jueves, 9 de diciembre de 2010

Canal Júcar-Turia (Alberic-Picanya)

El verano pasado, recorriendo las rutas de Calles, tuve la oportunidad de descubrir una parte del canal del Turia. Este también lo hemos encontrado en rutas cercanas a Llíria. Esto me hizo plantearme recorrer todo el canal, pero ante la dificultad de encontrar ciertos tramos que no tienen camino paralelo, me puse a pensar en otro canal cercano a la base. El canal Júcar-Turia.
Buscando en G.E. localicé el inicio allá en la parte de abajo de la presa de Tous. Con paciencia, tracé la ruta sobre el mapa por caminos que discurren junto al canal, para llegar así hasta Manises. Después he visto en Wikiloc muchos tramos que podría haber aprovechado, pero toda la ruta entera no la he encontrado por ningún sitio. Así que me dispuse a completarla. Después tocaba resolver el otro problema: la kilometrada que suponía una ruta como esta. La solución era ir en metro hasta el inicio allá en Alberic. Pero el problema es que metro valencia no permite las bicis en todo momento ni en todos los trenes. Para poder hacerlo tenía que ser un festivo o un sábado por la mañana, cosa imposible para mí ya que la ruta es de todo el día. Por mis circunstancias de trabajo no he podido encontrar la fecha indicada hasta este puente de la constitución ya que me pillaba justo en el inicio de las vacaciones, pero un pequeño baile de fechas me había puesto en riesgo también estos días libres. Así que hasta última hora no he sabido si la ruta la podría hacer o no. Y digo podía ya que el resto del grupo no estaba por la labor de realizar esta ruta que les parecía un tanto descafeinada. Yo en cambio le veía más alicientes, o cuanto menos estaba dispuesto a buscarlos en cada pedalada.
Luego había que preparar la logística del metro, así que contacté con los amigos de http://metrobike.blogspot.com/ que amablemente se ofrecieron para acompañarme en esta ruta pues me dijeron que ya la conocían, además de facilitarme las normas del metro para el transporte de bicicletas. Pero como no tenía claro hasta última hora si la hacía o no, no podía quedar con nadie. Para colmo la bici también quería su cuota de protagonismo y tenía que llevarla el martes al mecánico para poder salir el miércoles.
El martes la climatología se une a todas las dificultades a superar en esta ruta y una ligera lluvia durante todo el día trunca mis esperanzas de poder hacer la ruta mañana, aunque no lloviera los pequeños charcos durante toda la ruta serían una molestia pero ¿y si llueve?. Solo me queda un domingo para hacerla, pero eso sí, después de una ruta de sábado encadenando así dos rutones seguidos. Y en el último momento se me ocurre otra idea: en lugar de empezar desde Manises y coger el metro subterráneo, se trataba de coger el metro ya en superficie, por ejemplo en Picanya, llegando hasta allí en coche y cambiar el final de la ruta para acabarla allí en lugar de en Manises.
Tracé el nuevo rumbo sobre el mapa con el que alimentar a “Treki” para acabar en Picanya, con lo que salía la misma distancia de ruta. Ahora ya puedo aplazar para el jueves la ruta. Me levanto aún de noche y desayuno con la oscuridad nocturna que subyuga el paisaje a la inexistencia. La mortecina oscuridad se irá diluyendo conforme llego a Picanya en coche y espero el metro de las 07:50. De allí hasta Alberic donde comenzaré la ruta. El tiempo para cubrir la ruta no me dejaba mucho margen para las paradas fotográficas, comida y almuerzo, ya que los días pre invernales acortan las horas de luz. Hoy el sol es cálido, pero la semana pasada apenas servía para algo más que dar luz, el calor se lo comía la lengua de frío polar que nos barrió de norte a sur.
El viaje en metro me sirve para ir ubicándome en este paisaje desconocido. Por la ventanilla observo los interminables campos de naranjos que cubren los terrenos de cultivos. Pero conforme me alejo de la plana del Turia los cultivos empiezan a cambiar. Los campos de caquis se alternan con los naranjos pero sus frutos más apretados y con los árboles más despejados de hojas parecen llenarlo todo. Bajo del metro y me pertrecho con todo el equipo para ponerme en marcha hacia la Muntanyeta de Alberic. La pinada que la rodea es un pequeño pulmón junto a la urbe. La subida a esta atalaya será lo peor que encontraré hoy, amen de algunas rampas para salvar los numerosos barrancos de la ruta. Nada supondrá, sin embargo, el más mínimo problema. El camino a modo de calvario, con las estaciones de penitencia a los lados, sube recto, dejando ver arriba la ermita de Santa Bárbara.
El paraje está muy animado con gente paseando y haciendo deporte, yo entre ellos, que por lo visto tienen este lugar como uno de los predilectos del pueblo. La visita es rápida ya que queda mucho por recorrer. El lugar es una preciosidad aunque no me entretenga en demasía pues es una pequeña tachuela que se recorre pronto. Cruzo la A7 por el puente de la carretera de Tous y me adentro en un camino a la derecha entre la autopista y una enorme fábrica. Luego giro a la izquierda para adentrarme entre los naranjos y los árboles que veía desde el tren. La recogida de la naranja está en plena ebullición y los jornaleros se apiñan junto a los camiones acarreando las pesadas cajas repletas de fruta. Subiendo hacia el inicio del canal voy de frente a La sierra del Caballón, esta dorsal montañosa cubre la parte norte del río Júcar y se prolonga hasta la sierra del Ave en el extremo noroeste y hasta Antella, a los pies del río en su extremo sureste. No tiene grandes altitudes pero es un macizo montañoso de gran extensión y diversidad paisajística debido, entre otras, a las caídas verticales hacia el río. No llegaré tan lejos. Hoy al menos no. Cruzo una pequeña urbanización y al poco me encuentro con La Masía del Pozo. Una imponente casona de aspecto señorial salida de otra época. Lastima del aspecto algo descuidado que poco a poca va apoderándose del edificio.
Continúo entre frutales para llegar a Tous. Cruzo el pueblo nuevo de Tous buscando la fuente, que junto con la fachada de la iglesia es lo poco que se rescató del antiguo pueblo. El pueblo se trasladó aquí cuando se construyó la presa que lleva su nombre. Tan solo dos años después de entrar en funcionamiento, la famosa y fatídica riada se llevó por delante la presa y sembró el desastre y la destrucción a su paso por La Ribera. Hace apenas mes y medio se cumplían 20 años de aquel terrible suceso. Con el traslado, el pueblo dejó de pertenecer a la comarca de La Canal de Navarrés y se emplaza ahora en La Ribera Alta. El trazado simétrico y lineal le confieren su característica impersonalidad que, a la vez, es la personalidad marcada de estos pueblos de nueva planta, como este, Marines, Domeño o Loriguilla. Otra de la característica de estos pueblos es la tranquilidad que rezuman. Esa, principalmente, es la que más me gusta. Subo hacia la Parroquia de San Miguel que llena el “ski line” con su campanario separado de la iglesia en una preciosa plaza arbolada.
Acabo de cruzar las calles exteriores buscando el camino que me lleve al inicio del canal. Casi sin darme cuenta llego a la barandilla, al quitamiedos que acompaña, de inicio a fin, al canal. Veo el agujero que surge de la tierra entre una bóveda de cemento.
Este no es el verdadero inicio pienso cuando lo contemplo. Solo en el corazón de la presa está el inicio. Pero esto es lo máximo que puedo encontrar. Empiezo a buscar un buen lugar donde almorzar para así reponer algo de energías desde el ya lejano desayuno. Sigo avanzando a la espera de encontrar unas vistas abiertas sobre La Serra de Corbera que muestra su fracturado paisaje como una única montaña con mil picos.
No acabo de decidirme y continúo hasta un pinar que veo al frente. De ahí no paso me digo mientras voy acercándome. Efectivamente, el área recreativa de La Garrofera, con su espectacular belleza, me dejará reposar un buen rato sumido entre sol y sombra bajo la fragancia de los húmedos y brillantes pinos y la tierra aún blanda de las últimas lluvias aportando su aroma, fundiéndolo con el entorno y multiplicándose en cada choque de fragancias.
Tras el breve descanso me digo que tengo que ir dando pedales un poco más rápido, que si no, las mil paradas fotográficas pasarán factura y el tiempo no se para. Incremento un poco el ritmo, poco a poco y conforme baje el almuerzo iré más rápido. Eso es lo que me digo, pero parada tras parada corto el ritmo y tengo que empezar de cero. El canal sigue su curso ajeno a mi intromisión, ajeno a las alegrías y las penas que le rodean. Ajeno a los ritmos de la vida. Los verdaderos y los más artificiales creados por los hombres, por aquellos que le hicieron nacer. El Júcar, ahora bicéfalo, se desliza perezoso por su nuevo cauce. Tanto que si no fuera por las pequeñas esclusas que de cuando en cuando tiene que saltar en su camino, se diría que está estancado. Vamos juntos desgranando los kilómetros. Vamos admirando, yo con más interés que él, el monótono pero cambiante paisaje. Los caquis le comen terreno a los naranjos. Su colorido fruto se apretuja en racimos de carnosas frutas del tamaño y color de las naranjas.
Uno de esos cultivos tropicales que ha llegado para quedarse y que en esta zona de la ribera tiene sus más preciados frutos con denominación de origen. El ridículo precio que por la naranja recibe el agricultor no compensa, ni de lejos, el esfuerzo y la inversión para mantenerlas. Al menos en las pequeñas explotaciones. El camino de servicio del canal, es de uso exclusivo para la C.H.J. y autorizados, de ahí el escasísimo tránsito de esta vía, que como eje integrador norte-sur bien podría ser declarada, preferentemente, de uso cicloturista. Esta sería una reivindicación que los ciclistas podríamos hacer a las autoridades competentes. Sigo cruzando caminos agrícolas que suben hacia los campos, en todos ellos el stop está en el camino que voy siguiendo, es lógico que un camino de servicio no tenga la preferencia, y tampoco es que importe mucho, para este rodar tranquilo no representan ningún problema. Tras cruzar el río Seco la blanca figura redondeada de la ermita de San Bernardo refulge bajo el sol delante de Carlet. Poco después se cruza la CV-35, aquí si que hay que tener cuidado ya que es una carretera importante. Luego una larga recta me acerca hacia el lecho del río Magro. Van quedando atrás Les Llomes de Matamonts a la izquierda, una elevación separada del macizo de La Sierra del Caballón, y en su sustitución se presenta delante La Serra de Falaguera con el Besorí como máxima elevación, y ya cayendo hacia el oeste convertida en La Serra D’Aledua a la que le debemos una visita.
Un enorme acueducto salva la anchura del cauce del río, que no se corresponde con el ínfimo caudal que baja escurriéndose entre el pedregal del lecho, desde el azud de Carlet, aunque técnicamente se lo reparten Alfarp y Catadau.
La fauna se deja ver en este singular paisaje rodeado de canteras, piedras y agua. Un agua tan escasa que apenas alimenta una vegetación rala y escasa, como si esta no creyera en la capacidad del río por alimentarla.
Se sube el desnivel desde el río y el camino describe un giro a la izquierda para salvar la montaña. Luego Alginet se presenta a la derecha y el paisaje cambia. Seguimos entre naranjos y caquis, aunque estos últimos comienzan a desaparecer poco a poco, a partir de aquí los naranjos volverán a reinar en el paisaje.
La Serra de Corbera ya se deja ver como montañas independientes que antes eran un todo único, lo que no cambia son los mil picos que la coronan. El Montdúver también se suma a la fiesta.
Y poco después casi a la limón se presentan, tras las torres de la penitenciaría de Picassent La Albufera y el mar. Y al frente La Calderona. Ya estoy en casa. Su sola presencia me guía en una única dirección. Me llame, me atrae. Es como al salir de viaje en coche volver a entrar en tu provincia, ese pensamiento de que ya has terminado, que esto se acaba. Pero no se acaba. Solo llevo la mitad de la ruta. Aunque en términos paisajísticos era la mitad más sobresaliente. Las diferentes acequias, motores y balsas de riego se suceden para regar este terreno a caballo entre La Ribera y L’Horta.
Al llegar a Picassent el canal desaparece bajo tierra. Sin salir del camino que llevaba llego a una rotonda, a la izquierda hacia un polígono industrial, otra rotonda e inmediatamente después a la derecha hasta encontrar de nuevo el canal. Será solo por unos instantes ya que el camino muere a al entrada de un chalet, retrocedo un poco y bajo por una senda sin dificultad hasta una carreterita que me lleva a cruzar un barranco, subo y me reencuentro con el canal. Veo por donde venía y estoy tentado de ir hacia atrás para estudiar si habría posibilidad de haber seguido con él. Intento pasar por el acueducto, pero la altura a un lado y el agua al otro me imponen un poco de respeto por no decir canguelo, así que decido que está bien así y continúo.
La A7 ya es visible y pronto la cruzaré por debajo, esto me acerca de forma irremisible a lugares conocidos de la ruta de Santa Ana. Siguiendo aquel mismo trazado llego hasta El Vedat de Torrent. Quiero seguir por la superficie lo más cercano posible al trazado subterráneo del canal. Eso me hará callejear como pollo sin cabeza hasta cruzar el monte y salir al otro lado a recuperar el camino junto a la corriente que sale, refrescada de este día caluroso, bajo la oscura montaña.
Retomo mi guía y voy desgranando lo que sé que son los últimos momentos de la ruta. Así que busco un lugar agradable para comer y disfrutar de la compañía del agua, intentando dejar que me alcancen aquellas primeras gotas que dejé atrás con mi rápido pedaleo, en un corriente perezosa y soñolienta que salía de la montaña al principio de la ruta. Veo venir la corriente y me pregunto si serán estas aquellas gotas.
Transparentes, llenas de vida y acariciadas por los peces que viven en el canal, por las plantas acuáticas que se aferran a los sedimentos del fondo y se mecen al vaivén de su corriente peinando el agua, como si ella lo necesitara, filtrando sus hebras de infinita continuidad. Me pongo otra vez en marcha después de hablar por teléfono con Teba que estaba preocupada por esta ruta que me traía desde tan lejos. Hoy cruzaré el barranc del Poll por encima del canal, pegado a la cornisa lateral y salvando la barandilla del final para bajar otra vez al camino.
Este sigue, cruzando un par de carreteras y la vía del tren, hacia el P.I. de Quart donde veo la reja por la que se filtra el agua y que detendría, si fuera el caso, su ansia de volver atrás, su miedo a la oscuridad bajo la tierra, sus ganas de continuar camino y no llegar a aquel final junto a la balsa de La Presa allá en Manises y juntar sus aguas con las del Turia.
Pero no es el caso. Sumisa y silenciosa, contenta diría yo, se adentra en las profundidades de la tierra, como aquel metro que no pude coger ayer, sin mirar atrás, sin despedirse de mí que la he acompañado durante los casi 53 Km. de canal, sin un saludo o un hasta pronto. Silenciosa, vacía de emociones superficiales que deja para nosotros los humanos.
Yo tampoco tengo tiempo para despedidas nostálgicas, le hago la foto en el lugar del último adiós y retrocedo para dirigirme a Alaquás.
Por el camino del cementerio entro en el pueblo, cruzo el P.I. y me encuentro con el carril bici que callejea y me da seguridad para moverme por las calles. Este carril bici no es una excepción, es una continuidad que te lleva de un pueblo a otro en esta zona y conecta con el carril bici de Picanya, Aldaia y Chirivella por lo menos, puede incluso que con Torrent. Seguro que este ejemplo no lo han tomado de Manises ni de Valencia que ha aprobado una ley para multar a los ciclistas que vayan por la acera. Es mejor que vayamos por la carretera para que nos puedan atropellar y de paso no cabrear a los peatones. Nunca me he quejado de que los peatones vayan por el carril bici, pero no me gusta que los peatones nos critiquen por utilizar las aceras para no tener que ir por la carretera y jugarnos la vida, cuando además es una máxima: pinta un carril de rojo o de verde y aunque haya sitio al lado todos andarán por ahí.
No me quejo porque entre otras cosas, a veces, también soy peatón, y conductor. Y sobre todo persona. Entiendo las dificultades de todos los colectivos implicados en este difícil tema de la movilidad, solo con respeto y un poco de buena voluntad podremos conciliar los intereses de todos. Era el momento protesta de la ruta. De ahí solo me queda volver a internarme por un instante en el polideportivo de Picanya, precioso paraje que vale la pena recorrer, para sumergirme en la sombra de la arboleda y llegar después hasta el pueblo y dar por concluida una jornada de pedaleo con sus buenos 80 Km. de recorrido y de cambiante paisaje. Pronto estaré por aquí contando nuevas rutas.





Track de la ruta: http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=1347695 

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Cheste-Fuente Umbría (Fuentes de Chiva I)

Por el camino venía pensando en titular esta ruta como la ruta de las fuentes sin fuentes. No sería del todo junto ya que he pasado, o mejor dicho localizado, 6 fuentes. De las 14 que tenía marcadas me he perdido 8, de ahí el título pensado. No digo que las fuentes no existan, quizá estén algo desviadas de las que tengo marcadas en el mapa del GPS. Al calibrar los mapas puede pasar que la fuente se lleve unos metros más allá como ya me ha sucedido en alguna ocasión, incluso hoy con la fuente de Corrachán. Pero si la fuente no está señalizada en el camino, el encontrarla se convierte en misión imposible pues no sabes si existe o si está en otro sitio.
Hoy no había empezado la ruta con la mejor disposición. Salgo de casa con el humor algo torcido. Espero que al empezar a dar pedales se me pase. Llego en coche hasta el polideportivo de Cheste, que me ve iniciar una nueva ruta, enseguida cruzo sobre de los dos barrancos que me van a ir acompañando a lo largo de la ruta de hoy en el momento que se unen y justo antes de ir a desembocar en el barranc del Poll o rambla de Chiva. Voy hacia Chiva por el camino de siempre, pasando por el cementerio. Después de pasarlo llego a la carretera y giro a la derecha, unos metros más adelante a la izquierda para cruzar la vía. Primer obstáculo y pie a tierra. Dejo atrás los raíles y empieza a subir el terreno. Por aquí debería de estar la fuente Arquillo, pero lo dicho o no está o no está señalizada. Continuo en ligera subida, al final este será uno de los peores tramos de camino que encontraré, y eso que no está del todo mal. Algo más allá llego a una bifurcación, un cartel con el nombre de Puente del Arco Iris me deja algo intrigado. Sigo a la derecha y enseguida a la izquierda. El camino pasa por entre unas casas algo peculiares, ya el nombre, Madre Tierra no deja indiferente, dos nombres peculiares muy cerca uno del otro, no creo que sea casualidad o competencia de un vecino con otro por rivalizar en el mejor nombre. Ahora, mientras plasmo la crónica de la ruta he buscado información y me encuentro con que es una eco aldea, casas autoconstruidas y ecológicas. Me parece un bonito proyecto aunque desgraciadamente no veo un cambio de tendencia en la sociedad como para hacerlo viable a gran escala, dudo que lo sea incluso a escala personal para mantenerlo de forma permanente. El monstruo de la economía de mercado en que vivimos acaba engulléndolo todo y no es tan fácil salir de este círculo. Sigo bajando hacia el barranco, ya veo hacia donde voy y espero que pueda pasar. Pues vana esperanza la mía. El camino muere en unos guijarros junto al curso del barranco, apenas hay un hilo de agua pero el angosto paso entre la vegetación y la subida por un terraplén hacia el otro lado me obligan a bajar de la bici. Vuelvo a encontrar el camino y llego a la carretera, giro a la derecha ya que de frente una explotación ganadera me cierra el paso. Así llego al lugar indicado como La Cueva Morica. No estaba previsto pero habrá que ver el lugar. Bajo hasta el lecho del barranco por una senda sombría y empinada.
Abajo, unos enormes árboles se alinean a la orilla del curso del barranco. Sus ramas desnudas parecen dedos queriendo arañar el cielo. La cueva tampoco la veo por aquí cerca así que con más fallos que aciertos hasta el momento me pongo otra vez en marcha. Giro a la izquierda para bordear el campo en el que descansan las reses. Llego a la casa y busco la fuente del Pájaro, tampoco está ni se la espera, tal vez solo sea el abrevadero o una balsa repleta de patos que hay a la sombra de la casa. El camino asfaltado continúa hacia la fuente Del Piojo, ídem que la anterior. Vale, pues al final voy a encontrar fuentes si o si. Ya es una cuestión de orgullo. La siguiente es fuente Incóllar. Esta ya la conozco y estar está, así que me apuntaré un tanto. Llego a la indicación de la fuente y giro a la derecha abandonando el asfalto, enseguida llego a la fuente, unos metros más adelante giro a la izquierda para comenzar la bajada hacia el barranco Grande. Este tramo ya lo conocía pero realmente me había olvidado de él. Lo hicimos en sentido contrario en la ruta http://rodaipedal.blogspot.com/2007/12/ruta-pedralba-chiva-cheste.html Subo por el otro lado por un firme en muy mal estado por la acumulación de piedras sueltas, pero aun así se puede subir tirando de potencia y encontrando la trazada buena que no te haga tropezar con algún pedrusco. Ya empiezo a dudar de si encontraré o no las fuentes, al menos fuente Viñas se que también está en su sitio. Las otras dos que hay entre medias, la fuente Del Estrecho y la Del Fraile no hay pistas sobre ellas.
Ya muy metido en la falda de la montaña la ubicación de fuente Viñas se hace visible a lo lejos. Los últimos campos de cultivos antes de la vegetación de monte dejan una pincelada otoñal en la retina. Llego a la fuente y paro un momento a fotografiarla y gozar de esta bonita y tranquila ubicación.
Cargado con las fotos me dejo caer por el camino hacia fuente Rosemblanc. Poco a poco el camino se inclina hacia el barranco Grande otra vez, luego entra en una pendiente muy pronunciada pero en la que no te puedes dejar llevar ya que hay muchas curvas y los tramos son muy cortos, atando en corto los arranques de la bici, llego abajo para encontrar el curso de la rambla y los penachos de las cañas que se nutren de las aguas en las zonas bajas de los barrancos.
Voy rodando por el fondo del barranco metido entre los cañones de las montañas. Con lluvias o incluso días después de fuertes lluvias no será un camino aconsejable ya que imagino los pasos estarán inundados y con fuertes corrientes. Así llego a fuente Rosemblanc y sigo por el camino que cruza numerosas veces el curso del o de los barrancos, ya que aquí se juntan las laderas de varias montañas creando diferentes cursos de agua. Según en que mapas mires estos reciben diferentes nombres por lo que unos los conocerán por un nombre y otros con otro. Remonto por una zona de arboleda hacia la carretera asfaltada que tomaré a la derecha para dirigirme al cruce de caminos que suben hacia el Enebro, la Nevera o Ballesteros. Tomo el primero a la izquierda. Los cultivos son los propios de zonas poco irrigadas.
Las vides esperan la poda mientras sus ramas se estiran sin fin, las hojas pintan de amarillo sobre un suelo rojizo y el sol las quema tornándolas de un ocre mortecino, preludio de su pronta caída antes del invierno. Los algarrobos ya están siendo podados en algunos campos, las ramas caídas se van apilando en pequeños montones que serán el calor de muchos días en los próximos meses. Hace unos años, con las boyante economía sustentada en el ladrillo, este cultivo era poco rentable; ahora, los campos descuidados por la inactividad en los últimos años y el robo de las algarrobas por los amigos de lo ajeno hacen que el futuro de este cultivo esté muy amenazado. Veo como este tradicional cultivo en tierras valencianas va desapareciendo poco a poco. Los olivos son los últimos que esperan turno para recolectar su fruto. Aceitunas verdes y negras se arraciman en las puntas de las ramas descolgando estas por el peso que soportan. Aunque no llegan a tener que ser apuntaladas como los naranjos, también sufren el peso de su fruto que ha ido engordando en los últimos meses. Y con estas imágenes y los pensamientos que evocan me voy metiendo casi sin darme cuenta en pleno monte.
El camino se adentra en zonas más boscosas. Al menos lo fueron antes de los brutales incendios que calcinaron estos bosques. Son curiosos los grupos de pinos que se libraron de la quema y crecen sobre un paisaje de monte bajo. Alguna vieja construcción ve el paso del tiempo con la resignación de ser un fósil olvidado. Las Veredas o Cañadas Reales, casi reducidas a reivindicar legalmente su derecho de paso, son caminos olvidados que dejan tras de sí muchas de las construcciones que encontramos por la montaña.
Sin el transito de los ganados los corrales y refugios se desmoronan por falta de mantenimiento, los caminos desaparecen bajo la invasión de arbustos y árboles que también reivindican su propiedad sobre el terreno. Y al final nos quedamos sin una cosa y sin la otra. Sin caminos y sin plantas, sin ganados trashumantes que regeneraban los pastos y sin tradiciones ancestrales que nos mantienen con una forma de vida natural, sin aditivos, sin conservantes ni colorantes. Y cuando algún político se quiere acordar de estos caminos olvidados es para ponerle una capa de cemento encima y hacer una carretera que acorte el camino entre dos puntos por medio de la montaña, así que es mejor que sigan en el olvido. El paso por el barranco de Ballesteros no es fácil. La pendiente de bajada es muy pronunciada, pero la subida me hará sacar el mejor repertorio de la ruta de hoy. Una subida brutal en la que la rueda trasera pierde tracción constantemente. Ya arriba giro a la derecha y llego a otro cruce. Me paro a mirar el panel interpretativo y al ponerme en marcha me confundo al mirar el track. Tenía que continuar recto y luego volver por ese mismo camino para girar a la derecha y emprender el regreso. Cuando me quiero dar cuenta estoy en pleno camino de regreso sin haber visitado fuente Umbría que es el punto más alejado de la ruta y como aquel que dice el plato fuerte de la jornada. Viendo como el camino se dirije hacia Chiva empiezo a pensar que esto no es muy normal, así que paro a mirar el track con detenimiento. Total he hecho 3 Km. de nada por el morro con una buena bajada que ahora, al volver atrás, se convertirá en subida. Esta parte la he suprimido del track para no liar a nadie que quiera seguirlo. Llego otra vez hasta el cruce y miro al panel como reprochándole mi equivocación; no se digna ni en devolverme la mirada desafiante. Me interno en el camino aéreo sobre el barranco.
Por todas partes los restos de árboles caídos siembran el paisaje de troncos mutilados, tocones pudriéndose al sol, a la intemperie cruel y salvaje, a la agresión sin tregua de animales y plantas en busca de refugio o de comida. Igual que ellos mismos hicieron en su día con otras plantas, con otros animales, ley de vida. La diferencia es que estos árboles encontraron la muerte por causa injustificada. Incendios forestales que rara vez, y menos con los pocos bosques que quedan, tienen un origen natural. Montañas peladas como dirían mis compañeros. Montañas al fin y al cabo. Me llenan los ojos de imágenes tanto como el alma de paz. Respiro tranquilidad en medio de estos paisajes. Ya no tanto por que tengan árboles o no. Tiene más que ver con la soledad. Con estar lejos de las ciudades, del ruido, del atroz y atronador ritmo de vida que llevamos. Montañas. A mi me vale.

Giro con el plegamiento de la montaña. Con la “s” que hace el camino esquivando la curva de nivel que se despeña hacia el barranco. Llego hasta la entrada de una casa bajo una increíble arboleda.
El camino gira a izquierda y sube una portentosa rampa que marcará su buen 15% de desnivel. Por suerte el firme está en buenas condiciones y aunque con algún derrape voy subiendo más o menos bien. Las excelentes cualidades escaladoras de la bici me facilitan mucho el trabajo. Pienso esto para insuflarle ánimos a la bici pero quien más los necesita soy yo. Llego a otro cruce. A la izquierda está cerrado con una cadena y no tengo que continuar subiendo, menos mal, ya que ese tramo está asfaltado y sé lo que eso significa. Me quedaré con las ganas de llegar a la casa que hay arriba y que promete unas vistas inmejorables.
Voy a la derecha pegado al barranco, viendo al otro lado el juego de sombras chinescas que se traen entre árboles el Sol con las nubes. Enseguida veo la fuente.
Ya sé el porqué de su nombre. La montaña de detrás no permite ni un rayito de sol. Sumida en la sombra, el frío invierno se cobijará aquí hasta el próximo verano. Me acomodo en el banquito que la rodea y saco el bocata y la cervecita.
El imposible, de reproducir, ruidillo del chorro de agua sobre la poza, amenizará mi estancia en el lugar mientras algún pájaro parece multiplicarse por el sonido amplificado de su canto en el profundo valle. Me estoy quedando helado una vez parado aquí. Me pongo el chubasquero para mantener un poco el calor pero aun así decido comer rápido y ponerme otra vez en marcha. Antes gozaré de un estar placido y tranquilo que si no fuera por el frío me invitaría a una siestecilla. Continúo el camino que según los mapas no tiene salida. Enseguida un camino baja a la derecha hacia el barranco y lo veo llegar a unas casas al otro lado. Este camino de bajada tampoco existe en los mapas y en cambio sí uno al otro lado. Pero la realidad dice todo lo contrario, y una vez allí no hay forma de encontrar el camino a seguir. Doy varias vueltas, e incluso me adentro en una senda que sube la montaña con la esperanza que algo más adelante esté el enlace con el camino. Nada. Tan desaparecido como las fuentes.
Bajo por unos bancales y me meto entre la maleza, los arbustos me clavan sus pinchos sin piedad recordándome que este no es mi sitio. Los campos recién labrados no me dan pistas de la dirección a seguir. Pero el track se mete por allí. Sigo moviéndome para afinar más mi posición y dar con el “camino”. Por fin bajo otro bancal y veo una senda oculta desde la parte de arriba. Al final veo que desde la casa estaba a escasos metros de la senda, aunque el campo labrado me ocultaba la ruta a seguir. Al otro lado de los 50 metros de senda llego a otra casa, y una especie de paseo arbolado me lleva al camino principal.
Una cadena corta el paso, por lo que veo que este track solo es factible si vas hasta la fuente y vuelves por el mismo camino, o bien si continuas desde la fuente hasta enlazar arriba de la montaña con el camino de la Nevera. Bueno, superado el obstáculo voy bajando hasta alcanzar el fondo del barranco y remonto para ir a parar a la casa donde giraba el camino. Parece una casa particular y no un refugio o algo parecido, esto sería una gozada por lo bonito del enclave. Ahora si que toca la parte de regreso. Por la equivocación de antes ya conozco un tramo de vuelta. El camino, en muy buenas condiciones, me hace rodar rápido por caminos entre cultivos con el marco de las montañas de fondo.
Vuelvo a entrar en una zona de sube y baja por el continuo paso entre los barrancos que bajan de las montañas y parecen zarpazos en la piel de la tierra. Fuente Salinas, desaparecida del mapa, no será visible. Ya dudo de desviarme hacia fuente Corrachán pero si no voy dejaré la ruta demasiado corta, además esté o no la fuente, el camino quiero recorrerlo, a eso he venido. Bajo hacia el barranco por un camino algo descarnado.
Luego el GPS me indica que la fuente está en el fondo del barranco, cruzo un pequeño reguero de agua y subo por el indicado como PR. Ni rastro de la fuente. Menos mal que continué el camino y no me volví atrás porque la fuente está en la siguiente curva. Todas estas fuentes tienen la particularidad de tener el caño a escasos centímetros de la poza donde cae el pequeño hilo de agua, que digo yo que una vez acondicionadas, se podría haber dejado algo más de espacio para poder llenar una botella o beber directamente del hilo de agua que cae, así se hace muy complicado. Remonto el barranco por una pendiente más larga de lo habitual y con un firme muy roto. Llego a una cuadra y un letrero que indica la fuente Alamillo pero no la tengo marcada en la ruta, así que giro a la derecha y cojo enseguida otro camino a la derecha, éste pasa por fuente Moreno, tampoco la localizo. Mientras tanto el camino encuentra un desnivel y empieza a bajar progresivamente. A poco que doy pedales la velocidad se incrementa a marchas forzosas. La bondad del firme me hace volar por este tramo que disfruto de manera inesperada hasta volver a cruzar el barranco por enésima vez. Ya al otro lado iré pasando junto a cuidados campos de algarrobos y olivos; alguna viña romperá la hegemonía de los dos cultivos anteriores.
Rápidamente llego al cruce donde un antiguo refugio de cazadores también se desvanece en el olvido. Luego sigo de frente por un camino asfaltado y en ligera subida. Los muchos dientes de sierra de esta ruta ya imponen la fatiga a la que han sometido a mis piernas, y estas se toman con calma el pequeño desnivel. Luego la bajada pone otra vez velocidad a la parte final de la ruta que me llevará hacia Chiva, no sin antes pasar por fuente Forraje.
Esta si está señalizada en el camino a pesar de no estar visible desde allí y tener que desviarse unos 70 metros. Así que me pregunto qué es lo que habrá pasado con las otras fuentes. Desde aquí al coche sin más incidencias por un camino más que conocido que no presenta dificultad alguna. La segunda parte de esta ruta ya está medio planeada para seguir conociendo más fuentes en las montañas de Chiva. Como no podrá ser de otra manera ya os contaré como transcurre, mientras tanto irán llegando otras rutas que ya están completamente planeadas.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Manises-Ermita Santa Ana (Albal)

A estas horas creía que estaría contando que la ruta no era para tanto. Que la había hecho porque quería conocer la ermita pero que el resto me había dejado frío. Bueno, frío si que me he quedado con la chopada que me he pegado, pero de verdad que la ruta ha sido la sorpresa de la temporada. De todas las otras rutas ya esperaba vistas bonitas, lugares increíbles, dureza en las subidas y bajadas espectaculares, paisajes grandiosos y emociones a raudales.
En cambio en esta esperaba una ruta muy urbanita que pasaba por mil y un polígonos, por pueblos, calles, entre coches y tráfico, urbanizaciones, la ermita y poco más. Pues si, ha sido todo eso, además de un chaparrón que no estaba previsto, o al menos no anunciado en la previsión meteorológica de ayer, pero sobre todo me ha desmontado los prejuicios que tenía de antemano sobre los lugares por los que iba a rodar. Y es que, quizá por esperar poco de la ruta esta se ha revelado y me ha parecido mucho más de lo que esperaba. Ni siquiera el mal tiempo y el barro acumulado me ha tumbado el entusiasmo al terminar.

Salía desde Manises para acortar algo la ruta y de paso si esta era apta ya estaba trazada para todo el grupo. Así que a toque de despertador y con un cielo con alguna nube pero limpio, desayuno y me cargo la Zesty en el grandote. Aparco junto al instituto y me pongo en marcha por el “carril bici” que no está señalizado como tal en la calle Rosas, por donde antes transitaba el tren que ahora, convertido en metro, se hunde bajo tierra. Giro a la derecha hacia el barrio San Jerónimo y busco la pasarela para cruzar la A-3. unos metros de arcén y giro a la derecha paralelo a la carretera Quart-Aldaia que cogeré unos metros más adelante por el carril bici. Todo este tramo ya lo conozco de cuando hicimos la ruta de Calicanto por Aldaia. A la entrada de Aldaia giro a la izquierda y voy por el carril bici del parque de la ronda de Alaquas que es hacia adonde me dirijo.
Este parque es una pequeña joya, una preciosa y tranquila arboleda con zonas diferenciadas para diversas actividades y que constituye un pequeño pulmón para el pueblo. Al final llego a la vía del tren que separa los dos pueblos. Cruzo por la pasarela y giro a izquierdas hasta alcanzar el carril bici junto al instituto. Luego toca callejear por una zona de casas antiguas, de las de antes, de cuando los pueblos eran más pequeños y las economías domesticas más modestas, las de antes de la especulación y la barbarie inmobiliaria que fue uno de los motores principales, aunque no el único, de la tremenda crisis que padecemos. Esas casitas que me recuerdan al barrio de Manises donde nací y pasé mi infancia, aquellos tiempos en los que jugábamos en la calle de sol a sol cuando las vacaciones lo permitían o desde después del colegio hasta que se hacía de noche en época escolar. De cuando el tráfico no era el dueño absoluto de las ciudades y no representaba el peligro inminente que es hoy en día. Cuando las consolas y ordenadores no existían y jugábamos a las chapas o a las tellas ¿alguien se acuerda de estos juegos?, al churro va, a las canicas en las calles sin asfaltar para poder hacer el “gua”. Pienso todo eso mientras veo estas casas cuando de pronto llego a una plaza con una fuente y frente a ella el castillo de Alaquas.
Recorro la plaza buscando el mejor ángulo para hacer una foto y casi me meto en la cola del paro. Esa misma cola que hace unos meses me tenía entre sus ocupantes, esa cola ante la que me siento algo culpable de estar aquí haciendo una foto ante la preocupación y la angustia de los que la engrosan. Rodeo el castillo para gozar de esta obra arquitectónica que data de entre los siglos XV-XVI más información: http://castell.alaquas.org/esp/monumento.php incluso entro en el vestíbulo para obtener una imagen del precioso claustro.
Ante la mirada un tanto crítica del conserje por haber entrado con la bici me voy rápidamente antes de que me pueda llamar la atención.

Sigo en la misma dirección que llevaba callejeando hacia la salida del pueblo para topar con otro carril bici que se ciñe a una carretera. Me ha sorprendido la cantidad de carriles bici que hay por estas poblaciones, por otra parte es lógico ya que están ahogadas por vías de tren y autopistas. Aunque no siempre por ese motivo los gestores municipales acometen estos carriles como vías de escape, en este caso sí lo han hecho y con bastante buen criterio. Llego a una rotonda y giro a la izquierda por un camino pegado a la faraónica obra del Ave. Otro impedimento que no tenía en los mapas y que hay que superar. Y mientras decido por donde cruzo la vía comienza la lluvia. Con una intensidad moderada pero constante me hará buscar refugio en el polideportivo de Picanya. Antes habré tenido que cruzar por un paso inferior junto a la masía del Pollastre. Lo curioso de este paso es que al otro lado hay una acequia y tienes que bajar de la bici para salvar los escasos 4 metros que faltan hasta el camino, ¿a nadie se la ha ocurrido eliminar este pequeño obstáculo? Está visto que no. La masía es una ruina o casi, el cartel que luce su nombre, en cambio, es una llamada a aquellos tiempos a los que hacía referencia. Llego a cubierto bajo la terraza del polideportivo y me decido a esperar a que escampe.
La espera me tendrá retenido casi 2 horas en las que almorzaré para ganar ese tiempo que si no me hubiera faltado a la postre. La pinada que rodea el bar es una maravilla que parece no inmutarse ante el aguacero. Ya que otras veces he tenido que criticar la actitud de ciertos personajes hoy quería agradecer la amabilidad y el comportamiento de Amparo, la encargada del bar que me ha servido un café calentito cuando estaba helado y empapado como un pollo y me ha tenido que aguantar allí todo el rato que ha durado la lluvia. Al final y viendo que no paraba del todo me he puesto el chubasquero y “he salido a la lluvia” como Manolo García, para llegar, entre campos de naranjos, a Picanya. Otro carril bici que lleva del polideportivo al pueblo y cruza la autopista CV 36. Luego cruzo el barranco de Torrente o barranc del Poll y llego hasta la vía del metro.
Paralelo a ella me muevo por un parque, otra preciosa arboleda que pinta de color el otoño bajo los árboles y que junto a la resbaladiza pintura verde, por efecto de la lluvia, del carril bici –otro más- observo los letreros que ponen nombre a los árboles. Por suerte a partir de aquí iré de espaldas a la lluvia y el rodar será algo más cómodo. Cruzo el paso a nivel y unos metros más allá el enésimo carril bici me saca del pueblo. Giro a la izquierda para dirigirme a una zona semi industrial con algunos almacenes pero sobre todo a un laberinto entre naranjos. Caminos asfaltados que se bifurcan como arterias entre campos de verdes hojas pintadas con el llamativo color de la fruta. Las villas y masías no tardan en llegar. Preciosas casas antiguas casi todas ellas restauradas y rezumando tranquilidad en medio de este mar de frutales.
Casas que, vistas desde otro carril bici, dan envidia de no poder ser el afortunado inquilino, pero que vistas desde dentro tendrán el portentoso trabajo que requiere la vida en el campo. Hoy me quedo con la parte externa y hago unas fotos que me muestren esa tranquilidad que más de una vez echaré de menos allá en la ajetreada vida del “no biker”. El caminito se cierra y se estira bajo los alargados cipreses que lo aprisionan y me llevan hacia la autopista.
Junto a ella me dirijo hacia la torre de comunicaciones de Catarroja que se eleva como un faro y que se puede ver desde una distanacia grandiosa. Junto a su alargada figura cruzo la autopista por un puente desde el que veo ya la pinada donde está la ermita.
Algunos coches, o mejor dicho ninguno de los que me encuentro en este tramo tendrán la consideración de aminorar la velocidad para no salpicarme con los charcos del camino, incluso alguno me pitará para que me aparte o vaya más rápido, no sea que los 5 segundos de retraso que le pueda ocasionar sean fundamentales en su vida. Igual si. Bueno, por fin llego a la ermita. Al premio de la jordana, al plato fuerte de esta ruta.
Como por ensalmo la fina lluvia que me acompañaba para. El lugar está cuidado al máximo. El suelo está barrido de las afiladas hojas que sueltan los pinos y solo se ve el blanco de la arenilla del suelo. Una fuente, bancos y la fachada del edificio entre los árboles invitan a pasear por el recinto y disfrutar de las panorámicas que se ofrecen para capturar la mejor foto.
El ambiente lluvioso a dejado una atmosfera cargada y pesada que parece ralentizar los movimientos y apaciguar los sonidos. Veo que el lugar no tiene pérdida posible pues justo al lado se eleva otra portentosa torre como un embudo o como una flecha que indica hacia abajo “aquí aquí está la ermita” y que es visible desde muy lejos. La iglesia está cerrada, pero una rápida visita al pequeño altar de piedra que hay detrás de la ermita pondrá punto final a este agradable estar que me tendría que haber soportado durante el almuerzo pero que la lluvia a aplazado para otra ocasión.

Me pongo en marcha buscando los caminos secundarios. Por fortuna aún han aguantado el envite del cemento muchos campos que alternan una gran variedad de cultivos. El olor de algunas plantaciones recién cosechadas impregnan el ambiente.
A lo lejos veo el otro punto caliente de la ruta. El monte Vedat se eleva tímido entre la masa de chalets que han ido creciendo no solo a sus pies sino en pleno corazón de la montaña. Antes de llegar allí llegaré al canal del transvase Júcar-Turia. Esta es otra ruta que tengo pendiente, salir desde el inicio del canal allá en el pantano de Tous y llegar hasta Manises pegado al canal. La idea es llegar en metro a Massalaves, llegar hasta el canal y bajar siguiendo sus aguas. Hoy llego hasta él por caminos asfaltados pero menos transitados de lo que imaginaba, lo que representa una agradable sorpresa que no me esperaba.
Lo sigo hasta verlo desaparecer bajo la montaña, la cruzará por debajo en oblicuo para salir a la cara noroeste del monte. Yo mientras tanto callejeo por asfalto vertido sobre la piel natural de la montaña, una montaña que se resiste a desaparecer y que incluso le han permitido mantener parte de su antiguo aspecto, en otras zonas la montaña llena de exhuberancia las parcelas de quienes viven en medio de un vergel.
La urbanización de esta montaña junto con Perenxiza, La Vallesa de Mandor y El Saler, son, a bote pronto y que se me ocurran ahora, de las actuaciones más sórdidas, aberrantes y desalmadas que se han acometido por los alrededores de Valencia. Pero lejos de aprender de estos errores se siguen buscando sitios “vírgenes” para construir más chalets, más carreteras, más asfalto y menos naturaleza. Parece ser que con Porxinos y nuestra querida Rodana quieren hacer más de lo mismo y que hasta ahora solo se lo ha impedido la crisis, mira tú si la crisis aún va a traer "algo" de bueno. Aunque claro ¿quien se puede resistir a vivir en un sitio así?
Voy subiendo hacia la cumbre ocupada por la ruina de lo que un día fue uno de los hoteles emblemáticos de Valencia. El Lido se desintegra bajo el pillaje y la barbarie. Ya no se trata de robar lo que se necesita para uso propio o para venderlo y sacar un dinerillo, se trata de destrozar para que nadie lo pueda utilizar, de crear fealdad ruina y escombro por un “placer” tan oculto que cuesta encontrar un calificativo.
Buscaba el vértice geodésico de monte Vedat que está por aquí, pero ante tanto derribo me da mal rollo ponerme a buscarlo. Igual hasta se lo han llevado. Salgo de allí raudo a la vista de dos “caza oportunidades” no sea que me tomen por un objeto valioso.
Paseo por las calles admirando algunas casas o restos de ellas, que bien podrían haber sido palacetes de familias bien. La bajada la hago tranquilo por una carretera mojada y peligrosa que muestra entre los árboles los paisajes lejanos de La Calderona o Perenxiza.
Entre medio las poblaciones se extienden sin fin. Ya abajo me reencuentro con las aguas que deje entrando en la oscuridad de la montaña. Amanecen a la luz mortecina del día nublado y lluvioso que dejaron minutos antes. Sigo el canal hacia el norte y este me dará a elegir entre la estrechez de una cornisa sobre sus aguas o un badén con rampas más que considerables.
Poco después llego al polígono industrial de Masía del Juez, cruzo la carretera junto a la fábrica de salchichas y sigo el canal. A partir de aquí entro en la zona más fea de la ruta.
Una barraca desubicada agoniza entre rastrojos bajo la atenta mirada de la montaña que aún aguanta los envites tecnológicos y el peso del cemento. Los caminos encharcados no ayudan a mejorar la situación y la fealdad del tramo. El barranc del Poll con sus aguas sucias y malolientes en esta zona invita a pedalear deprisa para llegar así pronto a la planta de tratamiento de residuos sólidos urbanos, o sea, un basurero.
Como si de la película “los pájaros” se tratara, las aves, en este caso gaviotas principalmente, sobrevuelan en círculos en busca del manjar que nosotros desechamos. En esta sociedad tan solidaria, en otras partes del mundo el trabajo de las gaviotas lo hacen personas, niños que rebuscan entre la basura, la putrefacción y el olor inmundo para obtener algo que comer o algo con que vestirse o parchear el sitio donde mal viven. Aquí les damos de comer a los pájaros para ponerlos a la altura de las personas. Pero a pocos nos importa todo esto, seguimos escribiendo la crónica de la ruta, o leyendola, o haciendo fotos y paseando en bicicleta o con un Porche ajenos a la miseria y la inmundicia. Este era el momento protesta que de nada o poco servirá, o que quizá haga conciencia.

No hay otro sitio por donde pasar a no ser que des un rodeo increíble. Me sorprende que el olor no es tan fuerte como yo esperaba. Huele mal desde luego, pero no mucho peor que la fosa séptica del barranc del Poll que tan bien conocemos de la ruta de Perenxiza, así que el puñetazo en la pituitaria es mejor pasarlo con los ojos cerrados que son los que más sufren en este tramo. Después llego al P.I. y cruzo la A-3 para dirigirme entre los naranjos y con vistas a la Muntanyeta hacia el P.I. de Manises. Ya solo me queda pasar a lavar la bici antes de meterla en el coche y dar por concluida una ruta que espera decir que no haría más y que ahora la pondré en rutas pendientes del grupo.