martes, 26 de marzo de 2013

Buñol-Alborache(MolinosyCuevas)




Bicicleterapia. Volvía la primavera y aprovechaba la primera ocasión para salir a rodar y poner en marcha la primera sesión de bicicleterapia que tanto bien me hace física como mentalmente. La primavera se estrenaba con más de lo mismo que todo el invierno: viento, viento y más viento con algo de lluvia. Pero ya harto de esperar semana tras semana en casa a que las previsiones mejoraran hoy me dirigía al asalto de la ruta y al encuentro de las adversidades climatológicas. En esta ruta iba a combinar la bicicleta con algo de senderismo. Consciente que de no ser así muchos de los excepcionales paisajes que he visto no hubieran sido posibles. Tocaba pues bajar de la bici y llevarla de la mano para poder contemplar las maravillas que encierra el pequeño río Juanes antes de verter sus aguas al río Buñol. Vamos a ver la ruta. 
Salía de casa con el coche hacia Buñol. El inicio del parque fluvial con el paseo de la ermita de san Luis sería inicio y final de ruta, así que allí me esperaría el grandote mientras yo pedaleaba. Me pongo en marcha a cubierto del viento por la cercanía del monte de la Cruz. 

Bajo hacia el río y lo cruzo por el puente de la piscina, ya al otro lado gano altura y tengo una preciosa panorámica del pueblo. Enseguida el camino baja para encontrarse otro puente sobre el río que me volvería a entrar al pueblo, en lugar de llegar al puente giro a la derecha por un camino que se bifurca y tomo otra vez a la derecha. El camino discurre entre campos de cultivos y chalets; unas veces asfalto y otras camino de tierra, va dejando atrás el pueblo y acercándose a la cueva del Turche, primera parada de la ruta. Junto a un chalet encuentro un cartel que indica la senda de bajada y unos metros más allá las escaleras que enlazan con el camino junto al río Juanes. Desciendo los escalones y transito por el conocido camino bajo la arboleda hacia el lago. El imponente panorama me abruma una vez más. El día gris acentúa aún más si cabe la enorme sensación de soledad y quietud que se respira en este maravilloso lugar. 

Apenas cae agua por la cascada pero al prestar atención el murmullo se multiplica por el eco que produce este anfiteatro natural. Miro hacia arriba y alcanzo a ver el murete de madera a modo de mirador arriba de la cascada, esa visita la haré más tarde. Queda mucho por ver en esta ruta así que me pongo en marcha. Dejo atrás la senda por la que he venido y que en mi anterior visita a este lugar no encontré pues estaba cubierta por una maraña de cañas. Llego junto al puente de la carretera de Alborache donde el río desaparece de mi vista para unirse al río Buñol unos metros más allá. Un giro de 180º e inicio una subida dura por asfalto. Paso la barrera que cierra el paso a los coches y sigo recto hacia arriba. Poco después un camino a la izquierda junto a una balsa que queda a la derecha. Este camino se dirige hacia el Mas del Pinar. Tomo el camino a la izquierda y bajo hacia la carretera, la cruzo y sigo recto. Después del chalet giro a la izquierda y enseguida el camino se convierte en senda aérea. 

El barranco esculpido por el río Buñol queda a la izquierda y me obsequia unas buenas vistas de Buñol y de las montañas de atrás con los molinos de viento girando como locos ante las ráfagas de viento que ahora también me alcanzan a mí. Lástima la fealdad que imprimen al paisaje las canteras y las cementeras, ante esto hasta los molinos son bonitos. Un cartel indica la fuente de la mezquita bajando por el sendero. La intuyo abajo entre la arboleda junto a una construcción que se ve desde aquí arriba, pero me resisto a bajar pues aún me quedan muchas sendas por delante que me obligarán a bajar de la bici muchas veces. Sé que abajo hay una senda apta para senderistas, pero la vegetación del río no sé si permitirá el paso de la bici aunque la tenga que llevar levantada a una rueda, y el tramo hasta el molino es bastante largo, así que opto por seguir el camino. Llego a un cruce y sigo la señalización a la izquierda para bajar hasta el molino Galán. Encuentro un panel que indica la ruta de los molinos; cinco molinos siguiendo el curso del río Buñol entre este punto y la entrada a Alborache. Este molino se ha reconvertido en casa rural pero la puerta de acceso está cerrada. 

Una senda al frente baja hasta la orilla del río y junto a él recorre el tramo que llega hasta la casa. Ninguna valla me impide el paso y por allí puedo llegar hasta la casa y hacer algunas fotos del precioso lugar pegado al río. Vuelvo sobre mis pasos y sigo el camino junto al río en busca del molino Guarro. Lo encuentro un poco más adelante junto al puente que cruza el río por una pequeña pasarela. De momento sigo recto para visitar el Charco Azul un poco más allá. 

El barranco del Conde, solo unos metros antes de unirse al río Buñol, deja una bonita zona de charcas con unas mesas a modo de área recreativa. La ladera del barranco a ambos lados nos brinda una perspectiva diferente, en altura, que luego contemplaré. 

Retrocedo hasta el viejo molino, hoy casi una ruina para girar a la derecha y cruzar el río. El camino sigue para encontrar una zona recreativa un poco más allá. Es curiosa la cantidad de árboles caídos que he encontrado en este recorrido por la ribera del río, y los que aún veré. Me dirijo hacia la siguiente parada, el molino de la Luz. Antes paso el azud de derivación del propio molino. 

La pequeña cascada se derrama estruendosa entre los tres escalones del azud para volver a encontrar su placido vagar por este valle. En este tramo el camino atraviesa una zona de cantos rodados, es como si el camino no estuviera terminado o lo hubieran abierto entre la vegetación hace poco y todavía no estuviera del todo acondicionado, eso parecen indicar los tocones de árboles cortados, de todos modos no presenta mayor dificultad. El molino    de la Luz ya aparece delante, antes volveré a cruzar el río por una de las pasarelas para llegar hasta otro azud que a través de un canal llevaba el agua del río hacia el penúltimo de los molinos de esta ruta; el molino del tío Francisco. 

Entre el azud, el canal, el río y el molino al otro lado, el panorama es excepcional y es uno de los rincones más encantadores de este recorrido. Sigo junto al canal: a la derecha el río y más a la derecha las verticales paredes que el agua a labrado a lo largo de la historia y que encierran arriba un mirador. Tras un recodo del río llego al final de este tramo de senda para ver el molino del tío Francisco al otro lado del río, elevando su chimenea de ladrillo al plomizo cielo. 

El canal cruza el río, convertido en una antiestética tubería verde junto a una pasarela de madera similar a las que cruzan el río en el parque fluvial del Turia. Y puestos a encontrar una pega, creo que sobra el escalón que impide tomar la pasarela sin necesidad de bajar de la bici, no es que sea una gran molestia, pero con un poquito (de imaginación y sobre todo voluntad, que no se de carecen más quienes hacen estos proyectos) se hubiera podido solucionar. Para mí hoy no es ningún problema, puesto que voy a bajar de la bici un millón de veces a hacer fotos y a meterme por sendas, no estoy pidiendo una rampa para la senda que bajaba hacia la cueva del Turche, no, estoy pidiendo un solo escalón con una rampa de 50cm. casi al principio de la ruta de los Molinos, un itinerario turístico fomentado por el ayuntamiento de Alborache, sin más coste para el proyecto, solo había que diseñar una rampa en lugar de un escalón. Cruzo la pasarela y vuelvo a bajar al río, hacia la izquierda. 

Junto al agua las paredes se elevan y muestras diferentes tonalidades de color en la roca arenisca. Luego la senda llega hasta al final de su recorrido junto al reconvertido molino Zanones, toca subir tras admirar el colosal puente de entrada a Alborache. 

Desde el puente las vistas son magníficas sobre este antiguo molino y sobre el río, también se deja ver la chimenea del cercano molino del tío Francisco. Dejo atrás la compañía del río Buñol en este extraordinario recorrido por sus historicos monumentos junto a sus transparentes aguas por fin libres de contaminación, me volveré a encontrar con él al final de la ruta. Tras cruzar el puente giro a la izquierda por el camino de la depuradora. Inicio una rápida bajada hacia el barranco donde la tupida vegetación oscurece más el día. Una buena subida me espera al otro lado para entrar en Alborache y llegar al parque de San Jaime. 

Las primeras gotas de lluvia me saludan mientras contemplo la fuente y la cascada que está completamente seca. Callejeo en busca de la salida del pueblo por el albergue Torre d’Alborache. Desde allí veo que me dirijo a un chaparrón seguro si sigo hacia el sur continuando con la ruta que tenía programada para visitar la zona de los meandros del río Buñol y el molino de Sento Bernal antes de que el río aporte sus aguas al río Magro. 

No es que esté lloviendo mucho pero las persistentes gotitas invitan a no sumergirse en la húmeda neblina que tengo por delante y que tapa las montañas. 

Decido hacer la parada del almuerzo y dar tiempo al chaparrón a caer o pasar de largo. Tras el almuerzo la situación sigue igual hacia el sur y hacia el oeste, la tormenta no se ha movido de su posición. El viento viene cargado. Decido cortar esa parte de la ruta y seguir como si ya hubiera vuelto al pueblo. Callejeo un poco más y salgo por el polideportivo hacia el Charco Azul. 

Llego a los escalones que bajan hasta la poza y desde aquí arriba puedo observar ahora, a vista de pájaro, el precioso entorno. Ya al otro lado del barranco puedo volver a pedalear por una senda que recorre el barranco hacia el albergue rural Actio. 

Recorro este esplendido lugar donde encuentro mil motivos para hacer unas fotos. Luego remonto hasta la carretera y vuelvo hacia Buñol para entrar otra vez por el camino de la cueva del Turche. Paso la masía, llego a la poza y giro a la izquierda para subir al mirador. Este está perfectamente indicado tras una buena subida por asfalto. Desde la carretera al mirador apenas hay 200 metros y las vistas son espectaculares. 

Frente al mirador un plegamiento en la pared de la montaña llama la atención, es una curiosa formación rocosa más de las innumerables que encontraré en esta excursión por el río Juanes. 

El anfiteatro natural que forma la cueva del Turche contemplada desde aquí arriba es algo soberbio. Imaginar la caída del agua hasta la poza de abajo… Me entretengo contemplando la maravilla que crea este pequeño río, pero esto no ha hecho más que empezar. Retomo la subida por asfalto para llegar a una cadena que bordeo por la derecha. Un camino baja hacia unas pozas y sigue al otro lado del río, convertido en senda, hacia Buñol, o bien por otra senda a la izquierda remontar el río y llegar al charco Mañan. Sigo adelante y tomo una senda junto a un chalet en la que tengo que llevar la bici a una rueda, la senda no es ciclable pero no presenta mayor dificultad para arrastrar la bici. 

Aún con la valla de la casa a la izquierda encuentro el primer vistazo sobre el charco Mañan. Con cuidado me acerco al cortado para divisar mejor el espectáculo. Continúo la senda para llegar a una explanada donde un panel interpretativo explica los procesos geológicos de este entorno. Una pasarela cruza el río y me permite explorar y visitar esta extraordinaria zona. Pequeñas caídas de agua que forman innumerables pozas entre la vegetación de ribera que aprovecha este rico oasis. Las coloridas jaras explotan de color con sus rutilantes flores de papel llamando a las atareadas abejas. Vuelvo a la explanada en busca del camino del área recreativa bajo de la cueva de las Palomas pero no veo el inicio del camino, y cuantas más vueltas doy más mareo al pobre “Treki” que ya no sabe ni donde está. Veo la línea del camino a seguir pero no hay forma de llegar a ella así que decido rodear toda la montaña para entrar por la otra parte de la montaña, total son solo 3 Km. que me darán lo oportunidad de recorrer una bonita senda y llegar cerca de Yátova donde contemplaré los estragos del brutal incendio del verano 2012 sobre el Motrotón y la serra del Ave. 

La cruel estampa del Motrotón calcinado me hace pedalear rápido para huir de esa catástrofe ecológica. Encaro, ahora sí, la pared rocosa de la cueva de las Palomas. El espectáculo es magnífico. 

La pared cortada, mordida, esculpida, derrumbada y erosionada muestra las cicatrices del tiempo y los elementos cebándose en su piel, modelándola hasta dar forma a este capricho de la naturaleza. 

La admiro desde todos los ángulos y recorro la pequeña cavidad. Al fin, tras un montón de fotos y más exclamaciones de asombro, continúo la ruta al otro lado del río. La senda aquí es completamente ciclable pero las continuas paradas para mirar atrás me hacen recorrer este tramo a pie y seguir haciendo fotos y más fotos. 

Al final decido parar a comer en este magnifico entorno y disfrutar un poco más de las panorámicas. El viento comienza a ser molesto y me obliga a ponerme en marcha para hacer las visitas que aún me quedan pendientes. Me quedan todavía las subidas más duras del día por delante. Quiero llegar hasta la antigua fonda-balneario del río Juanes que solo dista unos 500 metros desde la cueva de las palomas, pero no quiero ir por la senda pues creo que hay bastante desnivel a salvar y no será muy fácil la travesía con la bici, así de paso alargo un poco la ruta y subo hasta el monte de la Cruz. En la pared del segundo corral veo una placa que indica el itinerario del río Juanes por senda, lo descarto y sigo el camino de la Serrana, un poco más adelante otra placa igual me desvía a la izquierda y comienza la subida. No es excesivamente dura pero después de comer no es el mejor postre que he probado. De todas formas lo peor es el viento que arrecia conforme gano altura y llego a la parte alta y más despejada. Allí veo una pequeña y preciosa ermita junto a una pinada y una gran balsa, esta ermita está en una finca que es la casa rural de la Serrana, según me confirma mi amigo Vicente de http://www.ermitascomunidadvalenciana.com/ al que le pido la información de esta pequeña iglesia. 

Me deja fascinado la delicada fragilidad que emana, como si le faltara algo y se sostuviera precariamente contra el viento. Sigo adelante en busca de la carretera de Yátova. La encuentro un poco después y giro a la izquierda para iniciar un rápido descenso hasta el puente sobre el río Juanes. Allí a la izquierda están los restos de lo que en su día fue una fonda y balneario aprovechando las aguas del río Juanes. El entorno es una preciosidad bajo una frondosa arboleda que sume en penumbra el esqueleto del edificio. 

Es una autentica ruina que se desmorona a trozos ante mí con el ataque de una ráfaga de viento. Salgo de allí rápidamente, no de dentro del edificio que no he pensado ni en entrar, sino de la cercanía de él. Al otro lado del río veo una fuente y la senda que baja hacia la cercana cueva de las Palomas. Hay paso entre unas piedras para vadear el río pero el ruido del viento entre los árboles, la penumbra y el edificio viniéndose abajo me da mal rollo y decido que ya he visto bastante tras la foto del puente. Ahora toca subir lentamente ese rápido descenso de hace un rato. Con calma voy llegando hasta el camino por el que había venido hace un rato y continúo por esta carretera sin apenas tráfico que me bajará hasta Buñol. Se incorpora por mi izquierda el camino por el que vine desde Requena: http://bikepedalvalencia.blogspot.com.es/2012/09/requena-riba-roja.html 

Luego llego al mirador sobre el barranco Carcalín y tengo que volver a parar a admirar el soberbio paisaje. El viento sopla ahora con fuerza y me pongo en marcha con precaución, pues una ventolera en plena bajada a toda velocidad sería algo serio. Paso de largo el mirador de Buñol y llego abajo junto al puente y la señal del paraje de la Jarra a la izquierda. 

Es un pequeño tramo junto al río Buñol que ofrece varias pozas para el baño y sobre todo una pared con restos de estalactitas. 

Retrocedo para llegar hasta el puente y seguir unos metros más allá para bajar al inicio del parque fluvial del río Buñol, la verdadera pena es que este recorrido no continúe a lo largo de todo el río para enlazar con el camino de los molinos, sería todo un espectáculo. 

Finalmente remonto por la pasarela y llego a la ermita de san Luis donde termino esta maravillosa ruta por un rincón lleno de belleza, tan al alcance de todos y a la vez tan desconocido que parece mentira tener estas joyas a las puertas de casa. 


lunes, 10 de diciembre de 2012

Clot de les Tortugues-Besori-Monserrat



Cerca del trabajo tengo una pequeña joya que no podía ni quería dejar escapar. Ya la tenía localizada desde hace tiempo, así que había preparado algunas visitas más que sirvieran de mezcla para “ataconar” la ruta y tener una visión de conjunto de la zona. 10 minutos en coche desde el trabajo para llegar al Clot de les Tortugues que será punto de inicio y final de la ruta. Aún no son las 8 de la mañana y circulo entre dos luces, me encuentro con algunos ciclistas que van por la carretera con sus débiles luces rojas traseras que apenas alcanzo a ver si viene un coche de frente con las luces puestas, pues esas luces ahogan por completo y durante un momento el parpadeo rojo del ciclista. Paso con precaución aminorando la velocidad y dejando todo el espacio que puedo. Paso la gasolinera y llego al cruce de la urbanización el Pinar a la izquierda, ya en el cruce a la derecha hacia unos viveros, cruzo el puente sobre el barranco y llego a una pinadita a la izquierda donde aparco y hago los estiramientos de rigor. La mañana está fría pero confío en que subirá la temperatura a lo largo del día. Al otro lado de la carretera la pinada del Clot. Hago bien en no entrar cruzando la carretera ya que unos metros más arriba tendré la imagen del día. 

El sol naciendo entre los árboles a mi espalda ilumina poco a poco la pinada y van dejando pinceladas anaranjadas sobre el apagado verde de la masa forestal. La estampa es preciosa. El bosque aún adormecido y sumido en la calma de la fría noche, se despereza con esos primeros rayos de sol que un poco después elevarán volutas de vapor de la escarcha que aún cubre la hierba. Otra ruta que ya promete de inicio. Ahora sí que me interno en el bosque y sigo las sendas que se adentran en él. 

Llego hasta la balsa del motor y allí comienzo a subir un poco. Algunos pasos complicados me obligan a bajar de la bici para salvarlos. Continúo junto a la cantera para volver a entrar enseguida en el bosque hacia la derecha. Subo hasta la zona de las mesas y los paelleros, giro a la derecha y sigo por sendas hacia el barranco. Una trialera me hace poner pie a tierra otra vez, solo un par de metros y sigo bajando ya en la bici hasta la balsa. 

Llego a las sendas de entrada y vuelvo otra vez a la carretera, ahora ya empiezo la ruta, pero es que no me quería perder este espectáculo después de esa increíble pincelada de color. Aquí también he tenido la parte fea de la ruta: una señora con dos perros sueltos, uno de ellos, poco más que un cachorro de boxer pero ya de un tamaño considerable, juguetón y revoltoso se para delante de la bici y cuando paso con cuidado para no hacerle daño, va y me muerde el pie. Tan solo marcar como cuando están jugando, me quedo a cuadros, paro y me quedo mirándolo a él y a la mujer, y esta sigue como si nada, cuando le digo que a los perros hay que llevarlos atados por lo que me ha hecho dice que el perro estaba jugando, que si me había hecho sangre para que le diga eso… Al final resulta que si no te ha hecho sangre no te puedes quejar y casi tienes tú la culpa por no dejar que el perro juegue a gusto contigo. Ni amago de cogerlos, ni correa, ni posibilidad de razonar con ella, por consiguiente la mando a hacer puñetas y doy gracias por haber venido solo, si esto nos pasa al grupo tenemos montado el día. Ya en el asfalto a la derecha y sigo la carretera que luego de bajar un barranco hace un giro a la izquierda pasando junto a la urbanización del Pinar. 

Sigo recto hasta acabar el asfalto y allí a la izquierda para encarar el mas del Carme. A estas alturas ya se me ha pasado el frío de los dedos de las manos con los guantes cortos y agradezco no haberme puesto los de invierno. La masía está algo abandonada, no como otras que veré al final de esta ruta. Giro a la derecha y luego otra vez derecha. Otra vez asfalto para ir por detrás de la urbanización pegado al barranco de La Cova Fumada que cruzaré un par de veces. Luego un desvío a la derecha me hace abandonar el asfalto y comenzar una subida dura en zig zag por camino de tierra con bastante grava. Bloqueo las suspensiones y pongo el plato pequeño. Arriba ya tengo la primera vista del mar a lo lejos. Valencia parece estar a un tiro de piedra. Una bajada me lleva al fondo del barranco que acabo de subir pero por la parte de atrás. Y desde aquí ya es todo “pa rriba”. Vuelvo a cerrar las suspensiones, pongo todos los hierros y ajusto el programa de pedaleo “calma y tranquilidad” el camino tiene mucha piedra y dificulta mucho tanto la pedalada como la trazada. Un par de derrapes me harán poner pie a tierra en alguna ocasión y el sol ya pegando de lleno me hace empezar a sudar de lo lindo, así que abro un poco la chaqueta para ir refrigerando. Más adelante me interno en un pequeño bosque y el camino deja de estar tachonado de piedras para convertirse en una pista de tierra roja, suave y húmeda por las lluvias de las últimas semanas. 

Acabada esta pequeña arboleda comienzan a abrirse las vistas sobre el interior de la sierra a la derecha y por extensión a todo lo que queda más allá. La sierra del Caballón, el Ave, el Martés, Nevera y Sierra de los Bosques se van fundiendo una tras otra en la distancia. Pueblos y urbanizaciones salpican el paisaje haciendo imposible un paisaje limpio y virgen. Una ligera bajada y sigo subiendo, primero hacia una parcela vallada que algo tiene que ver con el gas, luego, en giro a la izquierda, la subida hacia el Besori. Vuelvo a entrar en terreno boscoso. Algunas sendas salen aquí y allá pero la subida a la derecha con rampa de cemento no deja lugar a dudas. Eso también me indica lo que me espera. La última subida es dura como preveía y al final consigue sacarme de punto. Llego arriba jadeando y buscando aire con las pulsaciones disparadas y un tremendo cansancio en las piernas. Una pequeña plazoleta se abre entre los árboles junto a una valla con antenas. Tapado por los árboles el V.G. Ni siquiera encaramado a él tengo una buena visión de los alrededores que quedan bajo la línea del bosque. 

Atisbo algunas pinceladas de las vistas aquí y allá y me acomodo para almorzar bajo un pino. El tránsito de bikers y senderistas durante mi parada para el almuerzo es constante. Muchos de ellos hacen el mismo ascenso que he hecho yo pero bajan por la trialera que queda a la izquierda, tras unas grandes rocas. Comentan que es una bajada complicada y de hecho uno de ellos vuelve al poco rato de intentar bajarla. Yo pregunto por mi siguiente objetivo, el Castell de Alcalans, pero nadie lo conoce. Recojo todos mis trastos y desperdicios del almuerzo y dejo el mínimo impacto de mi paso por la zona. La huella la llevo ya conmigo, otra cumbre marcada para siempre en mi recuerdo y esta alma biker que se pasea por los caminos. Suelto suspensiones y me dejo guiar por el “Treki”. La bajada es rápida por asfalto hasta el cruce, luego izquierda, se acaba el asfalto y otra vez izquierda por un camino de tierra en buenas condiciones. La precaución la marca la cantidad de bikers que suben y a los que hay que dar preferencia de subida sobre la bajada más cómoda y menos exigente físicamente. Aquí las vistas sí que son abiertas hacia las montañas. Un poco después encuentro un mirador sobre Alfarp y el río Magro. 

Más allá el Montduver dibuja su perfil sobre las montañas algo empañadas por la bruma. Sigo bajando y paso una zona complicada con mucha grava gruesa en una pendiente considerable, aplico sintonía fina al tacto sobre los frenos para no blocar y dejar que las ruedas se deslicen lo suficiente para no derrapar pero que conserven inercia. Es un tramo corto, así que sin problemas. Luego un cruce, descarto las opciones y sigo recto en subida. Corta, exigente, con piedras. De haber elegido el camino de la izquierda hubiera bajado hacia el río, en su lugar voy a hacer una diagonal que me llevará hasta el puente sobre el río Magro. Me mantengo en esta margen y sigo el camino ahora asfaltado. Esta pequeña carretera se adentra otra vez en la montaña con un giro a la derecha para dejar atrás el río. El camino se va estrechado y pasa junto a una zona de chalets. Cruzo el barranco del Castellar y desaparece el asfalto, a la vez que empiezo a subir ligeramente. Luego otra urbanización y allí encuentro, justo donde marca la pantalla del GPS el giro a la izquierda, una señal indicando el camino al castillo. Enseguida surge un camino despellejado, un pedregal a la derecha con fuerte subida, pie a tierra y arrastro la bici unos 200 metros hacia arriba, luego suaviza tanto la pendiente como el terreno y permite volver a rodar. Pronto llego al cartel informativo del Castillo de Alcalans del siglo XI. Este queda al otro lado del pequeño barranco sobre una loma en la que se ven los restos de la fortaleza amurallada. 

Una senda llega hasta allí pero este es un buen lugar de observación yendo cargado con la bici como es el caso. Tras el bastión la imponente figura del Pico del Ave surca el cielo. Tras las fotos vuelvo hasta la urbanización y giro a la izquierda para continuar el camino por el que venía. Un poco más adelante llego a una cantera o escombrera, giro a la izquierda y luego un cruce también a la izquierda y enseguida derecha. Empieza una bajada que abandono para salir a la derecha y luego a la izquierda antes que se acabe el camino en un chalet. El camino está inclinado a la izquierda, así que eso supone un problema ya que si no nivelo bien una derrapada lateral podría hacerme acabar por los suelos. Ya tengo de frente el siguiente hito de la jornada. La cantera de arcilla de Monserrat. 

La roja tierra deja ver los regueros que deja la lluvia a su paso abriéndose camino hacia el fondo de la cantera. Allí un pequeño lago inunda el fondo de la cantera creando un hermoso contraste. Monserrat queda al fondo y es mi siguiente parada. 

Continúo para entrar al pueblo y encontrarme con un curioso reloj de sol, tras él el Castellet de Monserrat. En la rotonda tomo la carretera de Turís, antes de la curva a izquierda tomo el camino recto que me encara a la montaña que pretendo subir. Mi gozo en un pozo pues es camino está destrozado y tiene una pendiente imponente, así que pie a tierra y subo andando. Estoy en el cortado de las dos montañas que veía desde la cantera. Ya en la base de la montaña me fijo en la de la parte derecha, la más alargada y que alberga el V.G. No hay camino de subida, es una senda por la que tendré que ir cargado con la bici. Al final, tras unos 5 minutos de marcha llego a una explanadita justo en el corte que también tiene esta montaña. 

Hasta arriba tendría que escalar pero las calas de las zapatillas bikers no son lo mejor para esa tarea así que decido que ya he hecho bastantes locuras por hoy y vuelvo para abajo. Al entrar otra vez al pueblo giro a la izquierda y voy paralelo a la carretera hasta que puedo cruzarla. Lo hago junto a una zona industrial y un supermercado. Me adentro en el camino de Niñerola que me llevará hasta la misma masía justo al otro lado del Clot de les Tortugues. Este camino pasa por una amplia zona de chalets. Luego el asfalto muere en un camino reventado de piedras que baja con suavidad en una larga recta. Lo único bueno de este pedregal es que no hay que dar pedales y solo hay que preocuparse de la trazada, que con el estado del terreno ya es bastante. Más adelante enlaza con otro camino en mejores condiciones poco antes de la primera de las masías, la de la Trinidad. 

Precioso conjunto junto a la pinada y los naranjos. Coronada con una espadaña con campana y unos azulejos en la pared junto al nombre de la masía. Un poco más adelante un camino entre palmeras me lleva junto a la masía de Niñerola, una alargada construcción que sirve de sede a una empresa de naranjas. Allí mismo giro a la derecha para bajar hasta el barranco, cruzarlo y llegar a la balsa donde esta mañana comencé la ruta. 

Giro a la derecha para llegar otra vez a la zona de paelleros y comer en una de las mesas bajo la pinada. Tortugas no he visto ninguna pero la zona es una bendición digna de visitar y conservar. Retorno hasta el coche para dar con concluida esta magnifica ruta que sin duda tiene mucho más que ofrecer.


Track de la ruta: http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=3715755