viernes, 23 de diciembre de 2011

Chulilla-Cno.Pera-Gestalgar-Fte.Pelma


Comenzaba la ruta sabiendo que no era rico; la lotería de ayer no había pasado por la puerta de mi casa, así que a pedal tocaba pensando en aquello de la salud y puñetas parecidas. Tenía por delante una ruta que me llevaría a conocer una parte del camino de la gran ruta del Turia, que sigo diseñando y que tengo casi terminada, una parte del camino de Pera que aún no conocía y que me acercaría a Gestalgar para desde allí cerrar el círculo por fte. Pelma. Así que a las 9 en punto estaba en el parking de Chulilla para iniciar la ruta. Allí tengo la mala noticia del día cuando descubro que las pilas de la cámara están agotadas, todas, las de reserva también. Es lo que tienen las pilas recargables, que tras muchas cargas se agotan. Así que tengo que dejar la cámara en el coche y las pocas fotos que haga serán con el móvil, al menos me servirán de un poco de referencia. A la sombra, la baja temperatura y la alta humedad hacen que me esté quedando un poco tieso, pero en la bajada por la carretera hacia el balneario, aún será peor por la velocidad y el viento que se genera. Sin embargo al cruzar el puente sobre el río y dejar el desvío del balneario comienza la subida por la zona soleada. El alto de la bandera ya no proyecta su sombra en este camino, y salvo alguna curva cerca de la montaña todo será sol en el resto de la ruta. Dejo el asfalto para tomar el camino a al izquierda y llegar al mirador sobre el río Sot poco antes de que este aporte sus aguas al Turia.
Es un barranco espectacular. La caída es tremenda, y las montañas de enfrente con sus formas abruptas y escarpadas conforman un paisaje casi de alta montaña. Luego inicio un descenso ya conocido que me lleva hasta las Torcas.
La caída de agua eleva ese vapor que, envuelto en la bruma de primera hora de la mañana, dota al paisaje de un velo mágico y místico que casi siempre crean los paisajes acuáticos. Sigo camino intentando recordar la subida que me espera. Llego al cruce de caminos y tomo a la izquierda dejando al río Sot, a la derecha, remontar hacia el embalse de Buseo. Y es justo aquí cuando recuerdo la dureza de algunas rampas, pero de nada sirve, habrá que subir sí o sí. El firme está en buenas condiciones y me permite un pedaleo cómodo y fluido. De momento no es nada del otro mundo, he subido rampas más duras. Cierro las suspensiones e intento acompasar un ritmo de subida y de respiración, de cadencia y pulsaciones. Por lógica esto es una quimera ya que cada variación de la rampa, cada trazada por encima de una piedra, cada vez que la rueda patina, cada vez que bebo agua y aguanto la respiración para tragar, todo este plan perfecto se va al garete, así que vuelvo a trazar un nuevo plan que morirá antes de haberlo puesto en práctica. El calor del esfuerzo y el abrazo del sol suben la temperatura de forma considerable, así que hay que abrir un poco la chaqueta para refrigerar el motor. Veo la montaña donde tengo que subir a través del barranco del Buey, aunque técnicamente dicho barranco queda algo más a la izquierda de este que veo, son tan paralelos que casi vale la comparación. 4 Km. al diez por ciento de desnivel medio y unas últimas rampas terroríficas. Llevo un buen ritmo y de momento voy cómodo. Voy anticipando un poco lo que me voy a encontrar tirando de recuerdos, que conforme he empezado a subir se han hecho cada vez más nítidos. Llego a pocas curvas donde la rampa se va a poner brava de verdad. Es justo sobre la vertical de la Ceja de Pera y el Tarrác en lo más alto de la montaña. Aquí a la derecha sale un camino que se adentra en el barranco hacia fuente del Pasillo, es un camino sin salida y justo aquí, en una terraza del camino sobre el barranco han construido un refugio y una madriguera para conejos.
Esto no estaba la otra vez que pasé por aquí. Paro a hacer un pequeño descanso y oxigenar las piernas ante las rampas que me esperan. Dejo la vista de este barranco y me adentro en la cabecera del barranco del Buey. La rampa es portentosa y cada pedalada es un suplicio, un desgaste de fuerzas descomunal. Tomo aire a bocanadas que sin embargo no consiguen alimentar todos los músculos, a juzgar por el dolor de piernas que me está entrando. El corazón me palpita en las sienes como un tambor en Calanda en semana santa. Avanzo al límite de la verticalidad y he llegado a ver 3,6Km/h en la pantalla del velocímetro. No sé ni como me sostengo encima de la bici. Bueno sí, los cambios de trazada con el manillar son lo que me hacen mantener el equilibrio más que la velocidad de avance, tarde o temprano acabaré por echar pie a tierra. Y es casi en la siguiente pedalada. Una piedrecita pone un muro infranqueable a mi avance y el complejo equilibrio de fuerzas que me mantenía sobre la bici se viene abajo. En toda esta subida la geometría de la bici le da un comportamiento tan extraordinario subiendo que no se ha encabritado ni una sola vez. Dejo la bici en el suelo y me agacho a ver si ahí abajo puedo respirar mejor que de pie. Un trago de agua y llega el momento de levantarme. Lo hago despacio y con los ojos cerrados, sé que ante un esfuerzo como este si me levanto rápido puede llegarme la pájara que estaba manteniendo a raya.
Conseguido el objetivo me para un momento a admirar el paisaje antes de arrastrar la bici hacia arriba en esta cruel rampa. En algún momento dejo atrás a mi derecha el desvío a fuente Buey. Según había mirado en los mapas, este camino creo que llega, convertido al final en senda, hasta la fuente del Morenillo cerca de la Peña María de Gestalgar. Sigo empujando la bici hasta ver una rampa que me permita volver a avanzar. Poco después llego al cruce de caminos. A la derecha se dirige hacia Sot empalmando con el camino de Siete Aguas, a la izquierda hacia Gestalgar por el camino de Pera. Y este es el tramo que quiero conocer, no porque tenga nada especial sino porque es el camino que he previsto en la ruta del Turia y quiero conocer todo el trazado por mí mismo. Recorro este camino que veía allá abajo en la ruta circular de la sierra de los Bosques. Hoy imagino ese camino allí arriba, incluso puedo verlo en alguna curva del camino cuando salva una barranquera. Las vistas desde ambos son magníficas. La Calderona se muestra en primer plano y por detrás Espadan, Penyagolosa y los montes de Andilla y el Toro, Javalambre, y el mar a la derecha. Y antes del mar todas nuestras pequeñas y queridas montañas salpicando la cuenca fluvial del Turia en el valle de Valencia. En un día nítido como hoy el espectáculo es alucinante, inacabable. Llego a la carretera que baja hacia Gestalgar, y se me hace la boca agua ante la brutal bajada que me espera. Pero igual este gustillo en la boca es de hambre.
Paro en una curva del camino con unas panorámicas inmejorable para almorzar y comerme con la vista el paisaje. Tras el almuerzo compruebo que nada puede denotar que he parado aquí a almorzar, nada altera el paisaje que me he encontrado y con esa tranquilidad me dejo vencer por las fuerzas de la gravedad que tiran de mí hacia abajo. Las calas impiden que resbalen los pies de los pedales y me afianzan a la hora de cambiar de posición sobre la bici para cambiar la trazada o para saltar sobre un bache, o mejor aún cuando la potencia de la frenada me eyecta hacia delante como un disparo. En cada curva oteo la parte del camino que me aguarda para anticipar imprevistos y comprobar que no vienen coches en sentido contrario, por detrás nadie me puede adelantar, aun así de vez en cuando tampoco se escapa una mirada atrás, hombre precavido… Voy agotando la bajada y tengo que girar a la izquierda para llegar hasta aquel punto en el que almorcé las veces anteriores. Hoy no pararé, sigo adelante en una bajada por camino de piedras que me hace botar de la bici, las suspensiones ya abiertas trabajan a todo tren para comerse todos los baches que osan ponerse en su camino. Es un tramo biker divertido que me llevará al camino asfaltado de Gabaldón para dejarlo poco después a la izquierda e iniciar una bajada en zigzag con el pico de la Loma del Cuervo en la montaña de enfrente como referencia.
Un poco más abajo llego a la carretera de Chiva que sigue bajando hasta Gestalgar. Tomo después el desvío a la izquierda hacia la Peña María, pero solo llegaré hasta un punto donde el campanario y los restos del castillo se alinean coronados por la montaña.
No haré el resto del camino ya que quiero llegar hasta el castillo y desconozco aquel camino, por tanto no sé cuanto me costará aquel tramo. Ya con mi foto en el teléfono retrocedo, giro a la izquierda y cruzo el puente sobre el río. Arriba a la derecha hacia Bugarra por la carretera. En menos de un Km. dejaré la carretera para tomar un camino a la izquierda que me adentra en la montaña y comienza a subir por un camino con mucha roñosa y piedra de rodeno machacada. La rampa no es ninguna tontería y aliada con las piedras hacen que el avance sea penosamente lento y complicado. Vuelvo a cerrar suspensiones para utilizar toda la fuerza de la pedalada y aquel pensamiento de “estira, empuja” no me ayuda mucho más; el terrible esfuerzo de la subida del camino de Pera ha dejado mis piernas mucho más tocadas de lo que parecía en el largo descenso desde entonces, ahora que les vuelvo a exigir un esfuerzo lo entregan a regañadientes con una absoluta falta de tono muscular. La pantalla del “Treki” me indica que el desvío al castillo es por aquí, pero la señalética que me lleve hasta allí solo la he visto en aquel cartel que lo indicaba en la carretera, desde entonces ninguna otra señal. El camino que veo está tan invadido por hierbajos que dudo si será más adelante, además confío en encontrar una señal. Vana esperanza la mía. Cuando me doy cuenta de que no habrá más caminos ya es tarde para volver atrás, y sobre todo, para volver a subir estas rampas después de la visita. Quedará para otro día. Sigo adelante por un camino que ha mejorado mucho el firme y ha suavizado tremendamente el desnivel. Sin embargo no deja de subir aunque ahora lo haga de forma suave y progresiva, pero el desgaste de las piernas es tal que hasta esta subida tendida me cuesta y me está destrozando. Me sorprendo a mi mismo pensando, muy a mi pesar, con alegría, que es la última ruta de esta semana. Tengo que estar muy mal para pensar esto, y casi antes de terminar el pensamiento me siento culpable, como un traidor a la causa.

A mi izquierda un valle deja ver, al otro lado, el alto de la Serratilla que esconde celosamente su V.G. y no es accesible por camino para bicicletas. Veo la abandonada línea de tensión que subía hasta el alto de la bandera y cruza toda esta muela. Los postes quedan ahí como esqueletos de dinosaurios del pasado. Al poco comienza a descender el camino. No es un descenso largo y prolongado pero me permite descansar las piernas. Además el calor no ha cesado en todo el día y llevo una sudada considerable. Voy siguiendo las indicaciones en pantalla que me hacen serpentear por la ya cara norte de la sierra y me hacen ir alejándome poco a poco de ella en busca de la bajada hacia fuente Pelma.
Varios campos se están acondicionando como campos de cultivo tras haber sido arrebatados al monte y solo las grandes máquinas con tracción de oruga están pudiendo vencer al terreno a favor del capricho del hombre. Llego a la bajada. Esta no es muy larga y además tiene bastante curveo. Pero con todo me hace disfrutar de unos momentos de buena velocidad y conducción atenta para anticipar soluciones a posibles imprevistos. Rápidamente llego a la zona de recreo de fuente Pelma.
Es una gran zona de pinada con muchos bancos y mesas de madera, e incluso una zona techada para cobijarse del sol o de una tormenta. Recorro un poco la zona ya que tengo tiempo y disfruto de este paraje con la tranquilidad que da el estar solo. Después me pongo en marcha hacia Chulilla para cruzar por la Ermita y encarar los últimos metros de esta ruta tomando unas fotos del imponente castillo dominando el pueblo de casas en racimo apiñadas a sus pies.
Solo queda cargar la bici en el coche ir para casa a disfrutar del último trámite de cada ruta, una cerveza fresquita y la ducha caliente.