sábado, 13 de agosto de 2011

Calles-Casas de Tuesa




Después del descanso de ayer hoy tocaba una ruta cortita para tonificar un poco e ir engrasando la musculatura para las siguientes rutas. Así que tenia preparada una ruta para explorar un camino que si todo va bien me llevará al alto de la Cortina para bajar por el Tiñoso, pero ese camino de Tuesa tiene tantas y diferentes entradas que me llevará un buen rato de investigación.

Salgo de casa e inicio la subida al pueblo, buena cadencia de inicio y a continuar así toda la subida. El otro día pensaba en subir las rodillas, hoy pienso “empuja estira” en cada pedalada, así puedo ejercer fuerza a lo largo de toda la pedalada y hacerla mucho más redonda. El caso es que sigue funcionando, dos métodos distintos una misma finalidad. Veo la bodega y la curva a la izquierda que sigue subiendo. Luego la recta que se bifurca hacia el campo de tiro o el radiofaro. Ya tengo delante la subida y sigo esforzándome por mantener la cadencia alta y no arrastrar el desarrollo.
Esta subida la hago en 20 minutos, me desvío a la derecha y me asomo al mirador sobre el pueblo para captar en una sola foto el pico Remedio a la izquierda y el Castellano a la derecha del valle. Ahora toca iniciar la bajada. Solo unas pedaladas me dan la inercia necesaria para lanzarme y adoptar una posición aerodinámica que me haga ganar velocidad. Esto es disfrutar. El paisaje, no por conocido deja de ser atractivo, y no vuelvo a parar a hacer fotos por vergüenza, pues es casi una tradición el cortar esta bajada para hacer una foto, una más, siempre una más, y es que personalmente me abruma ver la grandiosidad de estas montañas. Hoy me resisto a la tentación y continúo bajando rápidamente con la seguridad que da el asfalto. Cruzo el puente para encontrar el cartel de Tuesa y encarar la subida que acaba de comenzar, es un cambio terrible que se nota en las piernas pues es una rampa importante que llega justo después de una larga bajada. Oigo voces en el campamento. Niños y monitores se acurrucan a la sombra, guitarra en mano, dando la bienvenida a un nuevo y caluroso día. Allí mismo dejo el camino de Jórgola y tomo el desvío que sale a la derecha de las señales. El camino, de entrada, está en muy buenas condiciones, mucho mejor de lo que pensaba.
La pendiente pronto toma protagonismo y se asoma al cortado que deja ver abajo el conocido camino de Jórgola. Pronto llega el barranco y una primera parada se hace obligada ante el rumor de la caída del agua. Desde esta nueva perspectiva se ve que el agua cae desde el canal de Benageber antes de las tuberías que cruzan el camino.
Poco después entro paralelo al barranco por donde parecía imposible, visto desde abajo, que hubiera un camino, pero está y son increíbles las vistas que ofrece. La caída hasta el fondo del barranco es indescriptible. La colosal altura y la estrechez del precipicio parece más un tajo en la tierra que un barranco.
La garganta se alarga tierra adentro y el camino dibuja su recorrido por la superficie.
El bosque se hace más espeso en el interior de la sierra, y mi cara de perplejidad ante el espectáculo la imagino petrificada en mi rostro. Varias paradas para acercarme al borde del abismo y otear la caída y hacer fotos. Llego al lugar donde el camino se bifurca, recto parece acabar en el interior de la rambla que ha ido acercándose a la superficie, pero tras unas plantas el camino recobra su dibujo y continúa adelante, yo con él. Me interno entre un tupido matorral de vegetación de ribera y un camino estrecho ante el ímpetu de las plantas.
Al fondo las montañas se cierran y crean un anfiteatro de altísimas paredes, cuevas y abrigos abiertos en la roca. El camino muere en un campo de almendros y olivos donde nadie podría pensar que existiría. Un campo cuidado y labrado no hace mucho tiempo es lo que mantiene abierto el camino. Almuerzo bajo la sombra de una higuera y con el silencio como compañero.
Al noreste la única vista que se sale de este cerrado paisaje; el alto del Castellano pinta de azulada lejanía la rojiza monotonía de las montañas colindantes. Retorno hasta la bifurcación y tomo el camino de la izquierda hacia arriba. La calidad del firme se pierde entre las piedras. Sigue subiendo y las roderas toman su parte de protagonismo, lo que me obliga alguna vez a bajar de la bici ante una mala trayectoria que me cruza la dirección. Otra bifurcación. La tengo marcada como un camino a explorar. Me interno en él y la maleza pronto se apodera tanto del centro del camino como de las orillas.
El nulo transito de este camino hace que cada vez esté más cerrado por la vegetación. No me vuelvo atrás porque la ruta de hoy es de exploración que si no. Por desgracia esto es algo común en muchos caminos por esta zona, abandonados y en desuso, la vegetación y la climatología acaban por cerrarlos definitivamente. Posiblemente sea ese el destino del camino principal que estoy investigando hoy. Continúo a pie y empujando la bici delante de mí a una rueda. Las protestas de la “zesty” son no aptas para reproducirlas aquí. Por fin llego al final de este camino que muere en ninguna parte. Veo al frente la orilla norte del Turia y ante mí la caída hacia el río que ruge abajo. Busco camino entre la vegetación, romeros y tomillos resecos diseminan su fragancia cuando los rozo y paso a través de ellos. Los arañazos son continuos y las aliagas puntiagudas se unen a la fiesta de marcarme las piernas.
Ya soy consciente que desde mi posición no voy a tener una buena vista pero decido continuar un poco más a ver si al menos consigo ver el río. Mil arañazos después consigo mi objetivo aunque no tal y como yo lo esperaba.
Con la foto que corrobora mi conquista regreso atrás y vuelvo hasta el camino principal que ahora tomo a la derecha con las casas de Tuesa a la vista.
La aldea es un conjunto de 4 ó 5 casas abandonadas a su suerte en medio de este páramo. La hierba, alta y dorada obstruye el camino hasta hacerlo desaparecer bajo su espigada figura. Tejados hundidos y puertas largo tiempo atrás arrancadas, dejan enormes agujeros por los que la fuerza de la intemperie ataca lo que queda de las casas. Un pozo levanta su ovalada figura al pie del poblado. Lo intransitable del camino me hace desistir de continuar adelante, por lo que recorro las tristes y mudas casas a pie, luchando en cada paso contra la maleza que estorba mi avance. Al otro lado de las casas dos caminos más vuelven a hacerse visibles. Uno avanza en dirección a la caída del río, el otro se adentra hacia las montañas y es el que, según los mapas, debería tener una salida hacia el collado de las Cortinas, o sea, el camino a seguir; pero según esta posición eso parece imposible. También lo parecía el camino que me ha traído hasta aquí. Miro la hora y veo que lo mejor será volver atrás para estar en casa a una hora prudencial. Tendré que dejar el resto de la exploración para otro día, convencido de que el resto del camino de subida, si lo hay, tendré que ir mucho tiempo arrastrando la bici.
Resignado emprendo el camino de retorno bajando hacia la cabecera de la rambla donde el camino vuelve a estar perfectamente compactado. Bajo rápidamente y pronto empiezo a alucinar otra vez con las vistas del barranco.
No puedo resistirme a parar otra vez y hacer más y más fotos. Me obligo a dejar de apretar el botón y emprendo la bajada para llegar a otro camino a la izquierda y ver a donde me lleva. El camino baja en un estado lamentable pero no llega a tener vistas del río en ningún momento, solo veré los cortados del otro lado del río para poder ubicarme. Regreso al camino y pongo punto final a la exploración por hoy. Llego al campamento y retomo el asfalto.
Paro sobre el puente para disfrutar de una de las vistas privilegiadas sobre el río Turia. La PuenteAlta. Ahora la carretera turística inicia la subida hacia el radiofaro. Otros 20 minutos de larga subida por este lado a buen ritmo, a tren, controlando las pulsaciones y manteniendo alta la cadencia. Empujo y estiro obligándome a un entrenamiento de calidad. Ya arriba, el cambio de subida a bajada es cuestión de una pedalada y gano velocidad de forma casi inesperada ante el anterior esfuerzo. Me agacho sobre el manillar y gano penetración al viento. La rápida bajada me deja a la entrada del pueblo y bajo rápido hasta el río Tuejar donde nada más cruzar empiezo a subir la terrible rampa hacia el cementerio que me lleva hasta casa. Corta ruta con mucha subida y con paisajes que siempre me sorprenden, y lo que queda. 




TRACK DE LA RUTA: http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=2020147