental que físico, y la prisa, contribuyen a crear un coctail que mina cada pedalada más mi frágil moral. Llego al cruce principal de este camino y tomo a la izquierda siguiendo a mi conocida flecha roja, el camino de la derecha es que se dirige a Villar del Arzobispo por lo alto de esta sierra y tomaré de vuelta en una próxima ruta.
La rampa se acerca de nuevo al barranco y en mitad de este se muestra la enorme oquedad de la Cueva Mora. Es un tremendo agujero en la pared de enfrente del barranco. En este lado la rampa no afloja, sigue con ese terreno que maltrata la musculatura por mucho que las suspensiones estén trabajando de lo lindo en plena subida, prefiero penalizar en cada pedalada por contaminación que seguir castigando la musculatura, con este calor un bajón físico y lo que queda de ruta podría suponer un serio problema por un golpe de calor. Voy a empalmar con el camino de la Hoya Hermosa, que digo yo que hermosa será la Hoya, que no el camino. Una múltiple bifurcación me hace equivocarme en primera instancia y llegar, unos metros más allá, a unas canteras, otras más en toda esta zona. Vuelvo atrás y cojo el camino ahora de la izquierda que pronto se convierte en una subida inhumana. Pie a tierra otra vez y a subir entre las piedras. Ya arriba puedo decir que es la parte más elevada de esta parte de la ruta, ahora toca bajar hasta las canteras de detrás de Villar, en la zona de Torme.
Por el camino atravieso otras canteras abandonadas con laguna incluida. Otra vez la visión aquella de un mar de canteras llena la visión de las montañas hacia el norte, y arriba los molinos. Un giro a la izquierda de 180 grados me pondrá en el camino conocido hacia Saletas. En cuatro días vuelvo a recorrerlo otra vez. Comienzo la bajada. Hoy voy más rápido que el otro día pues tengo el camino fresco en la memoria. Llego a la bifurcación, a la derecha el track me indica hacia Saletas, a la izquierda a Verge.
Por la dureza de este camino de continuos sube y bajas estoy a punto de coger el que me lleva por el balneario de Verge, el problema es que por este camino acabaría en la carretera, y por hoy ya he tenido más que suficiente. Una de mis máximas de evitarla en todo lo posible hace que, a regañadientes, me adentre en este camino que es el que tenía previsto. Allá voy otra vez. Una subida, una bajada, otra subida, otra bajada, y otra más, y otra y otra y otra. Así hasta que solo deseas que esto se acabe. La subida que remonta el barranco del Agua Salada es la más dura con diferencia así que a partir de aquí el esfuerzo parece tocar a su fin, pero la autentica prueba de fuego es la última subida ya a la vista de la compostadora, el asfalto y la tremenda bajada que me lleva a casa se intuye allá delante.
Por fin el colosal esfuerzo de superar los últimos metros de subida obtienen su recompensa y la bajada se prolonga por espacio de un suspiro, apurando las frenadas en cada curva y lanzando la bici aún sin haber salido de ellas, recortando todo lo posible cuando hay visión más allá de la curva y acoplando el cuerpo todo lo aerodinámicamente posible al cuadro. Es una delicia que de no ser por la tortuosa subida la disfrutaría más a menudo, por hoy me doy con satisfecho y ya desde la entrada de la calle voy pidiendo una de cerveza que el calor aprieta.