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viernes, 4 de noviembre de 2016

Alzira-Fte.Barber-Simat-AigüesVives

Iba hoy a continuar mi personal interpretación de la ruta de los monasterios. Salía desde Alzira, pero como el monasterio de La Murta no es accesible en bicicleta pues lo dejé fuera de esta ruta. En todo caso la intención era haber llegado hasta la puerta de este monasterio en la ruta: http://bikepedalvalencia.blogspot.com.es/2016/09/cullera-jucar-alzira-estany.html pero con el pinchazo de aquel día se fue el tiempo y la opción de llegar hasta allí. No estaba previsto para hoy ya que los valles de la Murta y la Casella no son inaccesible entre sí en bicicleta si no es volviendo hasta Alzira y sumando kilometraje. Uff que rollo de explicación. Vamos a pedalear flotando sobre el teclado y deslizándonos por mi memoria.
La semana de vacaciones iba según lo previsto para hacer las rutas programadas. Llegaba en coche hasta la estación de tren de Alzira lugar de inicio y fin de la ruta.

La primera impresión de La Cotonera me deja diciendo ¡¡¡guau!!! De donde ha salido esto? Qué pasada de edificio. Y resulta que en principio fue un almacén de naranjas y posteriormente se transformó en fábrica de hilos y tintes. Hoy está orientado al negocio de la hostelería pero el edificio no ha perdido ni pizca de encanto. Llego a la orilla del río y por el carril bici hago un pequeño “escaletix” para poder llegar al puente y cruzar por él junto a la carretera hacia la población. Allí encuentro una enorme locomotora mirando a la estación del tren al otro lado del río, tan lejana para ella. Un poco más allá el paseo junto al que está la muralla, al menos parte de ella. Giro a la izquierda para ir por detrás de la muralla. Antes pasaré por delante de un curioso monumento; los restos de la Iglesia Santísimo Cristo De La Virgen María. El mensaje grabado allí no tienen desperdicio “por la vesania de unos y la incuria de todos” vamos, como ahora, un siglo después seguimos repitiendo los errores. Aquello de tropezar con la misma piedra… 

Sigo adelante para ver la muralla asomando entre casas, adosada a ellas y formando parte de su entramado.

Desemboco en la plaza del ayuntamiento y después en la de la Constitución donde algunas antiguas y preciosas casonas se alzan emblemáticas de la plaza. Salgo del casco antiguo y el tráfico me obliga a cruzar rápido sin fijarme en el waypoint que me indica que, a mi derecha, están los casalicios con las estatuas que decoraban el puente ya desaparecido sobre el Júcar. Sigo adelante para cruzar toda la población saliendo junto a la ermita de san Salvador que domina el pueblo. Allá que me dirijo. La subida es suave y por asfalto. La visita a esta ermita hoy es rápida pues tan solo quería enlazar con la anterior ruta.

Cruzo la plaza y encuentro la bajada por el calvario. Primero unos escalones que me hacen bajar de la bici. Luego ya no hay problema pues la bajada no es escalonada. Callejeo un poco para volver a la carretera de salida hacia la Casella. Inmediatamente los naranjos se adueñan del paisaje y el sutil olor de azahar y naranjas llena el ambiente.

También se dejan ver algunas casonas de soberbia factura. Me adentro en el valle y la carretera va subiendo de forma suave y progresiva, sin requerir esfuerzos. Poco a poco los pinos y la cercanía de la montaña le comen terreno a los naranjos hasta que finalmente, junto a unos pilares, entro en el paraje Las Fuentes metido completamente en el bosque. Un profundo baño de bosque: https://autoconocimientointegral.com/2016/03/08/un-bano-de-bosque-la-tecnica-japonesa-que-aniquila-el-estres/  Aparte del Shinrin-Yoku también estoy practicando una buena sesión de Mindfulness en los movimientos conscientes pues el camino no deja de picar hacia arriba y mantengo la atención en las piernas, en el empuje, en soltar la presión de la pedalada, en notar los músculos tensándose y soltando, en sentir el aire entrar y salir, en sentir el bosque a mi alrededor, la humedad casi palpable, física.
Poco después giro a la izquierda dirigiéndome a la casa forestal. Llego al bar del campo de tiro y giro a la derecha. El camino, que ya ha dejado el asfalto, encuentra algunas rampas fuertes poco antes de la fuente de Tormos y la caseta forestal. Unos metros antes una zona protegida con ciervos dentro de un recinto vallado. Un par de curvas después salgo de la protección de la pinada y las vistas se abren a mi derecha sobre el valle de la Casella y la serra de les Agulles. Un poco más adelante una senda se abre a mi izquierda y se adentra en la montaña subiendo al mirador, a L’Ouet y al pico de la Raya, cumbre de la sierra de Corbera.

Abajo la Font del Garrofer, fácilmente reconocible su amarillo oasis entre el verde pinar, a la que se llegaba desde el desvío que he dejado cuando he subido hacia la caseta forestal. El camino dibuja las curvas de nivel de estas sierras y se adentra en el valle buscando su final.

La subida suave y continua no presenta ninguna dificultad y a cada paso las vistas se magnifican. Las cumbres de la serra de la Murta, a la izquierda del camino, se insinúan y llaman mi atención con la presencia de L’Ouet, un antiguo observatorio forestal ya en desuso y con una curiosa forma arriba de la montaña. Completo la subida para poder ver la cabecera del valle y el Montdúver asomando como una sombra por encima de las montañas, y encontrar una de las estampas más bonitas que veía en mucho tiempo.

El paraje de la Font del Barber impacta por su colorida arboleda, síntoma inequívoco de la presencia de agua. La construcción de una balsa contra incendios, por más que recomendable, no deja de ser un elemento extraño en este entorno natural al que afea. Desciendo hasta la arboleda para encontrar una zona de mesas y bancos de piedra baja una estupenda pinada que da sombra y protege un poco del viento. Junto a los chopos la fuente, pero la zona buena para descansar es bajo los pinos.

Almuerzo aquí extasiado en el paisaje y recordando la impagable estampa del valle de la Casella derramándose hacia Alzira que en muchos momentos de la subida quedaba como custodio del entorno. Me pregunto si sabrán la joya que tienen a sus pies. Que buen lugar para reencontrarse con uno mismo aunque sea solo por unos minutos.  Me doy mi segundo baño de Shinrin-Yoku completo además de una breve meditación en tan evocador paraje.

Un remanso de paz para el alma. Un bello recuerdo que me acompañará por siempre. Acabo el almuerzo y sigo adelante. Llego a un cruce y giro a la derecha. A la izquierda continúa el camino, por el Pla del Barber, hasta la parte más alta de este valle.

El giro vuelve a poner a mis pies la fuente desde otra perspectiva así como una parte del valle, ya no tan visible en toda su extensión. También encuentro el último repecho antes de asomar a la Valldigna. Me reencuentro con el asfalto y con una bajada brutal.

Antes una parada para admirar las vistas. Otra vez la luz, la bruma y la orientación hacia donde miro me frenan en mi afán de comerme el paisaje. 

El coloso del Montdúver al frente, y abajo Benifairó y Simat de la Valldigna. El Monasterio imperceptible a simple vista. Hacia la derecha un campo de golf verdea aún más un valle de Aguas Vivas repleto de campos de naranjos. Lo de las montañas ya es otra cosa. Negras, chamuscadas, heridas. No en balde me preguntaba hacía solo un rato si sabrían las gentes de la zona el tesoro impagable que tienen a las puertas de sus casas. En medio de esa desolación parece que no, también aparece, engullido entre urbanizaciones, el Monasterio de Aigües Vives, también imperceptible prácticamente. Inicio una bajada brutal y peligrosa pues el desnivel enloquece la velocidad de la bici y hay que tirar de freno constantemente con una fuerza tremenda que deja notar los latigazos de la inercia. Temo un recalentón de los frenos pues estoy apretando de lo lindo. Curvas de zigzag que sin embargo no parecen afectar a la velocidad de la bici pasados unos metros. Llego abajo a una recta que desemboca en una rotonda. Incorporado a la misma he de imprimir velocidad para mantener la ventaja que les he sacado a los coches antes que estos entraran a la misma. Por más que insista en indicar mi maniobra de giro no sé si alguno que siga recto se me va a llevar por delante o qué. Luego continúo por la larguísima recta que desemboca en Simat. La otra alternativa a la carretera era Benifairó y solo recortaba la mitad del trayecto. Pedaleo como loco en la carretera para huir de ella cuanto antes. Al fin llego al pueblo donde ya puedo, sobre la acera, reponerme del esfuerzo y contemplar, en lontananza el monasterio. Estampa de contrastes; un jeroglífico entre lo eterno, lo divino y lo mundano. Contaminación sobreinformativa.

Me adentro en el pueblo a la derecha junto al cauce del río Vaca. Llego al entorno de la Font Gran y recorro el parque en dirección contraria en busca del alargado lavadero.


En la rotonda a la izquierda dejando el monasterio a la derecha. Me alejo de él para encontrar un molino a la izquierda. El camino sigue y empiezo a virar a la derecha enfrentando el macizo del Montdúver tapado este pico por crestas de menor tamaño de tan encimadas que están. En la distancia, en medio de las montañas, el castillo de Marinyen.

Voy completando el acercamiento a la Fontarda, que es, en periodos de fuertes lluvias, otro de los surgimientos naturales del río Vaca igual que la Font Gran. Aquí he cerrado el círculo con la ruta de Roda i Pedal: http://rodaipedal.blogspot.com.es/2008/08/por-la-valldigna-al-montduver.html

Ahora toca acercarme a la ermita de Santa Ana que fue construida sobre la antigua mezquita del poblado árabe de La Xara.

Estoy rodeando el monasterio y toca ahora la aproximación final.
 

Llego al pueblo y dejo la bici en la puerta para hacer un par de fotos del interior, no tengo tiempo de mucho más. Desde la plaza enfrente del monasterio contemplo en monumental conjunto del Real monasterio de Santa María de la Valldigna. Imponente. El acceso es gratuito por lo que merece la pena una escapadita a este singular pedazo de historia y arte. Me adentro en la calle, llego nuevamente a la Font Gran y remonto el pueblo en busca de la camino del cementerio. Por allí remonto el barranc del Cremenser que me llevará, entre giros y recodos hasta los pies del campo del golf.

Antes paso la entrada de una curiosa alquería donde los campos de naranjos pelean su territorio ante el imparable avance del cultivo del caqui. Otra guerra de poder: moros contra cristianos, bosque contra fuego, naturaleza contra urbanizaciones, naranjos contra caquis, hombres contra hombres…

…de todo menos del tiempo
que se escurre entre los dedos
hablemos para no oírnos
bebamos para no vernos
que hablando pasan los días
que nos quedan para irnos
yo al bucle de tu olvido…

…maldita dulzura la tuya…
…maldita dulzura la mía…
…maldita dulzura la nuestra.

Vetusta Morla – Maldita dulzura

Paso junto al campo de golf que queda en la falda de la montaña. Da la impresión de que no te tienes que mover del sitio para darle a la pelotita pues la pendiente de la montaña te la trae de nuevo en un bucle sin fin… tú golpeas haciendo el remonte y ella disfruta de la bajada a tumba abierta, igualito que en btt, que gozada!!!

Entro en las primeras calles de la urbanización, urbanizadas que no construidas, preparadas para un aumento de presión demográfica sobre las montañas y el entorno, sin dejar un milímetro de espacio sin construir, no sea que el sol valla a resecar la tierra. Llego al Real Monasterio de Santa María de Aguas Vivas hoy en desuso y que tras el abandono de los monjes pasó por diferentes propiedades y usos, incluso como hotel restaurante. Me adentro en la avenida que da a la escalinata. El edificio impresiona.

La pared norte, bajo la escalinata de piedra envejecida y flanqueada de árboles te hace empequeñecer, las ventanas como ojos escrutadores.

Bajo el porche de madera desvencijado la soledad es abrumadora. Los canticos monacales parecen resonar en el vetusto y enmohecido ambiente, pero solo lo hacen en mi imaginación. Recorro el cerrado recinto hacia la parte sur donde está el campanario y la entrada a la iglesia.

El reloj de sol no marca las horas, no tiene para quien, pero si le presto atención él la tiene para mí. Emprendo la marcha con una doble sensación de nostalgia y descubrimiento… de agridulce tragicomedia difícil de expresar. Esto también pasará. Las siguientes pedaladas me llevan a subir hacia la montaña calcinada en una rampa diabólica. Desde lejos las sensaciones que destilaba el monasterio desaparecen. Ya pasó. La inmediatez prima… el aquí y el ahora… pero sobre todo el futuro. Arriba recupero las pulsaciones y me dejo caer en una bajada divertida curveando junto a un pequeño barranco, salida natural de la montaña hacia La Barraca. Llego al municipio, que no es tal pues pertenece a Alzira. 

Callejeo buscando el lavadero, siendo este el último edificio en el extremo noroeste del pueblo. Luego, ya de bajada, paso frente a la parroquia encajada entre viviendas y de la que destaca el campanario. Cruzo la carretera y el camino serpentea entre chalets dispersos por el valle a los pies de la ladera sur de la serra de les Agulles. Inicio una suave subida buscando un camino en la falda de la montaña bajo la protección de la pinada. El último tramo de subida está imposible y me obliga a tirar pie a tierra, tal es la erosión de la rampa que por momentos desaparece. Ya en el camino giro a la izquierda y bajo los pinos me dirijo hacia el oeste.

El camino es plano con algún repecho y convirtiéndose en senda por momentos, todo bajo el amparo del bosque. Tras un rato de placido pedaleo la tormenta irrumpe en el paisaje y torna en camino en tramos imposibles de ciclar. Son cortos pero cubren todo el espectro de alternativas: bajadas, subidas, escalones, raíces, piedras, etc. 

Es la combinación perfecta que define las rutas de esta semana en las que he tenido de todo (ver las dos rutas anteriores). Por fin, tras esta travesía salvaje pero divertida llego al asfalto en una bajada corta e intensa que me lleva hasta la carretera nuevamente. Cruzo con precaución y ya entre los campos se deja ver la alta silueta de la ermita de san Salvador. El camino me lleva, salvando la carretera de Carcaixent, hasta la locomotora situada junto al parque de la muralla. Antes paso junto a un inmenso bosque de pilares de hormigón que aguantan la intemperie como pueden y que se había proyectado como centro comercial. ¿También habrá rescate para esta megalítica construcción?, quiero decir para los bolsillos de los “inversores”. Pedaleo adentrándome en una pequeña y coqueta pinada que desemboca, pasando un túnel bajo la carretera, junto a la vieja Mikado. 


De allí al parque y la muralla.

Continúo para ver, también, la pequeña muralla junto a la plaça del Regne, volver a adentrarme en el centro y regresar, ahora sí, por dentro del parque junto a la muralla. Vuelvo al puente para cruzar el Júcar y llegar al coche, donde me espera un buen bocata y un refresco antes de conducir hasta casa y acabar con una buena cerveza la imponente ruta de hoy.   

Track de la ruta:http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=15655229

lunes, 31 de octubre de 2016

Montichelvo-SantJeroni-Circ-Lorcha

Esta ruta está basada en la ruta de los monasterios desde Alzira hasta Gandía. La ruta  de los monasterios pasa por los monasterios de La Murta, Aigües Vives, Santa María de la Valldigna, Corpus Christi y Sant Jeroni. Como siempre yo voy adaptando las rutas a mi conveniencia, a veces no tan conveniente porque en este caso había partido la ruta original en varias rutas debido a la dificultad de tener que enlazar el final con el principio o bien en tren o bien con dos coches. Al final hice un cortar-dibujar-pegar y listo…, cuatro rutas para conocer estos cinco monasterios.
foto tomada de http://vaigapeu.blogspot.com.es/2013/06/el-circo-de-la-safor.html 

Llegaba a Montichelvo, lugar elegido para iniciar la ruta. Iniciaba la casa por el tejado pues es la ruta más lejana del tríptico de los monasterios y además iba a quedar sin enlazar con las otras dos, que están por llegar. Se queda en tríptico pues el monasterio de la Murta no lo llegué a completar en la ruta Cullera-Alzira por una avería, como además no se puede entrar al recinto con la bici pues solo veré los otros cuatro. Cuando me pongo a diseñar las rutas veo mil sitios que quiero conocer, por los que quiero pasar. A veces son simples caprichos: un camino que me gusta cómo zigzaguea por el mapa, una arboleda que parece que tiene buena pinta, una bonita foto que he visto en algún sitio, en fin. Otras veces responde el capricho a algo más elaborado en mi mente y que lo dota de mayor peso. Un monasterio, ermita, lavadero, catarata, río, montaña mítica o vete tú a saber qué.


El caso es que el monasterio de Sant Jeroni era el punto de ignición para esta ruta, que además iba a aportar muchos y muy interesantes objetivos extras a esta ruta. Y hacia allí me dirijo tras poner a la Zesty en el suelo y ver esa sonrisa que se le pone cuando se sabe la protagonista de lo que queda del día. Cruzo la carretera y me adentro entre campos de cultivos en un camino de bajada que me lleva rápido hacia Terrateig. 

Llego a un punto donde, a la derecha, remonto y llego al pueblo para visitar el lavadero. La subida me trae remotos recuerdos de Agres: http://rodaipedal.blogspot.com.es/2010/04/cronica-de-serra-mariola.html nada tiene que ver la subida con aquella pero algunos detalles evocan aquel día en mi mente.  

Vuelvo a bajar al cruce y giro a la derecha, enseguida la ermita. Un lindo lugar junto a sus cipreses. El camino presenta un carril bici a todas luces innecesario en este tramo de camino secundario sin excesivo tráfico, pero si además el carril está dejado de la mano de Dios y de los hombres, y no tiene ningún mantenimiento, resulta que las zarzas se adueñan del lugar y resulta imposible ciclar por allí sin riesgo a pinchar y a engancharse la ropa, además sin posibilidad de salir de allí si no saltamos el muro que nos han puesto, ya que no hay ninguna escapatoria de principio a fin. 

Paso junto a la presa de la rambla Vernissa. Es una presa de nueva construcción que no está diseñada para almacenar agua sino para retener durante unas horas las avenidas del río Vernissa y evitar, así, los efectos catastróficos cuando coinciden con las avenidas del río Serpis, donde desembocan sus aguas.
Desde aquí estoy a un paso de Lloc Nou de Sant Jeroni. Un par de rotondas que traen algo más de tráfico desde la CV-60 que me acompañaba a mi derecha desde Terrateig. Pronto me encuentro con el lavadero a la izquierda pero primero sigo adelante para ver la iglesia,  con un campanario algo futurista que bien podría inspirar alguna película sobre el género. 


Llego, ahora sí, al lavadero junto a un singular reloj solar; las dos piezas flanqueando el camino hacia Almiserat. 

Cruzo la rambla Vernissa y llego al pequeño pueblo buscando el lavadero a espaldas de la iglesia. Un viejo gato me mira con la misma curiosidad que demuestro yo por el viejo lavadero, aunque yo me llevaré una foto de recuerdo y el gato no, supongo que él no la necesita, su vida es más simple que todos estos rollos que nos montamos los humanos para intentar ser felices: fotos, móviles, redes sociales, bicicletas, subir montañas..., lo conseguimos? Sigo mi camino junto a la rambla que vuelvo a cruzar. 

Sin caudal pero con algún charco en el fondo asomando entre las desgastadas piedras que forman su lecho. 

Luego una forma conocida asoma entre el cañaveral y no me resisto a recoger el testigo que pasaré a los miembros del observatorio Manises J98. Llego así hasta el cartel que indica la senda al acueducto.  

El pequeño acueducto, que abastecía de agua al monasterio, salva un pequeño barranco, y un camino empedrado se adentra en la montaña hacia Les Fonts. Yo retrocedo hasta la carretera y continúo adelante hacia mi objetivo. Llego a Rótova y dibujo, en su trazado urbanístico, el contorno del meandro del río que volveré a cruzar ya fuera del pueblo. La aproximación al monasterio está siendo más larga de lo que esperaba pero al fin veo las torres asomando entre los naranjos que me regalan su aroma de azahar entre coloridas naranjas que ya pronto estarán maduras.  

Tras el monasterio el Montdúver y su sierra ponen una pincelada de altura a este valle de Marchuquera que queda a espaldas del monasterio. Llego a la arboleda que custodia la entrada del recinto monacal. 


Un túnel arbóreo que enlentece el tiempo. Sobre la puerta la imagen de San Jerónimo y el blasón del duque de Gandía; luego la torre almenada y el recinto amurallado. 

Llego a la plaza donde se encuentra la entrada a la iglesia. El monasterio cerrado no da opción a ninguna visita y decido aprovechar un banco junto a las mesas del bar para almorzar y disfrutar de la tranquilidad que destila el lugar con su fuente y su inmenso árbol.

Tras el ágape sigo camino y me vuelvo a maravillar con la arboleda, ahora de salida, del recinto. Fuera de ella todo es bullicio junto a la carretera. Más allá las montañas que pronto subiré y hacia las que me dirijo por este laberinto de carreteras, caminos y calles que me esperan desde aquí hasta la salida de Villalonga. Primero junto a la CV-60, luego cruzo por última vez el río Vernissa antes de que, no lejos de aquí, este entregue sus aguas al Serpis. Atravieso Palma de Gandía y Ador y luego me desvío a la izquierda entre cultivos, huyendo de la carretera. Pero el Serpis me obligará a volver a la carretera antes de entrar en el pueblo y cruzarlo para llegar al camino que ya recorrimos todo el grupo Roda i Pedal en la ruta: http://rodaipedal.blogspot.com.es/2008/11/crnica-de-la-va-verde-del-serpis.html  otra ruta enlazada. Llegado a la fuente de la Reprimala la carretera entra en una rampa brutal, no la recordaba ni tan pronunciada ni tan larga. A los datos me remito: http://www.altimetrias.net/aspbk/verPerfilusu.asp?id=528

A ritmo llego arriba al desvío. Aquí una monstruosa cantera, por fortuna abandonada, que rompe el paisaje y un lugar de altísimo valor en la geografía valenciana. El Circo de la Safor se muestra grandioso.  

A la derecha el camino desciende y continúa la vía verde, yo giro a la izquierda para continuar la subida que ha encontrado aquí el primer descansillo. Primero una breve parada en la fuente de Azafor para ver las vistas que presenta la montaña pues aún voy bien provisto de agua en la camel. … Y comienza la subida… en realidad ya la había comenzado en la fuente de la Reprimala pero los siguientes 5Km. son de una brutalidad y una constancia terribles. El descansillo pasado el 3er Km. apenas sabe a nada de lo cansado que llego y de ver lo que aún me queda por delante.  


Tan solo las vistas que se van abriendo a la izquierda sobre el Circ y algún vistazo hacia el mar ponen un puntito de sabor a esta cruel subida. Pero la estoy disfrutando. Cada pisotón al pedal es una confirmación de que esta subida no va a poder conmigo… y así me retuerzo en el sillín y ahora soy yo quien pongo esa sonrisilla de “otra subida a la saca”, “otra muesca”. En mitad de la subida agradezco estas nubes que cubren un sol que de otro modo me estaría machacando. Pero la luz y la bruma no son un buen aliado para las fotos. Es lo que hay. La casa Tarsán despierta un puntito de envidia ante su estupenda ubicación y el deleite de las vistas que debe tener. 

Y lo mejor para el final, un rampón del 21% después de una curva de zigzag hormigonada. ¿Qué más se puede pedir? … una cervecita, fría por favor. Aquí arriba encuentro la senda de subida a la cima del Circ, por desgracia no es ciclable ni mucho menos. Con el Benicadell al fondo la sierra que tendré que subir en breve se alza amenazante en mitad de mi camino.


Por fin se abre arriba un descansillo que me lleva por una especie de pasillo paralelo al Serpis que se intuye abajo. Tramo rápido de bajada y acometo otra subida que nada tiene que ver con lo sufrido hasta ahora, esta subida está finiquitada aunque siempre, en bicicleta de montaña, quede otro repecho. Luego la senda, esta vez a la derecha hacia la fuente de la Serquera. Un poco más adelante otro desvío, ahora toca a la izquierda, hacia la Font dels Olbits. Ojo porque esta fuente no está señalizada desde el camino y el lugar merece la pena visitarlo, tan solo esta a 800metros y apenas hay desnivel.  

De paso hacia allí encuentro una pared de roca negra y completamente lisa, pulida, suave. Se ven, perfectamente alineados, los anclajes para la escalada a lo largo de la pared. Sigo adelante para llegar a un coqueto lugar donde está la fuente, unas mesas, paellero y lo que parece un refugio. 


Este rincón ofrece unas bonitas vistas del valle hacia L’Orxa. La pena es que con el sol poniente de la tarde se enturbian los paisajes, aun así disfruto el panorama que se me ofrece antes de ponerme en marcha. Retrocedo hasta la pista de asfalto y giro a la izquierda siguiendo el camino que venía haciendo antes de esta pausa. Comienza la bajada. La pendiente no es ni mucho menos lo que estaba subiendo pero la velocidad es vertiginosa. Retengo la bici un poco antes de que la velocidad…y la gravedad, se adueñen de la situación, luego sería tarde para parar la bici en las curvas. 


Los paisajes me llaman y me hacen parar un par de veces a disfrutarlos. Uno de ellos es un mirador a la derecha hacia el río Serpis que serpentea abajo. Enfrente la montaña que tengo que subir hacia Montichelvo que queda detrás de la montaña. Continúo la bajada dejando atrás crestas y picos y el valle de Beniarrés se va adueñando, poco a poco, del paisaje. No es que el embalse sea visible pero la presencia del omnipresente Benicadell delata la ubicación del mismo. El puntiagudo pico ya es visible desde hace un buen rato.  


El valle cobra protagonismo con sus otoñales amarillos que alegran el paisaje. Lorcha, o L’Orxa, es el guardián del final del valle, a partir de aquí el río se encajona entre montañas y solo la vía verde del Serpis es capaz de seguirlo.  

Bajo hasta el pueblo, atravieso el barranco y voy a la derecha buscando la carretera que sale del pueblo, fijándome en el castillo de Perpuixent como referencia a seguir. Justo allí abajo se enlaza con la vía verde, junto a la antigua estación de L’Orxa. La vía comunicaba Alcoy con Gandía pero quedó abandonada a finales de los 60 del siglo pasado. Ya en el camino de la vía verde giro a la derecha siguiendo el curso del río que pronto veré a mi derecha. Este primer tramo está bastante roto y con mucha piedra por lo que no se hace cómodo de rodar, aunque de aquí poco, y esto aún no lo sabía cuando estaba pedaleando esta ruta, bendeciría este camino. 

Llego hasta el meandro del río que veía desde arriba  de la montaña. Un mirador invisible desde esta perspectiva. Paso un pequeño túnel y al poco el camino a la izquierda que me indica el “treki”. Es el paso entre las sierras del Benicadell a la izquierda y la sierra d’Ador a la derecha. Allá que voy. Unos primeros metros de potencia salvando algunas piedras y el desnivel que ya se deja notar. Equivoco la trazada, tropiezo con una piedra y pie a tierra. No pasa nada, eso pasa en las mejores familias, vuelvo a subir, otra ver potencia, otra piedra, una rodera, esquivo, zigzagueo, más potencia, más pendiente, más roderas, ramas que se adentran en el camino y también hay que esquivarlas, piedras, pendiente, pulsaciones que se disparan, … no doy abasto a tomar oxigeno, pedalear y mantener la verticalidad encima de la bici. 

Otra ver pie a tierra, dejaremos pasar esta rampa y cuando mejore el camino ya volveré a pedalear. Tras la curva no mejora el camino, tras la rodera aquella sí, pero demasiado poco como para que valga la pena pedalear, ahora sí, pero otra sucesión de piedras, esquivar baches, roderas, pendiente, cansancio, me hacen volver a bajar. Y así hasta arriba. Casi 3 insufribles Km. de un no valer la pena el esfuerzo de pedalear o de pedalear solo unos metros para acabar volviendo a bajar y encontrar más frustración y rabia que si sigues andando y empujando. Respiro, dejo la frustración y el enfado. Me vuelvo en el paisaje y en los recuerdos de los momentos vividos en la ruta, los malos también. También forman parte de esta ruta, también los disfrutaré cuando hayan pasado. Voy llegando arriba pues el alt de la Cova, a mi izquierda, va dejando de ser la mole amenazadora que se alzaba sobre mí en toda la subida. Cuando el camino se vuelve a hacer ciclable sé que estoy arriba. Enseguida un corral, lo rodeo y empiezo a bajar de forma suave. Esto es la cabecera de un enorme barranco que ahueca la sierra en dirección al mar, hoy demasiado brumoso para ser visible.

Apenas veo la cima del Circ de la Safor y el camino que he recorrido hace apenas unas horas al otro lado del río. Llego a un cruce de caminos, izquierda remontando y llego a una caseta. Un cartel indica Peñas Albas y las vistas hacia la Vall d’Albaida se abren en todo su esplendor. 


Otra cosa es que el tiempo y la visibilidad no acompañen demasiado, pero con el sol de espaldas el paisaje crece y algo se deja ver. Por fin la bajada final. La pista está en muy buenas condiciones aunque es de grava y eso siempre lleva a pequeños patinazos, pero nada insalvable si estas acostumbrado a la btt. La velocidad crece de forma increíble pues a priori no parece que haya tanta pendiente, solo se nota el desnivel al llegar a las curvas de herradura y ver donde estaba hace apenas unos segundos. Los frenos y las suspensiones haciendo, perfectamente, su parte del trato. Después entro en la frondosidad del bosque y apunto estoy de pasarme el giro a la izquierda de la velocidad que llevo. Consigo evitar el error y sigo con la bajada. Paso junto a una fuente metida en un frondoso barranco, veo el cartel que la indica pero no me acerco a verla.  

Y así entro en Aielo de Rugat para ver el lavadero, seguir por el camino del cementerio y llegar a otro lavadero junto al molino. Vuelvo al pueblo por este nuevo camino, salgo hacia la fábrica de ladrillos que pinta de arcilla roja los límites de la carretera. Junto a ella giro a la derecha en busca del Montichelvo, solo me queda remontar el pueblo para llegar al coche y comerme el bocata con el refresco que aún estará fresquito. La cerveza me espera al llegar a casa que ahora toca conducir. 60Km. y más de 1400 metros de desnivel después, por fin acabo esta ruta que por momentos se ha hecho eterna, pero haberle hincado el diente, por fin, a aquella subida junto al Circ de la Safor ha merecido la pena. Ya tengo el primero de los 4 monasterios.




Track de la ruta: http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=15348598