miércoles, 3 de noviembre de 2010

Pla Lluc-Molino Ceja

Es difícil ante la página en blanco explicar lo que son las rutas en bicicleta por la montaña. La de hoy no es una excepción. Además, el haber rodado por un par de sendas con continuo subir y bajar de la bici me deja una sensación amarga aunque la ruta haya sido una pasada.

Ayer por la tarde miraba La Calderona desde la cocina de casa. La tarde estaba esplendida, con una luz y una claridad excepcionales. Solo deseaba que hoy el día estuviera igual. De hecho ha estado mejor. Suena el despertador y me levanto con más oscuridad de la prevista. Cuando llego a la cocina y veo el reloj caigo en la cuenta que el despertador aún no está cambiado de hora, son las 06.50 y ya estoy en pie, valee. Desayuno y me pongo en marcha hacia el Pla de Lluc, tal y como la semana pasada y presumiblemente como el próximo sábado. Tras los estiramientos en el solitario parking me pongo en marcha para realizar una subida nueva: no es que el camino sea nuevo, pero siempre lo hemos hecho de bajada. De hecho hace pocas semanas que nos marcamos por aquí mismo una bajada de vértigo.

Remonto por la carretera de Porta Coeli. El silencio es casi absoluto. Solo se oye el canto de los pájaros, quizá avisándose de la extraña presencia que sube hacia la montaña, y el gruñido sordo, casi gutural de las ruedas arañando sobre el asfalto. Paso junto al monasterio, después de la puerta el muro queda a mi derecha y me acompañará un rato. Paso el arco del acueducto y el asfalto desaparece bajo las ruedas. Ahora el sonido es como el crepitar de una hoguera mientras las ruedas se agarran al camino. Remonto junto al barranco por un sombreado valle y una fresca umbría bajo los árboles.
Enseguida La Pobleta queda a mi derecha al otro lado del barranco. Las rampas del camino empiezan a dejarse sentir y con todo puesto voy buscando la trazada correcta entre tanta piedra. El rodeno meteorizado cubre el camino incluso allí donde las roderas ya lo complican por si solas. La quietud y la soledad son totales. El Sol va ganando altura y ayuda a que la sudada empiece a ser importante. Hoy también he salido de largo, como ya dije prefiero un punto de calor que de frío. Pero esto es demasiado y con lo que queda de subida voy a quemar el termostato, así que paro a quitarme la chaqueta y continuo subiendo a buen ritmo. Me encuentro bien, con fuerzas, con ganas. Subo con menos esfuerzo del que preveía y con las pulsaciones controladas. Los paisajes no dejan de sorprenderme a pesar de conocerlos con detalle: la luz de primera hora de la mañana juega con las sombras que proyectan las propias montañas y los contrastes que crean me seducen.
El camino serpentea de un valle a otro y se pega a los barrancos remontando curvas de nivel al mismo ritmo que la pantalla del “Treki”. Veo al otro lado del valle la subida del camino del Campillo, un poco más adelante se juntarán estos dos caminos para acabar de remontar hasta el Collado de La Morería. Antes me encontraré con una recta larga que deja ver la crueldad de la subida.
No puedo subir más piñones porque no me quedan, ni bajar más platos, la suspensión bloqueada aunque tampoco me influye tanto en la pedalada, pero por si acaso; me vuelco un poco sobre el manillar pero la bicicleta la verdad es que no se ha encabritado ni una sola vez, así que puedo pedalear tranquilo en la posición más cómoda.

Una vez se juntan los caminos hay como un mirador hacia el mar y una curva de 180º que lleva hacia el Collado. Antes tomaré, hoy que voy bien de tiempo, el camino de la derecha sin salida a ver a donde lleva. Es un tramo corto de unos 300 metros que me da la sorpresa del día. El paraje al que llega es un delicioso mirador recogido entre una pinada y al refugio del viento.
El estar se hace tan agradable que de no ser por lo que me queda aún por subir almorzaría aquí mismo. Las vistas son increíbles. Lógicamente desde la torre vigía o desde las antenas junto al ventisquero son mejores por la altura, pero el recogimiento de este lugar justo encima de La Pobleta y La Cartuja no tiene desperdicio.
Regreso al camino y sigo subiendo. Me uno al otro camino de subida, el que subí la semana pasada y juntos afrontamos el tramo que pasa por las casas de Falaguera hacia la font del Poll. Descarto el camino a derechas que volveré a subir el sábado y por delante de la fuente sigo subiendo con Peñas Altas al frente. Justo antes de llegar la vista norte de La Calderona se abre para dejarme ver “el mar del norte”, es nuestro mismo mediterráneo pero en la parte norte, ya en aguas de Castellón donde, perdidas en medio de las aguas, trepan desde el fondo marino las Islas Columbretes.
Tan solo son una mancha más oscura en medio del mar que alcanza una altura respecto a este. Esta vista solo es posible un centenar de metros ya que arriba del collado la montaña norte volverá a tapar las vistas. Antes me giro para ver el desnivel que estoy acumulando en mi musculatura. La cima de este tramo de camino está junto a la subida a izquierdas hacia Peñas Altas, luego el camino pierde altura hacia Tristán por un firme roto y bacheado de solemnidad.
Surge a mi izquierda, alimentado por las escorrentías de la montaña el barranco de La Vigueta ensombrecido por Peñas Altas. Otro camino roto, tanto es así que desde la ruta de la olivera Morruda no hemos vuelto a pasar por él. Llego al cruce de caminos y sigo de frente mi marcha, en el siguiente cruce, que es el sube de La Vigueta por mi izquierda lo descarto también y continúo de frente.
Ya veo la arboleda, la fuente, la zona recreativa y la casa del Mas de Tristán. Por desgracia algún cerdo impresentable ha dejado la zona de las mesas toda llena de basura desperdigada por todos lados a pesar de que los contenedores no están a más de 15 metros. Esto me reafirma más aún en llegar hasta la otra zona recreativa al poco de pasar el Mas. Comienza el descenso pero enseguida surge un caminito cubierto por la pinocha a la derecha. Cubierta por los pinos hay una mesa y unos asientos y unos metros más arriba, al descubierto, un gran bloque de hormigón a modo de banco donde sentarse de cara al Pico del Águila y la sierra de Espadan.
Por detrás de esta asoma la cumbre del Penyagolosa. Almuerzo paseando de un lado a otro y observando estas panorámicas poco vistas. Absorbiendo detalles que ahora intento plasmar en estas líneas. Se oye el ulular del viento peinando las hojas de los pinos, filtrando su etérea presencia entre la delicada hojarasca, arrancando miles y miles de puntiagudas y finas hojas que cubren el suelo y crujen a mi paso. Oigo ese sonido monótono y cambiante con las rachas de viento. Ese sonido cautivador y evocador de mil y una pesadillas. Ese sonido relajante que invita en su suavidad a tumbarse bajo los pinos y dejarse mecer hasta un profundo y reparador sueño. Ese sonido que en soledad y sin la luz tranquilizadora del día pondría los pelos como escarpias, como las hojas de esos pinos a los que ahora tan ricamente acaricia.
Me pongo en marcha otra vez dejándome caer por el camino de Gátova pero sabiendo que enseguida tendré que girar a la izquierda y remontar una pequeña loma. El camino se ve sin problemas, consulto a “Treki” y empiezo a remontar, luego en bajada por un camino completamente nuevo para mí.
Me dejará a los pies del Gorgo, techo de La Calderona oriental, pues el verdadero techo de esta sierra es el monte Mayor cerca de La Cueva Santa. Algunos destellos de que esta sierra estuvo habitada o al menos con una fuerte presencia humana en otros tiempos son las antiguas construcciones en piedra que en estado ruinoso se asoman aquí y allá a lo largo de estos caminos. Un poco más adelante el susto del día. En una bajada se me cruza un perrillo que sale de detrás de un coche. Intento frenar para no atropellarlo e irme al suelo, pero con la inercia que llevaba de la bajada salgo despedido por delante de la bicicleta, por suerte ya sin velocidad y casi parada, en un primer momento es más el susto de la caída que otra cosa. Un poco de dolor en el gemelo que el susto y el lanzar la mente a volar en direcciones negativas agrandan más de lo que realmente es. Después de tranquilizarme un poco veo que no es para tanto pero el golpe fuerte se lo ha llevado de lleno el GPS que al voltearse la bici le ha caído encima. El pobre hombre está más asustado que yo, al perro… gtrasxpwzeir por lo menos pero hoy no… mañana. Le tomo los datos al hombre por si acaso hay algún desperfecto que ahora no veo y sigo mi camino. El Gorgo queda a mi izquierda y el camino sigue subiendo. Llego a la parte alta de este camino justo en el desvío a la izquierda que sube a esta cumbre. Se que no es ciclable pero me interno por él a ver hasta donde puedo subir.
El camino se convierte en senda a los dos metros. Esta está bastante rota desde el inicio y pronto se ve en peores condiciones, así que decido que no voy a seguir sufriendo por esta senda impracticable y deshago el camino andado. Comienzo ahora una bajada tan pronunciada como peligrosa. Tanto que en un tramo me bajo de la bici para no volver a salir volando. A este tramo se unirán otros un uno por ciento en mejor estado, esos si que los bajaré poniendo toda mi confianza en el equipamiento de la bici y en mi fortalecida confianza en mi técnica/destreza adquirida en los últimos tiempos.
Voy dejando el pico a mi espalda mientras sigo bajando hacia el barranco del Cardaire. Allí volveré a remontar hasta el camino de Gátova otra vez y ahora en descenso hasta el Molino de La Ceja. Unas fotos después me pongo en marcha por el camino junto enfrente del molino, recién asfaltado.
La bajada tiene un desnivel importante, por fortuna las peores pendientes las estoy encontrando hoy de bajada, es más fácil pero también más peligroso. Vuelve el terreno rojo y casi con él se acaba el camino. Encuentro una subida rota que me obliga a tirar pie a tierra, luego lo que ya es una senda me permite rodar un poco sobre la máquina aunque sea a costa de arañarme brazos y piernas con la vegetación que encauza la senda. Más subidas. Tan estrechas y con tanta vegetación que si no subes recto como el palo de una escoba estás listo.
Otra vez abajo y a empujar la bici, hacia arriba. Y así sus buenos 800 metros, los últimos de bajada hacia el inicio del camino por el otro lado y que ya empalma con el camino de bajada hacia la carretera de Gátova a Olocau. Al llegar al camino giro a la izquierda en subida. Remonto hasta el prado donde sale la senda que baja hasta Marines Viejo y que acoge una bonita representación de enormes y tupidas carrascas.
Ahora en suave descenso dejaré atrás el poblado morisco de Olla, bajaré al arroyo del barranco de Olla y volveré a remontar por un camino en zigzag hasta lo alto de este cerro. Aquí está la divisoria municipal y comenzaré a bajar por el lado de Olocau. Todo este tramo lo tengo reciente en la memoria auque en sentido inverso. Esta zona es de continuos cambios y rompe piernas por lo que los grif shif se tendrán que ganar el sueldo. Continuos cambios para adecuar la pedalada y velocidad a las exigencias del terreno. Luego veré los letreros que indican en el sentido del que vengo la fuente del Sentig y Tristán, en ese cruce tomaré a la izquierda en subida. Enseguida se me pone detrás un coche del servicio forestal de La Generalitat. Sabiendo que suben más rápido que nosotros también podían mantenerse a una distancia ya que la primera reacción del ciclista al oír un coche es, por si acaso, apartarse. En estas subidas si te paras estás muerto para volver a arrancar, y si no estás muerto de todo el polvo que vas a tragar. Amén de que luego te adelantan y a los pocos metros se paran o bien reducen en una bajada que nosotros hacemos mucho más rápido. Un poco de sensibilidad si les falta. Como personas privadas entiendo la prisa aunque no la comparta, pero como trabajadores de un parque natural que deberían estar ahí para ayudar a las personas que disfrutan del parque no. Al final consigue adelantarme en un desdoblamiento del camino y efectivamente unos 200 metros más adelante se para al final del camino. Para eso tanta prisa. Allí mismo arranca otra senda no ciclable. A ver: igual que la otra habrá quien tenga … arrestos para hacer todo el camino sin bajar de la bici, fuerza, técnica, habilidad, suerte y hasta un punto de locura para arriesgar más de la cuenta. Esta senda va toda de bajada pero hay tramos con tal pendiente y con tantas piedras que una caída es lo más seguro. Así que otra vez a bajar de la burra. Hay que decir que en ninguna de esta sendas está prohibido circular en bici, pero con el estado del firme, las frenadas que realizan la mayoría de bikers, con derrapadas y saltos no hacen mas que degradar el terreno y empeorar la poca ciclabilidad que hay.

Que una cosa es circular, usar un determinado paso para ir de un sitio a otro y otra cosa muy distinta es usar estos pasos para senderistas como pistas de pruebas a ver quien hace más el loco. De ahí que en muchas sendas nos hayan prohibido el paso. Y luego nos quejamos cuando coches, motos o quads destrozan los caminos que nosotros ciclamos. Por otra parte estas dos sendas son la única alternativa para poder moverse entre Pedralvilla-Olocau-Gátova sin tocar carretera, o bien hacer la kilometrada de ir por Tristán o por el cerro del Lobo. Mi opinión: en este caso, veo totalmente justificado el tránsito de bicis por estos terrenos, pero ojo, tránsito. La lastima es que no esté en mejor estado para no tener que bajar tanto de la bici, es más, con pendientes más tendidas no sería necesario blocar rueda y arrastrar tanto el terreno. Esta senda tiene unos 1100 metros de bajada aunque en su mayoría son ciclables con un poco de riesgo, pero cada cual tiene que saber sus límites y lo que está dispuesto a arriesgar. A veces cuando vamos con otros compañeros casi todos arriesgamos más de lo que nos sentimos capaces de superar, al final el más valiente siempre es aquel que está dispuesto a reconocer sus limitaciones. Llego al camino de Olocau. Pronto quedará entre el barranco de Pedralvilla y las montañas serpenteando entre chalets dispersos aquí y allá. Por fortuna no todo lo que está listo para urbanizar está construido. Las acometidas de agua se ven por todas partes a ambos lados del camino. El día que le metan el diente a esta zona se van a cargar media montaña con cemento y la otra mitad con la presión demográfica que tendrá que soportar un lugar tan frágil como la montaña, tan adaptable como lenta en hacerlo, justo lo contrario que el “deshumanizado” ser humano.
El terreno se va asemejando a aquella parte que baja de Rabassadors hacia el Pla de Lluc. Las montañas vuelven a mostrarme su lado Sur y vuelvo a ver “caras” conocidas. Poco después dejo atrás los últimos chalets para adentrarme de nuevo en la espesa pinada e ir acercándome al camino que me llevará al lugar de inicio de la ruta de hoy. El grandote vuelve a está donde lo dejé y me espera para llevarnos a casa a recoger el premio de hoy, una buena cerveza. Hoy la zesty también ha tenido premio y el lavado de máquina a presión le ha sentado de maravilla. Ya está preguntándose dónde la llevaré el próximo miércoles.