lunes, 8 de abril de 2013

Almardá-Vall de Segó


El lunes de san Vicente, festivo y primer lunes de vacaciones, lo iba a pasar a lomos de la gorda. Una nueva ruta para ir conociendo algo más del patrimonio histórico-cultural y paisajístico de nuestra comunidad. La ruta, aunque más que ruta será un paseo en bici debido a las innumerables paradas a realizar: visitas, fotos, almuerzo y comida y contemplación de los mil y un rincones que estoy dispuesto a conocer, surgió como idea con la preparación de la ruta: http://bikepedalvalencia.blogspot.com.es/2012/12/ribaroja-almarda.html  al consultar la página de Ermitas de la Comunidad Valenciana http://www.ermitascomunidadvalenciana.com/  para ver que me iba a encontrar por la zona, así que, gracias a las fotos de Vicente, que me va metiendo el gusanillo de conocer las preciosas ermitas que tenemos por allá por donde nos movemos, aquí estoy para ampliar un poco más el conocimiento sobre ese patrimonio histórico que tenemos. En total serán 3 casas palacio, 1 torre, 5 ermitas, 6 lavaderos, 7 molinos, iglesias, fuentes, acequias, sistares y un largo etc, de monumentos civiles, militares, religiosos y paisajísticos, y también algunas curiosidades. Vamos a conocerlo juntos.



Desde Almardá salgo en dirección norte hacia la playa de Corinto. Voy a coger el mismo camino que cuando vine desde RibaRoja pero al revés. Así que la primera parte de esta ruta ya es conocida. Junto a la casa de Periya, lugar donde cerraré el círculo de esta ruta, giro, segundo camino a la izquierda, para tomar un camino asfaltado. Tras dejar atrás autopista, vía del tren y autovía, diviso a mi derecha la primera visita del día; la masía de Gurrama. 

Completamente rodeada de naranjos languidece esta vieja masía, y la más que evidente ruina que asoma por su techumbre no deja lugar a dudas sobre su futuro. Retrocedo hasta la carretera y sigo para girar a la derecha en dirección a la ermita de Benicalaf. Con este giro a la derecha transito por dos de las rutas más históricas que pasan por esta zona: la Vía Augusta y la ruta del Cid. Llego a la ermita, una antigua y soberbia construcción antaño perteneciente al extinto poblado de Benicalaf, desaparecido hacia el año 1870. Junto a la ermita la señal blanquiazul de la vía Augusta. 

Tomo el camino frente a la ermita y me adentro hacia Benavites, donde pronto resalta la torre sobre el resto del pueblo. 

Antes me acerco al lavadero, el cual desconocía su existencia pero que ha delatado el rumor del agua que incansable corre por sus piedras; uno más a la colección de estos bellos y pintorescos lugares que voy atesorando en mi memoria, tanto digital como emocional. 

Ahora sí, me acerco hasta la torre musulmana del siglo XIII, una preciosa torre defensiva en un espectacular estado de conservación, tras la foto callejeo hacia la iglesia. 

Curiosa por su forma, como si se apoyara en el campanario para permanecer en pie. Vuelvo hacia el lavadero para salir del pueblo entre campos de naranjos. Enseguida una bifurcación y giro a la izquierda, y enseguida a la derecha para ir hasta lo que queda del molí del Ratllat. Parece que la pinada es el último refugio que le queda a esta pequeña construcción de la que destaca un frontón en bastante mejor condición que el molino. Retrocedo y giro a la derecha hacia el Molí de Pedro, antes de llegar otro giro a la derecha y continúo entre naranjos hacia una gran balsa de riego. Allí a la izquierda para encarar MonteAlmenara. Una coqueta montaña propiedad privada y a medio urbanizar, digo medio porque las calles ya están hechas, los pinos esperan ser cortados para ser sustituidos por ladrillos. Al final la crisis tendrá algo de bueno, sino que le pregunten a los pinos. La empresa de seguridad que vigila la finca me dice que el permiso para subir a la montaña hay que solicitarlo a Madrid, a la sede de un gran banco, “pelotazos españoles de ayer y de hoy presentan…”. Indignado por no poder disfrutar de las magnificas vistas que se prometen de toda la Vall de Segó sigo camino para bajar hasta el molino donde antes no he llegado. Ahora paso junto a él girando a la derecha. 

Una pequeña plazoleta junto a la puerta de entrada me depara una agradable sorpresa, un pequeño lavadero descansa junto a un antiguo horno; ni el uno ni el otro volverán a recordar sus tiempos gloriosos. Sigo adelante cruzando el barranc del Arquet por un vado, que en caso de bajar mucha agua quedará anegado, para llegar a la carretera de Quartell. 

Allí mismo, en el cruce, se levanta el Molí de L’Arrap. Giro a la izquierda para llegar hasta la era y calvario de Quartell. A la derecha sale una senda que, pasando junto al Molí de Quart, llegaría hasta Quart o Quartell. Como este molino no está indicado junto a la senda pues me lo pierdo, quedará para otra visita. Retrocedo hasta el molino de antes y hago algunas fotos, allí mismo hay unos paneles interpretativos de la ruta del agua, de los sistares y los molinos. Sigo por la carretera y llego al barranc de la Font donde hay otro panel interpretativo, aquí también hay un camino por el que se podría llegar, dibujando un arco, hasta la era y el calvario de Quartell que he visitado hace un momento. Sigo para llegar, unos metros más allá al Molí de la Font. Lo rodeo y llego hasta la senda de Quart, pero no es mi intención recorrerla hoy. Otra vez hacia atrás para encarar la entrada a la Font de Quart. Son las 10.30h. y ya hay un ambiente considerable en la zona de los paelleros, donde la gente busca sitio para pasar este día festivo. 

Almuerzo en el mismo banco donde comí la otra vez, rodeado de este increíble y maravilloso oasis. Hasta aquí ya era casi todo zona conocida y la he pasado rápido. 

Ahora me pongo en marcha hacia la ermita del Santísimo Cristo de la Agonía. Una preciosa construcción a diferentes niveles, pintada de un blanco luminoso y rematada con tejas, sobresale sobre una pequeña pinada. A su lado el calvario. Lástima que la fachada principal no puede verse ya que da al patio de un colegio y la valla y algunos elementos decorativos la tapan casi por completo. Me adentro en el pueblo, paso frente a la iglesia y continúo calle abajo hasta el Llavaner. 

Otro precioso exponente de este tipo de construcciones. Desde la esquina a la derecha para seguir callejeando. Llego a la plaza donde se encuentra la capilla de nuestra señora del Pópulo. No hay mucho que ver y sin embargo transmite algo. Remonto ahora el pueblo para llegar a la zona de la prensa, la fuente y la torre de los colombaires, lugar por el que entré en la anterior visita. Sigo adelante dejando a mi derecha un parque, junto a la rotonda, con una fuente y una pequeña pinada, ya en la última calle del pueblo, por ahora, pues está proyectada una ampliación, giro a la izquierda y en la plaza de la capilla giro a la derecha dirección Quartell. La entrada del pueblo me recibe con dos de los elementos que venía buscando juntos: el Llavaner a la derecha y el Molí Nou a la izquierda. Hay que tomarse un ratito con estas dos joyitas para verlas bien. 

Una foto en la fachada muestra el lavadero en sus tiempos de gloria, cuando eran uno de los centros neurálgicos de los pueblos. 

Al otro lado de la calle el molino reconvertido en museo del agua; tras él la acequia que viene del sistar de Quartell y que a través de un derramador reparte el agua que entra en el molino. Me adentro en el pueblo por la calle principal y enseguida llego al Palacio Condal. Pocos elementos nos hacen pensar que estamos ante una casa palaciega. Luego me acerco a ver la iglesia en una calle contigua y me entretengo por las calles del casco antiguo, calles estrechas con las fachadas respetando una arquitectura tradicional y armónica, nada aburrida y con sabor añejo a pesar ser nuevas muchas de ellas. Luego salgo hacia la carretera de Benifairó, la cruzo por un paso subterráneo habilitado para ciclistas; es destacable la gran cantidad de carriles bici que hay en esta zona de Les Valls. A pesar de haber mil y un caminos agrícolas, la mayoría de ellos asfaltados, casi todas las carreteras tienen al margen su carril bici, esto si es una apuesta por el uso de la bicicleta como medio de transporte alternativo y deportivo y por un desarrollo sostenible; esto no es la chapuza de un arcén pintado de rojo como en Náquera, o un carril bici cerrado con una valla como en RibaRoja en espera de ser inaugurado con la foto de rigor de algún politicucho, y mientras los ciclistas sin poder gozar de unos metros de seguridad; a esto sí que le doy un “me gusta”. 

A la salida del paso inferior a la izquierda queda el Molí de Dalt. El edificio se conserva en buenas condiciones para lo que he visto por ahí. No hay mucho más que ver pero es una vista bonita. Después, junto al colegio, cruzo la carretera y tomo la senda que se adentra otra vez entre los campos de naranjos que saturan el aire de un penetrante aroma a azahar. Las flores estallan pintando de blanco la verde arboleda, y con las últimas naranjas aún pendiendo de las ramas, crean un contraste colorista y alegre difícil de describir, el espectáculo es estar aquí para vivirlo. En el “sky line” de Benifairó sobresale la figura del campanario junto al Palau. 

Me acerco por la senda hasta el Molí de Baix, este edificio sí que está en las últimas y las aguas de la acequia ya no mueven ninguna rueda que muela harina ni arroz, ni nada. La irrupción de la electricidad a gran escala sentenció todos estos molinos que se movían con la fuerza de un agua que hoy sigue fluyendo por los mismos lugares y que podrían seguir moliendo o proporcionando electricidad. 

Más adelante me encuentro el sistar de Faura. Por su margen izquierda una senda junto al campo de naranjos me conduce hacia Faura donde, a la entrada a mano izquierda, encuentro el Llavaner. 

Es un edificio grande, con tres pilas por las que discurre el agua, lástima que esté cerrado aunque se puede echar un vistazo a través de las puertas enrejadas. Ahora tomo la primera calle a la derecha y acabo entrando en el parque de la Canaleta. Continúo la calle arriba, y giro junto al canal del Barranco que cruza el pueblo, luego a la derecha y segunda calle a la derecha. Aquí daré una vuelta que no me conduce a ningún sitio; quería llegar a unos jardines con una balsa que hay detrás de estas casas, pero por lo visto son propiedad privada. 

Esta calle atesora el museo Guarner y la casa natal del pintor renacentista Alonso Sánchez Coello; al principio de la calle está el precioso Llavaner de Benifairó.

Solo le sobran las pintadas que, a modo de “arte” o simple gilipollez, algún idiota ha hecho, y al final de la calle nos encontramos, a la derecha, la casa Palau, hoy en bastante mal estado de conservación, y detrás la iglesia. Todo este conjunto hace que merezca la pena visitar esta calle. He omitido del track la vuelta que dí por los campos de atrás y que no conducen a nada, así que a todos los efectos giro a la izquierda. 

Después de buscar algunos buenos ángulos para las fotos de la iglesia y del Palau, giro a la izquierda para acercarme por fin a la montaña. Al final del pueblo, junto a un parque, giro a la izquierda para recorrer el pueblo de norte a sur hasta el parque de la Rodana junto al polideportivo. Este parque es una preciosidad y hoy, día festivo, la gente del pueblo sale a disfrutar de él plantando las mesas para disfrutar de un día de picnic. Disfruto un poco del entorno y del ambiente festivo, luego retrocedo para llegar hasta la ermita de Sta. Bárbara. 

Una bonita construcción enmarcada en la plaza del calvario, a su izquierda sale el camino que lleva, detrás del cementerio, a la izquierda, a los paelleros del parque de la Rodana, la zona más alta del parque con unas vistas increíbles sobre el pueblo y sobre La Vall. Vuelvo atrás hasta el cementerio, giro a la izquierda y comienzo la subida a la montaña, por fin algo de ciclismo. El nombre no le viene en vano; la otra Rodana, la reina, tiene una hermana gemela en estas tierras a caballo entre La Calderona, Espadán y el mar, no pertenece a ninguno y es de todos. Enseguida lo apuesto todo al objetivo de ganar la cumbre; desarrollo de subida, suspensiones bloqueadas, sentado en la punta del sillín y, como el camino es asfaltado y lo permite, un poco de zigzagueo para restar algo de porcentaje. Subo entre medio de una pinada enorme, magnífica y que va dejando su fresca fragancia en el aire. Me fijo en los badenes que a la bajada me pueden dar algún susto y los voy memorizando para intentar anticiparme. El poco más de un Km. de subida deja huella en las piernas que me han obligado a bajar el brutal ritmo que me había marcado desde el inicio. Como iba a ser la única subida del día quería dejar el pabellón alto, pero la montaña se encarga de ponerte en tu sitio lo quieras o no. Llego a un primer mirador con vistas hacia el sur, hacia el Alt de Romeu, el Pic del Corbs y el puerto de Sagunto detrás de las montañas. Hasta allí todo son pequeños campos de naranjos tejiendo un tapiz de verdes árboles y ocres tierras, al final todo muere en la línea de playa aplastado por la imparable maquinaria inmobiliaria puesta al servicio de la sinrazón urbanística. 

Llego hasta el mirador principal que, entre las ramas de los pinos, deja ver abajo los pueblos por los que he ido transitando esta mañana. Almenara a los pies de su montaña asomada al mar, las marjales que forman el cinturón prelitoral, la inmensa mancha de naranjales protegidos por las últimas estribaciones de la sierra de Espadan desembocando al mar. Todo un espectáculo digno de contemplar. Toca bajar. Suelto las suspensiones y me calo para ser todo uno con la bici. Pronto alcanzo el primer golpe de adrenalina con los casi 60 por hora que marco antes de la primera curva, luego ya no podré acercarme a esa marca pues los senderistas que suben y la gente que pasea a los perros me harán tirar de freno más de lo que me gustaría. Llego abajo como un tiro, dejo atrás la ermita y giro a la izquierda para encarar la calle que sube hacia la ermita del Bon Succes. No tiene pérdida; cuatro calles más allá a la izquierda una impresionante escalinata custodia la pequeña ermita encaramada a la montaña. Justo antes de la escalinata un camino a la derecha me facilita la tarea de subir, por asfalto, hasta arriba. Junto al barranco un camino arranca a la izquierda dejando el asfalto. 200 metros después llego bajo la pinada que rodea esta bonita ermita. 

Unas mesas alrededor invitan a pasar un agradable rato sumido en la calma que se respira en este lugar. 

Admiro desde aquí arriba la imponente escalinata que  desde abajo había visto con congoja antes de ver el camino. Unas fotos después me pongo en marcha para bajar al pueblo, girar a la derecha, llegar hasta la calle de Sta. Bárbara y, dejando la ermita a la espalda, adentrarme en los pueblos para cruzarlos de oeste a este, pasando de Benifairó a Faura. Desemboco en la plaza del Llavaner, allí giro a la derecha y llego a la plaza de la iglesia. Esta queda a la izquierda, justo enfrente la Casa Condal. 

Soberbia en su arquitectura y conservación, una pincelada más de buen gusto a lo largo y ancho de toda esta ruta. Enfrente la iglesia de los santos Juanes tampoco pierde el tono de la belleza de los lugares visitados y aporta un plus que sube la media. Me pongo en marcha callejeando otro poco y disfrutando de algunas calles y plazas que también aquí guardan una estética tradicional en las construcciones de las casas, no así en la parte nueva del pueblo donde las impersonales fincas y adosados no aportan ningún valor estético. Busco la salida entre los naranjos junto al trinquete por caminos agrícolas más tranquilos y libres de tráfico, aunque hoy día festivo no es el caso. Vuelvo a cruzar la autovía, la vía del tren y la autopista, y ahora también la carretera de Almenara a Canet por la rotonda. Allí tomo el camí del Mangrano, después de pasar la Masía del Pilar giro a la derecha por el camí Cantarrana. 

Este se mete de lleno en la Marjal que en algunos tramos inunda el camino. Llego a un observatorio de aves junto al molino de Casa de Perinya, una pequeña área recreativa con una rueda de noria, un área bonita si se pudiera visitar y disfrutar de ella, pues siempre que he pasado esta cerrada a cal y canto. Como llevo el bocata de la comida decido acercarme hasta la playa y comer con unas vistas diferentes a las acostumbradas. Ya solo queda llegar a casa y disfrutar de un merecido café con hielo pues aún tengo el gusto de la última cerveza en la boca. Mientras saboreo el café y recupero los recuerdos de la ruta pondré otra cerveza a refrescar.




TRACK DE LA RUTA: http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=4284737 

martes, 26 de marzo de 2013

Buñol-Alborache(MolinosyCuevas)




Bicicleterapia. Volvía la primavera y aprovechaba la primera ocasión para salir a rodar y poner en marcha la primera sesión de bicicleterapia que tanto bien me hace física como mentalmente. La primavera se estrenaba con más de lo mismo que todo el invierno: viento, viento y más viento con algo de lluvia. Pero ya harto de esperar semana tras semana en casa a que las previsiones mejoraran hoy me dirigía al asalto de la ruta y al encuentro de las adversidades climatológicas. En esta ruta iba a combinar la bicicleta con algo de senderismo. Consciente que de no ser así muchos de los excepcionales paisajes que he visto no hubieran sido posibles. Tocaba pues bajar de la bici y llevarla de la mano para poder contemplar las maravillas que encierra el pequeño río Juanes antes de verter sus aguas al río Buñol. Vamos a ver la ruta. 
Salía de casa con el coche hacia Buñol. El inicio del parque fluvial con el paseo de la ermita de san Luis sería inicio y final de ruta, así que allí me esperaría el grandote mientras yo pedaleaba. Me pongo en marcha a cubierto del viento por la cercanía del monte de la Cruz. 

Bajo hacia el río y lo cruzo por el puente de la piscina, ya al otro lado gano altura y tengo una preciosa panorámica del pueblo. Enseguida el camino baja para encontrarse otro puente sobre el río que me volvería a entrar al pueblo, en lugar de llegar al puente giro a la derecha por un camino que se bifurca y tomo otra vez a la derecha. El camino discurre entre campos de cultivos y chalets; unas veces asfalto y otras camino de tierra, va dejando atrás el pueblo y acercándose a la cueva del Turche, primera parada de la ruta. Junto a un chalet encuentro un cartel que indica la senda de bajada y unos metros más allá las escaleras que enlazan con el camino junto al río Juanes. Desciendo los escalones y transito por el conocido camino bajo la arboleda hacia el lago. El imponente panorama me abruma una vez más. El día gris acentúa aún más si cabe la enorme sensación de soledad y quietud que se respira en este maravilloso lugar. 

Apenas cae agua por la cascada pero al prestar atención el murmullo se multiplica por el eco que produce este anfiteatro natural. Miro hacia arriba y alcanzo a ver el murete de madera a modo de mirador arriba de la cascada, esa visita la haré más tarde. Queda mucho por ver en esta ruta así que me pongo en marcha. Dejo atrás la senda por la que he venido y que en mi anterior visita a este lugar no encontré pues estaba cubierta por una maraña de cañas. Llego junto al puente de la carretera de Alborache donde el río desaparece de mi vista para unirse al río Buñol unos metros más allá. Un giro de 180º e inicio una subida dura por asfalto. Paso la barrera que cierra el paso a los coches y sigo recto hacia arriba. Poco después un camino a la izquierda junto a una balsa que queda a la derecha. Este camino se dirige hacia el Mas del Pinar. Tomo el camino a la izquierda y bajo hacia la carretera, la cruzo y sigo recto. Después del chalet giro a la izquierda y enseguida el camino se convierte en senda aérea. 

El barranco esculpido por el río Buñol queda a la izquierda y me obsequia unas buenas vistas de Buñol y de las montañas de atrás con los molinos de viento girando como locos ante las ráfagas de viento que ahora también me alcanzan a mí. Lástima la fealdad que imprimen al paisaje las canteras y las cementeras, ante esto hasta los molinos son bonitos. Un cartel indica la fuente de la mezquita bajando por el sendero. La intuyo abajo entre la arboleda junto a una construcción que se ve desde aquí arriba, pero me resisto a bajar pues aún me quedan muchas sendas por delante que me obligarán a bajar de la bici muchas veces. Sé que abajo hay una senda apta para senderistas, pero la vegetación del río no sé si permitirá el paso de la bici aunque la tenga que llevar levantada a una rueda, y el tramo hasta el molino es bastante largo, así que opto por seguir el camino. Llego a un cruce y sigo la señalización a la izquierda para bajar hasta el molino Galán. Encuentro un panel que indica la ruta de los molinos; cinco molinos siguiendo el curso del río Buñol entre este punto y la entrada a Alborache. Este molino se ha reconvertido en casa rural pero la puerta de acceso está cerrada. 

Una senda al frente baja hasta la orilla del río y junto a él recorre el tramo que llega hasta la casa. Ninguna valla me impide el paso y por allí puedo llegar hasta la casa y hacer algunas fotos del precioso lugar pegado al río. Vuelvo sobre mis pasos y sigo el camino junto al río en busca del molino Guarro. Lo encuentro un poco más adelante junto al puente que cruza el río por una pequeña pasarela. De momento sigo recto para visitar el Charco Azul un poco más allá. 

El barranco del Conde, solo unos metros antes de unirse al río Buñol, deja una bonita zona de charcas con unas mesas a modo de área recreativa. La ladera del barranco a ambos lados nos brinda una perspectiva diferente, en altura, que luego contemplaré. 

Retrocedo hasta el viejo molino, hoy casi una ruina para girar a la derecha y cruzar el río. El camino sigue para encontrar una zona recreativa un poco más allá. Es curiosa la cantidad de árboles caídos que he encontrado en este recorrido por la ribera del río, y los que aún veré. Me dirijo hacia la siguiente parada, el molino de la Luz. Antes paso el azud de derivación del propio molino. 

La pequeña cascada se derrama estruendosa entre los tres escalones del azud para volver a encontrar su placido vagar por este valle. En este tramo el camino atraviesa una zona de cantos rodados, es como si el camino no estuviera terminado o lo hubieran abierto entre la vegetación hace poco y todavía no estuviera del todo acondicionado, eso parecen indicar los tocones de árboles cortados, de todos modos no presenta mayor dificultad. El molino    de la Luz ya aparece delante, antes volveré a cruzar el río por una de las pasarelas para llegar hasta otro azud que a través de un canal llevaba el agua del río hacia el penúltimo de los molinos de esta ruta; el molino del tío Francisco. 

Entre el azud, el canal, el río y el molino al otro lado, el panorama es excepcional y es uno de los rincones más encantadores de este recorrido. Sigo junto al canal: a la derecha el río y más a la derecha las verticales paredes que el agua a labrado a lo largo de la historia y que encierran arriba un mirador. Tras un recodo del río llego al final de este tramo de senda para ver el molino del tío Francisco al otro lado del río, elevando su chimenea de ladrillo al plomizo cielo. 

El canal cruza el río, convertido en una antiestética tubería verde junto a una pasarela de madera similar a las que cruzan el río en el parque fluvial del Turia. Y puestos a encontrar una pega, creo que sobra el escalón que impide tomar la pasarela sin necesidad de bajar de la bici, no es que sea una gran molestia, pero con un poquito (de imaginación y sobre todo voluntad, que no se de carecen más quienes hacen estos proyectos) se hubiera podido solucionar. Para mí hoy no es ningún problema, puesto que voy a bajar de la bici un millón de veces a hacer fotos y a meterme por sendas, no estoy pidiendo una rampa para la senda que bajaba hacia la cueva del Turche, no, estoy pidiendo un solo escalón con una rampa de 50cm. casi al principio de la ruta de los Molinos, un itinerario turístico fomentado por el ayuntamiento de Alborache, sin más coste para el proyecto, solo había que diseñar una rampa en lugar de un escalón. Cruzo la pasarela y vuelvo a bajar al río, hacia la izquierda. 

Junto al agua las paredes se elevan y muestras diferentes tonalidades de color en la roca arenisca. Luego la senda llega hasta al final de su recorrido junto al reconvertido molino Zanones, toca subir tras admirar el colosal puente de entrada a Alborache. 

Desde el puente las vistas son magníficas sobre este antiguo molino y sobre el río, también se deja ver la chimenea del cercano molino del tío Francisco. Dejo atrás la compañía del río Buñol en este extraordinario recorrido por sus historicos monumentos junto a sus transparentes aguas por fin libres de contaminación, me volveré a encontrar con él al final de la ruta. Tras cruzar el puente giro a la izquierda por el camino de la depuradora. Inicio una rápida bajada hacia el barranco donde la tupida vegetación oscurece más el día. Una buena subida me espera al otro lado para entrar en Alborache y llegar al parque de San Jaime. 

Las primeras gotas de lluvia me saludan mientras contemplo la fuente y la cascada que está completamente seca. Callejeo en busca de la salida del pueblo por el albergue Torre d’Alborache. Desde allí veo que me dirijo a un chaparrón seguro si sigo hacia el sur continuando con la ruta que tenía programada para visitar la zona de los meandros del río Buñol y el molino de Sento Bernal antes de que el río aporte sus aguas al río Magro. 

No es que esté lloviendo mucho pero las persistentes gotitas invitan a no sumergirse en la húmeda neblina que tengo por delante y que tapa las montañas. 

Decido hacer la parada del almuerzo y dar tiempo al chaparrón a caer o pasar de largo. Tras el almuerzo la situación sigue igual hacia el sur y hacia el oeste, la tormenta no se ha movido de su posición. El viento viene cargado. Decido cortar esa parte de la ruta y seguir como si ya hubiera vuelto al pueblo. Callejeo un poco más y salgo por el polideportivo hacia el Charco Azul. 

Llego a los escalones que bajan hasta la poza y desde aquí arriba puedo observar ahora, a vista de pájaro, el precioso entorno. Ya al otro lado del barranco puedo volver a pedalear por una senda que recorre el barranco hacia el albergue rural Actio. 

Recorro este esplendido lugar donde encuentro mil motivos para hacer unas fotos. Luego remonto hasta la carretera y vuelvo hacia Buñol para entrar otra vez por el camino de la cueva del Turche. Paso la masía, llego a la poza y giro a la izquierda para subir al mirador. Este está perfectamente indicado tras una buena subida por asfalto. Desde la carretera al mirador apenas hay 200 metros y las vistas son espectaculares. 

Frente al mirador un plegamiento en la pared de la montaña llama la atención, es una curiosa formación rocosa más de las innumerables que encontraré en esta excursión por el río Juanes. 

El anfiteatro natural que forma la cueva del Turche contemplada desde aquí arriba es algo soberbio. Imaginar la caída del agua hasta la poza de abajo… Me entretengo contemplando la maravilla que crea este pequeño río, pero esto no ha hecho más que empezar. Retomo la subida por asfalto para llegar a una cadena que bordeo por la derecha. Un camino baja hacia unas pozas y sigue al otro lado del río, convertido en senda, hacia Buñol, o bien por otra senda a la izquierda remontar el río y llegar al charco Mañan. Sigo adelante y tomo una senda junto a un chalet en la que tengo que llevar la bici a una rueda, la senda no es ciclable pero no presenta mayor dificultad para arrastrar la bici. 

Aún con la valla de la casa a la izquierda encuentro el primer vistazo sobre el charco Mañan. Con cuidado me acerco al cortado para divisar mejor el espectáculo. Continúo la senda para llegar a una explanada donde un panel interpretativo explica los procesos geológicos de este entorno. Una pasarela cruza el río y me permite explorar y visitar esta extraordinaria zona. Pequeñas caídas de agua que forman innumerables pozas entre la vegetación de ribera que aprovecha este rico oasis. Las coloridas jaras explotan de color con sus rutilantes flores de papel llamando a las atareadas abejas. Vuelvo a la explanada en busca del camino del área recreativa bajo de la cueva de las Palomas pero no veo el inicio del camino, y cuantas más vueltas doy más mareo al pobre “Treki” que ya no sabe ni donde está. Veo la línea del camino a seguir pero no hay forma de llegar a ella así que decido rodear toda la montaña para entrar por la otra parte de la montaña, total son solo 3 Km. que me darán lo oportunidad de recorrer una bonita senda y llegar cerca de Yátova donde contemplaré los estragos del brutal incendio del verano 2012 sobre el Motrotón y la serra del Ave. 

La cruel estampa del Motrotón calcinado me hace pedalear rápido para huir de esa catástrofe ecológica. Encaro, ahora sí, la pared rocosa de la cueva de las Palomas. El espectáculo es magnífico. 

La pared cortada, mordida, esculpida, derrumbada y erosionada muestra las cicatrices del tiempo y los elementos cebándose en su piel, modelándola hasta dar forma a este capricho de la naturaleza. 

La admiro desde todos los ángulos y recorro la pequeña cavidad. Al fin, tras un montón de fotos y más exclamaciones de asombro, continúo la ruta al otro lado del río. La senda aquí es completamente ciclable pero las continuas paradas para mirar atrás me hacen recorrer este tramo a pie y seguir haciendo fotos y más fotos. 

Al final decido parar a comer en este magnifico entorno y disfrutar un poco más de las panorámicas. El viento comienza a ser molesto y me obliga a ponerme en marcha para hacer las visitas que aún me quedan pendientes. Me quedan todavía las subidas más duras del día por delante. Quiero llegar hasta la antigua fonda-balneario del río Juanes que solo dista unos 500 metros desde la cueva de las palomas, pero no quiero ir por la senda pues creo que hay bastante desnivel a salvar y no será muy fácil la travesía con la bici, así de paso alargo un poco la ruta y subo hasta el monte de la Cruz. En la pared del segundo corral veo una placa que indica el itinerario del río Juanes por senda, lo descarto y sigo el camino de la Serrana, un poco más adelante otra placa igual me desvía a la izquierda y comienza la subida. No es excesivamente dura pero después de comer no es el mejor postre que he probado. De todas formas lo peor es el viento que arrecia conforme gano altura y llego a la parte alta y más despejada. Allí veo una pequeña y preciosa ermita junto a una pinada y una gran balsa, esta ermita está en una finca que es la casa rural de la Serrana, según me confirma mi amigo Vicente de http://www.ermitascomunidadvalenciana.com/ al que le pido la información de esta pequeña iglesia. 

Me deja fascinado la delicada fragilidad que emana, como si le faltara algo y se sostuviera precariamente contra el viento. Sigo adelante en busca de la carretera de Yátova. La encuentro un poco después y giro a la izquierda para iniciar un rápido descenso hasta el puente sobre el río Juanes. Allí a la izquierda están los restos de lo que en su día fue una fonda y balneario aprovechando las aguas del río Juanes. El entorno es una preciosidad bajo una frondosa arboleda que sume en penumbra el esqueleto del edificio. 

Es una autentica ruina que se desmorona a trozos ante mí con el ataque de una ráfaga de viento. Salgo de allí rápidamente, no de dentro del edificio que no he pensado ni en entrar, sino de la cercanía de él. Al otro lado del río veo una fuente y la senda que baja hacia la cercana cueva de las Palomas. Hay paso entre unas piedras para vadear el río pero el ruido del viento entre los árboles, la penumbra y el edificio viniéndose abajo me da mal rollo y decido que ya he visto bastante tras la foto del puente. Ahora toca subir lentamente ese rápido descenso de hace un rato. Con calma voy llegando hasta el camino por el que había venido hace un rato y continúo por esta carretera sin apenas tráfico que me bajará hasta Buñol. Se incorpora por mi izquierda el camino por el que vine desde Requena: http://bikepedalvalencia.blogspot.com.es/2012/09/requena-riba-roja.html 

Luego llego al mirador sobre el barranco Carcalín y tengo que volver a parar a admirar el soberbio paisaje. El viento sopla ahora con fuerza y me pongo en marcha con precaución, pues una ventolera en plena bajada a toda velocidad sería algo serio. Paso de largo el mirador de Buñol y llego abajo junto al puente y la señal del paraje de la Jarra a la izquierda. 

Es un pequeño tramo junto al río Buñol que ofrece varias pozas para el baño y sobre todo una pared con restos de estalactitas. 

Retrocedo para llegar hasta el puente y seguir unos metros más allá para bajar al inicio del parque fluvial del río Buñol, la verdadera pena es que este recorrido no continúe a lo largo de todo el río para enlazar con el camino de los molinos, sería todo un espectáculo. 

Finalmente remonto por la pasarela y llego a la ermita de san Luis donde termino esta maravillosa ruta por un rincón lleno de belleza, tan al alcance de todos y a la vez tan desconocido que parece mentira tener estas joyas a las puertas de casa.