miércoles, 5 de junio de 2013

Requena-Hortunas-Montote(por el río Magro)


La semana de las amapolas. Tras el increíble Finde Biker con Roda i Pedal, hoy me tocaba una ruta en solitario. Las piernas aún guardaban algunas sensaciones de la ruta del sábado subiendo al pico Calderón: http://rodaipedal.blogspot.com.es/2013/06/puebla-de-san-miguel-pico-calderon-las.html  y las retinas conservaban en la memoria "ram" las imágenes coloristas de las amapolas con las que nos deleito todo el fin de semana el rincón de Ademúz. Hoy no iba a ser menos y literalmente iba, en algunos tramos, a sumergirme en la inenarrable realidad de ese rojo casi fosforescente. Vamos a pedalear.
La ruta estaba prevista desde Hortunas como punto de partida y llegada, pero teniendo el tren hasta Requena era más fácil y cómoda planificarla desde aquí, así que cambié un poco el orden de los factores sin alterar demasiado el producto, solo le añadía algunos Km. de más desde la estación hasta el puente de Jalance sobre el río Magro, lugar al que llegaba la anterior planificación de la ruta. La única pega de esta nueva planificación es acoplarte a los horarios del tren y terminar la ruta, sí o sí antes de la salida del último tren.
Así que a las 06:00h. en pie, desayuno rápido y en coche a Loriguilla para coger el tren de las 07:11h. que me deja en Requena minutos después de las 08:00h. El sol aún no calienta todo lo que sería de esperar a estas horas, pero es lo que tiene estar a 700 metros de altitud y con un vientecito juguetón en esta primavera rara que no nos acaba, definitivamente, de llevar hacia el verano… todavía. Así que de momento no me quito la manga larga que traía por si acaso. Salgo de la estación y bajo recto por la avenida hacia la gasolinera y la rotonda de Albacete. Antes de llegar a ella a la izquierda para buscar el paso de peatones y cruzar la antigua N-III, y por la vía de servicio buscar la vieja carretera de La Portera que pasa sobre el río Magro, por un nuevo puente junto al antiguo puente de Jalance. Hay fotos por internet del puente cuando aún conservaba la cruz y las bolas que adornaban el puente, con un caudaloso río fluyendo bajo él, imagino que menos contaminado que en la actualidad. 

Sin embargo el puente de dos ojos aún sigue siendo una preciosa obra de cantería que admirar. Restaurado en el siglo XVIII aunque su construcción es anterior al siglo XVI.
Pues comienza de verdad la ruta. La parte urbana la dejaremos como calentamiento. Esta carretera apenas tiene tráfico y de todas maneras la abandonaré, momentáneamente, en pocos metros, por el segundo camino tras pasar la casa del Registrador a la izquierda, para meterme de lleno en la parte de cultivos. 

Las vides cubren grandes extensiones de terreno y ondulan con los campos que le fueron ganados a las montañas. Me acerco hacia la pinada para llegar al final del camino; este acaba abruptamente en un campo de almendros a través del cual sigue la senda que se adentra en la pinada. Dejando un pequeño barranco a la derecha, y la carretera de La Portera un poco más allá, transito esta senda sin ninguna dificultad para ir subiendo hacia el Collado de la Calera. Allí, girando a la izquierda, enlazo con un camino ancho que parece que alguna vez estuviera asfaltado; ahora le falta la piel negra, pero debajo están las piedras de machaca que, compactadas y cubiertas de alquitrán, conformaban las carreteras de antaño. Es un tramo de subida que me hace sudar profusamente. No es una subida brutal ni mucho menos pero no se sube gratis. Esta subida la repetiré en unas horas. Paso junto a la abandonada casa del Trillero y sigo subiendo para llegar arriba de este collado. Giro a la derecha y luego a la izquierda, por el camino principal en bajada, hacia una casa. 

Una preciosa pinada y un camino desdibujado se deja caer hacia el valle del río, sigo el camino haciendo un pronunciado giro a la derecha para encontrar una cadena que corta el paso a vehículos, luego entenderé el porqué. Paso por un lado y el camino pronto se estropea. Me llaman la atención las múltiples semi construcciones de piedra que asemejan parapetos, otras se amontonan formando pequeñas columnas, no les encuentro otra finalidad más que la de pasar el rato y querer dejar, cada caminante su impronta, su sello, su marca. En el tramo siguiente, el camino desaparece y se convierte en senda aérea. Muy pegado al barranco y con una inclinación lateral bastante pronunciada. Este tramo es imposible para los coches, interpreto que de ahí la cadena. 

Es inclinado incluso para la bici, por lo que hay que extremar la precaución. Inmediatamente después de este tramo la pendiente es tan pronunciada y con tanta piedra suelta que es imposible ciclarla, por lo que tengo que echar pie a tierra para bajar con seguridad. A estas alturas el profundo cañón del río Magro ya se ha instalado a mi izquierda y me brinda, de cuando en cuando, unas abrumadoras vistas de su grandiosidad. 

Sigo bajando a pie, el poco más de un Km. que me queda hasta el camino. Llego abajo, otra cadena y otra señal. Lógico, no hay más que mirar hacia arriba para comprobar que es imposible circular por ese pseudo camino. 

Me incorporo al camino principal, esto es una bikerpista forestal, que ahora hago hacia la izquierda en bajada. Pronto llego a una puerta cerrada y una señal de prohibido el paso. A la izquierda nace un camino que baja hacia la orilla del río. Bajo este tramo para oír el rumor del agua entre la alta vegetación de ribera que oculta su paso. Si aquí abajo hay algún camino es imposible encontrarlo, así que retrocedo viendo con rabia cómo el camino que tenía marcado se escapa tras otra valla en la zona de Requena. Este camino bajaba hacia el río para pasar por la casa de Teruel y por el molino del Templado, y acompañar aguas abajo al río hacia Hortunas. Pero como no es posible seguir el camino, echo mano de la ruta alternativa que me hace remontar el camino principal y girar a la izquierda para bordear toda la muela y bajar entre la pinada hacia la aldea. Una intrincada red de caminos surca este espeso bosque por lo que he de ir muy atento a las indicaciones del GPS. Aun así me cuesta más de una equivocación y vuelta atrás, aunque estos intentos fallidos los he eliminado del track dejando este limpio, con el camino bueno a seguir. Aun así, al final aún tomé un camino que finalmente desemboca en una senda de pronunciada bajada. 

Tan pronunciada que los frenos son incapaces de hacerme bajar despacio y bajo arrastrando la rueda y provocando desgaste en el terreno, así que me bajo de la bici para no degradar la senda y sigo a pie los escasos metros que me separan del camino. Ya sobre él sigo bajando para encarar la entrada a Hortunas donde giro a la izquierda y sigo el camino del río para remontarlo tanto como pueda. Será más bien poco. Bajo una enorme chopera el camino desaparece literalmente bajo la espesa vegetación y los algodoncillos que se desprenden de los árboles. Sigo adelante por intuición, guiándome más por lo que creo ver que por lo que realmente veo. Así llego a un terraplén con vistas a una pequeña represa del río. Por aquí tendría que haber un puente pero no hay ni rastro de él y el agua que veo tiene un color nada agradable, no es un tramo que despierte ninguna pasión ni sentimiento poético como para adentrarme en la densa vegetación que se alimenta de esas aguas. 

Mi gozo en un pozo y mis ganas de seguir el río por dentro del cañón, desvanecidas por una valla y por la guarrería humana que contamina y ensucia este río sin que las autoridades hagan nada al respecto. Retrocedo hacia el pueblo, antes de almorzar voy a hacer la parte sur del río, entre Hortunas de Arriba y Hortunas de Abajo, para ver si encuentro alguna fuente o lugar más placentero para hacer el descanso del almuerzo. Salgo del pueblo cruzando la carretera y adentrándome bajo otra enorme chopera. No es este un buen sitio para parar a comer por la incesante lluvia de algodoncillos que cae incansable. Sigo adelante hacia lo que el mapa indica como fuente Peñuela, ni señal, ni rastro, ni nada de nada, al menos este paisaje es más agradable. A la derecha la montaña se convierte en los primeros contrafuertes de la sierra Martés. Una increíble pinada cubre la montaña a este lado de la sierra salvándose del devastador incendio del verano del 2012. Continúo adelante para llegar hasta un camino que se adentra a la derecha, hacia la montaña y que es el camino que pienso tomar en otra de las rutas programadas por esta zona, pero eso ya llegará. A la izquierda un corral de ganado se muestra en el mapa como Hortunas de Abajo; ni pueblo, ni aldea, ni pedanía, solo 4 paredes y un reguero de bolitas negras allá por donde han pasado las ovejas. 

Junto a él el puente que cruza el río sobre unos tubos casi a ras de la corriente, bajo una espesa chopera de la que sigue lloviendo algodoncillo y nevando el suelo. Tras cruzar, tomo el camino que remonta el río por su cara norte y desecho el camino que continúa hacia la carretera, a ella me incorporaré más tarde. Este tramo de camino no tiene desperdicio. La abundante vegetación acorrala al camino y lo cierra, lo invade en un estallido de color sin precedentes. Rojos, amarillos, blancos, verdes, violetas, dorados… 

El firme, apenas dibujado entre las flores, es una línea de tierra muda y triste, sin color ni sabor ni nada que contar; ya lo dice todo la exuberancia floral del entorno. Me vuelvo a sumergir en otro prado, como el domingo pasado en el campo de amapolas, para disfrutar de este inigualable espectáculo que la naturaleza más rural y más pura pone a mi disposición. Luego el camino se pierde entre la vegetación que se adentra hacia una casa junto al río, esto me obliga a subir a la carretera y volver hasta el pueblo, donde buscaré la ermita que he visto al entrar y parare allí a almorzar. Lo hago acompañado del laborioso ir y venir de las abejas que dibujan movimientos incomprensibles a mi alrededor con su adormecedora, aunque algo preocupante, musicalidad.

Tras el almuerzo compruebo que la fuente está seca, así que me dirijo hacia el interior de la aldea buscando alguna otra fuente. La encuentro en la plaza donde está el bar y el hogar del jubilado. En vista de que hasta ahora, ninguna de las fuentes que aparecen en el mapa está sobre el terreno, no quiero arriesgarme a quedarme sin agua. Repongo el peso que he ido sudando a lo largo de la mañana y llego a la carretera, donde giro a la derecha hacia la vecina aldea de La Portera. La carretera no tiene tráfico y, aunque el rodar es cómodo y rápido, es tremendamente aburrido. Tras 3Km. por asfalto dejo este momentáneamente y me interno a la derecha por un camino que se mete en el bosque. Luego deja el bosque para internarse entre cultivos, primero vides y más tarde por un mar de cereales ondulados por el viento, que día a día permutan su color del verde pálido a la dorada espiga que finalmente será recolectada. 

Voy moviéndome por la cuadrícula de caminos que dibujan esta vasta extensión de terrenos de cultivo en busca de la parte final de la carretera de esta mañana. La recorreré ahora en sentido contrario, casi desde la N-330 hacia Requena. Serán poco más de 3Km. en suave ascenso hasta llegar al camino-carretera que baja hacia el puente de Jaboneros. Llego al camino, a la derecha y vuelvo a recorrer aquel tramo de antes. Veo a mi izquierda la senda de esta mañana y empiezo la subida. La casa a la izquierda, las piedras que surgen del camino, el sol que ahora ya calienta lo suyo… y poco a poco llego arriba. Esta vez giro a la izquierda y comienzo una rápida y divertida bajada. La velocidad salta rápidamente a las ruedas que se ven arrastradas, sin mucha dificultad, a la diversión. El camino hace un amplio giro a la izquierda y ante una curva de herradura sale un camino a la derecha. Ahora, mirando el mapa, veo que llega hasta un mirador sobre el valle del río allá por el puente. Las vistas deben de ser magníficas, pero ya es tarde para que yo las disfrute. Sigo bajando rápidamente, apurando las frenadas y notando los baches del camino y las piedras, las suspensiones trabajando a tope y los frenos también. Este es su momento. Desemboco a una recta al final de la cual hago un giro de 90º a la derecha desechado el camino que sale recto. 

Y ahí me encuentro con las curvas en zigzag de este espectacular tramo del camino. Al frente las vistas sobre el cañón del río Magro son espectaculares. Este amplio valle se cierra y encajona al río entre paredes verticales de roca cubiertas de exuberante pinada. Bajo de mí el camino serpentea bajando hasta lo más profundo del valle y allí se deja ver el puente, con sus tres altivos ojos, junto a un prado pintado de amapolas y enmarcado por una extraordinaria pinada. 

A la izquierda el camino sube por el otro lado del valle hacia la cima de la ruta de hoy, el Montote me espera. Ya sobre el puente, el río se asoma entre la abundante vegetación de ribera que otra vez colorea un fantástico paisaje que yo imaginaba seco y duro, nada más lejos de la realidad. Por lo inesperado de este panorama Stendhal me golpea con abrumadora satisfacción mientras …”voy cruzando el río…” 

Me pongo otra vez en marcha, ahora me toca subir, primero al nivel del cortado de la montaña, eso serán unos 3Km. casi al 10%. Durante la subida tendré ocasión de observar las cerradas curvas que he bajado hace un momento en la otra ladera de la montaña. Sigo regalándome con el colorido espectáculo de la vegetación, ahora aparecen multitud de plantas con flores de color blanco. Y la pinada y los tomillos no dejan de esparcir su aroma en el ambiente. También tengo ocasión de observar algunos fenómenos geológicos como plegamientos de la roca y alguna cavidad. Llego arriba a una bifurcación: a la derecha se indica la fuente de La Herrada a 6 minutos, en bici es mucho más rápido. Me dejo caer hasta allí. 

Es una coqueta área de recreo con fuente mesas y paelleros, todo bajo una gran arboleda que ayuda a refrescar el cálido ambiente. Y ahora me queda la última subida del día. Otros 3Km. al 5% hacia la cima del Montote; evidentemente son medias, me encontraré con alguna rampa más dura, sobre todo en el último tramo de ascenso a la cumbre. Me lo tomo con calma y empiezo a subir por esta pista ancha y en perfectas condiciones. Dejo atrás el camino por el que he subido y sigo adelante. Llego a un corral habilitado como base para una dotación de bomberos, es la casa de la Herrada del Gallego. Sigo adelante para encontrar a mi derecha una valla que rodea una reserva de caza propiedad de la Gerenalitat Valenciana. En las dos incursiones que he hecho por la zona esta valla no me ha impedido pasar por ninguno de los caminos que tenía previstos, no así como otra reserva de caza, esta no se a quien pertenece, en la zona del Reatillo, en Chera. Sigo subiendo y me encuentro, un poco después, con un camino a la izquierda que es por donde tengo que bajar, pero ahora sigo subiendo. 

Llego a la bifurcación donde encuentro una curiosa y llamativa señal: literalmente grabada en piedra. Tomo el camino de la izquierda en suave bajada, tras una curva sale, a la izquierda, el camino y subida final. No está en tan buenas condiciones como este, y además el firme está bastante roto, por lo que me obliga a tirar de potencia casi todo el rato. Nada insuperable pero que, tras la larga subida, pone un punto de cansancio en las piernas y dispara las pulsaciones. Arriba me recibe el vértice geodésico y las antenas. La lejana bruma permite disfrutar de unas vistas bastante amplias, eso sí, les quita todo el color que de otra manera realzaría el paisaje. Aun así veo las antenas del Pintao y el infame pico Nevera (bueno, infame fue la subida, no la montaña) http://bikepedalvalencia.blogspot.com.es/2013/05/rio-juanes-pico-nevera.html
A su derecha, muy tapado por la neblina, la sierra del Ave, y más a la derecha, ésta más realzada, la sierra del Martés, de la que hace un rato transitaba las estribaciones más bajas y más a la derecha de la foto. 

Hacia el noroeste Requena es una mancha que crece y crece en el altiplano, en la meseta valenciana, entre vides y cereales, entre autovías y trenes de alta velocidad, entre vino añejo y modernas bodegas, haciendo un salto mortal hacia el futuro sin querer renunciar a su pasado. Eso es lo que refleja la propia ciudad expandiéndose en barrios nuevos y rehabilitando la parte vieja. Tras unas fotos y un rato de contemplación del paisaje me calo a la bici para comenzar la bajada hacia el río, otra vez. Bajo de la cumbre, remonto hasta el mojón de señalización, giro a la derecha y tomo velocidad por la ancha pista que ahora baja. El camino sale a la derecha, casi de frente a mi marcha y por él me meto. 

Sigo bajando por un camino más estrecho y bacheado, con la pinada a la derecha y un barranco a la izquierda que sigue paralelo al camino. Bajo rápido, tan rápido que antes de poder frenar me meto en un tramo muy bacheado que me obliga a coger con fuerza el manillar y buscar escapatorias satisfactorias. Cuando puedo freno y decido bajar de la bici para hacer los próximos metros con piedras en forma de escalón y con mucha piedra suelta. No quiero arriesgar más de lo necesario y conveniente, y haciendo una ruta solo por caminos solitarios, lo conveniente es nada. Está claro que no planeo una ruta en la que no tenga que bajarme de la bici, pero es lo que tiene querer ir a ciertos sitios que de no ser así no vería. Cuando puedo vuelvo a subir a la bici para seguir bajando. Llego a un cruce de caminos: a la derecha es por donde voy a bajar, pero eso será después de seguir recto hacia el mirador que tengo marcado en el “Treki” tras la rampa bestial que veo allá al frente. Llego hasta allí y subo andando, entre otras cosas por la cadena y la señal, que como esta mañana, cortan el camino a la circulación. Paso por el lateral de la cadena y llego hasta arriba. Allí encuentro un mirador espectacular, un balcón al fondo del barranco por el que discurre, perezosamente entre los juncos, el río Magro. 

Unas fotos y regreso a la bifurcación que ahora tomo a la izquierda. El camino es ciclable de momento, pero enseguida llego a un tramo de mucha pendiente por el que las aguas pluviales han dejado su impronta en forma de escalones y torrenteras. Tras este centenar de metros el camino vuelve a ser ciclable y baja más tranquilo hacia el Molino de Atrafal. Llego junto al río, junto a un sauce llorón que crece desde el río y se agarra a la orilla y al puente que cruza. Una de estas casas debe ser el molino Atrafal, pero si es así no me parece digna de mención. Lo que sí lo es, es el curso del río que se interna entre el estrecho pasillo de montañas. En la otra orilla una senda sigue su curso, pero me parece tan estrecha que no la voy a poder seguir encima de la bici, y hoy ya no tengo ganas de andar más. 

Así que me pongo nuevamente sobre el camino principal y remonto el curso del río disfrutando del paisaje que se me brinda. Otra vez las flores pintan los verdes prados que se alimentan del río. 

Otra vez el subidón de sensaciones al verme sumergido en todo un arcoíris a ras del suelo. La pista está en perfectas condiciones y me lleva, disfrutando de la floresta, hasta la ermita de San Blas. Allí un camino baja para cruzar el río por otro puente de tubos sobre la corriente. Tras el puente el camino está cortado por una puerta que entra a la finca San Blas. Bajo a hacer una foto del puente y el río, pero el turbio color del agua me disuade de estar mucho tiempo aquí. 

Subo hasta la ermita y encuentro una sombra en su lateral, así que me despojo de los trastos y saco el bocata y la cerveza para disfrutar de unos minutos de tranquilidad que acompañarán a la breve siesta después de la comida. Desde aquí la ruta ya está hecha, solo queda volver a la estación, pasando otra vez por el puente de Javalambre disfrutando de su encanto. 

Luego alargo un poco la ruta por las calles de Requena finalizando en la plaza de toros a unas manzanas de la estación, a la que llego con adelanto para evitar imprevistos de última hora y no perder el tren.

El relajante viaje de vuelta, el cabeceo del tren, el paso por el cañón del río Buñol, el barranco de Carcalín y los túneles, serán el colofón final a esta impactante ruta que deja muchas cosas que ver y un buen camino que disfrutar. La próxima semana se avecinan tres rutas por la Alcarria y el Alto Tajo, pronto estarán en esta bitácora.



miércoles, 8 de mayo de 2013

Río Juanes-Pico Nevera



Segunda incursión por la zona de la sierra Malacara. Tras la anterior ruta por El Fresnal, Las Moratillas y fuente Umbría me han entrado las prisas por seguir recorriendo estas montañas. La ruta de hoy me iba a llevar a coronar el pico de La Nevera, que con sus 1118msnm. es la cumbre más alta al sur de la A3 hasta el pico del Caroig treinta y siete Km. más al sur. La aproximación con el coche, hasta la urbanización del río Juanes junto al antiguo balneario en la carretera de Buñol a Yátova. Empezamos a pedalear.
Unos estiramientos y comienzo a dar pedales por la carretera en dirección a Yátova y en ligera subida. Un poco después tomo un camino asfaltado a la derecha que sigue subiendo; se acaban de abrir las vistas hacia el sur y el este. El Motrotón muestra su calcinada piel en contraposición a la exuberante vegetación de monte bajo que inunda esta parte del valle. Un manto de matorrales cubre de rabioso verde la rojiza tierra que veo junto al camino. Continúo el camino para entrar en una zona de cultivo de olivos, luego un camino surge por la izquierda, este camino baja hacia Yátova pasando por la restaurada ermita de san Vicente, lo dejo y tomo un segundo camino a la izquierda, a escasos metros de este y que me saca del asfalto. Vuelvo otra vez a subir, si es que había dejado de hacerlo en algún momento, de forma moderada pero constante por un terreno que agarra más que el asfalto. Los olivos se convierten en pinos en los márgenes del camino y sigo el camino principal desechando las diversas opciones que se presentan y que no van más allá de entradas a campos o chalets. Voy acompañado a mi derecha por un pequeño barranco del que pronto alcanzaré su cabecera, en una curva de herradura que endurece la pendiente y consigue hacerme sudar por primera vez. Al coronar este repecho encuentro un cruce de caminos y giro a la derecha por el camino de Pardenillas que parte en dos un campo de olivos. Luego encuentro más monte, que está siendo limpiado por brigadas forestales. A buenas horas, aunque más vale tarde que nunca y, por supuesto, los brigadistas no tienen la culpa de donde o cuando los mandan acondicionar el monte para prevenir catástrofes como la que asoló, el verano pasado, la otra parte del valle, donde allá al fondo, de encuentra la CV-429 que sube hacia Hortunas y La Portera. Unos metros más allá el camino se ciñe mucho al cortado de la montaña y decido que este será un buen sitio para almorzar. Sentado en una piedra al borde del cráter veo como la vegetación se esfuerza por colonizar la ennegrecida piel de la montaña de enfrente. Veo pequeños grupos de árboles que misteriosa y/o milagrosamente han sobrevivido al fuego y pienso que esta montaña se libró del fuego al quedar al norte del infierno que corría de oeste a este. Pienso en que solo a unos pocos Km. al oeste de aquí están los impresionantes bosques de Las Moratillas y El Fresnal que se libraron por los pelos. No me quiero amargar con tan negros pensamientos, así que intento mirar el verde que crece entre la ceniza, ese verde incansable que siempre vuelve más pronto que tarde, pero que tardará en alcanzar la magnitud y el tamaño de antes, si es que se/nos lo permitimos. 

Veo como la bruma tapa la albufera y el mar, y como entre ella aflora la cumbre de la serra de Les Rabosses y las afiladas montañas que corona el Montdúver. Continúo sobre la bici por el camino para llegar al corral de La Galena. Una ruina de lo que antiguamente sería un corral de ganado. En esta zona unas gotas empiezan a caer haciéndome temer lo peor. Y es que la primavera sigue revuelta como una peonza y la climatología no da tregua, sucediéndose las lluvias con días de mucho viento y al día siguiente el calor que da paso a otro ciclo de inestabilidad. Del corral no queda más que los muros exteriores con lo que tampoco da para cobijarse, aunque las cuatro gotas que han caído, y que han parado, tampoco inquietan más. 

A lo lejos el embalse de Forata dibuja una pequeña mancha azul entre el incipiente verdeo que pinta la gris montaña. Un poco más adelante el mapa indica que por aquí está fuente Umbría pero nada hace pensar que por aquí hay una fuente y si está se esconde bien. De todas las fuentes marcadas en el mapa no he visto ninguna excepto la de La Condesa. Luego un camino baja hacia la izquierda hacia el valle que veía desde la atalaya del almuerzo, sigo adelante olvidando este camino y centrándome en el bacheado firme que corta la vegetación de monte bajo que en este tramo de la ruta es la protagonista.  

Sigo subiendo este camino que exige más por el firme que por la subida. Llego a una bifurcación, con señales del PRV- 148, que tomo a la derecha, dejando a la izquierda el camino que baja hacia Forata. Rodeando la montaña que tengo a mi derecha el camino se convierte en pista forestal y esta baja hacia la fuente de la Condesa que visitaré luego, en la parte final de la ruta, pero ahora me toca girar a la izquierda y seguir por un camino tan bacheado y “pestoso” como este por el que venía. Tras este giro, lo que queda ahora a la derecha es el pico Pardenillas con su V.G. 

Llego a los Cortijos del Pobre: aquí bajo la pinada un viejo aljibe de piedra seca queda como testigo mudo de una historia más reciente y menos tecnológica de lo que podemos imaginar. Un camino de cemento baja hacia la izquierda hacia las casas de Pardenillas. La bajada es corta pero intensa y la vegetación es una amalgama de colores y texturas que ponen un punto de interés a un paisaje más monótono de lo que esperaba al iniciar la ruta. Tras cruzar el barranco y pasar junto a las casas giro a la izquierda, otra vez en subida, para encontrar una zona de cultivo de cerezos. Luego otra vez a izquierdas para seguir junto a los cerezos que ya dejan ver las verdes picotas que maman la savia de una tierra agradecida y que hoy se riega a través de modernos sistemas de goteo cuando hace pocos años era un árido secano. Dejo a la izquierda un camino y enseguida una curva de herradura a la derecha, arriba otra herradura a la izquierda y una bifurcación que tomo a la izquierda. 

A escasos metros a la derecha, casi oculta entre los arbustos, está la sima del Corral del Zurdo, cubierta por un enrejado para evitar accidentes. A partir de aquí la mole del Nevera será visible en todo momento a mi derecha. Es brutal ver hasta donde tengo que subir, pero antes me queda un aperitivo para ir abriendo el apetito. En dirección oeste el camino se acerca, llaneando esta pequeña meseta, hacia la subida al Pintao, que ahora queda oculta por una cercana montaña. Pero tras dejar atrás esta montaña las antenas cobran protagonismo de forma repentina y brutal, si el Nevera asusta al otro lado del valle, esto acojona ante el inminente mirar al cielo en que se torna el camino, con una brutal pared final junto a la línea de alta tensión. 

No queda otra mas que subir. Todo bloqueado y todo metido al servicio de la subida. Por suerte el encapotado día ayuda a mitigar la sensación de calor que genera el esfuerzo. El agua la sudo casi antes de beberla. Me lo tomo con calma pues sé que poco a poco, a ritmo, me haré con la subida y conquistaré la cumbre. Y así, antes de darme cuenta estoy metido en plena pared y el orgullo de no verme superado por la montaña me empuja a seguir dando pedales. Ya arriba pienso que no ha sido tan malo y pienso con algo de maldad, como dice Salva, que a esta subida le falta una rampita más. Desde la casa de Panella a 945 metros de altitud las vistas son espectaculares incluso a pesar de la bruma, en un día despejado debe de ser lo máximo. Visito la zona de las antenas mientras recupero pulsaciones y oxígeno y bebo un poco de agua, alegrándome de que no esté esa rampa que faltaba. 

Las vistas se cierran bastante ante la bruma que ya no se ciñe a la línea de costa y gana terreno a marchas forzadas, haciendo que las no tan lejanas montañas parezcan fantasmas nebulosos en los que no hay detalle, forma ni contraste. 

Miro a la cara del coloso y me preparo para bajar hasta el collado Umán por un tramo de asfalto corto, rápido y divertido. Ya abajo enlazo con la ruta: http://bikepedalvalencia.blogspot.com.es/2013/05/las-moratillas-fresnal-rio-mijares.html  y enfilo la subida hacia el pico Nevera. El tramo de pista conocido está en perfectas condiciones, pero al llegar al desvío, el descorazonador inicio es solo un pequeño síntoma de la enfermedad. 

Me adentro en lo que presumía una subida complicada; nada más lejos de la realidad, me acabo de meter en la boca del lobo. Una descripción concienzuda de este tramo daría para una crónica entera, pero resumiendo diré que este tramo de poco más de 5Km. de subida con un desnivel positivo de unos 300metros me costó más de una hora y cuarto de titánico esfuerzo, arrastrando la bici por un pedregal que no tiene nombre y pedaleando a base de potencia y por coj… en tramos en los que me empeñaba en no arrastrar más tiempo la bici. 

También hubieron un par de amagos de tirar la toalla y dejar la victoria en manos de la montaña, pero al final algo me decía que había venido aquí para esto, que la dificultad ya la intuía cuando en la otra ruta, pasando por la pista, vi la subida. Así que, como no tenía nada mejor que hacer, apretando los dientes y parando para secarme el sudor cada dos por tres fui subiendo y conquistando la cima. Ya que estaba aquí terminaba lo empezado y me olvidaba de otra intentona en un futuro. La risa de la montaña ya no se oía conforme iba acercándome a la cumbre y esta intuía que podía vencerla. 

Loco de contento llego al collado del perro, el nombre no está puesto al azar, al menos en la vertiente sur se la montaña. Custodiado por una fila de pinos, el camino baja por el lado norte de la montaña hacia Venta Quemada, es el descanso antes del asalto final. Otra rampa de vértigo se cierne ante mí, pero es el último esfuerzo y la determinación ya es imparable. Llego arriba para comprobar con desanimo que las vistas, en este día de bruma, no son tan espectaculares como habría querido, pero es lo que hay. Los 1118metros de altitud no me permiten ver mucho más allá, y lo de más acá está tan borroso que es una pena. La foto de la bici al pie del V.G. será la prueba irrefutable de la conquista. 

Algunas fotos sobre la llanura del Rebollar con sus mosaicos dibujados entre la tierra y los cultivos, el bosque de Villingordo a los pies de la montaña, y el Montote y el pico del Tejo saliendo de encuadre a izquierda y derecha respectivamente y siendo los siguientes objetivos programados por estas tierras. 

Hacia el sur las antenas de El Pintao se elevan delante de la sierra Martés, y cerrando el horizonte la sierra de Palomeras separa La Comunidad Valenciana de las tierras de La Mancha. Me preparo para bajar. La bajada tampoco fue un paseo. Poco menos de una hora llevando la bici de la mano cuando no empeñándome en hacer trial por un terreno imposible. Por fin llego a la pista y vuelvo a montar sobre la bici para hacer una bajada espectacular. Bajar hasta el collado Umán, tomar el camino asfaltado a al izquierda y disfrutar de una bajada suave y tranquila entre un pinar impresionante. 

La bajada no es muy pronunciada pero te da velocidad, lo que realmente me para son las curvas pronunciadas que obligan a tirar de freno, y claro, después hay que volver a coger inercia. La carreterita se pega al inicio del barranco o rambla de Bosna que, tras recibir las aportaciones de los múltiples barrancos que van a parar aquí de un lado y otro del valle, se convertirá en el río Juanes. La fuente de Ganaderos, si la hay, parece estar dentro de un recinto vallado, tipo chalet o algo así, de modo que sigo adelante. 

La vegetación del barranco es espectacular: pinos y fresnos cubren tanto el fondo del barranco como la ladera de la montaña y pintan, junto a las coloridas jaras, las imágenes que voy atesorando en mi memoria. Más adelante llego a la casa de los Yegüeros, una finca más moderna que se asienta junto a la carretera detrás de una pequeña pinada, tras ella, metida en la montaña un antiguo corral se desvanece y se mimetiza con el entorno. 

La fuente tendría que estar al lado derecho de la carretera bajando hacia el barranco, si es cierto que se oye rumor de agua, pero no hay camino ni señal, ni senda que me de una pista de donde puede estar. Otra oportunidad de agua perdida. Ya hace rato que voy racionando el agua para no quedarme sin el preciado elemento. Tragos cortos, más para mantener la humedad en la boca que para saciar la sed, esto no será hasta que encuentre una fuente. Después encuentro la zona mas agreste de estas montañas donde los afloramientos rocosos salen a la superficie, mostrando la enorme fuerza geológica que en esta parte de nuestro territorio se manifestó hace millones de años. Después viene la fuente de la Condesa. 

Esta sí que está y se deja ver a la orilla del camino, con su área de recreo, sus mesas y sus paelleros. El dichoso cartel de agua no apta para el consumo me toca las narices, creo que habrá otras formas de poner que esta agua no tiene las mismas garantías que la del grifo de casa… no sé, digo yo. El caso es que bien lavadas las manos, me sirven de cazo para llenarme la boca una y otra vez y saciar la sed. A partir de aquí la rambla se llena de agua, y poco después cambiará su nombre por el del río Juanes para llenar de maravillas, en su corto recorrido, el paisaje por el que va pasando. Justo antes de que la carretera se aleje de su vera interponiendo preciosos campos de oliveras, un par de pequeñas hoces o recodos serán el primer pintoresco signo de su magnífica singladura. 

Dejo el cauce a mi derecha y comienzo la subida hacia la urbanización de la cruz. Es una subida corta y suave que no representa ninguna dificultad. Ya arriba enlazo con la carretera que baja, a la izquierda hacia Buñol por el barranco de Carcalín, y hacia la derecha, que es la dirección que sigo, hacia Yátova, en una impresionante bajada hacia el río Juanes que será, tras pasar el puente, punto final de esta ruta.
Lastima que la cruel subida al Nevera haya marcado tan negativamente esta ruta que por lo demás, y sin ofrecer grandiosos alicientes, es una ruta bonita con unas pocas pinceladas de todo: pequeños núcleos de bosque, grandes zonas de matorral, caminos pedregosos de exigencia moderada, subidas y bajadas suaves y otras exigentes, asfalto, tierra y vistas abiertas, aunque la climatología no haya acompañado del todo. Pero las dos horas de tortura han condicionado demasiado el agradable recuerdo que podría tener de esta ruta, la recomendación es olvidarse de subir esa cota y disfrutar del resto de la ruta, seguro que así dejará un buen sabor de boca. 

Acabo la ruta sacando el bocata y la cerveza del coche y bajando a orillas del río, junto a la fuente que hay al otro lado del balneario para comer en este bonito y privilegiado entorno.