jueves, 11 de agosto de 2011

Calles-Alcublas-Calles


Por fin llegaban las vacaciones. Los 20 días en Calles prometían emociones fuertes desde el primer día. No en vano el planning de rutas estaba más apretado que la goma del bañador, así que tocaba darlo un poco de sí a golpe de subidas. 
Así que la primera ruta era de aquellas de desentumecer los largos meses de trabajo y tensiones acumuladas. Nada de bromas y la ruta más dura al principio, así todo lo que venga después ya será de puras vacaciones.
Minutos antes de las 8 de la mañana salgo de casa para encarar la temida subida de Saletas; realmente no es esta la peor subida, lo que más respeto me inspira es la siguiente subida hacia fuente Solaz, esa subida de tierra que, las dos veces anteriores que la subí, aprisionaba las ruedas entre la gravilla y la tierra para no dejarme avanzar ante sus imponentes porcentajes.

Inicio la recta que pasa entre unos viñedos de Vegamar y que pica hacia arriba, de forma suave y moderada pero sin pausa. El Sol aún no despunta por encima de las montañas y cuando lo hace me aproximo a las lomas cercanas para volver a ocultarme de él; es como el juego del escondite que acabará ganando por goleada. Llegado al depósito de agua la rampa no ofrece dudas sobre sus intenciones y el cartel del 12% de desnivel lo dice todo. El asfalto, sin embargo, facilita la labor y con todo bloqueado y arrastrando el desarrollo, aquí ya no tengo fuelle para molinillos, voy subiendo sin prisa pero sin pausa.
Fuente la Losa me recibe con un abrazo de frescor entre los eucaliptos y el chorro de agua que se escapa de la fuente y me invita a hacer una parada para refrescarme. Continúo subiendo una vez aligerado peso de la mochila en forma de barrita, así que a pedalear con ganas el resto de la subida que se asoma al cada vez más alto barranco. No tardan en ofrecerse las inmensas vistas tantas veces contempladas pero tantas veces inacabadas ante la magnitud del soberbio panorama. De vez en cuando pienso aquello de “sube las rodillas” para ayudar en cada pedalada con el movimiento de subida, la verdad es que funciona, y cuando lo pongo en práctica noto como avanzo un poquito más rápido, o más fresco, o más suelto, el problema está en que aún no tengo esto como un hábito y cuesta más proponérselo que hacerlo, pero en ello estamos. Llego arriba de Saletas y es cuando me entra el canguelo, ahora viene la peor parte para mí. El camino de tierra. Para mi sorpresa, perdón, para mi gozo, compruebo que han arreglado el camino, la trampa de graba a desaparecido y ahora el firme presenta una solidez y uniformidad digna del mejor camino. Es una bendición afrontar los siguientes 6Km. de desniveles del 10% con este tipo de firme, solo espero que esto dure toda la subida. Mientras tanto disfruto del momento y sigo “subiendo rodilla”. En este tramo del camino las vistas se disparan exponencialmente por cada metro subido.
El cortado del embalse de Loriguilla se recorta en la montaña de enfrente allá por las Marianetas, justo delante del Pico Ropé y detrás del alto de Saletas. Recuerdo lo imponente de aquel precipicio aún con un escalofrío en el cuerpo. Por delante de estas rocas recortadas, la caída de agua de la cola de caballo se precipita hasta el lecho del Turia para ir llenando el embalse. Sigo subiendo por el reseco camino junto a pequeñas plantaciones de jóvenes pinos que si les dejamos cubrirán estas desnudas laderas y darán sombra al camino. Ahora lo único que hay es un suave aroma a romeros resecos y alguna huella de vida salvaje que intento esquivar bajo mis ruedas. Llego arriba y me dirijo hacia el desvío del Castellano a la derecha y Chelva al frente. Sigo recto hacia Chelva e Higueruelas y emprendo la bajada. El camino abre sus vistas hacia el pico Remedio al otro lado del valle que guarda la Peña Cortada. Las zonas arboladas cada vez se hacen más extensas en este lado norte de la sierra y los bosques de pino cubren las montañas. En la bajada dejo atrás el desvío hacia Chelva por el Mas del Herrero y comienzo la parte nueva de la ruta.
Termino la bajada en una abandonada cantera, que cubre el fondo de la pedrera con lagunas color turquesa y paredes de arenisca rojiza surcadas por los profundos surcos que labra el agua en su descenso a las profundidades. Sigo camino y dejo a mi izquierda el desvío a fuente Madrid, la bajada, en peor estado que el anterior tramo de camino, me deja de bruces contra los mudos muros de la Hoya de Antaño.
Este añejo y viejo vestigio del pasado contrasta con la insolente modernidad que culmina las cumbres de las montañas de detrás, dotando al cuadro de un contraste surrealista: los viejos muros de piedra contra la más ultramoderna tecnología para producir energía. Decenas de molinos eólicos se yerguen en el aire a la caza de una brisa para ponerse en marcha; para nutrir nuestras vidas de lo que creemos esencial para subsistir, de aquello que hemos convertido en una necesidad, cambiando la fisonomía de las montañas en los últimos años tanto como lo cambiaron, hace unas décadas, las primeras urbanizaciones que abrieron la veda. Hoy seguimos haciendo lo mismo pero de distinta forma bajo la bandera del bien común. Despojamos a los pueblos de su patrimonio paisajístico para poder tener donde cargar el móvil o el ordenador, yo el primero, aunque también sería el primero en renunciar a muchos de esos caprichos por poder seguir paseando mis rueditas por estas montañas vírgenes. Giro a la derecha y continúo bajando hacia Higueruelas ya en suave descenso y dejando atrás, con la velocidad de la bajada, los oscuros pensamientos y preocupaciones, lo que hay es lo que hay.
Ya a la vista del pueblo una bifurcación indica una zona de acampada y la fuente de Ladrón a escasos 400 metros. Decido que puede ser un entorno apropiado para almorzar antes de seguir ruta. Un fuerte descenso me deja en una zona de chopos junto a una fuente y unas mesas de madera. Despojado del casco y demás indumentaria auxiliar casi me meto en la fresca agua para refrigerar del calido día que me acompaña. Gozo de un tranquilo y solitario almuerzo a la sombra de los enormes árboles antes de ascender la bonita rampa que me he metido sin tenerla en el guión.
Antes de entrar al pueblo paso un puente sobre una rambla, una fuente a la izquierda y la enorme cruz que preside la montaña detrás del pueblo. Luego cruzo el pueblo y salgo por el camino junto a la fuente del Olmo para meterme en el camino de las canteras, que me dejará a los pies de los molinos eólicos de la zona norte del pueblo, allá por el Cerro Simón. Es por esta zona donde dejo de subir hacia el norte y enfilo al este hacia Alcublas. La solana es tremenda, pero la brisa se encarga de refrescar la terrible sudada que llevo encima; de ser hoy un día de poniente lo estaría pasando mal ya que en cuanto sales de las zonas de brisa el aire se estanca, pero al menos no es caliente, y eso lo digo yo que me encantan los días de poniente, pero para ir en bici mejor que no. Sumido en estos pensamientos de gloriosa aleluya por la climatología de este día me dejo caer por una carreterita hacia un fantasmal pueblo cruzado por la negra carretera. El pueblo parece un fantasma, las casas se alinean en fila a ambos lados de la línea asfaltada.
No solo es que no se ve un alma, es que no hay ningún signo de actividad: ni vida, ni personas, ni animales, ni plantas, ni siquiera un hierbajo o un coche, por no haber no hay ni antenas en los tejados, todo un record. Es la nada más absoluta enlatada entre paredes. Recorro toda la calle para salir por el otro lado y comprobar en el cartel de la carretera que realmente son las bodegas de Pardanchinos, si no lo veo no lo creo. Lo más llamativo del pueblo es la plaza de la fuente, una placeta de suelo redondo y empedrado como una antigua era, o tal vez lo fuera, con una fuente y una casa en la esquina con un reloj de sol. De allí sale un camino que cruza la rambla Artaj y lleva a Alcublas, primero por camino de tierra entre la montaña y luego a través de cultivos de vides y almendros hasta llegar al último tramo asfaltado y que conecta con la carretera de Andilla a Alcublas. Justo antes de llegar a este cruce tengo el primer contacto visual con mi objetivo de hoy. Realmente no llegaré a subir a los molinos ya que me queda toda la vuelta y preveo que llegaré justito de fuerzas a casa, así que me ahorro el esfuerzo de una subida, aunque por ganas de subir a los molinos no será.
A la entrada del pueblo hay un área de recreo con un paellero y frescas sombras donde puedo descansar un poco del tórrido sol que me castiga. Atravieso el pueblo para ir hacia la carretera de Sacañet y la cueva Santa. A los pocos metros de salir del casco urbano me topo con lo que es el lugar elegido para finalizar la parte de ida de la ruta y parar a comer.
Las ermitas de santa Bárbara y san Agustín. La suerte quiere que estén hoy precisamente desbrozando los alrededores y el insoportable ruido de las máquinas me aleja unos metros más arriba junto al depósito de agua del pueblo donde unos bancos a la sombra de pinos, me servirán de refugio y acomodo para la comida y una pequeña siesta interrumpida por el estruendo que antecede al bando municipal. ¡¡Coño!! esto parece Riba Roja. Es increíble que los ayuntamientos fomenten la contaminación acústica de esta ensordecedora forma. No voy a entrar a juzgar la música que ponen, eso es harina de otro costal y para gustos colores… o artistas o llámale x. Pero poner la música, antes de anunciar las cosas más peregrinas, con un volumen digno del FIB e interrumpir el descanso o la vida cotidiana de la gente de esta atronadora manera me parece, no solamente escandaloso sino, increíble e incluso denunciable. Pero esto no es, ni invasión de la intimidad ni intrusión en el derecho al descanso ni nada por el estilo. Este podría ser el momento protesta de hoy, al menos hasta ahora. Tras la comida me pongo en marcha para volver por donde he venido, salir del pueblo y alejarme carretera abajo hasta llegar al cruce que esta vez tomaré a la izquierda dejando la carretera de Andilla. El tramo que he hecho desde el pueblo hasta aquí veo, por la velocidad que llevaba, que picaba hacia abajo, no de forma escandalosa pero si constante. Ahora esa pendiente se incrementa un puntito y salvo algún pequeño repecho volaré hacia abajo hasta poco antes de llegar a Villar del Arzobispo. Por el camino dejaré atrás nuevamente la rambla de Artaj y a mi izquierda el alto de las Umbrías, justo detrás de esta mole se cobijan las bodegas de Gea, aquel poblado también en ruinas que visité en la ruta http://bikepedalvalencia.blogspot.com/2011/02/sant-vicent-bodegas-de-gea.html Casi enseguida veo a mi derecha una singular construcción que desde lejos llama la atención con sus cúpulas.
Me acerco hasta esta casa para admirar su peculiar y llamativa arquitectura rematada con espectacular “trencadis” y arábicas arcadas.
Continúo hasta llegar a Villar, cruzar la rambla e ir hacia la casa de Icona antes de meterme en la zona de las canteras. Y yo que me quejaba de que en Riba Roja hay cuatro o cinco canteras… aquí hay dos pueblos metidos en una cantera. Entre Villar e Higueruelas no se puede decir que haya muchas canteras… ¡¡es que no hay otra cosa!! Se han comido las montañas o están en ello.
Entre incendios, canteras, molinos y urbanizaciones la naturaleza será lo que quede en los libros o lo que diga Google. Amen. Voy como loco buscando una fuente para reponer agua ya que no quiero meterme en la subida hacia Saletas con medio depósito; preveo, por el calor que hace que voy a necesitar bastante agua. Estas canteras presentan también lagunas en el fondo de las zonas que ya no se explotan, pero a diferencia de las otras canteras estas siguen en activo. Salgo de aquí para conectar con el camino que baja hacia Verche, luego a la derecha y conecto con el camino que sube hacia Saletas.
Entro en la zona de rompepiernas que me llevará a subir y bajar laderas de forma continua hasta la compostadora. Siempre picando hacia arriba y por un firme que se irá estropeando hasta llegar a su peor parte allá en la subida que cruza el barranco del Agua Salada. Desde aquí ya se divisa el alto de Saletas y por tanto ya huelo la bajada final. El último esfuerzo para llegar hasta allí sale de unas fuerzas que ya no tengo, pero que recuperaré con la cerveza fresquita que pienso calzarme, al llegar a casa, sin siquiera bajar de la bici. Antes de eso toco el asfalto en el último metro de subida y me lanzo 5 Km. hacia abajo en una bajada de 5 minutos para recorrer lo que esta mañana me constó 40 largos minutos de sufrimiento. Llego a casa repleto de recuerdos y sensaciones, henchido de placer y satisfacción por haber culminado estos 79 Km. que marca el velocímetro y aún con la euforia de la velocidad dibujada en la cara. Mañana no pienso salir, pero pasado mañana otra nueva aventura, me va a faltar tiempo para contarlas.





TRACK DE LA RUTA: http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=1995227