miércoles, 24 de noviembre de 2010

Cheste-Fuente Umbría (Fuentes de Chiva I)

Por el camino venía pensando en titular esta ruta como la ruta de las fuentes sin fuentes. No sería del todo junto ya que he pasado, o mejor dicho localizado, 6 fuentes. De las 14 que tenía marcadas me he perdido 8, de ahí el título pensado. No digo que las fuentes no existan, quizá estén algo desviadas de las que tengo marcadas en el mapa del GPS. Al calibrar los mapas puede pasar que la fuente se lleve unos metros más allá como ya me ha sucedido en alguna ocasión, incluso hoy con la fuente de Corrachán. Pero si la fuente no está señalizada en el camino, el encontrarla se convierte en misión imposible pues no sabes si existe o si está en otro sitio.
Hoy no había empezado la ruta con la mejor disposición. Salgo de casa con el humor algo torcido. Espero que al empezar a dar pedales se me pase. Llego en coche hasta el polideportivo de Cheste, que me ve iniciar una nueva ruta, enseguida cruzo sobre de los dos barrancos que me van a ir acompañando a lo largo de la ruta de hoy en el momento que se unen y justo antes de ir a desembocar en el barranc del Poll o rambla de Chiva. Voy hacia Chiva por el camino de siempre, pasando por el cementerio. Después de pasarlo llego a la carretera y giro a la derecha, unos metros más adelante a la izquierda para cruzar la vía. Primer obstáculo y pie a tierra. Dejo atrás los raíles y empieza a subir el terreno. Por aquí debería de estar la fuente Arquillo, pero lo dicho o no está o no está señalizada. Continuo en ligera subida, al final este será uno de los peores tramos de camino que encontraré, y eso que no está del todo mal. Algo más allá llego a una bifurcación, un cartel con el nombre de Puente del Arco Iris me deja algo intrigado. Sigo a la derecha y enseguida a la izquierda. El camino pasa por entre unas casas algo peculiares, ya el nombre, Madre Tierra no deja indiferente, dos nombres peculiares muy cerca uno del otro, no creo que sea casualidad o competencia de un vecino con otro por rivalizar en el mejor nombre. Ahora, mientras plasmo la crónica de la ruta he buscado información y me encuentro con que es una eco aldea, casas autoconstruidas y ecológicas. Me parece un bonito proyecto aunque desgraciadamente no veo un cambio de tendencia en la sociedad como para hacerlo viable a gran escala, dudo que lo sea incluso a escala personal para mantenerlo de forma permanente. El monstruo de la economía de mercado en que vivimos acaba engulléndolo todo y no es tan fácil salir de este círculo. Sigo bajando hacia el barranco, ya veo hacia donde voy y espero que pueda pasar. Pues vana esperanza la mía. El camino muere en unos guijarros junto al curso del barranco, apenas hay un hilo de agua pero el angosto paso entre la vegetación y la subida por un terraplén hacia el otro lado me obligan a bajar de la bici. Vuelvo a encontrar el camino y llego a la carretera, giro a la derecha ya que de frente una explotación ganadera me cierra el paso. Así llego al lugar indicado como La Cueva Morica. No estaba previsto pero habrá que ver el lugar. Bajo hasta el lecho del barranco por una senda sombría y empinada.
Abajo, unos enormes árboles se alinean a la orilla del curso del barranco. Sus ramas desnudas parecen dedos queriendo arañar el cielo. La cueva tampoco la veo por aquí cerca así que con más fallos que aciertos hasta el momento me pongo otra vez en marcha. Giro a la izquierda para bordear el campo en el que descansan las reses. Llego a la casa y busco la fuente del Pájaro, tampoco está ni se la espera, tal vez solo sea el abrevadero o una balsa repleta de patos que hay a la sombra de la casa. El camino asfaltado continúa hacia la fuente Del Piojo, ídem que la anterior. Vale, pues al final voy a encontrar fuentes si o si. Ya es una cuestión de orgullo. La siguiente es fuente Incóllar. Esta ya la conozco y estar está, así que me apuntaré un tanto. Llego a la indicación de la fuente y giro a la derecha abandonando el asfalto, enseguida llego a la fuente, unos metros más adelante giro a la izquierda para comenzar la bajada hacia el barranco Grande. Este tramo ya lo conocía pero realmente me había olvidado de él. Lo hicimos en sentido contrario en la ruta http://rodaipedal.blogspot.com/2007/12/ruta-pedralba-chiva-cheste.html Subo por el otro lado por un firme en muy mal estado por la acumulación de piedras sueltas, pero aun así se puede subir tirando de potencia y encontrando la trazada buena que no te haga tropezar con algún pedrusco. Ya empiezo a dudar de si encontraré o no las fuentes, al menos fuente Viñas se que también está en su sitio. Las otras dos que hay entre medias, la fuente Del Estrecho y la Del Fraile no hay pistas sobre ellas.
Ya muy metido en la falda de la montaña la ubicación de fuente Viñas se hace visible a lo lejos. Los últimos campos de cultivos antes de la vegetación de monte dejan una pincelada otoñal en la retina. Llego a la fuente y paro un momento a fotografiarla y gozar de esta bonita y tranquila ubicación.
Cargado con las fotos me dejo caer por el camino hacia fuente Rosemblanc. Poco a poco el camino se inclina hacia el barranco Grande otra vez, luego entra en una pendiente muy pronunciada pero en la que no te puedes dejar llevar ya que hay muchas curvas y los tramos son muy cortos, atando en corto los arranques de la bici, llego abajo para encontrar el curso de la rambla y los penachos de las cañas que se nutren de las aguas en las zonas bajas de los barrancos.
Voy rodando por el fondo del barranco metido entre los cañones de las montañas. Con lluvias o incluso días después de fuertes lluvias no será un camino aconsejable ya que imagino los pasos estarán inundados y con fuertes corrientes. Así llego a fuente Rosemblanc y sigo por el camino que cruza numerosas veces el curso del o de los barrancos, ya que aquí se juntan las laderas de varias montañas creando diferentes cursos de agua. Según en que mapas mires estos reciben diferentes nombres por lo que unos los conocerán por un nombre y otros con otro. Remonto por una zona de arboleda hacia la carretera asfaltada que tomaré a la derecha para dirigirme al cruce de caminos que suben hacia el Enebro, la Nevera o Ballesteros. Tomo el primero a la izquierda. Los cultivos son los propios de zonas poco irrigadas.
Las vides esperan la poda mientras sus ramas se estiran sin fin, las hojas pintan de amarillo sobre un suelo rojizo y el sol las quema tornándolas de un ocre mortecino, preludio de su pronta caída antes del invierno. Los algarrobos ya están siendo podados en algunos campos, las ramas caídas se van apilando en pequeños montones que serán el calor de muchos días en los próximos meses. Hace unos años, con las boyante economía sustentada en el ladrillo, este cultivo era poco rentable; ahora, los campos descuidados por la inactividad en los últimos años y el robo de las algarrobas por los amigos de lo ajeno hacen que el futuro de este cultivo esté muy amenazado. Veo como este tradicional cultivo en tierras valencianas va desapareciendo poco a poco. Los olivos son los últimos que esperan turno para recolectar su fruto. Aceitunas verdes y negras se arraciman en las puntas de las ramas descolgando estas por el peso que soportan. Aunque no llegan a tener que ser apuntaladas como los naranjos, también sufren el peso de su fruto que ha ido engordando en los últimos meses. Y con estas imágenes y los pensamientos que evocan me voy metiendo casi sin darme cuenta en pleno monte.
El camino se adentra en zonas más boscosas. Al menos lo fueron antes de los brutales incendios que calcinaron estos bosques. Son curiosos los grupos de pinos que se libraron de la quema y crecen sobre un paisaje de monte bajo. Alguna vieja construcción ve el paso del tiempo con la resignación de ser un fósil olvidado. Las Veredas o Cañadas Reales, casi reducidas a reivindicar legalmente su derecho de paso, son caminos olvidados que dejan tras de sí muchas de las construcciones que encontramos por la montaña.
Sin el transito de los ganados los corrales y refugios se desmoronan por falta de mantenimiento, los caminos desaparecen bajo la invasión de arbustos y árboles que también reivindican su propiedad sobre el terreno. Y al final nos quedamos sin una cosa y sin la otra. Sin caminos y sin plantas, sin ganados trashumantes que regeneraban los pastos y sin tradiciones ancestrales que nos mantienen con una forma de vida natural, sin aditivos, sin conservantes ni colorantes. Y cuando algún político se quiere acordar de estos caminos olvidados es para ponerle una capa de cemento encima y hacer una carretera que acorte el camino entre dos puntos por medio de la montaña, así que es mejor que sigan en el olvido. El paso por el barranco de Ballesteros no es fácil. La pendiente de bajada es muy pronunciada, pero la subida me hará sacar el mejor repertorio de la ruta de hoy. Una subida brutal en la que la rueda trasera pierde tracción constantemente. Ya arriba giro a la derecha y llego a otro cruce. Me paro a mirar el panel interpretativo y al ponerme en marcha me confundo al mirar el track. Tenía que continuar recto y luego volver por ese mismo camino para girar a la derecha y emprender el regreso. Cuando me quiero dar cuenta estoy en pleno camino de regreso sin haber visitado fuente Umbría que es el punto más alejado de la ruta y como aquel que dice el plato fuerte de la jornada. Viendo como el camino se dirije hacia Chiva empiezo a pensar que esto no es muy normal, así que paro a mirar el track con detenimiento. Total he hecho 3 Km. de nada por el morro con una buena bajada que ahora, al volver atrás, se convertirá en subida. Esta parte la he suprimido del track para no liar a nadie que quiera seguirlo. Llego otra vez hasta el cruce y miro al panel como reprochándole mi equivocación; no se digna ni en devolverme la mirada desafiante. Me interno en el camino aéreo sobre el barranco.
Por todas partes los restos de árboles caídos siembran el paisaje de troncos mutilados, tocones pudriéndose al sol, a la intemperie cruel y salvaje, a la agresión sin tregua de animales y plantas en busca de refugio o de comida. Igual que ellos mismos hicieron en su día con otras plantas, con otros animales, ley de vida. La diferencia es que estos árboles encontraron la muerte por causa injustificada. Incendios forestales que rara vez, y menos con los pocos bosques que quedan, tienen un origen natural. Montañas peladas como dirían mis compañeros. Montañas al fin y al cabo. Me llenan los ojos de imágenes tanto como el alma de paz. Respiro tranquilidad en medio de estos paisajes. Ya no tanto por que tengan árboles o no. Tiene más que ver con la soledad. Con estar lejos de las ciudades, del ruido, del atroz y atronador ritmo de vida que llevamos. Montañas. A mi me vale.

Giro con el plegamiento de la montaña. Con la “s” que hace el camino esquivando la curva de nivel que se despeña hacia el barranco. Llego hasta la entrada de una casa bajo una increíble arboleda.
El camino gira a izquierda y sube una portentosa rampa que marcará su buen 15% de desnivel. Por suerte el firme está en buenas condiciones y aunque con algún derrape voy subiendo más o menos bien. Las excelentes cualidades escaladoras de la bici me facilitan mucho el trabajo. Pienso esto para insuflarle ánimos a la bici pero quien más los necesita soy yo. Llego a otro cruce. A la izquierda está cerrado con una cadena y no tengo que continuar subiendo, menos mal, ya que ese tramo está asfaltado y sé lo que eso significa. Me quedaré con las ganas de llegar a la casa que hay arriba y que promete unas vistas inmejorables.
Voy a la derecha pegado al barranco, viendo al otro lado el juego de sombras chinescas que se traen entre árboles el Sol con las nubes. Enseguida veo la fuente.
Ya sé el porqué de su nombre. La montaña de detrás no permite ni un rayito de sol. Sumida en la sombra, el frío invierno se cobijará aquí hasta el próximo verano. Me acomodo en el banquito que la rodea y saco el bocata y la cervecita.
El imposible, de reproducir, ruidillo del chorro de agua sobre la poza, amenizará mi estancia en el lugar mientras algún pájaro parece multiplicarse por el sonido amplificado de su canto en el profundo valle. Me estoy quedando helado una vez parado aquí. Me pongo el chubasquero para mantener un poco el calor pero aun así decido comer rápido y ponerme otra vez en marcha. Antes gozaré de un estar placido y tranquilo que si no fuera por el frío me invitaría a una siestecilla. Continúo el camino que según los mapas no tiene salida. Enseguida un camino baja a la derecha hacia el barranco y lo veo llegar a unas casas al otro lado. Este camino de bajada tampoco existe en los mapas y en cambio sí uno al otro lado. Pero la realidad dice todo lo contrario, y una vez allí no hay forma de encontrar el camino a seguir. Doy varias vueltas, e incluso me adentro en una senda que sube la montaña con la esperanza que algo más adelante esté el enlace con el camino. Nada. Tan desaparecido como las fuentes.
Bajo por unos bancales y me meto entre la maleza, los arbustos me clavan sus pinchos sin piedad recordándome que este no es mi sitio. Los campos recién labrados no me dan pistas de la dirección a seguir. Pero el track se mete por allí. Sigo moviéndome para afinar más mi posición y dar con el “camino”. Por fin bajo otro bancal y veo una senda oculta desde la parte de arriba. Al final veo que desde la casa estaba a escasos metros de la senda, aunque el campo labrado me ocultaba la ruta a seguir. Al otro lado de los 50 metros de senda llego a otra casa, y una especie de paseo arbolado me lleva al camino principal.
Una cadena corta el paso, por lo que veo que este track solo es factible si vas hasta la fuente y vuelves por el mismo camino, o bien si continuas desde la fuente hasta enlazar arriba de la montaña con el camino de la Nevera. Bueno, superado el obstáculo voy bajando hasta alcanzar el fondo del barranco y remonto para ir a parar a la casa donde giraba el camino. Parece una casa particular y no un refugio o algo parecido, esto sería una gozada por lo bonito del enclave. Ahora si que toca la parte de regreso. Por la equivocación de antes ya conozco un tramo de vuelta. El camino, en muy buenas condiciones, me hace rodar rápido por caminos entre cultivos con el marco de las montañas de fondo.
Vuelvo a entrar en una zona de sube y baja por el continuo paso entre los barrancos que bajan de las montañas y parecen zarpazos en la piel de la tierra. Fuente Salinas, desaparecida del mapa, no será visible. Ya dudo de desviarme hacia fuente Corrachán pero si no voy dejaré la ruta demasiado corta, además esté o no la fuente, el camino quiero recorrerlo, a eso he venido. Bajo hacia el barranco por un camino algo descarnado.
Luego el GPS me indica que la fuente está en el fondo del barranco, cruzo un pequeño reguero de agua y subo por el indicado como PR. Ni rastro de la fuente. Menos mal que continué el camino y no me volví atrás porque la fuente está en la siguiente curva. Todas estas fuentes tienen la particularidad de tener el caño a escasos centímetros de la poza donde cae el pequeño hilo de agua, que digo yo que una vez acondicionadas, se podría haber dejado algo más de espacio para poder llenar una botella o beber directamente del hilo de agua que cae, así se hace muy complicado. Remonto el barranco por una pendiente más larga de lo habitual y con un firme muy roto. Llego a una cuadra y un letrero que indica la fuente Alamillo pero no la tengo marcada en la ruta, así que giro a la derecha y cojo enseguida otro camino a la derecha, éste pasa por fuente Moreno, tampoco la localizo. Mientras tanto el camino encuentra un desnivel y empieza a bajar progresivamente. A poco que doy pedales la velocidad se incrementa a marchas forzosas. La bondad del firme me hace volar por este tramo que disfruto de manera inesperada hasta volver a cruzar el barranco por enésima vez. Ya al otro lado iré pasando junto a cuidados campos de algarrobos y olivos; alguna viña romperá la hegemonía de los dos cultivos anteriores.
Rápidamente llego al cruce donde un antiguo refugio de cazadores también se desvanece en el olvido. Luego sigo de frente por un camino asfaltado y en ligera subida. Los muchos dientes de sierra de esta ruta ya imponen la fatiga a la que han sometido a mis piernas, y estas se toman con calma el pequeño desnivel. Luego la bajada pone otra vez velocidad a la parte final de la ruta que me llevará hacia Chiva, no sin antes pasar por fuente Forraje.
Esta si está señalizada en el camino a pesar de no estar visible desde allí y tener que desviarse unos 70 metros. Así que me pregunto qué es lo que habrá pasado con las otras fuentes. Desde aquí al coche sin más incidencias por un camino más que conocido que no presenta dificultad alguna. La segunda parte de esta ruta ya está medio planeada para seguir conociendo más fuentes en las montañas de Chiva. Como no podrá ser de otra manera ya os contaré como transcurre, mientras tanto irán llegando otras rutas que ya están completamente planeadas.