martes, 7 de enero de 2014

Riba Roja-La Seña-Torre Seca-Casinos-Rambla Castellana


Empezaba el año a lo grande, con una de esas rutas largas e interesantes en muchos aspectos. Iba a tocar una buena parte de caminos conocidos, pero es que saliendo desde Riba Roja ya no puede ser de otra manera. Así que me limito a disfrutar de algunos de los parajes cercanos que aunque pases mil veces no dejan de sorprender por su belleza, y a veces por su simplicidad; es como que están ahí para que los disfrutes sin pedirte nada a cambio. Sin embargo esa contemplación no me hacía ir despacio ya que la ruta es larga y las horas de luz escasas y hay que dejar un margen de maniobra para poder volver de día. Tampoco es que, volviendo por el camino del río, me preocupe mucho que se me haga un poco tarde, el camino no presenta ninguna dificultad ni peligro e incluso podría apurar la hora, pero ni es el caso ni lo recomiendo y no porque valga o pueda valer para mí es un tema a descuidar.
De inicio el camino del río para hacer casi el mismo recorrido que en la ruta a Bugarra: http://bikepedalvalencia.blogspot.com.es/2011/07/ribaroja-bugarra-fuente-la-zorra.html  con un par de excepciones pues quería atravesar unas montañas por la zona norte de Bugarra, pero me encontré con una cantera que me impidió el paso y luego, ya puestos a perder tiempo, decidí acercarme a la fuente de La Hortezuela para almorzar allí ya que es un sitio bonito, y luego por la carretera, que como tiene poco tráfico iba a ser una travesía rápida hasta La Seña de Villar del Arzobispo, el poblado íbero que iba a visitar en primer lugar. Así que rodaremos rápido hasta allí que el camino ya es de sobra conocido y no volveré a insistir sobre lo mismo. 

Tras cruzar la carretera Pedralba-Casinos giro a la derecha alejándome del camino de la anterior ruta, es una zona de caminos agrícolas asfaltados que no presentan ningún inconveniente y que dejan bonitas estampas de la sierra de los Bosques. 

Así llego a un corral en ruinas y allí a la izquierda el camino que quiero probar. Intento atacar el camino nuevo que había marcado pero encuentro una cantera que me cierra el paso, está abandonada y se puede entrar, pero vas a meterte en el hoyo y al otro lado no se ve ni suele haber salida, así que marcha atrás y vuelvo al camino, lo intento en un segundo camino con el mismo resultado y con la rabia de no poder hacer ni siquiera el intento sigo el camino conocido hasta la fuente. Junto a la cantera se dejan ver los rastros de los incendios recientes, por fortuna no llegaron a quemar los Zalagardos. Hay un camino a la derecha que te ahorra el llegar hasta la fuente y el tramo posterior de carretera. Este camino sería uno paralelo al que quería intentar pero como no lo tenía marcado al final decido recorrer más distancia pero llegar a la bonita fuente. 

La tranquilidad en la fuente es algo increíble, solo el agua rompiendo la superficie líquida de la poza donde cae deshace el silencio de ese entorno. Tras el almuerzo he cogido fuerzas y bajo hasta la carretera a las afueras de Bugarra por el antiguo y abandonado campo de futbol. Allí a la derecha hacia Villar por la CV-396. La carretera parece un camino vecinal de tan poco tráfico que tiene y el asfalto, a pesar de ser más aburrido es más rápido, y con el tiempo que he perdido con la vueltecita que he dado ya tengo bastante. Hago una primera subida tras la bifurcación de la carretera que va a Gestalgar y que he dejado a mi izquierda. Asomo a una primera llanura de cultivos y cruzo un cuello de botella entre los montes que me dejarán en la llanura cultivable de las Bodegas de Vanacloig. Ya solo rompe el llano paisaje los montes de los Zalagardos a mi derecha adelante y el cerro gordo a mi izquierda como una atalaya solitaria en medio de este mar de viñas y llanura. 

Al poco de salir a esta llanura un viejo aljibe a la orilla de la carretera me obliga a parar y observar la arquitectura rupestre. Cómo la utilización de los elementos que tenían a mano era capaz de crear aquellos artefactos que nuestros antepasados necesitaban. Hoy esto sería un depósito de acero prefabricado y montado in situ con una gran grúa. 

Poco después a la izquierda un gran corral abandonado también llama mi atención y me hace desviarme del camino para observarlo de cerca, quien sabe si volveré a visitar esta zona y en caso de hacerlo si este viejo edificio estará aún en pie. Otra vez en la larga recta. Velocidad de crucero y a comer km. como si estuviera loco, el asfalto da para poco más, eso sí puedes observar el paisaje con toda tranquilidad pero casi no lo sientes y por tanto no lo vives, pero cada vez hay más caminos asfaltados y otras veces la evidencia de ganar tiempo te hace sucumbir a la tentación. Enseguida la altura del Cerro Gordo queda a mi izquierda como una tachuela mal clavada en mitad de la llanura, solitaria y sin caminos que la hagan accesible. Ahora, documentándome tras la ruta descubro que a sus pies hay un aljibe medieval. Tras esto a la izquierda de la carretera comienzan a aparecer casas y corrales hasta que un gran grupo de casas vuelve a llamar mi atención. 

Una blanca fachada y un tejado venido abajo. Llego al camino que se adentra a la izquierda y me acerco a ver las viejas casas. 

La Casica de 1929 es todo lo que reza en la fachada, luego buscando información veo que es el cortijo de Roger, una casa de veraneo con grandes extensiones de cultivos en donde se instaló un aeródromo republicano durante la guerra. 

Junto a la casa un refugio antiaéreo con dos entradas y que desde fuera se ven en buen estado de conservación. No así la casa que presenta un lamentable estado de abandono y semi ruina, así como el resto de edificios del conjunto. Esta casa, o mejor dicho el aeródromo y los bunkers están señalizados como parte del itinerario cultural La huella del hombre: http://blog.valenciaterraimar.org/index.php/2013/12/ruta-de-la-huella-del-hombre-en-villar-del-arzobispo/  por el ayuntamiento de Villar, es una lástima que no se rehabilite algo la casa. Vuelvo a la carretera con la ilusión de haber encontrado algo totalmente inesperado, un valor añadido a la ruta de hoy. Giro a la izquierda y me dirijo hacia el poblado íbero, pero en el siguiente cruce una señal me indica al aeródromo, claro, yo allí mismo no sé nada de esto y sigo la señal, en el siguiente cruce, junto a una pequeña barraca de chapa, otra señal indica direccionalidad pero no dice a donde va ¿…? 

Qué pasa aquí? intuyendo que puede ser el mismo sitio del que vengo decido girar a la derecha y entrar al poblado por la parte de atrás desde la carretera de servicio. No será posible ya que solo hay un acceso que además no está indicado desde la vía de servicio paralela a la CV-35, es por eso que en una anterior ruta por esta vía de servicio no había llegado hasta dicho poblado ni conocía su existencia, y es una lástima que estando a 50 metros pases por allí sin enterarte. Lo encuentro en el punto exacto donde me dice el “Treki” que está. 

El poblado está partido en dos por una acequia o canal que deja una pequeña parte junta  a la carretera y que es la que se ha rehabilitado. Un panel interpretativo nos sitúa en las actividades de sus gentes para conocer un poco mejor su/nuestra historia. Tras las fotos tomo el paso inferior que me llevará al otro lado de la autovía. Voy un poco por la vía de servicio y junto al canal giro a la izquierda para adentrarme en los caminos. 

Luego me acerco hasta un antiguo horno que se ha habilitado como basurero, vamos, casi lo mismo que los arcenes de las carreteras valencianas. De ahí paso por un pequeño campo de aviación para aviones de aeromodelismo, similar al de Cheste. Ahora ya sigo el camino hasta la CV-345 entre Villar y Casinos. La tomo a la derecha por el arcén y con bastante tráfico de camiones, por fortuna casi todos en sentido contrario. Pero eso me dice que más pronto o más tarde volverán. Así que acelero en este tramo de ligera subida y mucho más en el tramo de bajada. 

Nada más salir de la parte más montañosa a los cultivos, la carretera hace una isleta para facilitar la incorporación o el desvío a la izquierda, tomo esta salida que pasa por delante de una fábrica de tratamiento de áridos, poco después un gran puente sobre la rambla Castellana o de Artaj con una interesante panorámica. Tras cruzarla giro a la derecha y acompaño la monumental rambla que aquí tiene proporciones grandiosas. Poco después sigo el camino asfaltado que se separa del barranco y comienza a rodear la atalaya donde está el poblado. Llego a otro cruce: delante el área recreativa de la Torre Seca. Giro a la izquierda y busco algún camino a la izquierda que comience a subir. Encuentro un camino algo destartalado pero que con potencia y eligiendo la trazada se puede subir bien. Este me llevará hasta una primera muralla defensiva de piedra, el resto ya no es ciclable pero ya estoy arriba. 

Recorro el recinto; en la parte más alta se ha levantado un mojón que no parece tener nada que ver con el poblado. 

Se puede observar parte de las murallas defensivas, pero nada de lo que pudieran ser las viviendas, así que como poblado no se puede llegar a identificar, aparte de que nada, ni una sola señal indica que aquí hubo un poblado íbero, pero es ameno y revelador este texto: http://adictosavivir.blogspot.com.es/2012/07/la-torre-seca-casinos-valencia.html
Hago las fotos de rigor, teniendo una vista privilegiada de la escalinata del canal del Turia allá en Casinos en la parte norte de los montes Zalagardos , así como una bonita panorámica de la Monrabana (otro poblado íbero) y de Llíria y el mar más al fondo, hoy tapado por la neblina. Emprendo la bajada con la precaución que impone rodar entre pedrolos grandes. Llego abajo y hago una paradita en el parque para reponer fuerzas y ver más detenidamente el aljibe aunque de tiempos más modernos. Pongo rumbo a Casinos, en donde me maravillaré con un par de casas tras pasar por su moderna iglesia y su campanario a modo de faro. 

Recuerdo ahora el infernal tránsito por dentro del pueblo antes de la autovía, era algo imposible entre los semáforos y la gente parando a comprar peladillas, hoy casi parece un pueblo fantasma comparado con aquellos domingos de locura. Callejeo buscando acercarme al barranco y ver el profundo tajo que la fuerza del agua ha infligido al terreno. 

Un cañón estrecho y profundo donde la fuerte corriente no conocería límites es algo espectacular. Encuentro un camino que baja y lo tomo para recorrer lo máximo posible esta rambla. Poco después encuentro algunas pozas que se forman tras la caída del agua desde la depuradora. Paso entre unas piedras procurando no mojarme lo más mínimo y voy salvando algunos pequeños obstáculos hasta que el camino se hace perfectamente ciclable. 

Poco a poco se va ensanchando el cauce y solo alguna pequeña trampa de cantos rodados muy sueltos me hará bajar la velocidad. Llego enseguida a la zona de las canteras y enlazo con el camino ya conocido por la ruta: http://bikepedalvalencia.blogspot.com.es/2010/12/riba-roja-casinos-escalinata.html pero hoy hago un pequeño desvío y subo hasta Domeño nuevo. 

Quiero ver el campanario de la iglesia, ya que es muy parecido al de los pueblos nuevos desplazados que se crearon a raíz de la construcción del embalse de Loriguilla. Tanto Loriguilla como Domeño e incluso Marines nuevo, este trasladado de sitio por la riada, tienen una planta de pueblo similar, muy cuadriculado y con una vida muy activa en torno al centro del pueblo donde suele estar la iglesia y ayuntamiento. Efectivamente tampoco tiene mucho más que ver, salvo que la vida es mucho más tranquila que en los pueblos tradicionales, también es cierto que son bastante más pequeños. 

Vuelvo al río, la rambla, aunque solo lo sea en época de lluvias, para dirigirme hacia el verdadero río, el Turia. 

No llegaré hasta él ya que antes de la gravera por donde he cruzado esta mañana, tomo una salida hacia la carretera y bajo hasta el Mas del Río, una elegante y grandiosa masía que aún conserva la actividad agraria de los campos circundantes. 

Al otro lado del río el Mas dels Frares que también conserva su actividad. Luego por el camino agrícola asfaltado hacia Vilamarxant pasando por dos preciosas masías una a cada lado del camino. 

Una de ellas conserva los elementos típicos de una ermita o iglesia y también tendré que consultarlo con mi amigo Vicente a ver qué sabe de esto o qué puede averiguar. Continúo pasando por la paralizada CV-50 que curiosamente hizo casi antes el carril bici que la carretera, ¡¡¡ eso es tener previsión y altura de miras, si señor !!! después llego al cruce de la carretera de Vilamarxant a Llíria, hoy no voy a dar el rodeo para evitar el cruce, lo hago con precaución y viendo que no hay coches a la vista me animo a rodar por la carretera recta hacia Benaguacil y tomar el desvío hacia Vilanova y la balsa de riego, el camino de Zampa y lo más recto posible a Riba Roja. 

Solo queda una última parada antes de llegar a casa. Por este camino hay una especie de viejo pozo con una cúpula característica que he visto otras veces y que hoy me propongo encontrar. Lo hago tras una casi doble curva izquierda derecha, este segunda muy cerrada y junto a una parcela con pinos a mano izquierda. 

El siguiente camino a la derecha me lleva hasta este pozo o aljibe de curiosa construcción, ya solo queda llegar a casa y reponer líquidos antes de la ducha calentita, y después a preparar la siguiente ruta.


Track de la ruta: http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=5912398

martes, 10 de diciembre de 2013

Riba Roja-Lloma de Betxí-Manises


Esta ruta iba incluida, en un principio, en aquella que tengo prevista al Tos Pelat de Moncada. Su lógica estaba en que aquella ruta irá muy unida a la RAM (Real Acequia de Moncada)ya que dos de los lugares de máximo interés radican en los molinos de Albalat y de Moncada junto a la citada acequia, así que qué mejor que pasar por el propio inicio de la acequia como homenaje. Pero la gran distancia de la ruta aconsejaba dividirla y dejar tramos más cercanos ya hechos y así disfrutar un poco más de todos los puntos de interés en ambas rutas.

Así que me pongo en marcha bajando rápido hacia el río. Con el sol apenas asomando por encima del horizonte de árboles y dificultando la visibilidad una barbaridad, pues este inicio de camino se dirige hacia el este y el sol es una linterna proyectada directamente a los ojos. El tramo conocido del río Turia hasta masía de Traver no ofrece nada nuevo y a la vez es todo diferente. Al buen observador le basta un día, que digo un día, unas horas para ver transformado el bosque en otra postal totalmente distinta en la que no cambian los actores pero que cambia la luz, las formas, las texturas, los aromas y sutilezas de una naturaleza cambiante a marchas forzadas, con la humedad flotando en el ambiente al amanecer  o con el sol de mediodía apoderándose de esa leve humedad que antes amortiguaba los sonidos y revivía los colores y olores. Ya digo, nada distinto y todo nuevo. Un paisaje digno de admirar y saborear, de disfrutar como si fuera la última vez, el último regalo de un bosque hasta hace poco desconocido. 

Llego al desvío de la Masía de San Antonio y recorro los pocos metros que me separan de ella. Un par de fotos a la masía y al precioso panel cerámico son más que suficientes para acabar hasta los mismísimos de un perro que no para de ladrar y amenazar con destrozar la cadena que lo sujeta; si esto es lo que esperan que sufran los ciclistas que se acercan por aquí a almorzar que no cuenten conmigo, la amabilidad con la que somos recibidos ladra a la vista. Tanto en esta masía como en otras cercanas se ha puesto de moda el tener caballos para dar paseos por el parque fluvial, pero a estas horas los potros campan a sus anchas en amplios recintos de tierra con la tranquilidad que dejan los ladridos del dichoso perro. Me alejo de allí antes que un trozo de pared vaya a ir detrás de la bestia que estira de la cadena que se ancla a la pared y pongo rumbo a la Vallesa pasando por la estación de metro del Clot. Primero pasando bajo el acueducto y sobre el barranco de Mandor al mismo tiempo, y luego subiendo entre la chopera para remontar por una sendita junto a la vía y cruzarla ya arriba por el paso accesible, sin un absurdo ascensor, por cierto que esta estación de metro también está en el término municipal de Riba Roja, pero o es que el metro es menos importante que el tren de cercanías, aunque tenga más frecuencia de paso, o es que la seguridad de estos vecinos importa menos, o es que el listillo de turno ya se marcó suficiente estupidez con los citados ascensores de Loriguilla, en fin. Junto a la vía he pasado sobre la carretera que ahora tendré que cruzar. Como resulta que esta parte de la Vallesa es privada no hay un acceso, ni siquiera peatonal, hay que hacer un poco de encaje de bolillos para llegar hasta allí. Cruzada la carretera ya entro en el nuevo ensanche proyectado para agrandar las urbanizaciones a costa de la pinada de la Vallesa, por supuesto de la parte pública, que entre urbanizaciones, el metro, las ampliaciones de las líneas de alta tensión y demás zarandajas cada vez queda menos bosque comido por el imparable y voraz apetito financiero de los que quieren pelotazos a costa de lo que sea. 

Hubo una iniciativa de marcar árboles para impedir que se talaran, no sé hasta qué punto tuvo éxito, imagino que más bien poco y cuando se hagan las parcelas y los chalets menos aún. Me dedico a vagar un poco por este “extenso” pinar y las mil y una sendas que lo recorren. Se trata de disfrutar del entorno para acabar llegando a la zona de trincheras  de la guerra civil. 

Este funesto patrimonio de nuestra historia languidece absorbido por una naturaleza que siempre estuvo allí y que sirvió para cobijar el horror de aquellos terribles momentos de lucha, hoy, y ante la falta de señalización de estos elementos históricos, la naturaleza reclama su parte y vuelve a tomar, poco a poco estos lugares, tapando con su verde manto de vida el horror de aquella tragedia. Vuelvo a las sendas, a los caminos pedregosos y las bajadas técnicas disfrutando de cada pedalada en este bosque tan cercano y que a veces dejo largo tiempo olvidado. Me dirijo hacia una casona con una puerta de hierro forjado que llamó mi atención desde la primera vez que la vi hace algunos años. 

El portalón es tremendo con sus filigranas y su escudo de armas. Tras esto voy dirección sur-suroeste hacia el paso a nivel de La Vallesa. Poco después el camino entre la urbanización se torna una senda pegada a la verja que delimita la parte privada de este bosque. Mi siguiente punto de destino está allá abajo, junto al río, bueno casi, así que sigo bajando siempre con la verja a mi derecha y disfrutando de tanta pinada y tantos caminos 100% biker. Al final el camino muere junto a una puerta que entra hacia los naranjos al otro lado de la valla, junto al más de Vélez. A la izquierda un puente salva el barranco y sirve de paso a una tubería de agua. 

El puente, con su valla de madera es una autentica preciosidad, solo faltan los hobbits paseando por él para que el cuento quede precioso. Más a la izquierda sobre la loma está el poblado Íbero de la Lloma de Betxí. Unas horribles estructuras a modo de parasol de uralita metálica afean sobremanera el entorno. Y es que una cosa son las excavaciones arqueológicas y otras cuidar el paisaje, aquí cada colectivo va a la suya y lo demás no importa, la estética no le importa al arqueólogo, la accesibilidad no le importa al paisajista, los costes de lo uno o de lo otro no le importa al político que gestiona la pasta desde la comodidad de un despacho, y si puede trinca algo que para eso maneja la pasta que le recorta a unos y a otros… podría seguir pero me estoy encendiendo, así que me dedicaré a la ruta. Al final resulta que la panorámica es fea por las estructuras metálicas instaladas para unas excavaciones largo tiempo paralizadas, el acceso es pésimo por no decir algo peor, la señalización se la han pasado por el forro… pero seguro que en algunos presupuestos habría una partida para todo ello, y suma y sigue. Retrocedo por otro camino para llegar a la base norte de la loma. Allí una senda muy rota se deja ver como inicio de la subida, empujo la bici hasta arriba para llegar a un poblado muy similar a los conocidos del Castellet de Bernabé, El Puntal dels Llops o La Monrabana. 

En bastante peor estado de conservación a simple vista aunque quizá más importante en cuanto a los hallazgos encontrados, no sé, pero parece un solar en construcción. Tiene unas vistas muy cerradas de la parte del río que le queda muy cercana hacia el sur, en concreto de la Presa de Manises; la Rodana del Pic y el campanario de Riba Roja que, lógicamente, no estaría en su época, hacia el oeste. El puente y La Masía de Vélez aún son más visibles desde aquí arriba. Bajo atravesado el poblado de norte a sur y sigo disfrutando del paisaje con tramos algo más complicados de terreno debido a la arena suelta y blanda que se acumula bajo las ruedas. Llego al acantilado sobre el río. 

Abajo la estación de aforos de Manises donde el río se vuelve una lámina de plata, que dibuja difusamente la arboleda que lo rodea. 

A la izquierda el puente nuevo del parque fluvial y el área de recreo que se ha expandido y acondicionado junto al azud de la RAM. 

Estoy justo detrás del edificio que se presenta como una enorme masía. Ruedo un poco por aquí y por allá intentando acercarme a la toma de agua de la acequia pero está todo vallado, así que sigo adelante y cruzo la A-7 giro a la izquierda y pegado a ella y a su ensordecedor e incesante ruido voy hacia el mirador de Paterna. Antes llego a una zona de bosque en la que el camino que venía siguiendo desaparece y allá te las compongas para cruzar por las sendas que, en alguna bajada, es un tanto peligrosa. Ya conocía este tramo de camino desde hace años, pero creía que lo habrían acondicionado pues es un paso casi natural como alternativa al camino del río. Tan solo hay una bajada muy, muy, pero que muy pronunciada que si no quieres arriesgar mejor te bajas de la bici y problema solucionado, con lo que el acondicionamiento del camino sería muy sencillo si alguien se tomara el más mínimo interés. Luego, tras una breve subida se llega al citado mirador acondicionado con unas mesas bajo unos pinos que dan sombra. 

Vistas al río y a la zona del Mas del Racó de Manises con la pasarela de madera acondicionada para cruzar el río. Los naranjos y las masías llenan este espacio que de momento es lo único que queda de huerta en Manises, pues tras la paralización del Gran Manises solo queda esto. La huerta que conocía de toda la vida bajo de mi casa cuando era niño ha o está, a punto de desaparecer. Almuerzo aquí antes de seguir el camino que se unirá al parque fluvial poco antes de la toma de la acequia de Mestalla. 

Luego paso bajo el megalítico puente nuevo de Manises a Paterna. 

Sin comentarios, bueno sí: el puente es el doble de ancho porque algún espabilado nos ha querido regalar a peatones y ciclistas una acera y un carril bici a cada lado de la carretera el doble de ancho que la propia carretera. 

Cosa que le agradecemos, no vaya a parecer que encima somos unos desagradecidos, que tras la rotonda, que ha costado más de millón y pico de euros, “glorieta” dicen ellos en un cartel que además no tienen ni la decencia de haberse ahorrado para al menos no restregarnos por la cara el escandaloso coste de esta memez. 

Gloria no sé de quién pues el acceso a Manises sigue igual de estrangulado que ha estado siempre debido a que la calle Rafael Valls no da más ancho del que tiene. Cuanto ha cambiado desde los tiempos en que este paso se hacía en barca, aquello era en la década de 1920-30. Pero acabáramos, la solución, tontos de nosotros, ha sido cargarse la poca huerta que quedaba en Manises para hacer una “ronda norte” y una ciudad del deporte, y los terrenos restantes los recalificamos y otro pelotazo. De esta manera damos una doble entrada y salida al pueblo y ya nos sirve el carril (que ya teníamos antes en el otro puente) para congestionar este acceso, pues ahora se quedará pequeño el puente. Me dedico un momento a admirar el puente que eso si, bonito es. Moderno pero bonito, cuanto menos curioso. Así que doy, primero un paseo por lo que cuando era niño era el camino que bajaba junto al río hasta la escala primera (azud de la acequia de Mestalla). El azud está casi tapado por el cañaveral que crece sin control y que apenas deja divisar las gastadas piedras que a fuerza de correr el agua acabaron desgastadas e irregulares, menos mal que desde el camino del río se ve mejor este azud. Sigo adelante buscando lo que antaño fue un campo de deportes al que bajábamos desde los colegios para hacer algunos ejercicios como lanzamiento de jabalina. De aquello no queda ni rastro, pero mejor haber dejado perder un campo de deporte para ahora poder hacer otro nuevo. 

Así que continúo hasta la escala 2ª (donde está la toma de la acequia de Mislata), aquí recuerdo que había una senda que cruzaba la acequia y se adentraba en la huerta, que en aquellos tiempos parecía tan grande en la parte norte de Manises. Retrocedo dejado atrás fantasmas del pasado y tomo un camino a la derecha que sube y llega casi inmediatamente a la parte trasera de los colegios. 

Aquí el nuevo bulevar o ronda norte o como le quieran llamar está a medio terminar, algo más atrasada parece que va la ciudad del deporte. Ya puestos voy a recorrer este vial antes de que se inaugure. Llego por él en un minuto a la rotonda de Francisco Valldecabres. Justo antes tomo, girando a la izquierda el Passeig del L’Horta que no es más que el paseo que se hizo al cubrir la acequia de Quart. Esta acequia, la acequia de Manises de toda la vida nace junto al puente de la A-7 unos metros después de la acequia de Moncada y discurre por la margen derecha del río. En Manises alimenta, o alimentaba el Molí de Daroqui, central hidroeléctrica Volta o Molí de la Llum como comúnmente se le ha llamado siempre.  Esta es la acequia que pasaba por detrás de mi casa cuando era pequeño, luego se cubrió y dejamos de perder balones que caían constantemente a la acequia y que seguían su curso, inevitablemente si no éramos capaces de recogerlos antes del puente de la “fabriqueta” también hoy desaparecida y lugar por el que bajábamos a la huerta de mi abuelo. Estoy siguiendo el trazado de esta acequia con la intención de encontrar, si alguna vez lo hubo, algún rastro de un lavadero en Manises. Las cuevas, donde vivió mi madre en su niñez también han dejado paso a modernas casas, así que de ese vestigio histórico tampoco tenemos ningún testimonio. El curso de esta acequia pasa por el acueducto de Els Arcs y llega a Quart de Poblet donde aún tiene un bonito elemento hidráulico junto a la ermita de Sant Onofre. 

Así que recorro todo el tramo de la acequia hasta Faitanar y me adentro en el barrio de Obradors. Hoy prácticamente sin actividad industrial relacionada con la cerámica que era su principal valor y con muchas casas en lamentable estado de abandono o directamente demolidas. Callejeo por un barrio largo tiempo olvidado por mí. Y así llego a la fábrica de Cerámica Valenciana J. Gimeno Martínez. 

Un viejo y  bonito edificio con un torreón a modo de castillo. Disfruto de ver este edificio como nunca antes lo había admirado. Sus formas, sus paneles cerámicos, su historia que es la historia de un pueblo. Una industria casi desaparecida no solo ante el imparable poder de una industria venida de oriente a bajo coste, sino también ante las cosas mal hechas y una absoluta falta de previsión y creer que ya estaba todo hecho y no saber adaptarse a los tiempos cambiantes, pero tampoco conozco en profundidad los hechos como para juzgarlos aquí, ni tampoco es a eso a lo que me dedico. 

Admiro varios paneles cerámicos en un patio interior que es una delicia. 

Luego retrocedo por el barrio, para no coger la carretera y me adentro en el casco antiguo del pueblo pasando junto al museo de cerámica, la ermita de Sant Antoni y la plaza del Corazón de Jesús. Buenos recuerdos se agolpan a la vez en mi memoria. Partidos de futbol en aquella recién inaugurada plaza que nos hacía salir corriendo cuando algún guardia asomaba por la esquina, entonces la autoridad era la autoridad y el hecho de saber que estábamos haciendo algo malo o prohibido nos llenaba de miedo, eso también ha cambiado y de qué manera. 

La casa del club de ajedrez, que ahora es una comparsa me muestra su fachada y su puerta cerrada atrapando adentro mil y un recuerdos, millones de jugadas, de jaques, de peones sacrificados en pos de un Rey mucho más importante, mira casi como la vida misma. Pienso con nostalgia y algo de tristeza, ante la puerta, mi siguiente movimiento. Callejeo entre calles estrechas que contienen el vía crucis de paneles cerámicos adosados a las paredes de las casas con el reconocimiento a las familias que los han patrocinado y costeado. Así llego a la plaza de la iglesia. 

Tan grandiosa que yo siempre la llamé la catedral, aunque solo es una iglesia, la de San Juan Bautista, y que como curiosidad tiene su cúpula de reflejo dorado metálico única entre las iglesias de Valencia. 

Sigo mi recorrido por callejones estrechos que algo tienen que ver con mi infancia y juegos de niños. 

Y así llego a una calle muy especial aunque a otros les traerá más recuerdos que a mí, no me resisto a hacer la foto que otros compañeros seguro reconocerán, continúo adelante. Otra vez hasta la ermita y giro a la izquierda pasando frente al ayuntamiento. Es un edificio bonito pero mi cabreo con la política hace qué pase de él y siga adelante. Esta huida hacia adelante me lleva a mi antiguo barrio: tan igual y tan diferente. Tan extraño, tan desubicado que no me dice nada y a la vez me llama por mi nombre. No queda nada de aquella calle de tierra en la que jugábamos a mil y un juegos que hoy forman parte de la prehistoria y con los que sería imposible entretener a los niños de ahora. 

Hasta la calle parece más pequeña y estrecha y me hace preguntarme cómo era posible jugar mientras había coches aparcados e incluso había un carril para que estos pudieran pasar. Veo mi portal, mi balcón, mi ventana, nada es mío y en cambio podría identificar cada palmo de aquella casa de apenas 50m2 que me vio nacer y crecer. Ya no pertenezco aquí así que me voy, en realidad ya no sé a dónde pertenezco. Salgo a Francisco Valldecabres, llego a la rotonda a la que antes casi he llegado, giro a la derecha y luego izquierda para bajar al río. Allí llego a la escala 3ª, al azud de la acequia de Tormos. 

Junto al río se ha habilitado una explanada con unas mesas de piedra y una fuente. Aquí toda la vida hubo un merendero bajo una enorme chopera que daba sombra y frescor a aquellos veranos infantiles, veranos en que veníamos a bañarnos a un río limpio, al menos en apariencia, quizá ya estuviera más contaminado de lo que creíamos pero esa certeza nos llegó años más tarde cuando el agua empezó a tener color y perder su transparencia. Ya remonto el río hacia casa pero antes aún he de hacer algunas paradas. 

La primera es en una torre casi junto el paraje del Salto del Moro que queda allá arriba a la izquierda Allí hay una torre con una pasarela, una especie de viejo molino o central eléctrica, no sé muy bien lo que es pero que forma parte de este espacio fluvial desde lo más antiguo de mi memoria. Las panorámicas que ofrece el río son un tapiz de colores otoñales tanto en el suelo como en la luz difusa que pinta el cielo de un azul especial, más denso y más azul, sin ese dolor en los ojos del cielo veraniego. 

Qué decir de los árboles que me obsequian postales que me obligan a parar a cada isntante. Luego, tras pasar la pasarela giro a la izquierda para adentrarme en el Racó, una barriada de Manises alejada del casco urbano y que veía hace unas horas desde el otro lado del río cuando almorzaba en el mirador de El Pontó. Hay varias grandes casonas pero yo ando buscando unos pequeños huertos de alquiler: Los Huertos del Turia. Es esta nueva moda urbana de tener un pequeño huerto en propiedad o alquiler para ir a cultivar tus propias verduras y así estar un poco más en contacto con la naturaleza, hacer algo de ejercicio y dejar atrás el estrés a base de azadón y de arrancar malas hierbas. Es curioso que en de la partida del Racó halla dos masías que se disputan e nombre y hasta tienen su propio panel cerámico que lo reivindica. Toda esta zona es por la que hacíamos el paseo, unos buenos 5Km. que casi todas las tardes, cuando volví de Mallorca me hacía a diario en compañía de mi hermana, luego la tradición la siguieron los compañeros de Roda i Pedal, cuando yo me fui a Riba Roja, bien para abrir el apetito o bien para asentar la comida dominical. 

La última de las masías ha cerrado el paso aduciendo aquello de camino particular, y aunque no hay  una cadena que cierre el paso no hay motivo para una absurda discusión. El caso es que retrocedo admirando de nuevo las viejas y muchas abandonadas masías que junto a la acequia habrán vivido tiempos mejores. Llego al barrio de San Francisco y giro a la derecha en busca de la masía de San Juan. 

Allí, aparte del curioso y precioso arco de entrada hay una ermita o capilla visible en la distancia. Raudo me preparo a sacar unas fotos para Vicente e intentar un nuevo hallazgo de ermita. 

Entre la distancia y el camión aparcado casi delante me deja poco espacio para la foto, pero algo es algo. Sigo hasta el final del camino pues este se mete, a la derecha en la propiedad privada por la que no me he querido meter unos 100 metros más allá. Recto sigue el camino que baja hacia el río para encontrarse con la pasarela que se ve desde el mirador y que era, antes del parque fluvial, el único paso, a través de unas piedras y unos tubos rotos para llegar al otro lado del río y poder llegar a la Vallesa. Ahora vuelvo a retroceder y tomo un camino a la derecha que se adentra en un páramo de hierbas altas y secas. Al fondo se ve una colina y bajo ellas las cuevas del Champiñón. Hacía años que no pasaba por aquí pero hoy tampoco será el día, el camino está tan cerrado por la maleza que harían falta unas grandes tijeras de podar o una moto sierra para despejar el camino y poder acceder. 

Así que tras unos cuantos intentos por aquí y por allá desisto y me conformo con la foto de lejos de este paraíso de la exploración cuando éramos pequeños, esto estaba en los confines del mundo y aquí había que venir con alguien que supiera el camino, además de no decir nada a nuestros padres pues qué era aquello de ir tan lejos y a ver qué íbamos a hacer allí. Tras la foto subo al camino y giro a la derecha para ir hacia el bike pass, luego me acerco a ver el azud de la acequia de Tormos o Daroqui, no es visible desde este lado del río, o no al menos a donde me he ido a parar pues las cañas se interponen ocultando la visión. 

Sigo camino adelante y llego a la RAM con una vista un tanto distinta desde debajo de la pasarela. Me llama la atención la poca agua que baja por el río, no es el primer día que pasa últimamente. Una nueva foto de la acequia de Moncada, que por cierto no pertenece al sistema de regadío de la vega de Valencia y que por tanto no se somete al régimen de justicia que imparte el Tribunal de las Aguas. Ya solo me queda remontar el río, llegar a Masía de Traver y rendirle tributo al monumental plátano que allí hay declarado como árbol monumental. 

Es un ejemplar magnífico y maravilloso. Subo la rampa y observo más detenidamente la masía que desde siempre la he conocido como un restaurante aunque eso no le quita espectacularidad a sus formas en lo alto de la loma que domina el paso del río. Sigo camino adelante hacia Riba Roja para, en lugar de cruzar el puente viejo, continuar paralelo al río y subir junto al convento y castillo y tomara las callejuelas interiores que me llevarán a casa algo más rápido que rodeando el río y subiendo por donde he bajado esta mañana. La ruta ha dado sus casi 50Km. con un poco de todo. Asfalto, caminos, sendas, bosques, el río, y un montón de historia y de recuerdos que rememorando con la cerveza en la mano me ponen una pequeña sonrisa en la cara, de esas que dicen que la ruta ha merecido la pena.