viernes, 26 de agosto de 2011

Chera-Aldea Reatillo-Embalse Buseo


Estaba ante otra de las rutas estelares de las vacaciones. Desde Chera al Reatillo y luego subir hacia Villar de Tejas, la Ermita y el refugio de la Loma, desde allí al piquillo de las Nieves y el 5 Pinos para bajar a Chera y terminar la ruta. Pero no salió como estaba previsto. Vamos a comenzar que para luego es tarde.

Salgo desde Calles en coche hacia Chera. Desde Sot de Chera la carretera se estrecha al máximo y se abraza a la montaña, a la que le come terreno, huyendo del grandioso precipicio que crea el río Reatillo a su salida del embalse de Buseo. Las vistas son todo lo magnificas que permite el prudente vistazo sin llegar a parar. Realmente es un lugar digno de visitar con calma para gozar de tanta grandiosidad. Llego al pueblo y aparco el coche junto a la piscina municipal, buscando la sombra de los pinos para la mayor parte de la jornada. Mientras estiro la musculatura el viento me avisa del cambio climatológico que se avecina mientras crecen algunas nubes. Hoy intuyo el cambio de tendencia que marcará el declive del verano, aunque aún quedarán jornadas de calor, como no, hasta allá finales de septiembre. Me dirijo hacia la iglesia y desde allí a la derecha para enlazar con la carretera que se dirige a Requena y que después del pueblo cambia completamente.
Nada de tráfico hasta el desvío a la izquierda, unos tres Km. y medio después, que baja hacia el río y aldea del Reatillo por la Juncosa. 
Antes del desvío buenas vistas de la cueva y chorrero de la Garita por delante del castillo y la sierra del 5 Pinos.  
Ya en este camino totalmente inmerso en la pinada las vistas de las montañas de la sierra del Tejo, al frente, se acercan casi hasta la punta de los dedos. La pista se estropea progresivamente conforme baja y se hace técnica entre un pedregal y grandes rampas. 
La aldea se acurruca a la falda de las montañas.  
Ya abajo el río se oye a la izquierda mientras se encajona en una garganta y el camino solo tiene salida a la derecha hacia la aldea. Me acerco a ella por el este, con el sol a la espalda, el viento de frente y las nubes cerrándose cada vez más.
La aldea, a parte de lo que parece la plaza de la iglesia, ha perdido todo el sabor rural que suelen tener estas aldeas de interior. Mal sabor de boca, o mejor dicho, peor del esperado, en esta aldea a la que tenía muchas ganas de venir, en fin, todo no se puede tener.  Seguro que alguien sabrá encontrarle el atractivo. Hay una fuente y lavadero justo delante de la iglesia pero allí un señor lavando y mirándome, como si mi indumentaria de ciclista fuera algo muy raro, me quita las ganas de pararme ha hacerle una foto. Luego pregunto a otros señores por el camino de Villar de Olmos ya que una valla me cierra el paso. La respuesta me deja helado. La valla es el mismo cercado cinegético que me fastidió la ruta Requena-RibaRoja. Me comentan que está todo cerrado y la opción es volver a Chera y subir al 5 Pinos. Por “suerte” no tengo que volver a subir el camino que acabo de bajar y una puerta canadiense me permite el paso hacia la carretera. Llego a la carretera junto a la verja que veía en aquella otra ruta desde el mismo río y giro a la izquierda. Al final veo un camino que sube a la derecha y voy a probar a ver si hay suerte: el “Treki” sigue diciendo que hay caminos, voy a probar. El camino da acceso a la finca Casa Vieja, otra puerta canadiense permite el paso y remonto una fuerte pendiente hasta la misma casa. Soy recibido con no demasiada buena gana e instado con más que insistencia y urgencia a abandonar la propiedad. Me comentan que puedo llegar a Villar de Tejas por el camino previsto tras saltarme la puerta que han puesto ya que tiene salida por el otro lado. Salgo de la propiedad y de momento vuelvo a estar en la carretera de subida hacia Chera. Nada de tráfico hasta llegar a dicho camino que además coincide con el GR 7. Giro a la izquierda y paso bajo un poste elevado que ahora deja el paso franco. La pista forestal de grava se empina de forma importante y tomo buena nota por si tuviera que volver. Efectivamente, arriba de la rampa una puerta de hierro cierra el paso aunque no está vallada en los laterales y con un poco de trabajo, a través de los arbustos, se podría pasar. No tengo opción de llegar a las casas de Valiente ni a Villar. No tengo ganas de más excursiones por el filo de las vallas ni de encontrarme encerrado en un coto de caza ni cosas por el estilo. Con una aventura así ya tuve más que suficiente.
Vuelvo atrás con el camino aprendido. Ya en la carretera regreso hacia el pueblo, siempre en subida. Me desvío a la izquierda para almorzar en la cueva de la Garita.
El precioso enclave me servirá de lugar de reposo. Allí será momento de recalcular la ruta a ver que hago a partir de aquí. Las opciones son: subir al 5 Pinos y el Piquillo para disfrutar de las vistas; eso sí con el estomago lleno… o bajar hacia el reatillo y el embalse a descubrir aquella zona. Primero almuerzo envuelto en el suave canto del agua al desplomarse contra el musgo que cubre la roca. La poca agua que cae hace que sea un rumor sordo y quedo, tan arrullador que te sumerge en una somnolencia amplificada por el silencio y la tranquilidad que se respira aquí. El calor también ayuda a buscar la sombra y mantenerse fresco y relajado. Pero tengo que salir al sol. Las nubes se han disipado mientras almorzaba y ahora pega con fuerza dejando una atmosfera limpia y transparente. Ya me he decidido por donde seguir la ruta. Retorno a la carretera hasta el  barrio de Arriba para enlazar con el camino de la Madroñosa que llega hasta el mismo río y lo cruza subiendo hacia la Sierra del Burgal, la Vallesa y Siete Aguas. Antes me encontraré con la fuente del Río y el desvío hacia el chorrero de la Castellana que ya se dejaba ver desde el camino.
Una breve pero increíble visita me pone ante otra espectacular caída de agua de unos 12 ó 15 metros hasta una poza redonda que permite perfectamente el baño. Luego cruzo el puente sobre el río y llego hasta fuente Romero a escasos 250 metros. Un paraje tranquilo en el que descansar un rato. Vuelvo atrás y tomo el desvío junto a la fuente del Río hacia el pantano. 
El camino se hace un tanto aéreo dejando a mi derecha el río y más allá las enormes montañas erosionadas que se moldean de manera caprichosa pero siempre impresionante. Varios murales del parque geológico se levantan a lo largo del camino indicando las diversas formaciones y periodos a los que pertenecen. El recorrido es espectacular y deja boquiabierto por la dimensión que cobran las montañas desde esta perspectiva. El contraste de colores contribuye, sobremanera, a engrandecer los paisajes. Continúo el serpenteante camino para enlazar junto a otro puente con el camino que sube a Chera o bien, a la derecha, se adentra en los dominios del embalse. Un arco sobre el camino indica el área recreativa del Buseo, la zona de acampada y las fuentes y el bar. A partir de aquí las vistas del pantano se suceden.
Primero la cola del embalse deja ver una zona de verde vegetación allí donde hasta hace poco había agua. Al final no va a ser un tiro al aire este intento de salvar el día. La apabullante belleza del paisaje compensa la inacaba ruta prevista, ya la volveré a planear.                                                                                                                                                                                                            
Ahora sigo alucinando con el espectáculo, dejándome llevar por el terreno hasta la zona de acampada. Allí bajo hasta el mismo nivel del agua para volver a subir al camino poco después.
                                                           
Luego el azul se adueña de paisaje y se filtra a través de la pinada para sobrecoger de belleza al corazón. Es increíble. Recorro el camino que ya conocía pero que había olvidado por completo; tanto que ni siquiera estaba seguro de su existencia, y eso -pienso- que esta era una ruta de exploración después del fiasco de la ruta planificada.
Dibujando las curvas de la montaña con el camino llego hasta el final de este camino. El barranco de la Hoz abre su boca al pantano. Un alud de inmensas piedras oculta, casi por completo, la corriente de agua que alimenta el lago. en época de lluvias no será fácil pasar por aquí, pero ahora sí.
Cruzo entre las piedras para seguir una amplia senda al otro lado y mirar atrás antes de iniciar la subida final hacia la presa. 
La senda, perfectamente ciclable se vuelve a internar en la pinada y ofrece más espectaculares vistas. Luego sigo por la senda a la izquierda dejando de lado un camino pedregoso que sube. Llego a la presa para seguir contemplando la inmensa balsa de agua que se forma a mis pies, contenida por la faraónica obra de ingeniería que es también esta presa. Por cierto, la única que conozco a la que no se puede llegar en coche.
El río sigue curso abajo para formar la enorme garganta y precipicio, que veía desde el coche, camino de Sot de Chera y de su encuentro con el Turia más tarde. Remonto por el otro lado por un paseo hasta la casa del pantano. Allí empieza una carreterita que sube hasta la carretera principal. Sin embargo la subida aún me reportará algunas postales inolvidables, a vista de pájaro, de esta ruta.
Allí empieza una carreterita que sube hasta la carretera principal. Sin embargo la subida aún me reportará algunas postales inolvidables, a vista de pájaro, de esta ruta. La sierra del Burgal cerrando la parte sur del pantano y dejando ver el camino que sube en diagonal hasta aquel camino aéreo que recorrimos en la ruta http://rodaipedal.blogspot.com/2010/01/cronica-embalse-loriguilla-pico-rope-la.html Varios caminos salen a mi izquierda y desconozco si son ciclables hasta llegar al pueblo. Sin haber podido planificarlo y sabiendo del poquísimo tráfico de la carretera decido hacer esos Km. por la susodicha y llegar así al pueblo y entrar por la chopera y fuente que he visto cuando llegaba esta mañana y que es la fuente del barrio.
Ya en la chopera entro hacia la fuente y el pueblo por un camino empinado bajo la cubierta vegetal de mil y un tipos distinto de árboles. Satisfecho por la ruta realizada vuelvo en coche hasta casa mientras aún alucino con los paisajes que ofrece esta zona entre la Serranía y la Hoya de Buñol.