miércoles, 3 de noviembre de 2010

Pla Lluc-Molino Ceja

Es difícil ante la página en blanco explicar lo que son las rutas en bicicleta por la montaña. La de hoy no es una excepción. Además, el haber rodado por un par de sendas con continuo subir y bajar de la bici me deja una sensación amarga aunque la ruta haya sido una pasada.

Ayer por la tarde miraba La Calderona desde la cocina de casa. La tarde estaba esplendida, con una luz y una claridad excepcionales. Solo deseaba que hoy el día estuviera igual. De hecho ha estado mejor. Suena el despertador y me levanto con más oscuridad de la prevista. Cuando llego a la cocina y veo el reloj caigo en la cuenta que el despertador aún no está cambiado de hora, son las 06.50 y ya estoy en pie, valee. Desayuno y me pongo en marcha hacia el Pla de Lluc, tal y como la semana pasada y presumiblemente como el próximo sábado. Tras los estiramientos en el solitario parking me pongo en marcha para realizar una subida nueva: no es que el camino sea nuevo, pero siempre lo hemos hecho de bajada. De hecho hace pocas semanas que nos marcamos por aquí mismo una bajada de vértigo.

Remonto por la carretera de Porta Coeli. El silencio es casi absoluto. Solo se oye el canto de los pájaros, quizá avisándose de la extraña presencia que sube hacia la montaña, y el gruñido sordo, casi gutural de las ruedas arañando sobre el asfalto. Paso junto al monasterio, después de la puerta el muro queda a mi derecha y me acompañará un rato. Paso el arco del acueducto y el asfalto desaparece bajo las ruedas. Ahora el sonido es como el crepitar de una hoguera mientras las ruedas se agarran al camino. Remonto junto al barranco por un sombreado valle y una fresca umbría bajo los árboles.
Enseguida La Pobleta queda a mi derecha al otro lado del barranco. Las rampas del camino empiezan a dejarse sentir y con todo puesto voy buscando la trazada correcta entre tanta piedra. El rodeno meteorizado cubre el camino incluso allí donde las roderas ya lo complican por si solas. La quietud y la soledad son totales. El Sol va ganando altura y ayuda a que la sudada empiece a ser importante. Hoy también he salido de largo, como ya dije prefiero un punto de calor que de frío. Pero esto es demasiado y con lo que queda de subida voy a quemar el termostato, así que paro a quitarme la chaqueta y continuo subiendo a buen ritmo. Me encuentro bien, con fuerzas, con ganas. Subo con menos esfuerzo del que preveía y con las pulsaciones controladas. Los paisajes no dejan de sorprenderme a pesar de conocerlos con detalle: la luz de primera hora de la mañana juega con las sombras que proyectan las propias montañas y los contrastes que crean me seducen.
El camino serpentea de un valle a otro y se pega a los barrancos remontando curvas de nivel al mismo ritmo que la pantalla del “Treki”. Veo al otro lado del valle la subida del camino del Campillo, un poco más adelante se juntarán estos dos caminos para acabar de remontar hasta el Collado de La Morería. Antes me encontraré con una recta larga que deja ver la crueldad de la subida.
No puedo subir más piñones porque no me quedan, ni bajar más platos, la suspensión bloqueada aunque tampoco me influye tanto en la pedalada, pero por si acaso; me vuelco un poco sobre el manillar pero la bicicleta la verdad es que no se ha encabritado ni una sola vez, así que puedo pedalear tranquilo en la posición más cómoda.

Una vez se juntan los caminos hay como un mirador hacia el mar y una curva de 180º que lleva hacia el Collado. Antes tomaré, hoy que voy bien de tiempo, el camino de la derecha sin salida a ver a donde lleva. Es un tramo corto de unos 300 metros que me da la sorpresa del día. El paraje al que llega es un delicioso mirador recogido entre una pinada y al refugio del viento.
El estar se hace tan agradable que de no ser por lo que me queda aún por subir almorzaría aquí mismo. Las vistas son increíbles. Lógicamente desde la torre vigía o desde las antenas junto al ventisquero son mejores por la altura, pero el recogimiento de este lugar justo encima de La Pobleta y La Cartuja no tiene desperdicio.
Regreso al camino y sigo subiendo. Me uno al otro camino de subida, el que subí la semana pasada y juntos afrontamos el tramo que pasa por las casas de Falaguera hacia la font del Poll. Descarto el camino a derechas que volveré a subir el sábado y por delante de la fuente sigo subiendo con Peñas Altas al frente. Justo antes de llegar la vista norte de La Calderona se abre para dejarme ver “el mar del norte”, es nuestro mismo mediterráneo pero en la parte norte, ya en aguas de Castellón donde, perdidas en medio de las aguas, trepan desde el fondo marino las Islas Columbretes.
Tan solo son una mancha más oscura en medio del mar que alcanza una altura respecto a este. Esta vista solo es posible un centenar de metros ya que arriba del collado la montaña norte volverá a tapar las vistas. Antes me giro para ver el desnivel que estoy acumulando en mi musculatura. La cima de este tramo de camino está junto a la subida a izquierdas hacia Peñas Altas, luego el camino pierde altura hacia Tristán por un firme roto y bacheado de solemnidad.
Surge a mi izquierda, alimentado por las escorrentías de la montaña el barranco de La Vigueta ensombrecido por Peñas Altas. Otro camino roto, tanto es así que desde la ruta de la olivera Morruda no hemos vuelto a pasar por él. Llego al cruce de caminos y sigo de frente mi marcha, en el siguiente cruce, que es el sube de La Vigueta por mi izquierda lo descarto también y continúo de frente.
Ya veo la arboleda, la fuente, la zona recreativa y la casa del Mas de Tristán. Por desgracia algún cerdo impresentable ha dejado la zona de las mesas toda llena de basura desperdigada por todos lados a pesar de que los contenedores no están a más de 15 metros. Esto me reafirma más aún en llegar hasta la otra zona recreativa al poco de pasar el Mas. Comienza el descenso pero enseguida surge un caminito cubierto por la pinocha a la derecha. Cubierta por los pinos hay una mesa y unos asientos y unos metros más arriba, al descubierto, un gran bloque de hormigón a modo de banco donde sentarse de cara al Pico del Águila y la sierra de Espadan.
Por detrás de esta asoma la cumbre del Penyagolosa. Almuerzo paseando de un lado a otro y observando estas panorámicas poco vistas. Absorbiendo detalles que ahora intento plasmar en estas líneas. Se oye el ulular del viento peinando las hojas de los pinos, filtrando su etérea presencia entre la delicada hojarasca, arrancando miles y miles de puntiagudas y finas hojas que cubren el suelo y crujen a mi paso. Oigo ese sonido monótono y cambiante con las rachas de viento. Ese sonido cautivador y evocador de mil y una pesadillas. Ese sonido relajante que invita en su suavidad a tumbarse bajo los pinos y dejarse mecer hasta un profundo y reparador sueño. Ese sonido que en soledad y sin la luz tranquilizadora del día pondría los pelos como escarpias, como las hojas de esos pinos a los que ahora tan ricamente acaricia.
Me pongo en marcha otra vez dejándome caer por el camino de Gátova pero sabiendo que enseguida tendré que girar a la izquierda y remontar una pequeña loma. El camino se ve sin problemas, consulto a “Treki” y empiezo a remontar, luego en bajada por un camino completamente nuevo para mí.
Me dejará a los pies del Gorgo, techo de La Calderona oriental, pues el verdadero techo de esta sierra es el monte Mayor cerca de La Cueva Santa. Algunos destellos de que esta sierra estuvo habitada o al menos con una fuerte presencia humana en otros tiempos son las antiguas construcciones en piedra que en estado ruinoso se asoman aquí y allá a lo largo de estos caminos. Un poco más adelante el susto del día. En una bajada se me cruza un perrillo que sale de detrás de un coche. Intento frenar para no atropellarlo e irme al suelo, pero con la inercia que llevaba de la bajada salgo despedido por delante de la bicicleta, por suerte ya sin velocidad y casi parada, en un primer momento es más el susto de la caída que otra cosa. Un poco de dolor en el gemelo que el susto y el lanzar la mente a volar en direcciones negativas agrandan más de lo que realmente es. Después de tranquilizarme un poco veo que no es para tanto pero el golpe fuerte se lo ha llevado de lleno el GPS que al voltearse la bici le ha caído encima. El pobre hombre está más asustado que yo, al perro… gtrasxpwzeir por lo menos pero hoy no… mañana. Le tomo los datos al hombre por si acaso hay algún desperfecto que ahora no veo y sigo mi camino. El Gorgo queda a mi izquierda y el camino sigue subiendo. Llego a la parte alta de este camino justo en el desvío a la izquierda que sube a esta cumbre. Se que no es ciclable pero me interno por él a ver hasta donde puedo subir.
El camino se convierte en senda a los dos metros. Esta está bastante rota desde el inicio y pronto se ve en peores condiciones, así que decido que no voy a seguir sufriendo por esta senda impracticable y deshago el camino andado. Comienzo ahora una bajada tan pronunciada como peligrosa. Tanto que en un tramo me bajo de la bici para no volver a salir volando. A este tramo se unirán otros un uno por ciento en mejor estado, esos si que los bajaré poniendo toda mi confianza en el equipamiento de la bici y en mi fortalecida confianza en mi técnica/destreza adquirida en los últimos tiempos.
Voy dejando el pico a mi espalda mientras sigo bajando hacia el barranco del Cardaire. Allí volveré a remontar hasta el camino de Gátova otra vez y ahora en descenso hasta el Molino de La Ceja. Unas fotos después me pongo en marcha por el camino junto enfrente del molino, recién asfaltado.
La bajada tiene un desnivel importante, por fortuna las peores pendientes las estoy encontrando hoy de bajada, es más fácil pero también más peligroso. Vuelve el terreno rojo y casi con él se acaba el camino. Encuentro una subida rota que me obliga a tirar pie a tierra, luego lo que ya es una senda me permite rodar un poco sobre la máquina aunque sea a costa de arañarme brazos y piernas con la vegetación que encauza la senda. Más subidas. Tan estrechas y con tanta vegetación que si no subes recto como el palo de una escoba estás listo.
Otra vez abajo y a empujar la bici, hacia arriba. Y así sus buenos 800 metros, los últimos de bajada hacia el inicio del camino por el otro lado y que ya empalma con el camino de bajada hacia la carretera de Gátova a Olocau. Al llegar al camino giro a la izquierda en subida. Remonto hasta el prado donde sale la senda que baja hasta Marines Viejo y que acoge una bonita representación de enormes y tupidas carrascas.
Ahora en suave descenso dejaré atrás el poblado morisco de Olla, bajaré al arroyo del barranco de Olla y volveré a remontar por un camino en zigzag hasta lo alto de este cerro. Aquí está la divisoria municipal y comenzaré a bajar por el lado de Olocau. Todo este tramo lo tengo reciente en la memoria auque en sentido inverso. Esta zona es de continuos cambios y rompe piernas por lo que los grif shif se tendrán que ganar el sueldo. Continuos cambios para adecuar la pedalada y velocidad a las exigencias del terreno. Luego veré los letreros que indican en el sentido del que vengo la fuente del Sentig y Tristán, en ese cruce tomaré a la izquierda en subida. Enseguida se me pone detrás un coche del servicio forestal de La Generalitat. Sabiendo que suben más rápido que nosotros también podían mantenerse a una distancia ya que la primera reacción del ciclista al oír un coche es, por si acaso, apartarse. En estas subidas si te paras estás muerto para volver a arrancar, y si no estás muerto de todo el polvo que vas a tragar. Amén de que luego te adelantan y a los pocos metros se paran o bien reducen en una bajada que nosotros hacemos mucho más rápido. Un poco de sensibilidad si les falta. Como personas privadas entiendo la prisa aunque no la comparta, pero como trabajadores de un parque natural que deberían estar ahí para ayudar a las personas que disfrutan del parque no. Al final consigue adelantarme en un desdoblamiento del camino y efectivamente unos 200 metros más adelante se para al final del camino. Para eso tanta prisa. Allí mismo arranca otra senda no ciclable. A ver: igual que la otra habrá quien tenga … arrestos para hacer todo el camino sin bajar de la bici, fuerza, técnica, habilidad, suerte y hasta un punto de locura para arriesgar más de la cuenta. Esta senda va toda de bajada pero hay tramos con tal pendiente y con tantas piedras que una caída es lo más seguro. Así que otra vez a bajar de la burra. Hay que decir que en ninguna de esta sendas está prohibido circular en bici, pero con el estado del firme, las frenadas que realizan la mayoría de bikers, con derrapadas y saltos no hacen mas que degradar el terreno y empeorar la poca ciclabilidad que hay.

Que una cosa es circular, usar un determinado paso para ir de un sitio a otro y otra cosa muy distinta es usar estos pasos para senderistas como pistas de pruebas a ver quien hace más el loco. De ahí que en muchas sendas nos hayan prohibido el paso. Y luego nos quejamos cuando coches, motos o quads destrozan los caminos que nosotros ciclamos. Por otra parte estas dos sendas son la única alternativa para poder moverse entre Pedralvilla-Olocau-Gátova sin tocar carretera, o bien hacer la kilometrada de ir por Tristán o por el cerro del Lobo. Mi opinión: en este caso, veo totalmente justificado el tránsito de bicis por estos terrenos, pero ojo, tránsito. La lastima es que no esté en mejor estado para no tener que bajar tanto de la bici, es más, con pendientes más tendidas no sería necesario blocar rueda y arrastrar tanto el terreno. Esta senda tiene unos 1100 metros de bajada aunque en su mayoría son ciclables con un poco de riesgo, pero cada cual tiene que saber sus límites y lo que está dispuesto a arriesgar. A veces cuando vamos con otros compañeros casi todos arriesgamos más de lo que nos sentimos capaces de superar, al final el más valiente siempre es aquel que está dispuesto a reconocer sus limitaciones. Llego al camino de Olocau. Pronto quedará entre el barranco de Pedralvilla y las montañas serpenteando entre chalets dispersos aquí y allá. Por fortuna no todo lo que está listo para urbanizar está construido. Las acometidas de agua se ven por todas partes a ambos lados del camino. El día que le metan el diente a esta zona se van a cargar media montaña con cemento y la otra mitad con la presión demográfica que tendrá que soportar un lugar tan frágil como la montaña, tan adaptable como lenta en hacerlo, justo lo contrario que el “deshumanizado” ser humano.
El terreno se va asemejando a aquella parte que baja de Rabassadors hacia el Pla de Lluc. Las montañas vuelven a mostrarme su lado Sur y vuelvo a ver “caras” conocidas. Poco después dejo atrás los últimos chalets para adentrarme de nuevo en la espesa pinada e ir acercándome al camino que me llevará al lugar de inicio de la ruta de hoy. El grandote vuelve a está donde lo dejé y me espera para llevarnos a casa a recoger el premio de hoy, una buena cerveza. Hoy la zesty también ha tenido premio y el lavado de máquina a presión le ha sentado de maravilla. Ya está preguntándose dónde la llevaré el próximo miércoles.








miércoles, 27 de octubre de 2010

PlaLluc-MiradorL'Abella-CerroLaMata-Ventisquero

Desayuno frente a la ventana de la cocina contemplando las montañas que en un ratito estaré subiendo. Miro el termómetro al otro lado del cristal que marca 9º. El frío Sol matinal que acaba de despuntar aún no calienta lo suficiente y la atmosfera está cristalina y en calma. Eso hace que las montañas no tengan relieve, que parezcan enormes dibujos tendidos del cielo, naturaleza muerta inmutable, imperturbable a través de su efímera eternidad. Pero La Calderona no es eso. Su naturaleza geológica la hace estar tan viva como la propia vida que crece y se desarrolla en ella.
Su constante cambio debido a la erosión la hace mostrarse siempre nueva, siempre cambiante, hasta que, por fin, mucho después que nosotros, tan solo sea un recuerdo en la arrugada piel de La Tierra. Hago repaso mental de todo lo que tengo que llevar mientras meto la bici en el ascensor y la cargo en el coche. Un viajecito desde Riba Roja al Pla de Lluc donde empezaré la ruta. Pero sorpresa… el coche se ha quedado sin batería y eso me hace perder más de una hora en el taller y toda la historia alrededor. Antes de salir de casa ya llevo un dineral en gastos. En fin, a lo que íbamos.

Llego al Pla y me dispongo a comenzar la ruta de hoy. Con la bajada de las temperaturas conviene calentar con algo más de intensidad. Luego me pongo en marcha poco a poco para ir adquiriendo una velocidad constante en este tramo casi llano. Sigo las indicaciones del “Treki” cuando este me saca del camino para enfilar la font de L’Abella y el desnivel empieza a dejarse notar. Este camino es paralelo, por el valle de la izquierda al que últimamente tomamos para subir a Tristán. Más a la izquierda queda el camino paralelo al barranco de Villuela y la font de La Gota, pero el penoso estado de dicho camino hizo que dejáramos de transitarlo ya hace algún tiempo. Hoy pruebo este camino nuevo para descubrir una parte desconocida de la sierra. Gano altura rápidamente entre una zona de vegetación de monte bajo y algún pino solitario o bien reducido a pequeños grupos aquí y allá. La altitud comienza a ofrecer impresionantes vistas, ya conocidas, del valle del Turia. No por ello menos apreciada.
Abro la chaqueta para poder refrigerar un poco ya que la sudada comienza a ser importante. No me molesta tanto pasar un punto de calor como pasarlo de frío, pero si puedo refrescarme un poco ahora mejor que mejor. El camino sigue subiendo en zigzag, entre sol y sombra, entre el frescor de la umbría y el calor de las zonas expuestas al Sol que por momentos intenta alcanzar su zenit en este cielo otoñal.
La luz es espectacular, cada otoño pensamos lo mismo. Una luz diáfana y nítida que todo lo ilumina pero que emana de esa solemne melancolía que se derrama por la atmósfera y que todo lo inunda en esos días previos al invierno, cuando las temperaturas bajan para anunciar el inminente cambio. Esa misma luz, o mejor dicho su ausencia, que marcará, como cada año, esos días de tristeza interior que me invade sin remisión y que solo el transcurrir de unas semanas curará al asimilar la nueva rutina. Pero ahora aquí en medio del monte no siento esa carga emocional negativa, todo lo contrario. Me lleno de vida e ilusión en cada pedalada hacia la cima. Descubro a lo lejos en el camino lo que imagino como la fuente.
El juego de piñones y la cadencia, todo lo constante que permite el bacheado del camino, me acercan rápido hasta la fuente. Algo más arriba, siguiendo el camino, el mirador. Corono el alto y sale un camino a la izquierda, lo tomo para llegar, unos metros más allá, al mirador. Rodeado de una barandilla de madera y un par de escalones por encima del llano donde se asienta, el mirador de L’Abella es un lugar privilegiado para observar la llanura aluvial del río Turia.
Hoy se ven todas las montañas alrededor. Desde El Toro hasta El Caroche, desde El Montgó al pico Ropé, y por supuesto el mar, la línea de costa del Saler, La Albufera y la Serra de Les Rabosses. Me pongo otra vez en marcha pero sé que la ruta prevista es inviable por el retraso acumulado por la avería de la batería del coche. Rápidamente recalculo mentalmente la ruta nueva para hoy. Ya que estamos voy a probar un camino que creo que al final se convierte en senda pero que no estoy seguro. Es lo que pasa cuando alguien cuelga un track pero no explica con qué te vas a encontrar. Nada más dejar el mirador, el camino comienza un vertiginoso descenso. Enseguida un camino se abre a la derecha en subida, tiro de freno y cambio de plato y piñones para subir la cuesta. La arboleda se cierra sobre el camino. Los pinos jóvenes alargan sus ramas hacia este camino solitario donde tienen más espacio para crecer. La rampa se endurece por momentos y el firme tampoco acompaña pero poco a poco voy remontando. Veo entre la arboleda una casa, según el mapa son los corrales de La Rosa. Justo ahí se unen una rampa brutal y un tramo de camino descarnado, las escorrentías de las lluvias bajando por la ladera de la montaña han arrasado el camino. Pie a tierra y a subir empujando la bici estos últimos 150 metros. Junto a la casa salen dos caminos. Derecha sube, izquierda baja. Tengo marcado el de la izquierda así que… De momento es un suave ondular por la cresta de la montaña aunque la vegetación se va cerrando y convierte el camino en senda. Algún que otro arañazo pero de momento no pasa a mayores. El firme se empieza a salpicar de piedras y raíces conforme pierde altitud debido al arrastre de las aguas pluviales. Y de repente la rodera que aparece en mitad de la senda hace impracticable la ciclabilidad de la misma. Las ruedas pasarían pero los pedales no, así que pie a tierra otra vez y a seguir.
Ya donde estoy me cuesta más volver que seguir… o eso creo. Este circo se prolonga por más tiempo del que pensaba, además estoy bajando a una cota que al final no me va servir de nada este camino-senda. Por momentos aún empeora más el estado del terreno pero ya no puedo remontar y volver atrás. Llego hasta el fondo del barranco del Saragatillo, este barranco nace entre la font del Poll y Peñas Altas y baja hasta unirse al de Villuela cerca de la font de La Gota. Tras pasar el barranco llego por fin al camino, giro a la derecha y empiezo a remontar todo lo que he bajado por la senda. Decididamente merece la pena ir por la pista; bajar rápido y montado en la bici en vez de arrastrarla todo el rato entre las piedras. Además, por este lado hay una señal que prohíbe específicamente circular por sendas. Por el otro lado que he entrado esta señal no estaba, de ahí que tuviera la duda. El relieve sinuoso de las montañas y de los enormes bloques de piedra que se sustentan en precario equilibrio dejan boquiabierto al que contempla estas maravillas.
La caprichosa naturaleza juega día a día a modelar figuras con estas montañas. Y cada día las pule, las cambia, las retoca en un intento de perfeccionar más su obra, ya de por sí perfecta a mis ojos. Llego a la font del Berro donde leo el dichoso cartel de “agua no apta para el consumo”. Ya se que la aptitud o no aptitud del agua es determinada por los análisis de dicha agua, pero a mi humilde entender, con que nos previnieran de que es agua no tratada ya sería suficiente, lo de “no apta” lo entiendo más como que es directamente mala para la salud. Además, para calificarla como no apta se supone que de vez en cuado la analizan ¿no? Bueno, sea como sea hoy no he necesitado agua que si no… en otras ocasiones casi hemos secado la fuente ante la necesidad por encima de la aptitud. Sea como sea la dichosa fuente está aún a mitad de subida. Por fortuna una vez salido de la senda, el camino vuelve a estar en condiciones optimas para subir sin preocuparse del firme, ahora son las fuerzas las que me hacen avanzar más o menos deprisa en función de la rampa que me encuentro por delante. Llego al cruce y tomo un camino a mi derecha cruzado por una cadena, que sube hasta la torre de vigilancia forestal.
Desde la primera vez que la vimos siempre he tenido ganas de subir allí, hoy es el día. A los pocos metros la pendiente se encabrita de forma brusca, tanto que sufro lo que no está en los escritos aun a pesar de llevarlo todo metido y todo bloqueado. En una curva veo que el camino está encementado, mal asunto pienso, porque no tengo resuello ni para hablar. Intentando salvar los hierros que asoman del cemento doy un giro muy brusco y ese es el final de la subida en bicicleta, a partir de aquí a pie y arrastrando la bici.
De todas formas no hubiera podido llegar muchos metros más allá, la brutalidad de esta rampa no la había visto en ningún sitio. Ni siquiera el Montdúver fue tan cruel. Llego arriba sin resuello y pensando que la bajada va a tener miga si no decido bajarme antes de salir despedido por delante del manillar. Pero ahora toca disfrutar del espectáculo visual que se presenta ante mí. La torre de vigilancia está vallada, pero un agujero en ella me permite llegar a la base. No intento subir ya que el estado de abandono ha llegado a pudrir el hierro de la barandilla en muchos puntos, en otros se ve roto y suelto. De hecho no debería ni estar aquí dentro así que de subir ni hablar, sería una autentica temeridad.
Me conformo con hacer algunas fotos y buscar acomodo para almorzar. En resumen: tengo las mismas vistas que desde el mirador pero desde más arriba, con lo que aún, las panorámicas son mejores. Aquí sentado, con el mundo a mis pies, es como si los problemas desaparecieran. La enormidad de las montañas lo llena todo. La inmensidad del mar lo empequeñece todo. Las ciudades parecen diminutas. Por ende las personas, simplemente desaparecen. Desde aquí uno no puede pensar en problemas. No los hay. Me siento tan pequeño, tan vulnerable que es como arrojar una gota al mar. Por un momento me lleno de tranquilidad y armonía. Que lujo al alcance de todos y que pocos lo utilizan. Aunque sinceramente, mejor así. Si no esto acabaría siendo la misma locura y la misma jungla que es ahí abajo. Me pongo en marcha otra vez. Bajo con suma precaución y cuidado. Los frenos presionados en todo momento chillan y se quejan del esfuerzo. Espero que aguanten. Solo pido eso. En más de una ocasión he pensado que la bici iba a bascular sobre la rueda delantera y no sé donde hubiera acabado. Llego abajo con una mezcla de satisfacción y alegría. Tomo el camino de enfrente hacia la font del Poll. Casi junto a ella surge el camino a la derecha que sube hacia Rebalsadors o baja hacia Serra. Remonto el collado y tomo otro camino a la derecha que es el que sube definitivamente a Rebalsadors. No es broma este tramo de subida. El porcentaje se deja notar en la musculatura y además es la peor parte en lo que al firme se refiere de todo el camino, sin contar la senda. Luego otro camino sigue subiendo a la derecha señalizando el Ventisquero. Allá que voy. Tampoco hemos estado nunca ninguno del grupo. Bueno, pienso mientras estoy subiendo: al menos he encontrado otra ruta opcional con miradores. Llego arriba junto a la antena y las vistas se repiten otra vez, desde más arriba y en versión mejorada.
Es como ver la tele en blanco y negro, en color o en alta definición. Luego visito el Ventisquero. Es de los pocos, por no decir el único pozo de nieve que se conserva en La Calderona.
Desde aquí todo lo que me queda es para abajo. Así que vuelvo a calarme y me dejo llevar por la inercia de la pendiente. Levantado del sillín y apoyando todo el peso en los pedales voy trazando para evitar las piedras y baches en este primer tramo. Intento coger las curvas por la parte externa cuando tengo visibilidad para irme “al otro carril”, no sea que venga algún coche o algún ciclista subiendo. A veces veo algunos que van por donde quieren, y aunque esto sea el monte también hay unas normas de convivencia. Si tú vas por tu sitio y yo por el mío no nos chocaremos. Voy cogiendo velocidad a marchas forzadas mientras esquivo algunas piedras en el camino.
Con toques precisos de freno reduzco lo suficiente para trazar con seguridad, pero cuando surge alguna piedra inesperada hay que exprimir más a fondo el freno, eso hace que pivote sobre los pedales y mi cuerpo se proyecte hacia delante con rapidez. Empujo con los brazos en el manillar para volver hacia atrás mientras suelto freno, la velocidad me devuelve al sitio rápidamente. Este camino de bajada es el que hacemos últimamente de subida, no lo hemos bajado nunca y hoy estoy comprobando lo rápido, cómodo y divertido que es de bajar. Llego a la zona por la que el camino casi dibuja un círculo en la montaña.
Es como una hoya con unas vistas espectaculares. Ya estoy finalizando la bajada y la velocidad me acerca al final de este camino, donde empalmaré con el camino de inicio que me llevará hasta el grandote, que espera pacientemente mi regreso. Al final los 31Km. no han desmerecido para nada ni en dureza ni en emociones. Pero por encima de todo queda el hecho de recorrer este paisaje abrumador de singular belleza que colma, cada vez que lo recorremos, todas nuestras expectativas. Quedan muchas rutas pendientes por realizar, pero poco a poco las recorreremos para seguir contándolas.


Track de la ruta PlaLluc-MiradorL'Abella-CerroLaMata-Ventisquero

jueves, 21 de octubre de 2010

Olocau-CastelldelReal-MasdeOlla

La Calderona. Siempre La Calderona. Y a pesar de ello por unas razones o por otras la tenemos ahí en la distancia. Recorriéndola con cuenta gotas. Me había propuesto ir poco a poco descubriendo caminos como avanzadilla al resto del grupo. Investigar la ciclabilidad de los caminos por los que luego nos aventuraríamos todos y si eso no fuera posible descartar dichos caminos y buscar otros.
Así que me puse manos a la obra y encontré un track de http://es.wikiloc.com/wikiloc/user.do?name=Javier_ . El reto para nosotros es poder realizar una ruta de sábado por la mañana y como mucho a las 15 h. en casa, pues por razones de trabajo no dispongo de más tiempo y no puedo como en otras ocasiones disponer de todo el día. Eso significa casi casi comer mientras me ducho y al sobre para levantarme e irme directo al curro. Por eso las rutas tienen que cumplir con, sobre todo, el requisito del tiempo invertido en recorrerlas. El desnivel, el IBP y la distancia son, en principio, secundarios. Con alguna modificación sobre el recorrido encontrado planteo la salida y llegada en aquella gasolinera abandonada a la entrada de Olocau. Dejo el coche en el mismo sitio y echo a faltar el remolque que transporte las bicis de los compañeros, sin ellas, lógicamente, mis compañeros no me han acompañado hoy. Estiramientos para calentar la musculatura y activar la circulación en una mañana fresquita tal y como ocurrió el sábado pasado en los primeros Km. Me pongo en marcha en bajada hacia el centro del pueblo. Olocau, cobijado a los pies de la Calderona es un pueblo tranquilo y sencillo. Uno de esos pueblos en los que aún se respira la tranquilidad de un pueblo. Mientras recorro sus calles pienso en cuando otros pueblos eran así y vendieron su alma al empuje inmobiliario y la sed de grandiosidad y explosión demográfica que les hizo perder su identidad, su tranquilidad y la buena convivencia entre sus vecinos, muchos de los cuales hoy ni se conocen ni se saludan, y lo que es peor ni se respetan. Pensamientos idílicos y utópicos con respecto a la sociedad en la que vivimos aparte, no dejo de dar pedales en busca de la calle que me saque del pueblo y que ya estoy notando en las piernas. Pica hacia arriba, pasa junto a un parque y se mete por una calle que dejará de serlo para internarse en plena montaña. Me sorprende un letrero que reza: Olocau donde se respira azahar y romero, bueno, no era exactamente esto pero lo vi cuando ya no tuve tiempo de leer todo y me quedé con esta parte en la mente. Bonita frase iba pensando, pero de momento y junto a este parque el único olor que me viene es el de meados de perro, que esta es otra de las cosas de la sociedad moderna. La plaga de perros que sufrimos por culpa de la plaga de dueños de perro maleducados y socipatas que todo les vale con tal de tener un perro, y es que muchos los educan igual que educan a sus hijos, y así les va… perdón, así nos va.

¡Uf! Necesito montaña a saco, en vena. Menos mal que el camino no ha dejado de picar hacia arriba y enseguida la rampa, como leyéndome el pensamiento viene a mi rescate poniendo desnivel y sacando de mi mente este tipo de pensamientos. Concentrado en subir me olvido de los pensamientos que, políticamente incorrectos, me han metido en alguna discusión cuando los he comentado con alguien. Pero hoy solo tengo ante mí el camino y la montaña. Nadie con quien discutir. Sigo pedaleando, me interno en la montaña y por fin. Ahora si que huele a montaña, a romeros y tomillos. A humedad de las umbrías donde el Sol naciente aún no ha llegado y de aquellos recovecos donde nunca llegará. A pinocha y hojarasca descompuesta, a musgo y compost, a vida. El camino describe una curva a derechas y me adentro en una vaguada sombría y fresca. El trino de los pájaros lo llena todo si sabes escuchar, cuando no es el crepitar de las gomas agarrándose al suelo. Con paciencia y con juego de desarrollos voy ganando altura con el camino. Llego a una bifurcación y la señal me lleva hacia el castillo del Real, el “Treki” también dice que es a la izquierda. Sigo remontando el camino aunque desde este punto ya tengo una primera impresión de la fortaleza coronando el peñasco.
Como un Km. después salgo del bosque a una explanada con algunos olivos. El camino se bifurca otra vez. A la derecha los mapas no indicaban camino pero ahí está. Se pone en lista de espera parar otro día y cojo el otro que lo seguiré solo un poco para coger distancia con la montaña del castillo y así tener una visión completa del paraje. Unas pedaladas más allá la postal llena todo mi campo visual dejándome satisfecho. Tras la contemplación es hora de volver hacia el primer cruce y seguir ruta. La bajada es más rápida de lo que había supuesto en la subida que no me había planteado ninguna dificultad. Eso me lleva a la salida de una curva a tener que exprimir frenos ya que la contra curva y la gravilla del suelo me hacen perder adherencia y estoy a punto de salirme. Me recuerdo mentalmente que tengo que explicar este incidente para que no le pase a otro si lee esto. Luego, llegado al cruce izquierda y continúa la subida. El camino se retuerce perezoso y blanquecino entre el verdor del bosque que atraviesa, aunque conforme gano altura el terreno rojizo empieza a adueñarse, lentamente, del entorno.
La pinada es preciosa y tupida. Más de lo que esperaba. Lo suficiente para llenarme de alegría y ganas de recorrer más y más Km. y caminos por esta joya que cada día, los amantes de los montes, valoramos más. Tan solo llevo 4 Km. pero ya se que esta ruta tiene que ser una de las de Roda i Pedal. Veo montañas rotas que colocan piedras de rodeno en precario equilibrio unas sobre otras. El musgo crece y tinta de un verde grisáceo la rojiza piedra. Los huecos entre las piedras y el color oscuro parecen crear cuevas inexistentes en mi imaginación. El camino llega ahora a una múltiple bifurcación, una señal que indica Tristán i La Mina será el camino a seguir. Una bajada para oxigenar las piernas y vuelta hacia arriba. Es la parte más rota de lo que llevo de rodada. Aun así el camino está en unas condiciones envidiables. Transito junto a un valle de una frondosidad digna de otras latitudes. De aparecer aquí de repente pocos dirían que esto son los montes de Valencia. Tan solo el color del camino que ha cambiado a rojo daría una pequeña pista de donde estamos ya que las vistas se pierden poco más allá de las montañas en la bruma, sin dejar identificar el horizonte.
Entro en una zona de rompe piernas, con suaves bajadas y subidas. El constante cambio de desarrollos hace que no tenga que exprimir la musculatura que en la primera subida me recordó que el dolor del cuadriceps del sábado no había desaparecido del todo, tan solo estaba en reposo. Ahora que lo pienso ya hace rato que el dolor si no ha desaparecido del todo si está muy mitigado, no me extraña con estas vista. Y es que: el deporte y la naturaleza son salud, y cuando no te matan. Para no entrar en discusión conmigo mismo decido parar a fotografiar un aljibe junto al camino. Poco después inicio un descenso que me lleva a un cruce de caminos. El camino a seguir sigue bajando pero decido girar a la izquierda en una pequeña subida de la que se ve el final. Allí arriba veo que baja un poco y creo que allí tendré una buena panorámica. Un centenar de metros más adelante paro junto al cortado y contemplo con reverencia el paisaje que se ofrece antes mis ojos. A mi izquierda una montaña en forma de cono a la cual sube este pseudo camino en avanzado estado de abandono que he cogido. Más a la derecha otro cono más pequeño con los restos del castillo arriba.
Luego un gran valle y más montañas. La basta pinada que se extiende de un lado al otro del valle trepa por las laderas de todas las montañas que se divisan. Un camino también medio abandonado discurre por abajo, junto a lo que parece el cauce de un barranco, y remonta hacia la derecha donde se pierde entre la vegetación. Justo a esa altura se ve la olvidada aldea del Mas de Olla. Un poblado morisco que todavía mantiene algunas piedras en pie en forma de casas y una torre de planta cuadrangular. Parece un esqueleto entre las montañas. Algo desubicado y perdido en el espacio y el tiempo. Presto atención al sonido del viento ululando entre las coscojas y lo romeros, intento escuchar ecos de aquel pasado cuando los primeros habitantes del poblado no tuvieran miedo de quedarse sin pilas en el GPS para saber que camino coger o no pudieran hacer la foto que corroborara que ellos habían estado allí. El progreso y la eterna discusión sobre si cualquier tiempo pasado fue mejor. Con matices sobre cualquier lado de la balanza yo pondría una x.
Vuelvo atrás para iniciar ahora sí la bajada que me llevará hasta el poblado. Antes paso junto a un gran deposito contra incendios y luego llego al lecho del barranco que había visto desde arriba. La poza de agua me confirma que es, en efecto, el curso del barranco de Olla que nace directamente a los pies de la vertiente Este del Gorgo, una preciosa arboleda se acomoda al arrullo de esta corriente y pone un pintoresco punto de interés en el camino.
 Me encuentro ahora con que el camino remonta una loma con la que no contaba. Es una rampa dura. Enseguida busco el cortado para tener panorámica sobre la poza y me encuentro con que también se ve el castillo. Magnifico. Remonto este tramo y el camino pasa entre “las costillas” del cadáver del poblado.
 Ya es hora de parar a dar un bocado. Decido continuar un poco más a ver si se abre el paisaje hacia el valle que recorre de norte a sur este lado de las montañas y que estará paralelo a la carretera y al barranc del Carraixet, que se llevó el pueblo de Marines en la riada. Rodeo un barranco por el camino que gira con la curva de nivel y llego a otro cruce. Ya está bien, aquí paro. Además, acomodado entre los pinos tengo una vista deliciosa del los muros del castillo. No tiene que faltar mucho para iniciar el descenso final hacia la carretera, así que este es el momento. Almuerzo con el pensamiento vagando en cuando podremos hacer esta ruta todo el grupo. Intentando recordar cada dificultad para poder anticipar el aviso y prevenir posibles accidentes. No es que haya ningún peligro destacable pero en algo tengo que distraerme cuando hago rutas en solitario. Claro que también me dejo llevar por los paisajes e incluso me pierdo en no se qué y no se donde porque ya he terminado el almuerzo y tengo que seguir pedaleado, pero no sé donde he estado todo este tiempo.
 Un poco más allá otro viejo aljibe y casi enseguida una zona con grandiosos alcornocales y una senda a la izquierda que aconseja que solo pasen senderista. Le hago caso y casi de inmediato comienza la bajada. La pista en perfecto estado me hace ganar velocidad rápidamente. Las curvas son, en su mayoría, de radio amplio y no presentan mayor problema, de todas formas las tomo por el lado de fuera sin intentar acortar la curva por el vértice. La caída de la montaña de enfrente con un impresionantes despliegue de verdes entre la inmensa pinada intenta captar mi atención, lo consigue pero no más de lo necesario para poder centrarme en los posibles obstáculos del camino.
 Menos mal que estaba atento porque a la salida de una curva y bajando rápido me subía un coche de frente que lo he podido esquivar gracias a la anticipación pues este subía a una velocidad nada moderada para este terreno. Tras esto llego a la carretera. Carretera. Ya sabéis que ni yendo solo ni con el grupo somos amigos de ir por carretera. Solo lo imprescindible. Este caso está, creo, justificado. Para evitar la carretera hubiera tenido que subir hasta Gátova y bajar o bien por Tristán o bien por el Collado del Lobo a no ser que haya otro camino que de momento desconozco, y por tanto desde aquí no tengo otra salida. Pero es que esta carretera tiene muy poco tráfico y además voy a ir de bajada con lo que aún reduzco más el número de coches que me puedan adelantar. Pasado Marines viejo hay un camino a la derecha que deja la carretera y se interna en la montaña hacia la base militar. Ese largo rodeo me evitaría los dos últimos Km. de esta tranquila carretera pero tiene unos desniveles dignos de pensarlo dos veces a falta de tan poco para terminar. Así que decido seguir adelante y acabar de bajar hasta Olocau. Ya estoy pensando en la crónica y en traer a todos a esta ruta corta pero intensa tanto en pedaladas como en emociones y paisajes. Hasta pronto.

Track de Olocau-CastelldelReal-MasdeOlla

martes, 14 de septiembre de 2010

Una nueva en la familia

Ya había cumplido de sobra. Tras 3 años y medio de intenso rodaje, miles de Km. y de pedaladas, de subida terribles y bajadas trepidantes a saco por todo tipos de terreno, piedras, baches, roderas, agujeros como abismos, gravilla y también, como no, pistas en perfectas condiciones o asfaltadas, se había ganado a pulso un buen retiro. Después de recorrer juntos mil y un caminos, cientos de rutas extraordinarias y varias docenas de rutas míticas, de sudar y de sufrir juntos, y de tirarme cuando no quería que la metiera por ciertos sitios, después de todo eso, ya era hora de cambiar de bici y permitirle, por fin, un retiro dorado en manos de alguien que no le meta tanta cañita brava. Las exigencias cada vez mayores a las que sometemos a las máquinas hace, sino imprescindible sí al menos recomendable, cambiar o mejorar los componentes de las bicis. Cambiar componentes sobre el antiguo cuadro no era lo más inteligente ya que al final salía más caro y las prestaciones del viejo cuadro tampoco es que fueran las mejores. Después de haber visto con sana envidia el cambio de bicis de mis compañeros hace casi un año, yo tenía pensado esperar a finales de este año para meterme en este fregado. Pero los acontecimientos se habían precipitado en las últimas semanas y esto obligaba a acelerar los trámites e incluso saltarse algún paso intermedio. Y una vez empiezas "a mirar" ya sabes que eso no se va a quedar así. Como bien se dice en una película… “mira pero no toques, toca pero no desees…”, La "Dilin" ya se veía venir el retiro cuando empezaron a entrar en casa revistas y catálogos de bicis.
Comenzaba ahora la parte más difícil del asunto. No es cuestión baladí elegir la bicicleta adecuada y que entre dentro del presupuesto. Además también es importante, muy importante, que la bici elegida te guste. Estética, componentes, geometría, tallas, colores y precio. Agitar e intentar que no se salga de madre, ahí es nada. Si todo esto no fuera suficiente también está la presión que meten los compañeros; ... que a ver que te vas a comprar, que no metas la pata, que estos componentes van de categoría, que esta marca es mejor que la otra, que esta tienda te atiende mejor, que mi bici es más bonita... y claro hay que estar a la altura. Otro elemento más a la batidora y a seguir agitando. Buscas por Internet, recorres las tiendas más próximas, recolectas precios, sensaciones cuando ves una bici, vas, poco a poco descartando algunas cosas y apostando por otras de manera definitiva. Y cuando ya lo tienes más o menos claro se presenta una oportunidad única de comprar una bicicleta de segunda mano por menos de la mitad de su coste original, y además reúne todos los elementos que había metido en la batidora; hasta el precio encaja en este puzzle de mil y una piezas. Total que me voy de la tienda con la bici "nueva" y allí se queda la "dilin" viendo como me alejo por última vez en ruedas de otra. Y yo con un sentimiento de tremenda alegría por la nueva adquisición y un sabor amargo de saber que dejo atrás a una compañera increíble que lo ha aguantado todo sin desfallecer y que el rendimiento de la máquina ha estado, creo, por encima de sus posibilidades y al nivel de la mejor bici, incluso con sus limitaciones. Así que esto no es más que un homenaje, un epílogo a una divertidísima relación que acaba con estas líneas.
Comenzaba una nueva etapa. Salía de la tienda, solo para ir a probar la que esperaba sería mi nueva bicicleta. Y que mejor que probarla en un entorno agresivo, de máxima exigencia y que no da tregua, solo apto para las mejores máquinas. La Rodana. No todas y todos suben, y no todas las que suben lo hacen bien. Pero es que luego hay que bajar, y eso también tiene su aquel. No nos llevemos a engaños: esto no es una ruta de freeride o enduro cañero, no es una etapa alpina o un Pedals de Foc, pero para lo que yo busco es un entorno que te da la verdadera dimensión de una bicicleta, la pone a prueba de forma rotunda y contundente. Así que para allá que voy. Rodando por los alrededores de Porxinos que es terreno suave, voy acostumbrándome a los grif shift de mi nueva y flamante Zesty 914.
Voy cogiendo sensaciones, casi respirándolas. La horquilla de 140, y la geometría más endurera de la Zesty aún no han dado ninguna posible queja por mi parte. Y llega el momento de la verdad cuando tomo el camino de subida hacia Les Rodanes. Voy a buen ritmo, subiendo con cadencia y cambiando de desarrollos a propósito para buscarle las cosquillas. No se las encuentro. Los x.0 de sram y el desviador xt de shimano se entienden de maravilla. Abro y cierro la horquilla, la suspensión, da igual, de cualquier manera los baches no se notan y la pérdida de potencia en la pedalada tampoco la noto. Quizá es por mi forma de subir, siempre lo hago con más potencia que cadencia y eso favorece a enmascarar la contaminación de la pedalada. La bicicleta no se inmuta. Llego al aljibe de cazadores y empiezo la bajada hacia la Bassa Barreta. La rueda trasera más rodadora que montañera se extraña de estar en este terreno e intenta poner alguna queja que rápidamente es corregida por la rueda delantera y un toque preciso de freno. Sabedor que necesitaré algo más de tiempo para acostumbrarme a este tacto en el tren trasero decido cortar un poco la aceleración e ir controlando la bajada sin frenar pero sin dejarme ir del todo. La segunda subida hacia la luz más de lo mismo, sin complicaciones. Vamos a por el plato fuerte del día. Paso los pilares y antes de volcar el peso sobre el manillar noto como la bici "casi" pide más. Se lo doy. Pedaleo sin volcarme hacia adelante y la bici responde a la perfección. No se encabrita de delante ni cogiendo piedras a propósito para que se levante la rueda. De detrás no patina la rueda en ningún momento así que no pierdo tracción ni queriendo. La parte más rota de la segunda rampa fuerte, aquella llena de piedras de rodeno la supero sin ningún problema. El esfuerzo es más por el ritmo que me he impuesto que por la dureza de la rampa, que, si la estuviera subiendo a tren casi no me estaría enterando. La última rampa con tanta piedra y encima con los badenes es donde espero que por fin intente encabritarse la bici, nada de nada. Así que llego arriba pletórico de euforia porque esto me convence que la geometría es, no solo adecuada sino perfecta para lo que yo ando buscando. En la bajada la voy controlando porque intenta escaparse en cuanto suelto las manetas de freno. En la luz giro a la derecha para hacer la bajada rápida hacia Horquera. En esta bajada no puedo retenerla, o mejor dicho, nada me puede retener. La emoción y velocidad me pueden más que la prudencia y me dejo llevar. Cojo velocidad a marchas forzadas, la horquilla se lo come todo sin inmutarse y sin gran complicación, llegando a la curva tiro de frenos y estos, bastante más progresivos que los formula responden sin complicaciones. Así que si la subida no me había convencido del todo la bajada me lo corrobora, "avemus bici" pienso para mis adentros. En cuanto a componentes y geometría ya lo tengo claro. Mañana haré una ruta más variada y con más cañita brava para intentar sacarle los colores, o al menos algún ruidito que pueda tener escondido por ahí. Será un examen en toda regla.
La ruta de hoy la empiezo subiendo a las antenas de Riba Roja, primero subiré junto a la escuela hacia los chalets cerca del seminario. La rampa es corta pero intensa, primera prueba superada. La subida a las antenas sin mayores complicaciones para la máquina, para mis pulsaciones ya es otro cantar. Bajando encuentro más seguridad conforme más apuro la frenada. Tranquila, aún te tengo más pruebas guardadas, vamos a por ellas. Por las canteras hacia el polvorín. La rampa esta es de las que no perdonan. Bajo los pinos, nada más empezar, la pinocha mulle el suelo y hace difícil la tracción. Es como si no estuviera allí. Llego arriba y casi me siento observado por la novata que está deseando sacarme los colores ella a mí. Bajo, como era de esperar, sin problemas. Me voy hacia la Muntanyeta. Pero en lugar de subir por el camino de siempre me meto por el lateral de la cantera y subo entre los invernaderos. Este camino que solo lo había subido una vez y ya hace tiempo, está en penosas condiciones de ciclabilidad, perfecto. El camino está roto de solemnidad, pero cada pedalada encuentra su correspondiente agarre en este firme desfigurado, no se como lo hace pero el terreno parece "asfaltarse" bajo sus ruedas. Giro a la derecha para llegar al inicio de la subida a la montaña.
Ni la gravilla ni la pendiente hacen que se levante la rueda delantera o que patine la trasera. Estoy alucinando ya que esperaba un comportamiento más rebelde por su calidad de endurera. Sigo en mis trece de encontrar algún lugar por donde hacerla sufrir. Le meto bajada por el camino casi olvidado de detrás. Con la "dilin" ya bajé por aquí con alguna dificultad, pero como por aquel entonces también era nueva, la diferencia con la anterior bici hizo que aquella bajada me pareciera portentosamente fácil. Esto si que es una bajada portentosa. Trazada técnica y bajada de baja velocidad para meter la rueda por el hueco. Cuando la precisión de la trazada no es todo lo precisa que me gustaría las fox actúan con absoluta contundencia y fiabilidad poniendo suavidad en medio de este campo minado. Se me acaba el terreno y no le encuentro pegas. Tendré que poner toda mi imaginación para encontrar algún terreno complicado por las inmediaciones. Ya está. Bajo hacia Loriguilla por el camino que se desvía del de la Basseta Blanca. Es un camino rápido pero sin problemas, un terreno donde darle un pequeño respiro y hacerle creer que esto se ha terminado. Luego subo hacia el camino de Cheste y de allí hacia Riba Roja. Cuando se acaba el tramo nuevo asfaltado me desvío a la izquierda antes de empezar la subida hacia la rotonda allí en Riba Roja; ya se que es un poco lioso saber el camino que estoy describiendo, tendréis que mirarlo en el mapa, pero no se como explicarlo mejor. El caso es que este camino sube a la montaña que hay al Sur del pueblo y desde aquí arriba hay unas vistas impresionantes. Esta montaña es una de mis favoritas para hacer una salida senderista de poco más de una hora. La parte final de la subida por este lado es una rampa monumental por terreno de piedra fina, casi como una graba gruesa. Aquí si que tengo que hacerle levantar rueda. Pongo ritmo y desarrollo de subida y voy ascendiendo. Esto se acaba y no hay manera, ahora soy yo quien tengo que volcarme en el manillar para poder seguir pedaleando y tener más fuerza sobre los pedales, pero de levantarle rueda nada de nada; pues voy a meterle piedra y así que se encabrite, ¡zas! horquillazo que te crío y bache superado, si no fuera por lo contento que estoy con este comportamiento me estaría desquiciando de no poder levantarle rueda ni queriendo. Llego arriba y me paro junto al pino, las pulsaciones disparadas y el corazón intentando salirse por la boca. Me siento a la sombra a recuperar un poco el aliento mientras alucino del excepcional comportamiento de la bicicleta. Ya solo me queda bajar por el camino que va a salir al polideportivo del pueblo. Este camino no va a suponer ningún impedimento para las extraordinarias cualidades bajadoras de la bici, tan solo, y eso es otra de las cosas que intento sacarle, podría encontrar algún ruidito que me hiciera incómodo el rodar con la bici y que podría echarme atrás en la decisión de compra. Si con la "dilin" ya pude bajar por aquí, con esta seguro que mejor.
Así que me dispongo a disfrutar de esta bajada técnica y rápida en algunos momentos. Me meto por los máximos baches que puedo afinando el oído para localizar ruidos inexistentes. Llego abajo eufórico en todos los sentidos. Conclusión: es rodadora como la que más, si la pones a subir no desentona, es más, esa es la cualidad escondida que tiene esta bici y por la que más gratamente me ha sorprendido, y bajando sus 140 de horquilla se meten por todos sitios, si con la otra bici no tenía excesivos problemas bajando con esta tengo todas las garantías y ya estoy deseando volver al dichoso Mompedroso que fue capaz de ponerme en jaque, se va a enterar. Me voy a la tienda a cerrar la compra y hacer el pago, esta ya no se escapa. La "dilin" ya sabía el otro día, cuando me vio salir con la Zesty, que no volveríamos a rodar juntos, la verdad es que yo, al contrario que ella no lo tenía tan claro.