viernes, 3 de mayo de 2013

Almardá-Alfondeguilla-Vall d'Uixó


Segundo día en Almardá y segunda ruta. Hoy me esperan otros 60Km. pero con algo más de desnivel que ayer que fueron completamente llanos. La ruta de hoy me llevará a adentrarme en los primeros contrafuertes de la Serra d’Espadan allá en Alfondeguilla para luego visitar la Vall d’Uixo y acercarme hasta la playa para volver a casa por un paisaje similar al de ayer, aunque intentaré encontrar nuevos alicientes. Vamos a verlo.
Salgo hacia la avenida Europa, pero hoy, junto al restaurante, cruzo la carretera para tomar un camino que se adentra en la marjal. Un paisaje de campos de cultivos y chalets desperdigados por este inacabable paisaje que en algunos puntos está por debajo del nivel del mar, por lo que solo se ve a lo lejos las montañas hacia las que me dirijo, con la cruz blanca pintada como referencia. 

Pero la primera referencia es el depósito amarillo que como un faro se erige junto a la rotonda por la que tengo que pasar. Serpenteando entre campos llego a la rotonda, cruzo al otro lado, aunque no habría necesidad, y giro a la izquierda para tomar la vía de servicio junto a la carretera. También podría ir por el carril bici, bueno “arcenbici” que aquí  es bastante ancho. Paso junto a la Alquería Nova, que queda al otro lado de la carretera y que por eso he venido a este lado, para tener mejor perspectiva. No es que sea un edificio espectacular ni singular pero tiene su aquel toda restaurada y pintada. Llegado a la siguiente rotonda se acaba lo bueno, tanto la vía de servicio como el “arcenbici”; no queda otra que entrar en la carretera para cruzar los puentes sobre la autopista y la vía del tren y llegar a la estación de los Valles donde, después de la segunda rotonda, dirección a Faura, me encuentro con el sueño de los carriles bici: la carretera, con su arcén, queda separada por un muro de hormigón, y la acera tiene su propio espacio a la derecha, por lo que toda la pintura roja es para las bicis. 

Lo dicho, el paraíso para moverse en bicicleta entre estos pueblos de La Vall de Segó. Pero no podía ser tan bueno… llego a la rotonda de entrada a Faura, sigo por el carril bici a la derecha de la carretera y veo que este se convierte otra vez en un “arcenbici”. En la anterior ruta por La Vall de Segó: http://bikepedalvalencia.blogspot.com.es/2013/04/almarda-vall-de-sego.html  en la rotonda de Quartell, junto al Molí Nou, también hay un muro que separa el carril bici de la carretera, hoy me doy cuenta de que ese muro de separación es solo en las entradas a las rotonda donde los ciclistas somos desviados hacia el interior para no tener que compartir el espacio de la rotonda con los coches, y eso me llevo, aquel día, al error de pensar que todo este carril bici era así. Pero bueno, algo es algo; si en coche no sabemos como tomar una rotonda pues súmale a eso una bici que encima va más despacio, “paabersematao”. Bueno pues eso, sigo por el “arcenbici” que es mejor que nada, y al menos este es muy ancho y libre de arbustos que invaden el espacio, para pasar por Quartell en dirección a Quart de les Valls, donde en la rotonda junto a la ermita se acaba la pintura roja y hasta el arcén en algunos tramos de esta pequeña carretera por la que ahora continúo. La suerte es que hay poquísimo tráfico. 

Llego a una entrada de camino sobre el barranc de la Font con unas bonitas vistas sobre los restos de un antiguo molino de viento en lo alto de la colina tras los campos de naranjos y los motores para bombeo del agua de riego. La carretera, que es la que va dirección Segorbe empieza a picar hacia arriba, de forma suave pero constante. Serán menos de 3Km. de asfalto pero ya estoy deseando tocar la blanda y polvorienta tierra de los caminos. Ahora mismo daría mi reino por un charco, por el polvo blanco del riíto o por la arcilla roja de Les Rodanes…Lo bueno de esta carreterita es la bonita pinada que la envuelve a un lado y otro. Poco después llego al desvío a la derecha hacia Alfara. Lo tomo y enseguida dejo el asfalto para coger un camino de tierra también a la derecha, será por poco tiempo ya que este vuelve al asfalto, pero será mi primer contacto con los caminos y las montañas. Otra vez sobre el negro pavimento me deslizo entre toboganes y un mar de naranjos que saturan el ambiente del colosal aroma de azahar. No puedo más que cerrar los ojos y aspirar con fuerza, con avaricia, antes de que este grandioso espectáculo se pase ante los rigores del tórrido verano que engordará las naranjas pero nos privará de este regalo para el olfato. 

Al fondo las cumbres de Espadán cierran la frontera norte de mi campo de visión, al oeste es la Calderona la reina de las cumbres. Decido que este es un buen sitio para parar a almorzar. Tras el ágape continúo camino para cruzar la carretera de Vall d’Uixo a Alfara. Aquí ya tengo las señales del campamento de Escales. El camino asfaltado remonta el curso del barranco de la font de Escales que más tarde, poco antes de llegar a Vall d’Uixo, se convertirá en el río Belcaire. Hasta el campamento no hay pérdida. 

Una enorme pinada es la entrada al área recreativa. Unas mesas bajo la pinada y una zona de juego, unos paelleros, aseos, pilas para fregar y el refugio cubierto vallado y cerrado... Me decepciona bastante el sitio, al menos un sitio cubierto para protegerse de una tormenta no estaría mal, pero alguien ha decidido que es mejor tenerlo cerrado. Tampoco veo ninguna fuente y los fregaderos no es el lugar más apetecible para beber agua. En fin, no es que esté mal este paraje pero esperaba otra cosa, y las expectativas de cada uno son de cada cual, a veces se cumplen y otras no. Sigo el camino que poco después deja el asfalto para encontrarse con la rojiza tierra. Una pronunciada curva a la derecha me pone ante una parte del camino que cruza el barranco. 

Las lluvias de las últimas semanas siguen bajando y anegan el camino que, en este punto cubre por encima de los pedales y me mojará los pies, con lo que empiezo la subida a la montaña con los pies fresquitos. Tras el charco un desvío: a la izquierda el camino continúa por el barranco, con más agua anegando el paso, ese camino se dirige, pasando por la font de Escales, hacia la Dehesa de Soneja, que en principio es la ruta de mañana, pero que no haré ya que tengo que repetir este monótono camino hasta y desde aquí ida y vuelta, la planificaré de otra manera y la dejaré para otro día. El camino de la derecha es el que tomo para comenzar la subida. Conforme gano altura gano perspectiva sobre las montañas que dejo atrás. Un poco después el camino vuelve a encontrar el asfalto entre la pinada. Siguiendo el curso del barranco y con bonitas vistas de la Calderona a mis espaldas voy subiendo entre la pinada. 

Llego a la parte más alta de esta zona de la ruta junto a un viejo aljibe que queda a la izquierda del camino, ante mí una pronunciada bajada. Me dejo caer para comprobar con emoción lo divertida que es esta parte de la ruta. Camino estrecho, asfalto, curveo constante junto al barranco que ahora crece al lado derecho del camino; badenes que cortan el camino y ponen sus saltos al servicio de la emoción, de la velocidad y de la sonrisa en la cara en un tramo de inesperada y tremenda diversión. 

Paso junto a una zona de arboleda protegida; unos enormes y preciosos alcornoques se muestran junto al camino, son de los pocos ejemplares que hay por la zona, un tipo de arboleda mucho más adaptada a esta zona climática en que vivimos pero que está en grave retroceso, entre otros factores, por su lento crecimiento después de fuegos devastadores, de los que desgraciadamente somos testigos de primera mano en más ocasiones de las estrictamente necesarias, aunque su corteza exterior – el corcho- sea su primera barrera antiincendios. Otro de los factores es la moda de los tapones de plástico para el vino; nada mejor para un producto natural que taparlo con otro producto natural. 

Ya abajo en el valle, paso junto a algunas cuevas en las paredes que se asoman a la carretera, me voy acercando a la carretera CV-230 para llegar por ella a Alfondeguilla. Antes otra agradable sorpresa de la ruta: el acueducto de Alfondeguilla. No lo tenía programado en la visita de hoy pues desconocía su existencia, pero es una agradabilísima sorpresa encontrar esta majestuosa obra de ingeniería hidráulica en un estado aparentemente bueno de conservación. Bajo hasta el mismo cauce del barranco para ver este precioso acueducto desde todos los ángulos. 

El agua, que aunque poca, fluye por el torrente, ayuda a poner una imagen imborrable en mi retina y en mi memoria digital.
Poco después llego al pueblo y giro a la izquierda para encarar la subida al calvario. La ermita del Santísimo Cristo se protege tras la cerrada fila de cipreses cual centinelas inmutables. 

El calvario serpentea y ofrece bonitas vistas de las que sacar partido a la cámara. Desde arriba el pueblo se muestra a sus pies entre los huecos que dejan los centinelas. Un cuidado y bonito entorno que merece esta visita por las ermitas que nos muestran una parte del legado cultural que atesoramos en nuestras tierras. Toca bajar, dirigirse hacia el centro del pueblo y pasar por la iglesia de San Bartolomé, de ahí hacia el barranco que se adentra directamente en la Sierra de Espadán, y que trae sus aguas hacia el río Belcaire. Luego pasaré por el lavadero, casi escondido en un bajo, en un pequeño callejón con unas escaleras que lo conectan con la calle de arriba. Por fuera nada muestra lo que allí se esconde. 

Bajo el techo de esta planta baja el agua corre por la pila, y los trastos, probablemente del ayuntamiento o de las peñas, encuentran un lugar donde esperar su uso. Mientras tanto el lavadero sigue estando ahí para que se le de el uso por el que existe, aunque por el camino, y en un entorno poco agraciado, haya perdido parte de su dignidad. Sigo la calle adelante para llegar a la plaza detrás de la iglesia. Desde aquí la iglesia es mucho más bonita que por la parte delantera. 

Los tejados a distintos niveles del edificio y la mayor altura respecto a la calle, junto con la armonía de los colores, la hacen parecer mucho más grande de lo que es. Sigo el curso del barranco y bajo hacia donde este se junta con el otro barranco y se convierten en el barranco de San José que pasa justo por delante de las cuevas y recibe sus aguas subterráneas. Ya no queda otra mas que meterme en la carretera y bajar hacia la Vall d’Uixo. Por el camino me encontraré con grandiosos cortados en la montaña desde el pico del Pipa. 

También hay por aquí algún sitio donde hay huellas fosilizadas de dinosaurios pero o no están señalizadas o no las he visto. Desde una curva de la carretera veo la ermita de La Sagrada Familia, o de San José, es el primer sitio al que llegaré. 

La ermita está adosada al centro de información y con los arcos y bajo la pinada forman un bonito conjunto digno de visitar. Al final de la plaza hay una pasarela metálica que lleva hasta el yacimiento íbero que allí se conserva. 

Desde aquí hay unas vistas soberbias sobre toda la ciudad con el mar al fondo. En la montaña de la derecha espera mi siguiente objetivo: la ermita de San Antonio Abad, estudio desde aquí la fuerte pendiente con la que me voy a enfrentar en breve. Vuelvo a la carretera y bajo hacia el pueblo, en la rotonda las señales no dejan lugar a la duda y pronto encuentro el enorme parking, junto al barranco de San José y la entrada a la turística zona de las cuevas. Yo sigo de frente cruzando el cauce para toparme con una portentosa subida hacia la ermita. Pronto el camino se hace asfalto e inmediatamente me encuentro con las rampas que me temía ante la llegada del asfalto. Llego a una bifurcación y tomo a la derecha; lo que no sabía es que el camino que sigue recto y luego a la derecha también llega hasta la ermita, así que tomo el camino difícil. Otra bifurcación, voy a la izquierda y el camino se acaba para hacerse senda entre rocas que me obliga a bajar de la bici y subir a cuestas con ella los últimos 30 metros. 

La vieja ermita parece recortada en una cartulina y expuesta ante el cielo, deliciosamente adornada con un marco de llamativo color amarillo, en contraste con el pulcro blanco del resto del edificio. No hay mucho más que ver pero lo que hay es digno de una visita por la delicadeza que transmite. Hago todo el camino de bajada hasta el puente visitando primero esta parte del cauce para tener una perspectiva del entorno de las cuevas. 

Veo la desembocadura del río subterráneo de la gruta de San José abocando sus aguas al encauzado barranco. Luego cruzo por un puente y me adentro en una especie de gran bazar al servicio del turista: tiendas y restaurantes se suceden en los pocos metros que hay hasta la entrada a las cuevas. Visto esto retrocedo y voy, junto al barranco, por un carril bici hacia el pueblo. 

Poco antes del viaducto que cruza el cauce bajo a orillas de este y paso bajo el puente para subir por una calle y girar a la izquierda hacia los acueductos, uno romano y otro medieval mucho más pequeño y que está bajo este. 

Estos acueductos sirvieron como fuerza motriz para un par de molinos que ahora, ya en desuso, se desintegran. Ahora toca callejear para ir al encuentro de la siguiente ermita, la del Cristo del Calvario, adosada a una iglesia de más reciente construcción. La siguiente parada será después de adentrarme en el pueblo y buscar el centro. Paso por la plaza del circo, junto a ella se levantan los muros del convento de Santa Clara, pero un error en la lectura del waypoint me hará pasarme de largo y seguir hacia la monumental iglesia de la Asunción. 

Por una calle perpendicular me dirijo hacia el este para encontrar la ermita de San Vicente Ferrer. 

La fachada es de una sobriedad abrumadora pero, en el lateral, tiene tres enormes cuadros de azulejo, y otro en la parte trasera, que me recuerdan mucho la fenomenal obra que hizo mi hermano para el pueblo de mi padre hace más de 30 años y que aún se conserva en el peirón a la entrada de Royuela.

He visitado 4 de las 5 ermitas de la población, no está mal el botín. No tiene nada que ver con la religiosidad o con que sea muy devoto, tiene que ver con la estética, con la historia, con tradiciones y monumentos que merece la pena ver cuando visitas algún sitio; Una casona monumental, un ayuntamiento digno de verse, una fuente emblemática, una plaza, un castillo o torre, o muralla, o lavadero, pero no una finca de 5 pisos como el 99% de los edificios de un pueblo. Una antigua y estrecha calle con casas restauradas y manteniendo una estética, portales, dinteles o ventanas enrejadas, frontispicios, peirones o miliarios, o vértices geodésicos que prometen buenas panorámicas, lagunas, cuevas, barrancos, árboles monumentales o… por eso, entre otras cosas, visito muchas iglesias y ermitas, y ya de paso todo lo que se ponga a tiro.
  
Salgo del pueblo, sigo en dirección este y cruzo una, dos, tres, cuatro y hasta cinco rotondas siempre saliendo por la que queda al frente, o siguiendo la señal que vaya en dirección a la N-340, ojo porque las dos últimas rotondas, las más grandes, son las de entrada y salida de la A7 y tanto el tráfico como la velocidad de los coches se incrementa. Tras la última rotonda veremos a la derecha la enorme balsa Belcaire encaramada en lo alto del terraplén que la sustenta. Un poco después tomo un camino a la derecha que cruza el río Belcaire, después un bifurcación de caminos junto a unas bases de placas solares. Un camino a la derecha sube hasta las montañas que separan los términos de Vall d’Uixo y Xilxes, sé que desde arriba la vista de la enorme balsa y La Vall al fondo bajo el pico del Pipa es impresionante, pero no tengo ganas de subir y bajar por el mismo sitio, y continuar me obligaría a dar un rodeo considerable, así que tomo el camino de enfrente, despreciando también el que gira a la izquierda. Por esta camino llego a la cantera que se va comiendo poco a poco la montaña y haciendo cada vez más pequeño el término municipal de Xilxes; de las 4 montañas que tenía el pueblo ya solo les quedan 3. Se vende el alma al diablo y luego, cuando de las canteras ya han sacado todo lo que podían, ahí se queda la herida, necrosándose y supurando polvo y fealdad, deteriorando visual y paisajísticamente el entorno por los siglos de los siglos, un espacio perdido para siempre del que no se sacará ningún provecho. Ahí giro a la izquierda dejando la cantera a mis espaldas, donde no puedo verla. El camino sigue para pasar primero la nacional, con mucho cuidado, y luego la vía del tren y la autopista por pasos subterráneos. Solapo la ruta con la de ayer justo antes de llegar a la bifurcación que hoy tomo a la izquierda y medio kilómetro después a la derecha para seguir todo recto hasta el mirador elevado sobre el mar que tanto me gustó ayer en la playa de Chilches.

Llego justo a hora de comer. Me acomodo en el banco redondo y repongo fuerzas acompañado del sonido de las olas rompiendo en los pilares que se hunden en el mar y en las rocas a escasos metros. A pesar del sol el airecito es húmedo y fresco e invita a comer rápido y seguir dando pedales. Después de la comida regreso al paseo marítimo, dejo el mar a mi izquierda y voy, como decía la canción, “camino camino, cami camino…del sur” ¿Alguien recuerda la canción? ¿si, no? Reto musical. Voy lentamente buscando un bar para tomarme un café con hielo, esto además, me hace ir despacio y degustando el antiguo sabor que dejan en la memoria las casitas de pescadores de antaño. Esas casas sencillas con sus terracitas barridas por la brisa marina, cuando los terrenos en la costa no valían ni la arena que empujaba el viento, antes de que la costa fuera el gran lujo oriental que todo el mundo quiere, antes de que esos macro intereses económicos fueran la semilla de los difíciles tiempos que ahora vivimos. No hay ningún sitio donde tomar café así que acelero un poco el paso y ya lo tomaré en casa. Sigo la huella que dejé ayer pero hoy en dirección contraria. En muchos tramos hago el mismo camino salvo pequeñas incursiones hacia el interior pero sin alejarme más de unos metros del mar. 

No será hasta cruzar la gola de Almenara cuando ya me internaré por dentro del pueblo, o de la urbanización Barrio-Mar para ir a buscar la rotonda de Casablanca frente al camping. Tomo el camí de Serratella hacia la izquierda, junto al canal que llega hasta la gola de Queralt. 

Una vez allí me acerco a las casas de Queralt y luego, por la Av. Europa, hasta casa para estirar las piernas y tomar un buen café con hielo bien dulce.


Track de la ruta: http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=4476966

jueves, 2 de mayo de 2013

Almardá-Estany de Nules



Por fin tocaba atacar esta ruta que se estaba oxidando en la memoria del GPS. Iniciaba, desde Almardá, la segunda salida por esta zona que me iba a llevar, por la orilla de la playa, casi tanto como se pudiera, hasta el estany de Nules, un magnífico lago interior, pequeñito pero con una cuidada imagen. Empecemos a pedalear.
Poco antes de las 9 me calo los pedales y empiezo a dar pedales por la calle de la parada del autobús hacia la rotonda que separa las playas de Almardá y Corinto. En el cruce a la izquierda hasta llegar a la avenida Europa, que es la carreterita que pasa por la casa Periya y sigue, a la derecha hacia el camping. 

Giro a la derecha y enseguida tomo un pequeño camino, una acera más bien, junto al canal, este camino rodea una nueva urbanización y llega hasta delante de la entrada del camping. Llego a la rotonda de la Gola de Queralt y busco entre el parking la aproximación al paseo marítimo. Casi desierto a primera hora de la mañana. 

La calma y la soledad solo se ven rotas por algún caminante que busca esta misma sensación de tranquilidad. El sol es un todo que reflejado en el interminable mar abrasa el horizonte y va poco a poco calentando la mañana, de momento la suave y fresca brisa marina gana la partida. De la zona de nueva construcción, con terrenos por urbanizar, paso a la zona de casitas viejas, tan pegadas a la playa que esta no tiene espacio para retroceder ante el empuje del mar, la solución son las escolleras que intentan parar los temporales librando una luchando piedra contra agua. Ni ley de costas, ni 100 metros, ni playas para todos, ni montañas públicas, ni… Al final resultará que no hay una generación ni-ni sino toda una sociedad. Continúo para llegar al puente que cruza la gola de La Llosa. Una tarima de madera a modo de camino llega hasta una especie de cenador, allí, puedo, por una pasarela bajar hasta la zona acondicionada como parking para unos metros más allá retomar un pseudo camino junto a la orilla. 

Los cantos rodados compactados posibilitan el rodar por este camino aunque con alguna incomodidad. Llego hasta otro camping y luego encuentro el paseo marítimo de la playa de Xilxes. Los lujosos y modernos chalets se mezclan con las más modestas casitas de pescadores de toda la vida. Varios espigones compartimentan la playa, y la arena, sembrada de palmeras aquí y allá, crean un bonito ambiente para los bañistas que en pocas fechas inundaran esta costa. 

Los pescadores toman posiciones sobre los espigones intentando ganar unos metros al mar para estar más cerca de sus capturas. 

Llego hasta el mirador que se adentra en el mar por una pasarela elevada, una foto y sigo adelante. Salgo del paseo para encontrar camino junto a la orilla y bordear una caseta que guarda vértice geodésico, no es visible así que sigo adelante abandonando la línea de costa para tomar un camino algo más adentro y llegar a la urbanización la torre, en la playa de Moncofar. Transito junto a la arena tanto como puedo, luego las casas se acercan tanto al mar que me obligan a tomar una calle interior paralela, esta muere ante un montón de tierra que cierra el paso y da por terminado el camino. Vuelvo atrás, giro a la derecha y sigo adelante viendo como la primera calle también está cortada, la segunda llega a una rotonda que tiene una valla, abertura en esta me permite entrar en la paralizada macro urbanización que está proyectada aquí. 

Las calles, las aceras, las farolas, los hoyos de los edificios, unos con cimientos y pareciendo un lago, otros aún vírgenes y con las plantas como únicos habitantes. Callejeo en busca de un camino que baja hacia la playa junto a la torre de Biniesma 

La torre se construyó alrededor del 1547 para proteger y avisar de la invasión y de los ataques de los corsarios turcos. Los pocos restos que quedan de la torre parecen querer hablar. 

La sensación es diferente, quizá sea por el sonido del mar amortiguado por las piedras a modo de barrera para apaciguar la fuerza del mar, pero un rato aquí se hace distinto. Tras esta visita cargada de historia retrocedo hasta el hueco de la valla y sigo camino. Las vallas, que delimitan el PAI Belcaire Sur, me obligan a dar un fenomenal rodeo, en la actualidad esta “urbanización” se encuentra sin ningún tipo de actividad por los múltiples litigios que ha originado por diversos intereses económicos, estamos hablando de 258.000 m2 de recalificación de tierra rústica en urbana. Todo esto lo explica mucho mejor Pepe, conocedor de la zona en su crónica: http://lermitamon.blogspot.com.es/2009_08_01_archive.html 

Cruzo un puente sobre el encauzado río Belcaire para llegar a la otra zona de macro urbanización, esta sí que está algo urbanizada, con monstruosas torres de apartamentos, unas terminadas y casi vacías y otras con los esqueletos de hormigón desnudo expuesto a la brisa marina, que bien les va a venir eso a las estructuras de hierro y hormigón. 

Callejeo para acercarme a línea de playa y retroceder hasta la desembocadura del río para ver las dificultades que hay para acceder a un monumento histórico casi abandonado y perdido en una playa, sin ningún tipo de señalización ni acceso. Continúo camino y llego al paseo marítimo del Grao de Moncofar. Tras pasar el canal de Masbó el paseo desaparece de primera línea de playa puesto que las casas se adentran tanto en la arena que hacen imposible este paseo. Sigo por una calle con casas bajas a la derecha y con edificios de diversa altura a la izquierda. Enseguida llego a la plaza de la “O” , decido que este es un buen lugar donde hacer la parada del almuerzo. Me adentro en la playa y tomo asiento a escasos metros de las rompientes olas. El sol, que ya ha ganado altura, ya no pinta de oro la superficie del mar, ahora solo logra encender fugazmente los rizos de las olas, aunque la brisa marina sigue refrescando el ambiente más de lo deseable. Después de almorzar, y depositar las sobras en las papeleras de la plaza, sigo por la calle de antes para girar en breve a la izquierda por la carretera de Moncofar y llegar hasta la salida del pueblo. Allí a la izquierda está la ermita de la Magdalena, otra aportación del amigo Vicente. 

Admiro su entrada porticada y su arquitectura escalonada delante de una placita con árboles y junto a un barco y unas ruedas de molino al otro lado de la carretera. Breve visita y sigo camino junto al barco para, un par de calles después, girar a la derecha y volver a buscar el paseo marítimo. Entre el final de este y el camping el camino se acerca tanto a la playa que los cantos rodados y la arena hace imposible acercarse al camping. Tomo un camino algo más adentro hasta la misma pared del camping, vuelvo hacia el mar y paso entre la valla del camping y unas piedras que ofrecen algo de protección frente a las mareas. De poco me sirve esta incursión pues después tendré que volver a adentrarme hasta la carretera ya que el camino desaparece de la costa. Así llego, por asfalto, hasta la playa de Nules. En la primera calle vuelvo a buscar el mar y sigo por un camino entre las casas y el mar. Sin paseo marítimo pero por un camino compactado que permite rodar. 

Paso la primera zona de chalets y llego a las casitas de pescadores con su pequeños patios delanteros y su colorida y tradicional arquitectura contrastando con la modernidad del faro de Nules allá al fondo. Otra vez la arena le gana el pulso al camino y me obliga a ir por una calle paralela. 

Llego hasta el faro y me acerco a verlo, nada importante, así que continúo para llegar, un poco más allá, a la gola de la acequia el Bras y las compuertas de regulación de la acequia y del Estany. 

Me acerco ahora al Estany, donde un enorme eucalipto preside la entrada y da sombra junto a la parada del autobús. En el rincón de la derecha unas mesas de picnic bajo una joven arboleda. Patos y gansos campan a sus anchas en lo que es su casa, acostumbrados al ir y venir de las personas. El lago no es muy grande pero es una magnífica zona húmeda para la fauna y la flora y un maravilloso rincón para pasear y desconectar un poco del ajetreo de la ciudad. 

La visita no dura mucho tiempo ya que es un pequeño rincón, así que continúo hasta el final del pueblo ya que allí hay otro V.G. el de Fonfría, tampoco es visible ya que está encaramado en la azotea de una finca roja. 

Llego hasta el espigón que marcará el punto de retorno de la ruta. Tras rodear el V.G. busco una calle que me lleva a la parte de atrás del estanque para poder admirar otra vez sus preciosos rincones. Cruzo al otro lado de la acequia y giro a la izquierda, llego a la confluencia de dos acequias y paso a la “V” que forman estas dos. Allí arranca, pegado al canal de la derecha, el carril bici que llega hasta Nules, pero esto quedará para otro día. 

Ahora tomo el camino de la izquierda dejando la otra acequia a mi izquierda. A ambos lados del camino y del canal muchas casetas de campo alimentan sus tierras de las numerosas acequias que surcan esta zona premarjal. Cruzo la carretera de Nules: aquí podría haber pasado al otro lado del canal, pero he preferido seguir recto. Al final el camino hace una ligera curva y muere unos metros más allá bajando al cauce de la acequia que se podría vadear si estás dispuesto a mojarte un poco los pies, ya que al otro lado el vado sube hasta el camino. Lo de mojarte los pies es porque el fondo, justo aquí, es irregular, un palmo después, donde no hay posibilidad de pasar con la bici ya está cementado. 

Decido dejar el baño para otro momento y vuelvo atrás para cruzar por una pasarela sobre la acequia. Giro a la izquierda y sigo el camino que se aleja ahora de la acequia y se mete entre los campos, principalmente naranjos. Me acerco a Moncofar y una masía a la derecha llama mi atención, como no está lejos decido acercarme a ver si hay algo interesante. 

Embutida entre campos de naranjos y rodeada de pinos y palmeras se levanta esta extraordinaria casa con una arquitectura peculiar. Luego cruzo el pueblo pasando por delante de la iglesia y sigo recto. Salgo del pueblo para ir otra vez entre naranjos. Llego a un cruce de caminos y veo una señal en la misma dirección que llevo que indica la Vila Romana. Llego a una granja donde veo una vaca pequeñita mamando de las ubres de una vaca grande, no soy el único que mira tan tierna escena. Sigo para cruzar el cauce del río Belcaire por un vado. Otro cruce de caminos y sigo la señal. Llego al lugar indicado en el GPS y menos mal porque las señales han desaparecido. 

A falta de señales el lugar se reconoce por 3 pinos junto al camino y un estrecho canal de riego frente a ellos. Andando por el canal, a 90 metros están las ruinas romanas. Con la bici tomo el camino desdibujado a mano izquierda unos metros más allá, y tras los 90 metros me acerco al canal para ver las 4 piedras y dos pequeños fosos que allí quedan perdidos entre un abandonado campo de naranjos. Regreso al camino y continúo. Otro cruce y otra vez las señales, ¿esto es cachondeo o simple estupidez del “tontolaba” que decide poner las señales? La otra opción es que sea del riego y que no le de para más, con lo que la estupidez pasa a ser de quien le haya contratado… y así podemos seguir subiendo escalones en ayuntamientos, mancomunidades, fundaciones, consellerías, diputaciones, etc.

En este cruce giro a la izquierda e inmediatamente a la derecha. Ahora veo un hito de cemento a modo de miliario que indica que esto es la vía augusta. Que digo yo que siendo que unos metros más allá están los restos de la Vila Romana igual hubiera sido un buen sitio para poner este “miliario”. Luego por este mismo camino iré encontrando la otra señalización de esta vía: los bordillos azules y blancos, hay 4 ó 5 en menos de un Km. y en otros puntos del camino nos perderemos por no haber puesto una señal, esto es todo o nada, lo dicho; va ser del riego. En el cruce como antes: izquierda y derecha para ir aproximándome a la vía de servicio de la AP-7. transitaré unos metros junto a ella a la altura de Xilxes. 

A mi izquierda tras los cultivos se levanta la ermita del Stmo. Cristo de la Junquera. Una coqueta ermita casi perdida entre naranjos con unos bancos a la sombra que invitan al descanso. 

Unas fotos y continúo para girar a la derecha junto a una abandonada estructura que bien podría ser una antigua granja. Siempre a la derecha en los siguientes cruces del camino para entrar, junto a la acequia de la Raya en lo que parece una enorme extensión de zona inundable de cultivos. Después cruzo la acequia del Pouets y giro a la izquierda. Tres enormes palmeras se autoprotegen bajo una impenetrable capa de ramas y hojas caídas. No quiero ni pensar en la fauna que habitará ese inframundo. El camino hace un amplio giro a la izquierda y me lleva hacia la Muntanya Blanca, a los pies de la cual está L’Estany de Almenara. Llego a la carretera, justo enfrente un camino cerrado con una cadena llega hasta el observatorio de fauna de Casablanca.
En lugar de entrar por ahí decido tomar el carril bici a la derecha y llegar hasta la entrada del área dels Estanys. Tomo el camino de la derecha y me acerco a una pequeña área de mesas bajo una impresionante arboleda. Luego vuelvo hacia la entrada y tomo ahora el camino de la izquierda por asfalto hacia arriba. Un área delimitada con valla de madera queda a la izquierda sobre la arboleda que acabo de visitar, a la derecha del camino un vertedero, que me pregunto yo que ¿para qué están los eco parques? Puestos a desplazarte no es igual un sitio que otro? Y si tiras los escombros y trastos en un lugar autorizado te ahorras multas y tener que tirar a escondidas los trastos, y sobre todo dejas de ser un impresentable y un capullo, por no pasar a palabras mayores. Unos metros más allá una cadena cierra el camino que sube a la derecha hacia la abandonada cantera. Paso entre unas piedras y empiezo a subir. 

Allí arriba la vista es impresionante. En primer lugar el pequeño estanque junto a la montaña y los naranjos, tras él una barrera de cañas y juncos delimitan el camino de los miradores, y tras este la marjal que se extiende casi hasta el mar. A la izquierda de la montaña la zona inundable por la que he pasado hace un rato y que se prepara para recibir el maíz que pronto se plantará. El sitio es una maravilla por las extraordinarias vistas que ofrece, así que decido parar aquí para comer. Como el sol no aprieta demasiado y el airecito sigue refrescando, me calo la gorra y busco acomodo entre unas rocas planas entre tomillos y romeros. Ya solo falta que la cerveza aún esté fresquita. Doy cuenta del bocata mientras observo el inacabable paisaje con los mil y un detalles que ofrece la marjal en su camino hacia el mar; con las urbanizaciones que han colonizado la playa, con la chimenea aún visible entre los eucaliptos de una antigua fábrica, con las antiguas casas de labor diseminadas aquí y allí entre los campos, con las masías reconvertidas en cuadras por el creciente interés turístico de los paseos a caballo, con el mar inacabable que todo lo empequeñece o por el aroma de nuestro azahar que todo lo inunda. 

El espectáculo es soberbio, la dura subida ha merecido la pena. Acabo el bocata, guardo en la mochila la vacía lata de cerveza y el papel de aluminio que ahora pesan y ocupan menos y me lanzo hacia abajo para recorrer, ahora sí, el camino que rodea L’Estany. El antiguo molino cerrado creo que es ahora un centro de interpretación e información, pero cerrado informa poco. Menos mal que los carteles hacen su función. La zona de mesas y paelleros es un bonito lugar a la sombra de una creciente arboleda. El sendero se ciñe al lago y pasea junto a él. Una senda sube, a mano derecha a la montaña que veía desde mi atalaya durante la comida. 

Decido subir para obtener otra vista privilegiada del entorno. Algunos pescadores ocupan sus numerados puestos de pesca en pequeños muelles que se adentran sobre el agua. Recorro el sendero para llegar primero al manantial que nutre de agua clara y fresca al estanque. Luego sigo bajo la frondosa arboleda y llego al desvío de los miradores. 

Visito uno, el de Taiola, y luego el otro, el de Casablanca, dando la vuelta completa a esta pequeña joya y recorriendo en dos ocasiones este camino entre el parking y el desvío a la derecha que me saca del anillo del lago. Llego a otro camino y tomo a la izquierda en dirección al mar. Los campos anegados a ambos lados no ofrecen otra salida mas que seguir adelante. 

Otro cruce de caminos y ahora a la derecha dejando al frente el camino que llega al camping, me acompaña otro canal a mi izquierda. Este tramo de recto camino se acaba en un giro de 90 grados a la izquierda, dejo los caminos que salen a mi encuentro y sigo con el canal pegado a mi izquierda hasta que tengo que cruzar el canal y la carretera que va desde casas de Queralt hacia La Vall de Segó. Sigo recto sin ningún canal que seguir, paso junto a varias cuadras y el camino sale a al carretera de Quartell frente a un área de recreo cercada y cerrada, igual que la casa de Periya unos metros más allá. Pasado el puente decido dejar la Av. Europa para otra ocasión y me adentro, a la izquierda por las urbanizaciones que me irán acercando a casa de paso que voy conociendo el vecindario. 

El último espacio a visitar es un pequeño parque que tal vez fue, o que simula, un antiguo barranco o gola de la marjal al mar. Llego a casa a tiempo de tomar un café granizado mientras les cuento las batallitas del día y me pongo a mirar las fotos que he hecho hoy reviviendo así las aventuras y emociones de la rodada.