miércoles, 4 de julio de 2012

Aras-Aldeas de Alpuente


Llegaba a casa de la ruta cansadísimo, y con más ganas de un café con azúcar y hielo que de una cerveza, cosa raríiiisima.
Pero la buena noticia de la jornada es que Sebastian vuelve del médico con excelentes noticias, parece que las pedaladas extras han dado buenos frutos, así que mientras desenredo las telarañas mentales para ir explicando lo vivido en la ruta de hoy, celebro las buenas nuevas con una cerveza, no sea que se pierda la costumbre. Ahora ya, vamos al tema.
Titulo la ruta Aras-Aldeas de Alpuente, aunque en realidad no he comenzado en Aras (sino en la Mailesa) sí que he pasado por allí, pero como es casi un círculo, se puede comenzar desde cualquier sitio, así que dejaré el título y contaré la ruta fidedignamente desde su verdadero inicio. Desde Calles en coche hasta pasar Titaguas, luego me desvío a la izquierda, aún en el término municipal de Titaguas, hacia Maliesa, una casa a medio construir que creo que iba a ser un hotel rural o algo así a caballo entre los trigales y la montaña. 

La obra sigue paralizada junto al depósito de incendios de Matrera. Aparco el coche y hago los estiramientos de rigor. Con la poca caña que me estoy dando últimamente necesito hacer los estiramientos a conciencia para no correr riesgos. Me pongo en marcha buscando la CV-35 que encontraré a unos doscientos metros. Giro a la izquierda y prácticamente enseguida a la derecha en un camino asfaltado. Este camino ya lo cogí en la ruta: http://bikepedalvalencia.blogspot.com.es/2011/04/titaguas-aras-zagra.html  Pero aquel día bajé por un terraplén que ahora veo con un "gsorllgoreohgkgbruoaeh" en la boca. Aquel día cogí el camino de la derecha después de cruzar la carretera. Abajo el cauce del barranco del Regajo. En el cruce veo a la derecha las abandonadas casas del Regajo, aquí cerraré el círculo de aquí a unas horas, ahora izquierda y sigo camino conocido. Paso otro barranco y toca remontar hacia la carretera, pero justo ahí nace un camino a la derecha en fuerte pendiente, como no podía ser de otra manera. Pie a tierra y para arriba. El “Treki” me lleva por el camino señalizado como circuito BTT de la comunidad valenciana. Inicio un “callejeo” entre campos de cultivos para abordar la zona norte de Aras, todo para no repetir aquel camino que comentaba antes y que tenía un par de subidas buenas, he ido de mal en peor creo. Ya metido no me queda otra que continuar. Recuerdo mientras pedaleo la crónica anterior: la cara del oso. Recuerdo aquellas “karhu” azules que lucimos toda la familia en aquella época en que nos levantábamos todos juntos para ir a correr y comenzar el día haciendo ejercicio. Recuerdo aquellos años con la música de mis hermanos: Donna Summers, Asia, Supertramp y Pink Floid; mi contraataque era The Cure o Talking Heads. Al final un empate con Joaquín Sabina. Muchos recuerdos para aliviar el esfuerzo del pedaleo entre lomas y caminos de tierra y piedras. Paso una zona de chopera que me indica algún caudal de agua y/o alguna fuente. Un cartel indica la fuente de la Canaleja, pero tampoco dice la distancia hasta allí, aparte de que no hay camino, así que la descarto y sigo pedaleando. Aras queda a mi izquierda y lo voy dejando poco a poco atrás. A la derecha la muela de santa Catalina llena todo mi campo visual. Lo más llamativo son los coloridos aludes y barranqueras de sedimentos de tierra roja y blanca de las canteras, producidos por el arrastre del agua. 

Su intenso color rojizo y algunos toques blanquecinos recuerdan los hornos de cal que hay por la zona, pero que no he podido ver todavía. Varias granjas pueblan la zona con su característico olor, pero lo peor es el vertedero que hay por aquí, bueno, lo peor son los guarracos que vienen a tirar escombros y basuras… pagar basura para tener que ir por ahí a tirarla y arriesgarse a una multa, hay que ser subnormal profundo, sobre todo en las poblaciones que tienen ecoparque. Llego junto al depósito de agua y los abrevaderos y de allí a la derecha para llegar a la carretera de Losilla. La recta infernal me tiene comida la moral, pero hoy la trato de tú a tú. Así llego a las curvas de “la muerte” ver ruta: http://rodaipedal.blogspot.com.es/2010/03/cronica-de-las-tres-cumbres.html  Luego afronto la subida propiamente dicha. Me parece hoy más suave que la última vez que subimos. Junto a la última curva veo un camino que teóricamente llega a la zona de las granjas de abajo, pero desconozco el estado del camino y si este es en todo el recorrido o si por el contrario hay tramos de senda no ciclable. Para asegurar he venido por la carretera y ya encaro el último tramo. Me recibe el exuberante jardín y el alto y verde césped recién regado que refresca el ambiente. La tupida sombra también ayuda lo suyo, y por supuesto, la fresquísima agua de la fuente. La ermita y todo el conjunto lo tengo sobradamente visto y fotografiado, pero la sencilla hermosura de este lugar siempre encuentra alguna excusa para colarse en la memoria digital que hay que traer siempre a este pequeño paraíso. 

Fotos y fotos como si nunca hubiera visto este paraje frágil, mágico, delicado, delicioso. Lleno hasta los topes la camel y sigo subiendo, una parte de este lugar me acompañará el resto de la ruta. A partir de aquí me encontraré las rampas más duras de la ruta. Sobre todo en la parte asfaltada del final de esta subida. Rememoro con una sonrisa otros tiempos. La última rampa exige todo mi ímpetu, para ello surco el camino, manejo, coloco y ataco la rampa a mi antojo, intentando someterla a mi voluntad antes de que me lleve por donde ella quiere. Lo logro solo a medias, pero el resultado final sí que es el deseado. Ya arriba giro a la izquierda. El camino me lleva a pasar junto a las instalaciones del Caat, quería plasmar en esta ruta el reloj armilar que hay en el recinto. 

Luego sigo hasta el mirador y el V.G. No tengo ganas de volver atrás como hemos hecho siempre, así que sigo para enlazar el camino que rodea la muela por los molinos del norte. Hay un tramo no ciclable, no son más que unos metros pero el camino se desdibuja bajo una alfombra de piedras y ramaje que crecen silvestres en medio de lo que debería ser el camino. Llego junto al molino y el camino aparece de nuevo. Desde allí dibuja un semicírculo que casi vuelve hasta las instalaciones del observatorio astronómico de la universidad, este es otro observatorio. Este quedaría a la derecha, pero yo tomo el camino a la izquierda que sigue subiendo hacia el estrecho de la muela. Paso el desvío y sigo recto. Pasado el último molino la sorpresa desagradable de la ruta: el camino está cortado por una verja. Mi gozo en un pozo, me he venido abajo. 

No tengo ganas ni intención de saltar la valla aunque como acto de rebeldía no estaría mal. ¿Quién y por qué cierra el camino? Me gustaría saber en nombre de qué articulo se cierra un camino. Si alguien lo sabe por favor que me lo explique, y si es una acción arbitraria y hay alguna plataforma tomando medidas sobre esta actuación que me avise, como también le dije en su momento a un activista en la zona de Chera por el cercado de un coto de caza en aquella zona. Es que estoy guerrero últimamente, mejor dicho… estoy hasta los “webs” de tanta injusticia y tanto caciquismo que seguimos permitiendo sin abrir la boca, no sea que nos la vayan a cerrar, y como no la abrimos pues no la cierran sin el menor esfuerzo. En una anterior entrada de este blog: http://bikepedalvalencia.blogspot.com.es/2012/06/un-granito-de-arena.html  Ya pongo algunas reflexiones sobre el tema… no serán las últimas, no me propongo hacer de este blog un ideario político, pero las reflexiones son tan mías como las crónicas de las rutas y me desquitaré cuando lo crea conveniente, que últimamente es muy a menudo. Uf, momento protesta de la jornada. Ahora ya no me ruborizan estos momentos como hace algún tiempo, ahora me cabrean por haber estado tanto tiempo callado. Sigo con la ruta.
Pues no me queda otra que bajar. Pero primero almuerzo a la sombra de los inmensos molinos de viento. O lo que sean pues hoy, y demasiado a menudo, tan solo son estatuas gigantes jodiéndonos las montañas. Todos los molinos eólicos que veo desde aquí en la provincia de Valencia están parados (y todos los que veré a lo largo del día también). En cambio al otro lado del río Turia, en Cuenca, si que giran y generan electricidad. Aquí por no pagar no se paga ni el viento, nos lo han cortado. Ah, pues no, yo lo siento en la cara. Pues será que han cortado la luz por no pagar, a ver si es que estos molinos funcionan con luz y no con el viento… o es que está por aquí Iker Casillas, “el hombre que lo para todo.” Si sigo así mando la crónica a paseo y lanzo otro alegato: “un granito de arena 3.” Calma Kike.
Durante el almuerzo y antes de abandonar la ruta, me replanteo bajar hasta Losilla, si se puede, por el camino que he dejado atrás cuando subía. Recalculo la ruta y veo que son unos pocos Km. más, así que voy a intentarlo. Retrocedo y tomo el camino a la derecha que baja hacia el depósito de incendios y llega hasta Losilla. El camino se pone algo bravo en algunos puntos debido a la pendiente y la cantidad de piedras. Llego abajo, a Losilla, junto al lavadero y la fuente de santa Catalina. Después tomo la carretera hacia Alpuente, a la derecha en ligera subida. Esto me da la oportunidad de ver la muela desde un punto de vista diferente y desconocido. El aburrido tramo de asfalto dura más de lo deseado pero al final asoma, tras las últimas estribaciones de la muela, el Castillo del Poyo. 

Una colosal muela al más puro estilo de las montañas del gran cañón del Colorado. La silueta es atractivamente hipnótica y será la referencia de esta parte de la ruta. Llego a la aldea de El Collado. Primero me recibe su lavadero. Luego callejeo hasta la iglesia y bajo hasta cruzar el barranco del Reguero. 

Allí hay una fuente de la que también beberé un poco. El pueblo tiene poco que ver, pero muestra su personalidad a través de una cierta uniformidad arquitectónica que, sin ejercer un marcaje férreo y permitiendo cierta variedad, conserva la idea de conjunto y un equilibrio de integración con el paisaje que pone, más en valor si cabe, su patrimonio artístico, cultural y medioambiental, así como la sostenibilidad de su riqueza rural. Salgo hacia el este en dirección a El Hontanar. 

Primero encuentro un refugio, de los muchos que veré por la zona, luego una fuente con abrevadero y otra estructura cubierta con dos pozas, este entorno es una preciosidad. A la entrada de la aldea el lavadero, menos delicado de lo esperado comparado con los de las aldeas vecinas. Tras una casa normal se esconde la fachada de la sencilla y delicada iglesia de la aldea. La fuente de la plaza, ofrece una estampa deliciosa. 

Solo rompe la sobriedad y el encanto de la aldea el frontón, pero por el delicado conjunto de todo el pueblo hasta eso se perdona. Sigo recto la única calle para salir de la aldea y encontrar una bajada de asfalto divertidísima aunque corta. Llego a la carretera y giro a la izquierda y enseguida a la derecha por camino de tierra. Curiosa la cantidad de sabinas que hay por la zona. La pena es que buscando una bonita y sola para fotografiarla, se me han pasado. Este desvío me lleva a pasar un barranco por un vado. Al otro lado encuentro, al poquito, la aldea de la Canaleja, muy cerca de La Almeza, otra aldea de Alpuente. La Canaleja la forman un par de núcleos separados entre sí pero con un encanto muy especial. Casas de piedra, de las de toda la vida. 

Casas bonitas y cuidadas que despiertan mi sana envidia. Salgo de este núcleo a la izquierda y luego a la derecha para encontrar un repecho corto pero duro. Arriba una fuente cubierta y luego una granja junto a una cruz. Ahora sí que llego a La Almeza. 

Pero el pequeño desvío ha valido la pena. Otra aldea perteneciente a Alpuente, y como tal con sus casas en armonía unas con otras. No es que la uniformidad sea total, pero el estilo es similar y guardan una apariencia de homogeneidad que personaliza al pueblo, es la distinción de todas estas aldeas. La aldea tiene poco que ofrecer,  pero de salida hacia Corcolilla busco el abrevadero, a su espalda encuentro el lavadero que está siendo encalado y tiñe de blanco el agua de la balsa. Antes de llegar a Corcolilla que asoma en lo alto de la ladera de enfrente me desvío a la derecha, por la carretera que llega al Hontanar, hacia el yacimiento de icnitas de Corcolilla. Un parking a la izquierda y la entrada a la derecha hacia las huellas de dinosaurios. Un cartel interpretativo del yacimiento explica el porqué de la conservación de estas huellas y su edad. 

Es una visita corta pero interesante. Ahora retrocedo y giro a la derecha cruzando otra vez el barranco de Reguero. Por aquí hay una foto en Google Earth de un canal prehistórico, pero ni hay señalización, ni parece estar a orillas de la carretera, ni hay un camino en el punto donde lo tengo señalado, y, como hay muchas fotos mal ubicadas, no me paro a adentrarme en los campos de cereales para averiar si está o no. Tampoco encuentro señales de su existencia en el panel interpretativo que hay en el pueblo junto al lavadero, que es lo primero que encuentro. Me adentro en el pueblo a la izquierda y llego a la plaza principal donde hay otro lavadero y una fuente. Bonita foto y continúo hacia el final del pueblo donde las casas están más arregladas y forman un pintoresco y uniforme conjunto. Al volver atrás tomo una calle a la izquierda para ver el interior de la aldea. 

Casas más viejas pero todas con la identidad propia de la zona. Lástima que los contadores de la luz estén en la fachada de todas las casas dando ese toque de absurda modernidad, es como un cepo en la rueda del coche que dice “enganchado”, es lo único que rompe la armonía, junto con los cables de la luz y las antenas y poco más. Frente a la puerta de la iglesia dos coches aparcados, estos también tienen lo suyo. Estos también rompen la estética del lugar, pero es lo que hay. 

La iglesia tiene una planta singular con varios tejados a distintas alturas y caídas y con una pequeña cúpula de azulejo de colores que da una curiosa y pintoresca decoración al edificio. Y la pregunta sería ¿porqué la iglesia sí puede tener colores y diversos toques arquitectónicos y las casas no? Pues mirad y foto y decidir qué es lo que rompe la estética. Salgo del pueblo y giro a la izquierda en subida. Otra rampa corta pero intensa. Toda la ruta ha sido un constante subir y bajar de pequeñas cotas que al final ponen su dureza en las piernas. Poco a poco el camino va girando a la derecha hasta quedar encarado al Hontanar, después de haber descartado el camino más ancho, a la izquierda, que sube hacia los molinos en lo alto de la muela. Veo el valle que he ido recorriendo en mi visita a las diversas aldeas de la zona. 

Los trigales doran el terreno entre verdes islas de apagado color en estos días de verano. De las montañas ya no se ve surgir el humo del brutal incendio de Andilla y alrededores, hace un par de meses que visitábamos la zona en la ruta: http://rodaipedal.blogspot.com.es/2012/05/alcublas-la-salada-sacanet-la-lidia-del.html todo el grupo. Hoy, como dice Sabina, “lloro en los bosques que el incendio arrasa”. Hoy respiramos peor que ayer, mejor que mañana, que por desgracia, tendremos otro incendio en cualquiera otro de los pocos bosques que aún nos quedan, pero tampoco por estos haremos nada. Y tampoco las autoridades harán nada para prevenir o apagar los incendios poco después de declarados, es mejor esperar antes que desplazar los medios aéreos, que son los que de verdad podrían apagar un incendio recién declarado con unas pocas pasadas antes de permitir que se extienda y luego luchar días y días contra él, o limpiar los bosques como se hacía antes para que no sean un polvorín y de paso dar trabajo y también algo de pasto al ganado. Luego emprendo la bajada. Llego a un desvío y giro a la izquierda, tras cruzar el barranco del Regajo, que ya no abandonaré hasta el final de la ruta, así como tampoco la bajada, excepto algún par de repechos. Al frente, veo el camino por el que tenía que haber bajado desde la muela de santa Catalina hacia la aldea de El Collado. La maldita puerta cerrando el camino ha estado apunto de arruinarme la ruta que al final he podido recomponer. Si la puerta es para que no se escape el ganado, las puertas canadienses arreglan ese problema y permiten el paso. El barranco se crece pegado a la ladera noroeste de la montaña. 

El fondo de la rambla es un pequeño vergel de vegetación de ribera en busca de la poca humedad que aún atesora el subsuelo del barranco. Algunas fuentes derraman pequeños hilos de agua que cobran el fondo del barranco. Las formaciones rocosas crean formas imposibles como grandes galápagos detenidos en el tiempo, como las huellas de los dinosaurios que acabo de ver. Y este pequeño bosque se muestra inmenso ante la tragedia acaecida unos kilómetros más al noreste, como si quisiera hacerme un guiño para olvidar la catástrofe del fuego descarado y malintencionado; como si quisiera compensarme con su inconfundible fragancia y bondad. No puedo más que venerar su loable intento con una pausa casi infinita para comer, mientras lo admiro. Antes, paso por las ruinas de la aldea de Vizcotas. 

Solo un colosal edificio sigue en pie con más pena que gloria dejando ver sus ventanas como ojos vacíos en un esqueleto. Luego encuentro unas rocas apropiadas para descansar mientras hago la pausa de la comida. Al otro lado del barranco, un cortafuegos parte la masa forestal del bosque como si su sola presencia fuera alguna solución. 

Un cortafuegos sin camino, un cortafuegos absurdo, un cortafuegos sin accedo posible ante la insuperable pendiente que salva. Arriba los molinos eólicos. Al menos esta montaña no la dejarán que se queme, es demasiado valioso su contenido tecnológico. Aunque si seguimos sin “pagar” el viento para que funcionen, igual abandonan también los molinos poco más de un año después de haberlos instalado. Cobrada la subvención y aprobada la subida de tarifas, para qué vamos a preocuparnos en hacerlos funcionar si ya están amortizados.
El calor, que ha ido creciendo a lo largo de la jornada, me insta a una pausa más sosegada. Después me pongo en marcha bajando hacia el rento de Benacatázara, el escudo heráldico de la puerta deja constancia de su importancia tiempo atrás. 

Aún parece estar en uso a pesar de su descuidado estado. No creo que sea fácil ni barato mantener una masía de estas dimensiones con el cada vez menor uso y explotación de estas tierras. 

Sigo bajando siempre con el barranco a mi izquierda, dejando bonitas postales aquí y allá. 

Al final llego a las abandonadas casas del Regajo, lugar donde se cierra el círculo y donde giro a la izquierda para cruzar la rambla y remontar hasta la carretera, cruzarla y tomar los últimos metros de camino hasta el lugar donde una vez más espera pacientemente el grandote que se tragará la bici para llevarnos a casa, donde espera ese café con hielo y las buenas noticias que preceden a la cerveza. 


Track de la ruta: http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=3092303 

lunes, 2 de julio de 2012

Puerto de Sagunto-Cara del Oso


En los años 80 hizo furor una marcar de prendas deportivas; los fieles a la marca y ahora nostálgicos, aunque hay que decir que ha vuelto, aunque con menos fuerza de la deseada, nos pertrechamos con zapatillas, camisetas y las reconocidísimas parcas de la marca “Karhu” que lucimos durante años y, que con el paso del tiempo, aún atesoramos como autenticas joyas, algunas en perfecto estado de uso. 

Pero nada tiene esto que ver con la ruta de hoy, o sí… si lo miramos desde la cara del “oso”, el último oso de La Calderona. 

Y es que cuando estaba diseñando esta ruta, me encontré con la agradable sorpresa de una imagen reconocida y grabada en mi memoria a fuerza de verla al revés en el espejo; la cara del oso me miraba desde el mapa… y no pude contenerme y acabé diseñando el recorrido como homenaje a ese mítico oso; como anécdota decir que Karhu vendió el logotipo de las tres bandas a la marca Adidas. Pero vamos ya a la ruta que es lo que nos interesa.

Inicio la ruta en el Puerto de Sagunto. El mar me mira adentrarme por la desembocadura muerta del río Palancia. 

Unos arcos dan la entrada a esta zona acondicionada con caminos y como zona de esparcimiento y actividades deportivas. Unos montones de tierra me obligan a adentrarme entre unas casetas, al otro lado de estas llego al vado asfaltado por el que cruzan los coches el cauce del río. A ambos lados unas monumentales arboledas crecen dando sombra a los caminos que circulan bajo ellas. Me adentro ahora en la margen izquierda y transito bajo un mundo inundado del olor a eucalipto. Este magnifico tránsito dura poco y luego encuentro un camino muy similar al conocidísimo parque fluvial del Turia. Con la evidente diferencia de la falta de agua y frescor y la consiguiente falta de árboles. Aun así el camino tiene algo de especial. Las montañas, lugar de destino en la ruta de hoy van acercándose pedalada a pedalada detrás del castillo de Sagunto. 

La enorme mole de la montaña coronada con el excelso castillo se agranda ante mis ojos con cada metro que avanzo. Detrás, la mola de Segart parece un gigante enano. El camino del río se acaba junto al muro que sube a Sagunto, una senda acaba los últimos 5 metros de río obligándome a bajar de la bici para salvar la rampa y el bordillo por el que accedo directamente a la carretera, ni una acera ni un carril bici, ni siquiera un paso de peatones, nada, el mundo es de los coches. Enseguida llego al puente que cruza al otro lado del río, sigo recto para adentrarme en la calle que se pega al río. Los edificios son colosos de 8 plantas, pero al otro lado, una nueva expansión del pueblo abre nuevos horizontes al despropósito urbanístico y al mal gusto. Edificios de hasta 10 plantas matan completamente la preciosa ermita de sant Cristòfol que se alza sobre un altozano en lo que algún día estuvo en las afueras del pueblo, hoy casi integrada en él a fuerza de hormigón y ladrillos. Sigo por esta calle y me adentro en la acera cuando es posible o sigo por la carretera cuando no. Bajo al cauce en el único punto donde he sido capaz de encontrarlo, pero con tan mala suerte que muere unos metros más allá, casi a la salida del pueblo en un azud que no se puede remontar, así que subo unas escaleras hasta la carretera que sale del pueblo. Encuentro, afortunadamente, un carril bici que, con más o menos fortuna, pues en algún punto se cruza la carretera y el carril desaparece, no hay posibilidad de cruzar para retomarlo al otro lado, me lleva hasta las huertas de Gilet tras cruzar un pequeño barranco. Por un paso inferior salvo las vías del tren y luego la autovía. Entro al pueblo frente a la iglesia y giro a la derecha. En la plaza una calle se eleva hacia el calvario, encuentro las estaciones de penitencia adosadas a la pared de las casas. El grado de elevación de la pendiente se agrava con cada estación. Ya no hay pérdida, solo hay que seguir el camino que sube. Se acaban las casas y una pinada teje, con sus hojas caducas, el suelo por el que transito. Todo metido en los platos y agachado sobre el manillar para evitar que la rueda patine en la pinocha. Esto me recuerda a otra rampa que también subía hacia un santuario no hace muchas fechas… no es lo mismo desde luego, pero la sensación que tengo en las piernas me indica que no es mi mejor día. El calor me está atacando de una forma despiadada, pero el cansancio que llevo encima del trabajo me está pasando factura. 

Llego arriba junto a la ermita de sant Miquel y un asomo de pájara me obliga a tomarme mi tiempo de descanso. Vale, tomo nota del aviso y me digo que la jornada me la tomaré con calma. Desde aquí arriba diviso la torre de Gilet que desde abajo no veía tapada por la iglesia. La ermita no tiene mucho más que ver así que bajo otra vez al pueblo y retrocedo para verla. Desde allí vuelvo a retroceder para llegar hasta la bajada de la ermita. Retomo ahora la carretera en dirección a Santo Espíritu. Este tramo de carretera no tiene mucho tránsito a pesar de llegar a muchas urbanizaciones, de todas formas, extremo la precaución ante los coches con los que me encuentro. Rotonda a la izquierda y más urbanizaciones. Luego la carretera se adentra entre la pinada que conduce hasta el convento. 

Antes paso el camino a la derecha que tomaré después de la visita al convento. Ya conocía este lugar de las rutas: http://rodaipedal.blogspot.com.es/2008/12/crnica-pla-de-lluc-monasterio-de-sant.html y http://rodaipedal.blogspot.com.es/2009/12/cronica-de-manises-monte-picaio.html pero ante este encantador lugar no podía pasar de largo sin una breve parada. Bajo hasta el camino que ahora queda a mi izquierda y me adentro en la montaña, en los caminos de tierra y piedra, en mi terreno. La subida pronto se endurece. Cuando quiero darme cuenta ya están todos los hierros metidos y yo boqueando buscando aire. Las piernas me pesan y subo a ritmo, a ritmo lento quiero decir. Encuentro las temibles rampas asfaltadas de las que no me quería acordar, con la esperanza de que hubieran desaparecido. No es el caso. Ahí están, poniendo unos puntitos más de interés a la rampa. Casi no sirve aquello de ir en zigzag, el camino es tan estrecho que casi no ganas nada, mas que desequilibrarte. El sudor me corre como si me hubiera echado agua por encima y las gafas están llenas de gotitas de sudor que me molestan para ver. 

A mi derecha la montaña de la cruz. Su increíble perfil atrae la vista como un poderoso imán. Voy ganando altura junto a campos de naranjos que poco han crecido desde nuestro paso de la primera ruta arriba mencionada. Sobre ellos el Xocainet que tendré que rodear. Llego hasta el refugio de los cazadores, pero el camino aún no ha tocado techo. Me adentro por completo en la pinada. El terreno adquiere con más fuerza el rojo del rodeno y firme encuentra su justa medida en el caos que otorga esta terreno quebradizo.
Tan pronto el camino es una alfombra roja compactada, como un mar de agujas de piedra saliendo del suelo o un laberinto de roderas comidas por la acción del agua. El transito de un firme al otro es tan rápido como incierto. Esto dificulta sobremanera la subida, que poco a poco me lleva hasta la boca del “oso”. Y es en este tramo cuando encuentro las rampas más duras. Llego a una bifurcación que recto sigue hacia la Mola de Segart. Giro a la derecha para tomar el camí del Caçadors y encontrar enseguida la bajada. Pero la recompensa será llegar arriba para obtener unas extraordinarias vistas sobre Les Merles y El Garbí. 

Ya tocado techo de la ruta junto al Xocainet, busco un lugar sombreado donde almorzar y descansar un rato. Cada parada fotográfica me ha obligado a alargar la parada para descansar ante las constantes bajadas de tensión y asomos de pájara. Así que el almuerzo se tomará su tiempo mientras disfruto de unas inmejorables vistas sobre El Garbí, el Alt del Pí y Les Merles.
Después del almuerzo me pongo en marcha ya en terreno descendente. El camino baja hacia la potente muela de La Rodona. 

El perfil recuerda en extremo a la Mola de Segart. Sigo bajando por un firme tan cambiante como antes, pero en este lado, la pendiente parece más pronunciada y las roderas son más profundas, vuelvo a extremar las precauciones ya que el cansancio que tengo encima me hace perder la concentración y pensar que todo es para abajo ya está todo hecho. Me adentro más aún en la pinada conforme bajo hacia el barranco de Segart. 

Poco después llego a la carretera y por ella hacia Albalat. Rotonda, paso inferior de la autovía y otra rotonda, aquí a la derecha y otra vez derecha antes de la parada del autobús. Un pequeño camino asfaltado bajo la vía del tren que después de la curva se pega a la autovía. Es un tramo del antiguo trazado del tren minero, este trazado más arriba es la vía verde de Ojos Negros, pero aquí está desconectada y no está señalizada. Aun así pasaré por uno de los túneles que se conservan en este pequeño tramo. Vuelvo a cruzar la carretera y la vía, hacia la izquierda para bajar hasta el cauce del Palancia. Es un tramo algo lioso, pues al llegar a la carretera y pendiente de los coches no veo que el camino está completamente de frente. Aclarado el error consigo bajar hasta la orilla del río. Más que río es un páramo. Un camino polvoriento que sortea algunos tramos en obras y otros donde se amontonan escombros y residuos, amén de la poca vegetación y menos arboleda que de un poco de sombra. Cruzo el río por uno de los vados y por camino asfaltado llego hasta Petrés. Antes una vista en perspectiva de Gilet, la torre y el campanario y la ermita elevándose hacia la grandiosidad de La Calderona. 

En verdad no llegaré a entrar en Petrés. Me quedo a pocos metros, pero es que el implacable sol me hace continuar sin detenerme. Veo de lejos el castillo, o lo que queda de él. Así de lejos parece más deteriorado que otra cosa, buscaré una excusa para volver. Entre naranjos llego a la carretera junto al puente que antes interrumpió el carril bici desde Sagunto. Aquí tampoco encuentro paso de peatones ni para bicis, así que cruzo con toda la precaución y continúo con Sagunto ya en el horizonte visual. Vuelvo a cruzar la A-7 y paso frente al campo de futbol y poco después junto al azud. Justo antes de cruzar el puente que me adentraría en el pueblo un camino a la izquierda sube hacia la ermita de Sant Cristòfol. 

Contrasta su blancura con la verde pinada de la colina sobre la que se levanta. Hasta los pies de la misma colina lo que otrora fueran campos de cultivo son hoy un terreno urbanizado, que no edificado todavía. Una cadena cierra el paso al camino de subida. La rampa es cruel para mi estado de cansancio de hoy. Una subida corta pero muy intensa me deja frente a la ermita que reza un “socorro” en neón difícil de interpretar. La explicación de esta obra de arte en el cartel interpretativo, también.
A mis pies, la ciudad romana de Saguntum, casi queda envilecida por los monstruosos edificios que mencionaba antes. 

Una fachada que evidencia un “sky line” de dudoso gusto. Este ensanche norte del pueblo ya es tan grande como el mismo pueblo, eso sin contar el ensanche este que llega hasta el Puerto de Sagunto, y que ha convertido en urbanizables millones de metros cuadrados. El calvario casi lo tapa esta mole de colorines a mayor gloria del arquitecto. El teatro romano es también visible por su colosal “reconstrucción” (quizá del mismo arquitecto). Ante tanto despropósito, el castillo, que debería ser santo y seña del pueblo, languidece en lo alto de la montaña y se empequeñece ante tan fastuosos agravios constructivos. Y por si todo esto fuera poco, a lo lejos, pero como si estuvieran aquí mismo ante su megalítico tamaño, los monstruos de la antiguas factorías metalúrgicas afeando aún más el horizonte. Un horizonte plagado de obstáculos hacia el mar, ese mismo mar que algún día nos dio de comer. Pasado, presente y futuro. Un futuro que muchos creían inacabable y que hoy, hecho presente, nos ahoga sin piedad. Me pongo otra vez en marcha bajando hacia el pueblo. Recorro el carril bici que se pega al cauce del río por la parte norte. Cruzo algunos puentes y llego al final de este ensanche. No he visto por donde bajar al río, así que tomo la carretera de Canet esperando algún camino que me conecte con el paseo del río. Error. Justo antes del paso inferior de las vías hay un camino asfaltado que gira a la derecha y este es el que baja hacia el río y allí se conecta con el paseo. Yo, esperando encontrar algún camino recorreré unos kilómetros de carretera hasta que harto de este paisaje aborde un camino que muere en una acequia. Cargo la bici al hombro y tras cruzarla y bajar un terraplén me planto en mitad del camino a orillas del Palancia ya frente al hospital. Este último tramo me lleva hasta la impresionante arboleda que veía esta mañana desde la otra orilla. 

La atravieso por completo y salgo junto al faro para cruzar la carretera y entrar Nova Canet. El faro se alza orgulloso a sus 30 metros de altura y sus más de 100 años de historia. Allá arriba está el V.G. invisible e inalcanzable para mí. 

Llego a la playa y me asomo a ella entre los bañistas. No me hubiera venido mal un chapuzón con la que está cayendo, pero como no soy muy amigo del agua salada y la arena, prefiero llegar a casa de David y abordar la ducha, después de reponer líquidos desde el fondo de una buena lata de cerveza.


TRACK DE LA RUTA:http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=3028789 

miércoles, 27 de junio de 2012

Un granito de arena‏


Como ya sabéis este blog no va de política ni nada parecido, solo cuenta las historietas más o menos divertidas de lo que veo desde mi bicicleta por los caminos que recorro y de lo que siento. 
Pero este domingo pasado, una comida familiar acababa, como muchas últimamente, en la conversación estrella desde hace unos años; si, digo unos años. Ya casi hemos perdido en la memoria que entramos casi en barrena en el lejano 2008. Está tan lejos que ya nos hemos acostumbrado a vivir en crisis. Nos hemos acostumbrado a que las cosas van mal y que aún irán peor, es lo que llevamos oyendo desde hace demasiado tiempo. Nos lo repiten y lo repetimos como un mantra para hacernos más fuertes ante la adversidad. Pero no nos hace más fuertes, solo nos prepara para resistir, en definitiva para aguantarnos. 
Nos hemos metido en las trincheras y de ahí no avanzamos, no salimos, tan solo nos vamos hundiendo poco a poco, tan poco a poco que parece que no pase nada. Todos miramos a nuestro alrededor y nos vemos casi como antes… pero la salida de la trinchera está cada vez más alta, el muro crece y nosotros seguimos dentro, cada vez más abajo.
En el fragor de la acalorada conversación, como casi siempre, surgen ideas y conceptos que siempre quedan en eso. Estoy seguro de que a lo largo del domingo hubo cientos, quizá miles de conversaciones como esta en muchos lugares. Y como casi siempre acaban con los participantes más indignados y calientes… pero cada uno a su casa y a tomar una cervecita fresquita para bajar el calentón. Todo igual que siempre.
Y mientras, algunos siguen ocupando el sillón de siempre, da igual de que color sea o donde esté ubicado siempre que sea en el mismo edificio en el que estaba. Siguen teniendo su puesto de trabajo y su “jornal” garantizado, unos con contratos blindados, otros no, pero de eso ya se encargarán. Lo preocupante es que no se preocupan de los que estamos en las trincheras.
Esto va de que: si no hacemos algo por nosotros mismos no van a venir a hacerlo por nosotros.
En cuanto pueden nos dicen que la sociedad ha vivido muy por encima de sus posibilidades, cosa que no digo que no sea cierta, pero hemos llegado tan lejos como ellos nos han permitido. Y aunque nosotros tenemos nuestra parte de responsabilidad, cada uno la suya de hasta donde haya llegado, ellos son los responsables finales por haber permitido que la situación llegue a donde está, no lo olvidemos ni les permitamos olvidarlo.
Esta carta o manifiesto o como queramos llamarlo va de eso, de que nos estamos olvidando de recordárselo, de que estamos permitiendo que no afronten sus responsabilidades, de que seguimos pagando nosotros por ellos.
Aquí os dejo estas reflexiones para como decíamos en esta conversación: intentar poner en marcha alguna rueda.



Un granito de arena‏


Queremos la verdad. Queremos la verdad aunque duela. Queremos saber la verdad para poder poner solución al problema. Pero queremos que los causantes de esta dolorosa realidad sean responsables de sus actos. Todos y cada uno de ellos. Queremos que la justicia no solo caiga, sino que se cebe, en quienes tanto daño nos han hecho. En los gobernantes irresponsables que han jugado (ya no digamos lo que nos han robado) con el dinero de todos, pero sobre todo con nuestra confianza. Han abusado, la han pateado y nos la han quitado.
¡¡RECOBREMOS LA CONFIANZA!!

Y queremos que la responsabilidad también recaiga sobre nosotros; que con nuestra desidia y “pasotismo” hemos permitido que creciera este monstruo hambriento de la codicia sin ponerle freno, pues era más fácil mirar hacia otro lado mientras lo teníamos todo. Ahora ya no lo tenemos todo. Ahora cada vez tenemos menos y, si no hacemos algo, pronto nos quitarán lo poco que aún nos queda. Y aun así seguimos mirando para otro lado. Es hora de ponerse en marcha ¿A qué estamos esperando? ¿A que nos lo solucionen? ¿Quiénes lo van a solucionar?

Pues a pesar de todo lo ocurrido en la política, la justicia, la banca y demás, aún permitimos que nos gobiernen los mismos, aunque sean de distinto signo político o distinto nombre. Siguen estando las mismas personas que nos metieron en esto. Ellos solo se preocupan de salvar su puesto de trabajo mientras más de 5 millones de españoles estamos en el paro. Los mismos que 5 años después de la crisis aún no tienen ni la menor idea de a qué nos enfrentamos ni de cómo solucionarlo. Ni aquí ni en el resto de países. Necesitamos nuevas ideas, necesitamos la unión de todos los ciudadanos; los políticos que tanto reclaman esa unión solo lo hacen para figurar, pues ni la buscan ni les importa, ellos ya tienen trabajos con sueldos estratosféricos. Quizá lo primero que necesitemos sean nuevos políticos, más honrados. O mejores políticas, más justas, humanitarias e igualitarias. En cualquier caso necesitamos nuevas ideas, y tú las tienes. ¡¡APÓRTALAS!!

Y cuando quienes nos gobiernan han hundido la empresa o el país, se van de rositas con indemnizaciones que nos escandalizan pero que seguimos permitiendo y las pagamos entre todos… unas largas vacaciones en prisión es lo que podríamos pagarles entre todos. Salen a los medios de comunicación y reclaman miles de millones sin inmutarse, sin sonrojarse ni querer saber quién es el responsable, y los políticos miran para otro lado. Los reclaman no como préstamo sino como capital ¡¡YO TAMBIEN QUIERO CAPITAL!! Pero me aguanto y voy a trabajar todos los días por un humilde sueldo que apenas me permite llegar a fin de mes.
Ellos viajan en primera, se alojan en Resort, realizan “comidas” de trabajo con intérpretes, utilizan coches oficiales para todo. Y todo a cargo de cuentas oficiales que pagamos entre todos, autorizan obras absurdas en las que dilapidan el dinero de todos, cobran por trabajar desde antes de haber nacido en empresas fantasmas… y luego nos ponen peajes en las autovías, o nos cobran por cada recetas, o nos cierran ambulatorios y colegios y paralizan hospitales y carreteras.

Pero seguimos aguantando. Seguimos mirando hacia otro lado. Seguimos indignados con este comportamiento…y seguimos sin hacer nada… que lo solucionen ellos que para algo les pagamos.

¡¡ESA ES NUESTRA RESPONSABILIDAD!! Ese es nuestro reto. Unidad, ideas, trabajo, denuncia de la injusticia y el despilfarro, señalar al corrupto y exigirle su responsabilidad.
¡¡NO PASEMOS NI UNA MÁS!! ¡¡HAGAMOS QUE ESTO MEJORE!!

Aporta tu granito para mejorar este manifiesto y démoslo a conocer a todo el mundo.
Mejor intentarlo que seguir de brazos cruzados. Mejor equivocarse con la mejor de las intenciones que seguir permitiendo el expolio de lo que nos queda sin haberlo intentado.

¡¡¡ HAGAMOS ALGO !!!


Kike Lahuerta Artieda

domingo, 10 de junio de 2012

Calles-Chelva-Acueducto Peña Cortada


Tras la batalla del sábado en Alcalá del Júcar no tenía el cuerpo para muchos ruidos, así que hoy tocaba una ruta sencillita; pocos kilómetros, poco desnivel, y mucho de visita turística. Y es que Chelva merece una visita con tiempo y detalle. Al final y sin proponérmelo he hecho un recorrido por gran parte de las ermitas del pueblo, a ver si un día me animo y las uno todas en una sola ruta.  Pero vamos a empezar.
Salía tarde de casa ya que no iba a ser muy larga la ruta de hoy. Ya me estoy acostumbrando a coger la CV-35 entre Calles y Chelva; primero por la vía de servicio, luego el tramo del puente, sobre un pequeño barranco, que es insalvable. Un poco más adelante, y con eso de ir de ruta de exploración, he tomado un camino a la derecha para recorrer la antigua CV-35 y abandonar definitivamente la carretera principal, tramos que ya están prácticamente abandonados y que sirven como vía de servicio. Estos tramos suben y bajan los diferentes barrancos que hay en la zona así que te ponen un punto de dureza en las piernas. 

Poco antes de la rotonda de entrada al pueblo está la ermita del Loreto, un precioso edificio que destila calma por todos lados, hoy no me he acercado a la parte delantera que es la más bonita, pero como ya la conocía de otras veces y tengo las fotos me ahorro esos metros. Tras la ermita y en segundo plano queda otra ermita encaramada a un altozano que domina el pueblo, la ermita de san Cristóbal, tampoco llegará hasta allí hoy. Entro en el pueblo para ver las casonas de época que dominan la carretera a su paso por el pueblo. Giro a la izquierda hacia el gimnasio municipal y me adentro en la parte vieja del pueblo. La torre de la iglesia es visible desde muchos sitios; entre dos callejones, por encima de unos tejados, a través de un parque, etc. Es una estampa casi omnipresente, casi como el pico del Remedio por toda la zona. 

Callejeo sin dirección ni rumbo, tan solo quiero gozar del ambiente de la parte vieja del pueblo. Calles estrechas, algunas con escaleras en medio para poder salvar la pendiente, casas viejas y modestas pero bien pintadas y cuidadas. Es el barrio morisco de el Arrabal. En la plaza hay un cartel donde se indica un pequeño itinerario por él. Aquí hay una fuente y un par de fotos bonitas. 

Giro a  la izquierda y callejeando llego hasta la ermita-mezquita de la Santa Cruz, una pequeña y coqueta construcción que ya me impresionó en anteriores ocasiones, pintada de un azul desvaído y con un soportal de madera y su puerta de medio arco en piedra…, no se lo que puede quedar de mezquita ya que no la he visitado por dentro y nada afuera, salvo el nombre, indica que siga siendo mezquita. De frente a ella y a la derecha se sigue bajando hasta la ruta del agua, aunque antes se pasa por otra ermita con una fuente en la fachada, es la ermita de los Desamparados, otra pequeña joya que hay que visitar. 

Casi a partir de aquí la bajada no es ciclable en un buen tramo, ya que es una ruta con escaleras que impide ciclarla, de hecho se podría bajar pero si no se puede subir yo la considero no ciclable. Desde la ermita doy la vuelta y retrocedo hacia la plaza, allí a la izquierda hacia una monumental casona que dejo a mi izquierda, poco a poco voy adentrándome en el barrio judío pero el estilo de las casas y las calles no cambia mucho. Así llego hasta la plaza del ayuntamiento y la iglesia. La rehabilitación de algunos edificios deja ver todo el esplendor de estas edificaciones. Y la iglesia. 

Una monumental iglesia que deja clara la vocación religiosa de este pueblo. Esto también queda patente en los múltiples grabados y cuadros de cerámica dedicados a santos y beatos que hay en muchas fachadas. Las fuentes son otra de las características del pueblo. Hay muchísimas donde poder refrescarnos y cargar la mochila. Sigo sin rumbo fijo por dentro del pueblo, solo quiero empaparme de este ambiente que nada tiene que ver con la gran ciudad, incluso con la parte más nueva de Chelva. Sigo vagabundeando entre casas pintadas de blanco mezcladas con nuevas construcciones que, algunas, mantienen, sin demasiada estridencia, la atmósfera de las casas colindantes. Y así llego, sin darme cuenta, a la capilla de la Virgen de la Cueva Santa. Una singularísima capilla soterrada por debajo del nivel de la calle. Lastima del coche aparcada en la  mismísima puerta, si no llega a estar cerrada se mete dentro. 

Continúo bajando hasta otra fuente casi a las afueras del pueblo hacia el río Tuejar. Luego subo hacia la residencia de la tercera edad, cruzo la carretera y tomo una calle a la derecha, es una zona de nueva construcción, adosados y fincas coparán este nuevo ensanche del pueblo, pero me interesa más una vieja construcción: el lavadero. 

No tiene nada destacable y sin embargo es especial, siempre me llaman la atención estos lugares. Ya en la carretera giro a la derecha y salgo del pueblo en dirección Tuejar. 

Nada más salir está, a la derecha, la bajada hacia el área de recreo de Molino Puerto, aquí tengo una bonita vista del monasterio y del corte que hace el río Tuejar en la montaña para llegar hasta la playeta y la ruta del agua. Tras la foto giro a la derecha por un camino que se adentra entre pequeños huertos regados por acequias que bajan desde el canal principal; este canal nace en el azud romano allá en Tuejar, tal como pude comprobar en la ruta: http://bikepedalvalencia.blogspot.com.es/2012/04/habia-pensado-una-ruta-corta-pero.html  

Sigo subiendo por caminos estrechos hasta el mismo canal, allí a la derecha y ya veo mis dos siguientes objetivos del día: fuente La Gitana; de la que veo su enorme y preciosa arboleda, y tras ella la Torrecilla; encaramada en su altozano y siendo testigo mudo de los muchos cambios que va sufriendo el pueblo y toda la zona, como el brutal incendio de la semana pasada en la zona de Bercuta. Unas pedaladas después estoy en la fuente, pero antes me llama la atención la montaña que queda a mi izquierda y que tiene un camino delimitado de pinos. Es el cerro Cojanta y arriba está el depósito de agua del pueblo. Allá que voy. La subida está salpicada desde el inicio de grava gruesa y piedras más gruesas todavía. La pendiente se pone brava a la primera de cambio y no afloja en toda la subida, así que tengo que ir tirando de potencia y haciendo equilibrios para meter la rueda por donde menos piedras hay. A veces las propias piedras no permiten el giro y me llevan por donde quieren, solo conseguiré cambiar la trayectoria a base de potencia de pedalada y giros bruscos del manillar. Claro que la potencia y el derrapar tampoco son muy efectivos, a todo esto se unen los goterones de sudor que me salpican las gafas y me escuecen en los ojos, esto ya no es un clima tan seco como el del sábado. Veo ya el depósito de agua arriba y me empeño en conquistarlo. Mi trabajo me lleva, pero al final la rampa cede junto al depósito y logro coronar este montículo, mi premio sería que hubiera por aquí un V.G. de los muchos que hay por ahí de categorías 2, 3 y 4 sin identificar ya casi en ningún sitio. Pero no tengo esa suerte. 

La recompensa serán las magnificas vistas tanto del pueblo como de toda la contornada. Y especialmente del pico del Remedio que se eleva como un coloso hacia el norte, o sea, hacia arriba. Saciada mi sed de panorámicas bajo con la precaución que infunde un camino lleno de piedras y que todavía me deja dolor en el talón izquierdo, recuerdo de la bajada del Toro. Junto a la fuente paso por debajo del albergue municipal y llego a la carretera de Chelva a Ahillas. Giro a la derecha hacia el pueblo, allí encuentro el descansador de san Sebastián y la acequia Real a sus espaldas. Ese mismo camino a la derecha me lleva hasta fuente La Gitana. Un corto camino que me deja bajo la gran arboleda que veía antes. La sombra es tan densa que cuesta ver con las gafas de sol puestas. Olmos viejos que derraman sus brazos en todas direcciones y crean una cubierta impenetrable para el sol. Bajo ellos la brisa se mueve caprichosa y crea canciones con el frotar de sus hojas. Y luego la fuente. 

Sus 20 caños engarzados en una pared de cerámica con dos pilas crean una estampa de bella factura, a la izquierda un solo caño brota de la pared como si fuera el original. El almuerzo será aquí, bajo la calma sosegada que impone la arboleda regada por la fuente. Tras deleitarme con el bocata y la cerveza me pongo en marcha para llegar otra vez a la carretera, bajo un poco hacia el pueblo y frente a la entrada del cementerio encuentro la pequeña ermita de la Virgen del Carmen. 

Luego me doy cuenta de que lo que siempre había creído el cementerio no lo es. Si el cementerio lo tengo a mis espaldas… bajo a comprobarlo y veo que es el calvario, en su interior la ermita de san Sebastian, el recinto está cerrado y además un perro custodio tumbado a la misma puerta me impide comprobar si puedo entrar o no, no es muy grande ni le tengo miedo, pero está montando un cirio de tres pares así que no tengo ganas de seguir aguantando el escándalo. Otro día sin perro probaré de entrar. Sigo bajando un poco más hacia el pueblo para encontrar la ermita de la virgen de Monserrate, una pequeña ermita de aspecto frágil ante el coloso que sobresale a sus espaldas. 

Ahora ya, me dirijo hacia la Torrecilla. Retrocedo y salgo del pueblo pasada la plaza de toros y campo de fútbol a la derecha, el camino está perfectamente indicado, así como la Peña Cortada, pero no la distancia que hay hasta allí. En Calles hay una señal que indica a fuente Ciruejelo, pero no pone que está a casi 15Km. ni que hay unos 800 metros de desnivel, que igual con el mismo esfuerzo llegas a Casinos, en fin. A partir de aquí ya no hay pérdida hasta el acueducto, la Torrecilla queda en el mismo camino así que más pronto que tarde llegas a ella. El camino de subida está muy deteriorado y abandonado pero se puede subir con algo de esfuerzo. La pena es que arriba la torre está vallada. 

Es una torre de origen musulmán, pero está restaurada como si fuera una torre de nueva construcción, sin rastro visible de su antigüedad ni origen, lucida en casi su totalidad, la restauración no permite ver la originalidad de la construcción, para eso igual salía más barato hacer una nueva, con esta misma técnica mejor que no intenten restaurar el acueducto de Peña Cortada. Sigo el camino para llegar a unos primeros arcos del acueducto a pesar de estar aún a más de un kilómetro de distancia. Una arboleda hace las veces de parking y unos paneles informativos nos indican los dos itinerarios. Uno sale de frente y se adentra en la pinada y la rambla de Alcotas. Una senda bien definida que tras salvar el paso de la rambla por unos puentes de madera llega hasta la base del acueducto para verlo desde abajo. Hoy no opto por este itinerario, en cambio a mis espaldas sube otra senda bien definida que sigue subiendo hasta hacerse muy aérea y permite observar abajo, en la rambla, la otra senda. Esta es la parte senderista de la ruta de hoy. Lo peor son los primeros metros en subida arrastrando la bici, luego se llega a una cota y se estabiliza en altura. 

Tras una curva llegamos al imponente acueducto. Un puente de tres ojos y unos 25 metros de longitud permite el paso sin ningún problema ya que es suficientemente ancho. Por supuesto la bici al lado, ya que una ráfaga de viento o un pequeño despiste nos puede llevar a una caída brutal. Tras el acueducto viene la segunda parte: la Peña Cortada. La montaña está tallada y agujereada para permitir el paso de un canal. 

Se puede llevar de la mano perfectamente la bicicleta. El canal se abre a un lado de la montaña por una especie de ventanas y luego se vuelve a sumergir en la profundidad de la montaña hasta un poco más allá, asomando y desapareciendo un par de veces más. 

El suelo salpicado de piedras para quedar por encima del agua que se acumula tras algún chaparrón y que se mantiene debido a la protección de la roca. Ya al otro lado vuelvo a ver la piedra cortada desde lo alto de la montaña hasta el canal. Impresionante. Cuesta imaginar el ingente trabajo que hicieron para acometer esta obra. Se dice que se pretendía llevar agua hasta Llíria ó Sagunto, en cualquier caso el trabajo para eso hubiera sido faraónico. Ahora queda la parte más tediosa de la ruta, no por los paisajes ni la dificultad sino por tener que cargar con la bicicleta es esta casi kilómetro y medio de bajada, por senda, escaleras y puentes por encima de la rambla. 

El último tramo se hace muy pintoresco con la senda balizada con postes de madera y un puente sobre la rambla junto a las escaleras de piedra. Desde aquí hay una imagen bonita de las pozas en la rambla. Poco después llegamos al parking y comienza el camino que baja hacia Calles. La fuente del Sapejo será el último lugar a visitar antes de coger el camino en bajada hacia el pueblo, siempre junto a la rambla. Quería cerrar el círculo pues había hecho la ruta en los dos sentidos pero siempre volviendo atrás, hoy cerraba el círculo de la ruta del acueducto de Peña Cortada. Otra de las maravillas de la Serranía.