domingo, 21 de agosto de 2016

Cofrentes-Volcán-Chirrichana-CasasdelRío-Balneario


De casi todos mis viajes, de ahí me llevé varias canciones de aire
recuerdos de viajes…
Era inevitable… la canción de Love of Lesvians Bajo el Volcán tenía que estar presente en esta crónica. Y en cierta forma si es cierto que en los viajes me llevo algo de los lugares que visito, así que viene que ni al “pelo”.

Esta ruta está basada en la ruta 5 del centro Btt de Cofrentes, así que gracias por la parte que les toca. Tomando aquella como referencia ya me encargue de ponerle algunas visitas de mi interés para convertir en extraordinaria una ruta ya de por sí espectacular. Dejaba el coche en el área de recreo El Campo del Cura y montábamos el campamento para que Teba tuviera un buen lugar donde esperarme leyendo mientras yo me enfrentaba a las rampas y al sol de mediodía. A las 09.30 me pongo a pedalear volviendo hacia la carretera de Requena. Llego a ella, giro a la derecha y empiezo a subir la cuesta. Casi un Km. por la carretera hasta un desvío a la izquierda sin ninguna señal del volcán. Unos metros más adelante ante otro cruce de caminos allí si encontramos señales que nos indican la dirección a seguir, siempre subiendo como no podía ser de otra forma. Al menos por asfalto el agarre es fantástico. No durará siempre el asfalto pero el camino al que salimos no está nada mal y se deja subir pues las rampas tampoco son descomunales. Llegados arriba toca bajar un poco y el propio camino se mete, al fin, en lo que parece el cono del volcán. 

Allí, en el centro, una enorme roca “bomba volcánica” parece posar para las fotos que de tanto en tanto algún despistado urbanita se atreve a asomarse por allí, por medio de ninguna parte. El deterioro del cono volcánico se debe a la explotación minera que aquí hubo hasta entrados los años 80. 

Pienso en que esta negra tierra estuvo algún día abajo, en el centro de la tierra, liquida, caliente, hirviendo. Y ahora aquí abrasada bajo un sol de justicia, pisoteada y sucia. Menudo cambio. Todo cambia. Y esto también cambiará. También pasará. Saboreo lo novedoso de este paisaje “único” a su manera en la comunidad valenciana. También en Picassent hubo un volcán, pero a día de hoy es imperceptible y no hay rastro de él. El otro testimonio en nuestras tierras está en las Islas Columbretes. Más visible pero menos accesible. 

El lugar también tiene su encanto como magnífico mirador que es sobre Cofrentes, su castillo y el embalse que junta las aguas de los ríos Cabriel y Júcar. Después de unas fotos y de observar con curiosidad de principiante este entorno novedoso me despido del lugar con un hasta “pronto” aunque realmente no sé si volveré algún día. Remonto la cuesta y llego al tramo de bajada que llega hasta la carretera. Cruzo la carretera con precaución y tomo un camino justo enfrente que sigue en bajada. En brutal bajada. La gravilla del firme dificulta la frenada y la pendiente es tan bestial que temo una caída tonta en cualquier momento, así que afino la precaución y templo el pulso para no pasarme en la presión sobre los frenos y dejar así, que las ruedas siempre tengan inercia. Pronto llego al lugar de inicio y tras una rápida visita a Teba, donde recojo un beso, inicio la subida por asfalto hacia el alto de la Chirrichana, casi 7 km. de subida tendida pero con alguna rampita que te puede sacar los colores. Enseguida encuentro un desvío que tomo a la izquierda por una carretera más secundaria todavía. Y pronto llega esa primera rampa de la que hablaba. Nada serio si solo es una rampa pero que me hace temer que el resto de la subida se pueda tornar un suplicio. 

Aparece a la derecha la cresta de una vieja montaña desgastada y ajada. Un pequeño arco de piedra me hace recordar la ruta de la semana pasada en Castell de Castells: http://bikepedalvalencia.blogspot.com.es/2016/08/castelldecastells-castellet-els-arcs.html
No es tan espectacular, no es tan grande, pero es el que tengo aquí y ahora para contemplar y disfrutar. Lo hago, es un hito más en el camino, una curiosidad más de la naturaleza. La subida me lleva lentamente hasta el siguiente punto marcado en rojo en mi ruta. Las salinas de San Javier.  

Llego a un mirador sobre las mismas que las deja allá abajo en el fondo del barranco. La explotación se ve abandonada y en claro proceso de deterioro. 

Lástima no poder saber más viendo como algún cafre ha dejado el cartel interpretativo del lugar. Afortunadamente en este enlace podemos ver un poco más de información sobre el lugar y el cartel original antes de que llegara el cafre de turno: http://www.aventurasgeologicas.com/search/label/Cofrentes
También podemos ver información sobre el volcán de Agras. El camino sigue y no mucho después nos cruzamos con la carretera que va, a la derecha hacia Cortes de Pallás, toca girar a la izquierda. Aquí el paisaje ya empieza a tomar otro color y las viñas empiezan a dominar mayoritariamente el paisaje. 

El camino pasa junto a unas casas con la curiosidad de unas grandes tinajas a modo de decoración entre la pinada. Al poco el camino abre un buen mirador sobre el valle. Las paradas fotográficas se suceden en cada sombra que voy encontrando por el camino pues el sol cae a plomo. Por suerte las rampas, excepto alguna contada ocasión, son llevaderas siempre dentro de su buen 6% de pendiente media. Ya estoy afrontando la última rampa y con la curva del camino se abre otra perspectiva del valle que adentra sus vistas hacia el río Cabriel bajo el mirador al que me voy a acercar para almorzar. Ya he subido la muela. Interiormente pienso que todo el trabajo ya está hecho, pero ¡Ja! esto es btt y aquí no se termina el trabajo hasta la última pedalada, el camino siempre depara sorpresas. A continuación encuentro la fuente del Tollo a la que accedo bajando unos escalones. Me refresco un poco pero aún tengo agua suficiente en la mochila así que no recargo más. Llego a la carretera N330 y la cruzo para acercarme a la casilla de peones camineros, antigua profesión ya extinguida y que evoca recuerdos de otras épocas, en muchos sentidos bastante mejores que esta que nos toca vivir.  

Desde allí, junto al V.G., tengo una visión panorámica espectacular del valle de Cofrentes; al fondo las chimeneas de la central sirven como faro para poder ubicar la situación. Un puntito a la derecha el volcán que acabo de visitar, y a la derecha del todo la sierra del Boquerón que ya visité en la ruta: http://bikepedalvalencia.blogspot.com.es/2016/05/jarafuel.html

Salgo de la protección de la sombra de los pinos tras esta breve visita y vuelvo al camino, mejor dicho a la carretera, aunque solo será por unos 100 metros. Giro a la izquierda dirección Requena y enseguida otra vez izquierda por un camino que se adentra, junto a las viñas primero y los olivos después, en pleno monte. Recorro la parte alta de la muela en busca del camino que llega hasta el extremo sur de la Ceja del Rinconazo. Encuentro en la subida una rampa muy exigente por terreno muy pedregoso, tanto que finalmente se hace imposible la tracción y acabo por echar pie a tierra. Al poco de esta rampa el camino a la izquierda que lleva al mirador. El camino acaba en una senda perfectamente ciclable incluso cuando se mete entre los pinos. Esta llega casi hasta la caída de la muela sobre el valle del río Cabriel que apenas es visible en algún punto aquí y allá en la distancia. 
 

Si se ve el pueblo de Casas del Río que es mi siguiente objetivo tras el almuerzo en esta atalaya mientras disfruto de las vistas y la soledad que me envuelve. 

Ahora tengo completamente delante los aerogeneradores que visité en la ruta antes mencionada. El bocata y la cerveza son los revitalizantes perfectos en este momento, si acaso un puntito (o dos) más de frescor a la cerveza y ya… “pa no levantarse.” Pero me espera el sol, el calor y más de la mitad de la ruta prevista, así que a pedalear se ha dicho. Deshago la senda volviendo hasta el camino y hasta el cruce que antes tomé a la izquierda, ahora a la derecha por un camino que mejora muchísimo. 

Llego a las casas de la Chirrichana, vestigios de historia junto a la fuente del mismo nombre. La fuente está indicada a la izquierda después de la última casa. 

Lo de acercarme a beber ya es otro cantar pues el gran agujero que hay en la pared y se adentra en las profundidades de la montaña no es que me seduzca demasiado. 

Toca subir ahora este rampón que hay para poder bajar hasta la fuente, solo son 40 metros pero hay que subirlos. Llego al camino, continúo a la izquierda y llego a la carretera asfaltada que, también a la izquierda, me bajará hasta Casas del Río. La carreterita baja junto al barranco y deja unas espectaculares vistas de algunos de los últimos bosques que conservamos en Valencia. 

Una joya digna de ver y de disfrutar del aroma (que bien huelen los pinos, cuando el sol los calienta… El Último de la Fila) sigo con la bajada que por momentos se torna eufórica, pero con la fina gravilla que se acumula en los laterales me hace poner un puntito de sensatez en esta endiablada bajada. Aun así la velocidad de crucero es realmente alta. 

Casi al final hago otra parada para observar el curioso maridaje de colores de la tierra, este fenómeno se debe al tipo de arcilla yesífera que hay en la zona y que también he podido ver, en menor medida, cerca de las salinas. Afronto ya los últimos metros de esta loca y espectacular bajada entrando en el pueblo, aunque recordar que se trata de una pedanía de Requena. Llego a la fuente del la plaza de la iglesia. 

Allí me refresco y aprovecho para hacer una foto de la fachada de la iglesia y del precioso mosaico de azulejos que la adorna. Justo cuando iba a llenar la mochila se acerca un amable señor que me indica que el agua de la fuente del polideportivo es mejor ya que se trata de agua de manantial y no de la red como es el caso de esta fuente. Así que allá que voy a por agua. No sé si será mejor, pero más fresquita sí que está. Vuelvo hasta la iglesia y bajo hasta el lavadero, otro más que poner en mi colección. Sigo el camino del río y llego hasta la noria. 

Espectacular. No hay otra palabra, bueno sí pero esta está bien, la define. Hoy, a diferencia de la visita en mi anterior ruta por aquí: http://bikepedalvalencia.blogspot.com.es/2014/06/casas-del-rio-los-sardineros-casas-del.html la zona de baño está a rebosar y el ambiente festivo y bullicioso del lugar me impele a hacer unas fotos rápidas y continuar con mi ruta. 

Cruzo el puente, giro a la izquierda y me adentro en el camino que recorre la otra orilla del pueblo hasta llegar al puente. 

Este camino se convierte en senda en el último tramo antes de llegar al puente de la carretera de Cofrentes. La senda es ancha y fácil de recorrer, tan solo un par de escalones como obstáculo a mencionar para los ciclistas.  

El resto un agradable paseo por un sendero botánico muy bonito y aseado. Junto al puente comienza otra vez el asfalto que en algunos tramos de subida me pondrá a prueba, más por el calor acumulado que por la presión de las subidas. Así llego hasta el puente sobre el barranco del Nacimiento, al otro lado unas casas que supongo será Basta de Abajo y pertenecerán a la estación eléctrica que allí hay junto al salto de Cofrentes. 

Inmediatamente después una bifurcación: a la izquierda el camino cruza el río por otro puente y se dirige hacia las Casas de Alcance y la N330, a la derecha el camino comienza la subida al antiguo poblado de Basta que albergaba a los trabajadores de la central hidroeléctrica. También tenían allí una pequeña ermita que visitaré tras la subida. A estas alturas de la ruta, del mediodía de agosto y de la paliza que aún llevo de la semana pasada, las fuerzas empiezan a flaquear y busco fuentes con las que refrescarme como sea. Igual, después de todo no hubiera sido mala idea meterme en el río y darme un baño. 

Llego al poblado reconvertido en hotel y la ermita en fachada de entrada al mismo. Continúo la carretera que aún sube un poco más hasta el campo de golf, una verde y fresca alfombra regada con lluvia de aspersor y en la que muy a gusto me tumbaría a descansar. 

Pero en cambio sigo pedaleando en una curva con una rampa endiablada, solo es una rampa pero telita. Unos metros después a la izquierda se abre un camino que entra en el bosque y se dirige hacia el conjunto de edificios y casas del Balneario de Cofrentes. 

Allí bajo la fuente solo me falta descalzarme y meterme dentro. Meto la cabeza bajo el chorro hasta saciar las ganas de frescor y dejo que el agua me empape la ropa para darme unos minutos de frescor en el cuerpo. 

Luego visito el complejo llegando hasta la ermita que se encarama sobre unos escalones bajo la pinada. Las ganas de cerveza aprietan y pongo rumbo al río al que tendré que volver a bajar. Bajada rápida por camino de tierra y con algún que otro bache y vistas sobre el puente y la central. Ya a pie de río retomo el camino que antes era asfalto y ahora de tierra. Un paseo al más puro estilo riíto Turia allá en Riba Roja. La diferencia es que el Parc Fluvial del Turia está casi abandonado de la mano de dios, no digamos ya de las excelentísimas e ilustrísimas instituciones que se tendrían que estar preocupando del mantenimiento y cuidado del mismo, en cambio este es un camino ancho, abierto y que permite un bonito y agradable paseo disfrutando del paisaje y del entorno. Igualito. Pero la sorpresa llega bajo el monumental puente sobre la N330. 

Allí hay un par de zonas de baños habilitadas con un césped espectacular y unas mesas de picnic bajo los árboles que dan sombra. Sencillamente espectacular. 
 
Pasado este “oasis” llegan las vistas de Cofrentes con el Cabriel bañando los pies de la peña sobre la que se asienta el pueblo y el castillo, otra vista espectacular que perdurará en mis retinas. Afronto la subida al pueblo y ante la hora que se me ha hecho dejo la visita al castillo y la ermita para otra ocasión, una buena escusa de inventarme otra ruta por la zona y seguir disfrutando de este maravilloso entorno que nos ofrece Cofrentes, un pueblo que “solo” tenía una central nuclear. 

Tras cruzar el puente sobre el Cabriel y el incipiente embalse tomo el desvío a la derecha que me lleva al área de recreo donde me espera Teba para comer y tomar unas más que merecidas cervezas, eso tendrá que esperar pues vamos a trasladar el campamento a la zona de baño bajo el puente y pasar allí el resto de la tarde. Inmejorable.






Track de la ruta: http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=14513641 

sábado, 13 de agosto de 2016

CastelldeCastells-Castellet-Els Arcs-Cocull

Om Om Om…
Sarvesham Svastir Bhavatu
Sarvesham Shantir Bhavatu
Sarvesham Poornam Bhavatu
Sarvesham Mangalam Bhavatu
Om, Shanti, Shanti, Shanti…

Traducción de sánscrito a castellano:

“Que el bienestar, paz, unidad y tranquilidad,
felicidad y prosperidad sean alcanzados por TODOS.”

La gran cantante Tina Turner cantando el mantra sánscrito Sarvesham.

Empezábamos la mañana en la terraza con unas apabullantes vistas sobre el Bernia “Narnia para los amigos, jeje” y el mar, tras la línea de costa de Altea, desdibujándose en el horizonte por la fuerza de la bruma. 

Acomodados al fresco,  a la sombra del sol, este poderoso mantra llenaba mis oídos desde el altavoz conectado al móvil, así comenzaba la meditación de esta mañana guiada por Ángel. Tenía ganas de seguir una de sus meditaciones. Tras este potente mantra una meditación escogida por él algo más mística de lo que estoy acostumbrado, pero sin entrar demasiado en ese aspecto que me produce algo más de resistencia me llevo el poder de “este ahora” a lo que será mi “Ahora” cuando esté solo en la montaña. 
Mañana la meditación será en el bosque junto al embalse de Guadalest y el lunes el lugar escogido será en el Coll de Rates. Meditaciones en plena naturaleza. Qué más puedo pedir.

Así que tras llegar con el coche cargado con la bici a Castell de Castells aparco junto al ambulatorio y recorro el pueblo calentando un poco la musculatura antes de iniciar la subida que me conducirá hasta el pas del Castellet. 

Influenciado y con el recuerdo aún fresco por la meditación de esta mañana no podía salir otra crónica que no fuera esta. No, en serio, al margen de todas las connotaciónes religioso-místico-transcendentales-… que pueda tener o quieras encontrar o no en la meditación, creo que nada que te ayude a sentirte mejor y vivir mejor a todos los niveles puede ser perjudicial. Que ahora me ha dado por este “rollo” del Mindfulness y la meditación, pues sí qué se la va ha hacer, me hace sentir MUY bien y verlo todo con otra perspectiva, con otra claridad, de otra manera. Bueno o malo y no lo uno o lo otro…
Así que... adelante, ahora vamos ya a pedalear.

Inicio la subida desde la carretera y este inicio ya no me deja margen para ir reservando, todo metido desde la primera pedalada en una rampa de cemento que pica hacia arriba pero bien. Paciencia, pedaleo y tiempo serán la clave para superar este inicio tan “prometedor”. 

Por fin acaba la rampa de cemento tres curvas después, aquí un ligero descansillo que se convertirá en la rampa principal de la subida excepto alguna rampa más fuerte que encontraré hacia el final. Aprovecho este descansillo para asentar la respiración y probar la técnica que me ha recomendado Ángel como ejercicio para hoy, repetir mi mantra. Así que inspiro un aire saturado de calor y olor a pino recalentado, a romeros secos, a arbustos y plantas aromáticas que impregnan el aire y me llenan los pulmones y la mente de recuerdos de otros lugares y otros tiempos. Exhalo dejando salir ese mismo aire que ya no contiene nada que necesite, lo bueno se ha quedado dentro de mí. Inhalo… exhalo. Inhalo… exhalo. Inhalo… exhalo. Consigo regular la respiración y las pedaladas comienzan a ser más redondas, más acompasadas al ritmo que yo impongo. Al frente el pico del Castellet deja ver los restos del castillo encaramados en una de sus paredes verticales. No he de subir hasta allí, solo hasta el collado que sirve de paso al otro lado de la montaña. 
A la derecha la Serrella se extiende como un cuchillo, a mi izquierda el Xortá muestra su cara más escarpada y rota, en algún momento tendré una vista lejana dels Arcs, es hasta allí donde me dirijo subiendo primero la montaña y luego bajándola. 

No podía haber escogido un camino llanito, que va. Parada fotográfica y otra vez a rodar. También advierto mi momento Mindfulness al percatarme que he dejado de lado mi mantra. Con intención y amabilidad vuelvo a él, sin juicio, sin crítica. Pero inevitablemente con la musiquilla del mantra de Tina Turner en la cabeza.
La rampa no cede ni un ápice y sigo adelante bebiendo más agua de lo habitual y sudando de forma descontrolada. Miro hacia arriba viendo como aún queda muy lejos el collado que imagino escondido entre los árboles que, milagrosamente, siguen poblando estas montañas. Pedalada a pedalada voy avanzando. Respira. Inspiro… espiro y así unas cuantas veces más para centrarme en el momento presente, esta ruta está siendo una meditación consciente en todo momento. Cuando no me centro en la respiración o el paisaje lo hago en la musculatura al pedalear. La siento empujando los pedales, estirando de ellos hacia arriba en el retorno de la pedalada y ganando un poco de fuerza a la gravedad que tira de mí hacia abajo dificultando mi avance. Si, ya sé, todo muy transcendental, pero es lo que hay después de una sesión tan intensa como la de esta mañana. De todas formas si no has practicado la meditación no puedes opinar con tanto criterio y si la has practicado y consideras que no es para ti no le des a estos comentarios más importancia de la que tienen, o sea, ninguna para ti. Sigo subiendo, llego a una nueva zona de cemento y empiezo a vislumbrar el final de esta subida. Así es, delante de mí el collado se abre y puedo ver el azul del cielo al otro lado de la montaña. Llego al cruce. A la derecha la subida al Castellet, o al menos al camino que pasa por debajo, pero tanto da llegar hasta allí como quedarse aquí pues el camino no llega hasta la cima. Recto el camino que seguimos en la ruta de Roda i Pedal: http://rodaipedal.blogspot.com.es/2009/05/cronica-del-aixorta.html  

Me asomo lo justo para poder contemplar la sierra de Aitana y tomo el camino de la izquierda que continúa en subida hacia el Aixortá. Ya estoy en camino conocido, esta muesca en el sillín ya la tengo, metafóricamente hablando pues en aquella ruta vinimos con las bicis “viejas”. Camino conocido pero no recordado pues es aquí donde encontraré las mayores rampas y además con un firme muy roto y pedregoso en casi toda esta zona. Estas dos circunstancias juntas me obligan a tirar de potencia en varios tramos. Un pequeño mirador a la izquierda me deja unas colosales vistas sobre El Castellet, el Cocull mi siguiente objetivo, y la sierra de Alfaro.  


Continuo subiendo por el escarpado camino, primero el otro collado que ofrece también vistas sobre la sierra de Aitana y el Puig Campana. Una finca cerrada que presenta lo que parece ser un pozo bajo la sombra de un pino. ¡Qué fresquito! Este tramo del camino coincide con el fin de la pinada que de momento y en este tramo más alto me abandona por completo. 


No será por mucho tiempo pues estoy llaneando antes de llegar al cruce de caminos. Una vez allí veo como el camino, que sigue recto hacia la Font dels Teixos y que seguimos en la anterior ruta, se pierde en la ladera la montaña. Me despido de él pues yo giro a la izquierda y comienzo una brutal bajada, al principio por camino de cemento. Las curvas de 180 grados me obligan a exprimir los frenos a fuego pues la bici no entiende de curvas peligrosas o salidas de pista o nada que no sea velocidad pura en cada bajada. 

Pero antes de bajar y perder perspectiva una parada para admirar el paisaje y estudiar el mapa a vista de pájaro y ver hacia donde voy. Precaución en cada curva y un continuo soltar los frenos para que se refrigeren un poco pues el calentón que se están pegando me hace temer que se puedan llegar a derretir o cristalizar. Vuelvo a entrar en zona boscosa y voy buscando la senda que encontraré a mi izquierda en una de estas curvas. Llego hasta ella y sin bajar de la bici, con un poco de habilidad entre los matorrales y piedras llego hasta el mirador. Allí sí me bajo de la bici y disfruto del espectáculo. 

Els Arcs. Los colosales arcos de piedra son arbotantes gigantes apuntalando la montaña. Disfruto de la vista mientras sopeso la posibilidad de bajar hasta ellos, pero el inicio de la senda baja por un alud con piedra suelta y mucha pendiente hasta llegar a la senda de abajo que sí parece tan ciclable como esta que acabo de recorrer. De todas formas ese tramo de piedras sueltas me hace dudar pues no resulta muy seguro bajar cargado con la bici por un sitio así, ya tuve esa desagradable experiencia en la ruta: http://bikepedalvalencia.blogspot.com.es/2012/04/tuejar-buena-leche-alpuente-arquela.html  Así que renuncio a esa posibilidad y me contento con ver este espectáculo desde arriba. Ha merecido la pena la subida y la colosal bajada para llegar hasta aquí. De todas formas el premio no era solo esto sino el todo para llegar hasta aquí. Vuelvo al camino y sigo bajando por el camino principal descartando los desvíos que van surgiendo a derecha e izquierda y acatando fielmente las instrucciones del treki que me guía con precisión en cada una de las aventuras que emprendemos. Tomo una última instantánea de la sierra y poco después llego a la carretera. Giro a la derecha en subida, pero llegado al punto donde aparece el camino la vista solo me ofrece, equivocadamente, un camino muy desdibujado que sube la montaña para luego descender hacia Els Corrals de Dalt, así que decido retroceder y tomar un camino más directo desde la carretera casi justo enfrente del camino por el que estaba bajando, unos metros tontos en subida. El Pla de Dalt se sitúa en una pequeña planicie entre este mar de montañas, montículos, crestas, picos y farallones que constituye toda esta zona.


De los corrales poco que decir más que son un buen montón de piedras entre los que se adivina lo que alguna vez fue un muro de piedra. Eso sí, un pequeño pozo alimenta un abrevadero junto a un solitario álamo. Junto a las casas se acaban las bromas y el camino vuelve a picar hacia arriba de forma constante. Otra vez el mantra en mi cabeza y la consciencia en la respiración o en el movimiento consciente de las piernas o en el cosquilleo que produce la gota de sudor que corre por mi piel, esa gota que si no la siento ahora no la volveré a sentir jamás. Respiro sintiendo el aire en mis pulmones, siendo consciente de que ensancha mi tórax y eso permite oxigenar mi cuerpo de una manera que no entiendo pero que sí que puedo apreciar y disfrutar. Me quedan casi 4 km. de subida a más del 8% de media para disfrutar de cada gota de sudor, de cada tanto por cien que se empine el camino o de cada jodida pedalada que voy a dar “to parriba”, ahora vas y meditas, jeje. Pero lo hago. Lo disfruto todo. A eso he venido, a nada más. Ya hace días que lo estoy disfrutando delante de los mapas diseñando esta ruta. Ahora estoy aquí. Aquí estoy, ahora. Y solo ahora. Pero la mente es como es, ella va a su bola y sus patrones son difíciles de modificar. Ella ya está dando pinceladas a esta crónica que aún tardará unos días en escribirse. Otro momento Mindfulness para volver al momento presente y volver a estar en el camino, en la ruta, en el paisaje, en el esfuerzo y la recompensa, en la vida. Las vistas quedan a mi espalda en la subida y como son las mismas que disfrutaré desde arriba no hago paradas que rompan el ritmo, cansino pero ritmo al fin y al cabo. Esta montaña no tiene ni un árbol, tampoco parecen tener ningún sitio donde arraigar entre lo que parece un paisaje lunar, un desprendimiento de rocas. 

Llego arriba junto al aeródromo pero aún queda mucho que subir. La caseta forestal y el vértice parecen estar en otro mundo dos universos más arriba, aquí los minutos pedal caen a un ritmo frenético en una subida que se me está haciendo eterna. Por fortuna el firme está perfecto, con algo de gravilla y algo de piedra pero bien, nada roto ni con roderas ni nada por el estilo, así que voy dibujando la curva que me acerca a la antepenúltima curva … esto no se acaba nunca, no hacen más que alejar y subir la cumbre. Por fin la última rampa, perdón, la última brutal rampa. Llego arriba sin resuello y la chica del observatorio forestal me mira como pensando que estoy mal de la cabeza, ¡dime algo que yo no sepa! Me siento a la sombra de una caseta y respiro hasta recuperarme un poco antes siquiera de poder decirle hola. Tras los saludos y comentarios de rigor saco la cervecita y el bocata y me pongo a beber pues tampoco tengo muchas fuerzas para masticar. Pero el bocata de jamón con tomate y aceite está de p.m. así que sin hambre o con ella cae en el pozo sin fondo que es mi estomago a estas alturas.  

Tras el relax viene el momento de disfrutar de las vistas que me he ganado a pulso. Al sur la Serrella, aunque tapado por un montículo no me ofrece una vista muy clara y cercana de la parte que acabo de transitar hace unos momentos desde el collado del Castellet hasta la bajada por Els Arcs. Sin embargo aún más al sur Aitana sobresale sobre todo cerrando el horizonte visual. 

Al este el Bernia también sobresale sobre montañas más cercanas. Al norte el Montdúver se desdibuja entre la bruma, también las playas de Gandía o incluso el Montgó flanqueado por Denia y Jávea apenas se distinguen entre la calurosa bruma. 

Lástima que el día no ofrezca una mayor claridad para poder disfrutar en plenitud del colosal paisaje que desde aquí se puede observar. Tras disfrutar todo lo disfrutable paisajísticamente hablando, solo queda bajar.  

Me anclo a los pedales y me dejo caer ganando velocidad de forma exponencial. Los frenos ya van calientes y eso que aún no he llegado a la primero curva pues la zesty no distingue entre curvas y barrancos y siempre tiene la máxima de que la línea más corta entre dos puntos es la velocidad. Y así, en un suspiro llego abajo a los corrales, de ahí a la carretera y otra loca bajada esta vez por asfalto y con el peligro de algunas curvas de 180 grados. Ya es más cuestión de llegar que de disfrutar de la velocidad y antes de darme cuenta estoy entrando en Castells, remontando el pueblo y parando junto al coche para dar por concluida una ruta memorable que deja un profundo poso de cansancio en el cuerpo. Esto lo arreglo yo en casa a golpe de cerveza. De vuelta en el coche hasta Tárbena y la casa de Ángel y Alberto que tan bien nos han acogido este fin de semana, el mantra de ahora mismo es “alucinante, qué pasada” “alucinante, qué pasada”…