martes, 9 de septiembre de 2014

Alborache-Noria-CanalForata-Embalse-Yátova


Un mes después de la fatídica ruta de Andilla, donde se rompió el GPS vuelvo a rodar con un nuevo “treki” que me guiará por los caminos. No es que el aparato haya tardado en llegar, como antes que las piezas tenían que venir de Alemania y casi venían andando, tanto retraso en la ruta es por la pereza y … apatía que tengo últimamente, a ver si me la quito a golpe de pedal.

Llego a Alborache y aparco junto al albergue. Cruzo el pueblo y salgo junto a la fuente Nueva, tomo el primer camino a la derecha y pronto paso bajo el canal de Forata, sigo por camino asfaltado entre campos de cultivo. Paso junto a unos chalets y luego se acaba el asfalto para dirigirme hacia el cauce del río allí donde se le une el barranco del Regajo. 

Antes de cruzar ambos cauces tomo un pequeño camino a la derecha que transita junto al río buscando algunas bonitas vistas del próximo meandro del río, no las conseguiré y finalmente retrocedo para cruzar, primero el barranco, y unirme a la carreterita que viene de Alborache, y luego el río Buñol. Pronto volveré a cruzarlo para toparme con un repecho que me deja en una altitud con la arboleda de ribera a mis pies. Una primera postal que llevarme a la cámara y sigo adelante. Este tramo me lleva llaneando entre más cultivos hasta un cruce de caminos donde giro a la izquierda para, poco después, comenzar la bajada que me llevará otra vez hasta el río. Llego a un cruce de caminos, giro a la izquierda cruzando el río y subo hasta la vieja noria que hay allí y que se conserva como una curiosa y bonita antigüedad aunque en no muy buen estado de conservación. 

Nada que ver con la preciosa y aún en uso noria de Casas del Rio que pude ver este verano en la ruta:  http://bikepedalvalencia.blogspot.com.es/2014/06/casas-del-rio-los-sardineros-casas-del.html  Tras la visita bajo hasta el cruce y tomo ahora el camino de la izquierda que va de un río al otro, ahora cruzo el río Magro y unos metros más allá está el lugar donde se juntas ambos ríos, pero entre tanto cañaveral y maleza no es posible ni verlo ni acercarse a los ríos.

Continúo un poco más para ver el Caserío del Río, una enorme casona que parece ser el centro neurálgico de todos los campos de la zona. Retrocedo hasta cruzar el río Magro, llegar al cruce y tomar el camino de la izquierda dejando al río Buñol atrás definitivamente y el Magro a mi izquierda. Esta circunstancia irá cambiando conforme avance pues tendré que cruzar el río aún unas cuantas veces. 

Poco antes de Casas del Rio tengo una bonita vista al pasar junto al canal: no sé si por una rotura o por una abertura controlada de la tubería, el caso es que se forma una especie de cascada que deja entre los árboles una bruma y una humedad digna de consideración, así como un pequeño estanque que me invita a parar y deleitarme con el panorama. 

Llego al pequeño repecho que, al otro lado del río, me sube hacia el poblado de Casas del Rio donde se está llevando a cabo la rehabilitación de la casona. Ya por asfalto continúo hasta enlazar con la carretera que viene de Buñol hacia Cortes y Dos Aguas. Giro a la izquierda y casi enseguida una subida. Aquí ya con la precaución de la carretera, los coches y los camiones que pasan hacia el vertedero. 

Llego a un pequeño puente que cruzaré sobre el río Magro tras salir este del embalse de Forata. Una bonita postal que aún podría ser más bonita si no hubiera tanta basura tirada en los barrancos y en la cuneta de las carreteras, pero es lo que tiene este país, o mejor dicho los que aquí vivimos, que nos creemos que estamos en el primer mundo y de puro guarros no nos aceptarían ni en los países subdesarrollados, que pena. Ahora la carretera sí que se pone a mirar para arriba, pero yo la dejaré poco después del puente en un camino a la derecha que me permite, primero ver el canal y luego, bajar hasta el cauce del río. Transito junto a él sin dificultad hasta encontrar un camino a la izquierda, en pronunciado giro y con asfalto estriado y en muy malas condiciones; sí, es por aquí me digo tras una breve consulta al GPS. Luego acaba el asfalto y continúa un camino pedregoso y tortuoso pero que con potencia se puede ciclar. 

No es un tramo muy largo por fortuna y pronto vuelvo a un camino más o menos normal. Pronto dejo atrás esta parte desolada de las montañas tras el brutal incendio de 2012 y me adentro en la parte de montañas que no sufrieron o sufrieron menos el daño del fuego. Sigo subiendo, de forma moderada pero constante hasta llegar a la carretera que llega hasta la presa.

Antes he pasado por un camino desvanecido ante los trabajos que se están llevando a cabo en estos terrenos. 

Giro a la derecha y me acerco primero al poblado, una serie de casas que parecen haber pasado por una guerra, y efectivamente lo han hecho, por la guerra contra los vándalos, y la ha perdido el pueblo. De aquí llego hasta la ermita ya que hoy la barrera que corta el paso hasta las oficinas de control de la presa está abierta. 

A pocos metros lo que queda de la ermita que también perdió la guerra en su día. Cruzo la presa viendo el alarmante poco caudal que retiene. 

De hecho es visible la punta de un tejado de alguna casa que quedaría sumergida en su día. Ya al otro lado tomo el primer camino a la izquierda que sigue un poco el perfil del embalse. El camino sube hacia el norte junto al arroyo Picastre por una zona arrasada por el incendio. 

El paisaje es devastador, otra vez, otra ruta más, es lo que tiene rodar por la provincia de Valencia en la que cada vez es más difícil disfrutar de paisajes boscosos y caminos arbolados. 

En cambio el camino está en muy buenas condiciones, y quitando alguna rampa importante es una subida bastante tendida y sin dificultad, en la que los arbustos de monte bajo se empeñan en dar algo de color a este paisaje gris y mortecino. El camino llega hasta la carretera entre Yátova y la N-330, sobre ella giro a la derecha hacia Yátova. Tráfico casi inexistente y buen firme de subida. Un par de fuentes secas me hacen empezar a temer quedarme sin agua, pues el sofocante calor me está haciendo beber mucho más de lo que creía y contaba con alguna fuente en el camino. Corono este collado y tomo el primer camino a la izquierda en fuerte subida. Un poco más allá una brigada de forestales serán mi salvación al proveerme de un poco de agua que me permitirá llegar al pueblo sin tener que racionar el agua. Sigo subiendo hasta enlazar con el camino conocido de la ruta: http://bikepedalvalencia.blogspot.com.es/2013/05/rio-juanes-pico-nevera.html
En este tramo un par de ciervos cruzan mi camino y me regalan uno de esos momentos por los que merece la pena tanto esfuerzo. El cruce con el panel interpretativo y giro a la derecha en ligero descenso que permite ahorrar fuerzas en este camino bacheado rodeado de coscojas, romeros y tomillos que explotan en aromas bajo las ruedas. Todo este camino desde la carretera hasta aquí no aparece en los mapas, pero estar está y es un camino perfectamente definido y ciclable. Llego a un cruce y tomo el camino de la derecha abandonando el camino conocido. 

Fuerte y rápido descenso entre arboledas y curvas cerradas, divertido y seguro. Un poco de descanso que me lleva hasta otro camino a la izquierda en fuerte rampa de subida. Tras ella una serie de pequeños toboganes con los que no contaba. Buenas vistas sobre el cerrado valle que transito y la carretera abajo trazando la línea que tengo que seguir. Corono otro collado y descarto, tras equivocarme, el primer camino a la izquierda en fuerte subida por el PRV- 148, tomo ahora el segundo camino en bajada y con una curva de herradura nada más empezar, este es el camino bueno. Tras este primer impulso de velocidad llega lo bueno: el camino sigue bajando; ancho, seguro, rápido y técnico a esta velocidad con las curvas, algunas más cerradas de lo que parecen a la entrada, y que obligan a darles calor a los frenos. Pronto el camino se convierte en asfalto y paso junto a la ermita de san Vicente a toda velocidad, la llegada a Yátova es inminente y la velocidad en este tramo aún irá a más. Llego a la cooperativa, la gasolinera y la carretera que cruza el pueblo, sigo a la izquierda y me adentro en el pueblo pasando junto a la iglesia para tomar un camino que sale del pueblo en dirección a Macastre y la fuente Grande. 

Es este un bonito enclave junto a una balsa con una gran arboleda que da sombra a unas mesas de picnic. No tiene mucho más pero el sitio da para una agradable parada en el camino observando el lago y los restos del castillo sobre la loma de enfrente. Llego al centro del pueblo y giro a la derecha, luego ya en bajada otro giro a la izquierda de 180 grados junto a una fuente.

Sigo bajando hacia la fuente de Santa Bárbara, junto al lavadero y junto a una pared labrada por el agua y el tiempo. Un espacio bonito y tranquilo, menos cuidado de lo que debería y paraíso de los anormales que sacan a sus perros para que, sin contemplaciones ni reparos, ensucien los caminos, calles y aceras de nuestros pueblos,  así como la entrada a nuestras casas o las ruedas de nuestros coches, pero como ninguno de estos politicuchos que nos legislan tienen los coj… el valor de enfrentar este problema pues así tenemos nuestros pueblos, oliendo a mierda y meado de perro. Subo el camino minado y callejeo por el pueblo buscando la salida hacia Alborache. Llego a la carretera, la rotonda y continúo por la carretera hacia la gasolinera para darle un merecido baño a la bici antes de llegar al albergue donde he aparcado el coche. En definitiva otra gran ruta con muchas cosas que ver y grandes contrastes paisajísticos. Que el monte esté quemado y no ofrezca las vistas que nos gustaría no es culpa ni del monte ni de las montañas ni de la ruta, pero es lo que hay y es lo que me ha permitido ver el paisaje, que a poco que lo cuidemos, o mejor dicho, que no lo agredamos, es capaz de ofrecernos un mundo de maravillas.  


miércoles, 6 de agosto de 2014

Andilla


Casi un mes después de la última aventura abordo hoy otra ruta grandiosa. Hace unos años esta ruta hubiera sido impresionante con las enormes arboledas de los montes cercanos. Hoy, con el incendio de hace 2 años metido en cada rincón de esta sierra se hace difícil y cruel atravesar un paisaje asesinado y que aun así no deja de mostrar bellos rincones, qué hubiera sido con todo un pinar cubriendo de vegetación las montañas. Vamos al tema.

Llevo algunas semanas con ciertos pensamientos que bullen en mi cabeza y con un estrés creciente del que intento liberarme a golpe de pedal, pero cuesta arriba algunos de estos pensamientos pesan menos y suben conmigo; los que logro despejar se quedan en la parte baja de la montaña y consiguen atraparme cuando bajo, así que me libro de pocos de ellos y la tensión va en aumento día a día, pero voy a intentar librarme de ellos.
Cargo el coche y salgo hacia Andilla atravesando las quemadas montañas, tomo el último desvío hacia La Pobleta y allí busco la fuente de la Tejería. 

Un bonito paraje que me servirá para comer a la vuelta de la ruta. Ya sobre la bici hago la brutal bajada hacia la aldea de La Pobleta, un tramo corto pero de una intensidad brutal si tienes que subirlo en la bici, no será el caso así que respiro aliviado ante este hecho. Antes de llegar al pueblo giro a la izquierda por un camino que pasa junto a la piscina y continúa ya en subida hacia la Cruz de la Horca, dejando a cada lado de la montaña, La Pobleta al oeste y Andilla al este. De ahí un sendero baja, por el camino real, hacia el molino viejo y el puente medieval. 

Tras el puente el camino sube hacia Andilla en un estado algo penoso, tanto que en ciertos momentos llega a desdibujarse entre pedruscos y hierbajos que crecen sin control y ciegan el camino. La última rampa, una vez localizado el camino es un tanto dura pero cortita, así que nada importante. Me adentro en el pueblo callejeando hacia la iglesia. Un enorme campanario corona la iglesia y sirve de guía para no perderse. En la parte alta del pueblo la redonda ermita de Santa Inés confunde sus formas con la pétrea cima de la montaña que también alberga los restos del castillo de origen musulmán. 

Una bella estampa que me obliga, tras cruzar el puente a detenerme, mirar atrás, contemplar el entorno y decidir que es un buen lugar para almorzar y recargar fuerzas para la subida que me espera. Almuerzo entre sol y sombra con la compañía de un vecino del pueblo que me cuenta historias de la guerra, del frío que hacía antes, del brutal incendio de agosto del 2012 y del tiempo que lleva sin llover; un viejo archivo de recuerdos y anécdotas que ameniza mi fugaz estancia en el pueblo y que me llevo de recuerdo para rumiar otras cosas en la lenta subida. Fin del bocata, despedida y emprendo la subida junto a unas casas que es donde antes estaba el antiguo lavadero, según me dice este vecino, el nuevo y moderno por lo visto nada tiene que ver. El camino sube hacia el cementerio, y no me extrañaría que alguno, después de la subida decidiera entrar. Pero el camino sigue subiendo, y las vistas se van magnificando a medida que se gana altura. 

Por suerte el firme, en buenas condiciones permite una marcha tranquila y a buen ritmo, solo roto por las paradas fotográficas para captar buenas instantáneas del pueblo o más trágicas del paso del incendio, que sin llegar a arrasar todo a su paso en esta parte sí que dejó un rastro de desolación tremenda, no es lo mismo que cuando venía por la carretera pero el nudo del estómago no me lo quita nadie. 

También tengo vistas sobre la ermita de Bardés, que visitaré al otro lado del valle. 

Sigo hacia arriba entre curvas y contra curvas del camino y algún que otro tramo más duro pero sin llegar a ser nada importante. 

Llego a un pequeño depósito a la derecha y ahí comienza la bajada hacia Canales. Una bajada sin mucho desnivel pero constante y que te hace ganar velocidad progresivamente. Obtengo una buena panorámica de la aldea y paro a hacer una foto; al ponerme en marcha consulto en GPS para ver por donde entro al pueblo y sorpresa… el “treki” no está. Debe de haber salido volando en algún punto de la bajada. Pues nada, 2.5Km. que tendré que retroceder con los ojos bien abiertos hasta el punto donde he terminado la subida, que es el último sitio donde lo he consultado. La subida, centrando mi atención en la parte derecha del camino no sirve de nada, bajo despacio fijándome también en la parte derecha para completar todo el camino, otra vez agua. Inicio otro ascenso, ahora más meticuloso y fijándome ahora en el lado izquierdo para así peinar los dos lados del camino de subida y de bajada. Al final, casi a media subida lo encuentro detrás de unos grandes romeros que me lo tapaban antes en la bajada y ahora, desde este lado se ha hecho visible. Tras una primera inspección en la que no detecto ningún problema sigo adelante, pero con más de una hora de retraso. Cruzo Canales y bajo por el GR10 hacia el encuentro del GR7 que sube de Bejís. Giro a la derecha para seguir por el GR10 hacia la fuente del Señor. 

Lo que en principio parecía un camino pronto empieza a estrecharse hasta convertirse, en algunos tramos en una senda, con mucha inclinación en algunos tramos y con alguna piedra suelta, pero sobre todo tierra suelta que dificulta el agarre de las ruedas en frenada. Un tramo técnico pero que se puede superar sin excesivas dificultades, o echando pie a tierra para mayor seguridad en algún punto concreto. El tránsito junto al barranco me lleva hasta el área recreativa de la fuente del Señor. Pero unos metros más abajo, siguiendo ya por la pista, llego hasta el desvío que baja a la fuente. 

El paraje es una preciosidad, cobijado junto a unos muros de la montaña y expuesto a la corriente del barranco que crea un pequeño salto de agua hacia una poza que habrá conocido tiempos mejores, tanto por la cantidad del agua como por la limpieza de esta, que con las pocas lluvias se ve estancada y sucia. Un pequeño descanso y algunas fotos después continúo por el camino en bajada hacia Andilla. Veré algún poste indicando cómo llegar al pueblo, yo sigo por el camino buscando el giro a la derecha que me ponga mirando para arriba, hacia la ermita de Bardés que es hasta donde tengo que llegar. No tardo en encontrar el desvío ni en empezar a notarlo en las piernas. 

El calor de justicia se ceba conmigo en este tramo de subida lenta y tortuosa con algunas rampas intensas y largas que se agarran bien. Todo bloqueado y aun así no logro que la bici avance a un ritmo constante ni alegre. Dos kilómetros y medio después al 10 por ciento de desnivel medio llego arriba, junto a la ermita a conectar con el camino por el que GR10 llegaba hasta aquí.

Llego hasta la ermita para ver la bonita construcción que se enclava en un mirador privilegiado sobre el valle de Andilla. Casi por encima de Andilla la figura del Cerro Simón y los molinos eólicos. Hago aquí un apaño para sujetar el GPS y que no se caiga más pues ahora toca la parte de la bajada. Y con la hora que es voy a buscar una alternativa que según los mapas no me quedaba clara. Dejo atrás la ermita y continúo el camino hacia el oeste. 

Poco después llego a una zona de cinglos en los que se oyen y se ven las rapaces sobrevolar las escarpadas paredes de piedra y mimetizarse con ellas cuando se paran. 

También veo el camino del que no había noticias en los mapas pero que evidentemente está ahí y parece que baja hacia la zona donde tengo el coche. Todo sea que una vez abajo no haya salida y me toque volver a subir y perder más tiempo todavía, pero de todos modos lo voy a intentar pues parece una bajada rapidísima, además cuando he aparcado antes he visto que el camino continuaba subiendo y espero que sea el mismo, voy a verlo. Sigo pedaleando bajo los torreones de piedra y poco después llego al desvío a la izquierda que me lleva junto al camino que desciende con el barranco de la Barchesa a la izquierda. La flechita del GPS me dice donde estoy pero sin seguir ningún camino, la bici dice lo contrario y baja endiablada levantando surcos de tierra rojiza y metiéndose en ocasiones en trampas de arena que desestabilizan y frenan el avance. Curvas de herradura en la primera parte de la bajada y luego curveos rápidos y más suaves conforme me voy acercando al fondo del barranco. Los chopos ya empiezan a estar por encima de mí y el camino sigue, esto me lleva a pensar que más pronto que tarde veré el área de recreo donde he aparcado y por fin podré comer y descansar después de la dura ruta.  

Llego al coche por fin con la alegría de no tener que remontar esta bonita bajada que me he marcado para terminar la ruta, apagar el GPS y no poder volver a encenderlo será todo una, por lo que la ruta colgada en wikiloc es una ruta dibujada sobre el mapa, por lo que los datos no son del todo fiables aunque sí orientativos, la ruta es la real realizada por mí.



Track de la ruta: http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=7728499 

martes, 8 de julio de 2014

Segorbe-Salto de la Novia-Pic del Águila-Lagunas


Iba a adentrarme esta vez en la zona norte de la Calderona desde el valle del Palancia, concretamente desde Segorbe hasta el pico del Águila de Játiva. Mucho que ver en una ruta con muchos atractivos y que va dejando pinceladas por todos lados. Trazada la ruta vamos a pedalearla.


La salida desde la estación del tren de Segorbe, atravesando el pueblo pero sin pararme ya que Segorbe merece una visita aparte y con calma. Al final cedo a la tentación ante el acueducto que debo cruzar para salir del pueblo en dirección a Navajas. Bajo hasta la rotonda, derecha cruzando bajo la vía del tren y la siguiente rotonda a la izquierda encontrando el carril bici en la parte izquierda de la carretera. Un tramo de subida, no muy dura pero que empieza a calentar las piernas de aquella manera. Salgo del carril bici para tomar el desvío a Navajas y circular por la carretera sin apenas tráfico. A la entrada del pueblo un cruce a la izquierda y paso sobre la vía férrea para hacer un pronunciado giro a la derecha que me deja sobre un camino agrícola que me llevará hasta la parte superior del paraje del Salto de la Novia. La panorámica es exquisita. 

El río Palancia se enreda y entretiene entre los salientes rocosos y las pozas que se forman junto a este acantilado desde el que se precipita la acequia creando el maravilloso salto de agua, hoy por cierto con apenas un hilo de agua. Disfruto de las panorámicas con la precaución que merecen estos 30 metros de caída libre que tengo a solo unos centímetros. Tras saciar la curiosidad y regalar los sentidos retrocedo hasta el cruce saliendo del pueblo y tomo un camino a la derecha que enfila directamente sobre la montaña de La Esperanza. Me interno en la pinada y voy subiendo hacia la cumbre. Las ruinas del monasterio se dejan ver entre los pinos y junto a ellas se alza la ermita de La Esperanza. 

Es el lugar elegido para almorzar mientras paseo junto a la ermita y los restos del monasterio y mientras observo Segorbe a lo lejos. Después del bocata bajo entre la pinada disfrutando del entorno bien acondicionado con mesas donde poder acercarse a almorzar al aire libre. Rodeo la montaña y me acerco al manantial que hay en la parte este de la montaña. 

Rodeado de un esplendido y espeso palmeral y un muro que lo cerca y cierra pues es un acuífero que alimenta al pueblo, tiene una bonita y refrescante vista. De ahí toca poner rumbo norte acercándome a la autovía y buscando un paso subterráneo que me adentre en Altura. 

Antes de cruzar la autovía encuentro los restos de lo que parecen un antiguo convento o algo así, no he podido saber qué es. 

Luego entro en Altura junto a la ermita de La Purísima, y tras cruzar el pueblo, la carretera y la vía verde de Ojos Negros, entro en un camino en busca de la Cartuja de Vall de Crist, fundada a finales del siglo XIV. 

De las ruinas de la cartuja aún queda en pie la iglesia de San Martín así como de iglesia mayor y algunas columnas del antiguo claustro. Salgo del recinto que había encontrado abierto por unos trabajos de mantenimiento y sigo el camino adelante bajando hacia el fondo de la Rambla Seca, luego la subida  con unas buenas vistas de la parte lateral y trasera del conjunto artístico. 

Allí mismo un camino a la derecha se va adentrando en una pinada hasta desaparecer todo rastro de camino y tener que ir un poco a ojo hacia adelante. Pero finalmente tras un centenar de metros se deja ver la silueta de la masía de San Juan. Un precioso edificio de origen árabe y que hoy en día es un hotel rural. 

La rodeo para verla por todos lados y disfrutar de su singular arquitectura junto a la pinada sobre la que disfruta  de unas vistas privilegiadas de la sierra Calderona. Sigo el camino que me devuelve hacia la vía verde y sobre ella a la derecha hasta la próxima masía, la de Valero, otro establecimiento rural al lado de la vía verde. Y aquí casi se acaba la calma. Tomo el camino asfaltado a la derecha y el siguiente 1.5Km. será de aproximación a la primera rampa de subida. 

Tras pasar un vivero llego a un camino a la derecha de cemento rojo, en fuerte subida, que sube más cuanto más arriba estoy. 

Parece que no se acaba nunca este primer contacto con la montaña. Por fortuna el agarre es bueno y me permite tirar toda la potencia sin derrapar en el suelo. Superado el collado del Tornero una bajada algo más larga que la subida aunque más tendida que me deja sobre un puente sobre el barranco de Cervera donde empieza la subida de verdad, como si el puertecito que acabo de subir no lo fuera, je. Los próximos 5Km. al casi 8% de media, por un camino de tierra recién labrada que en algunos puntos hunde en la tierra toda la banda de rodadura. Eso unido al contundente calor hace que me lo tome con calma y aprovechando al máximo las pocas sombras de las que gozaré en esta extenuante subida. Al poco de iniciar la subida un camino a la derecha que el GPS me indica que lo siga. 

Medio Km. más allá encuentro la laguna Butrera, quizá sea esta también la que indican como laguna Rodana, si no es así la laguna Rodana no he sido capaz de localizarla en esta ruta por las Lagunas de Segorbe. Estas lagunas se enclavan en lo que eran antiguas canteras de arcilla ya abandonadas y que recogen las aguas de lluvias y las escorrentías de las laderas próximas. El precioso color verde azulado del agua contrasta con las paredes rojizas y verticales de la montaña. Una de las pocas sombras del camino será en la fuente de Picaña: un pequeño oasis en esta travesía de yerma arboleda por una zona castigada hace muchos años por los incendios y que no se ha acabado de repoblar ni de reponer. 

Aun así la verde vegetación de monte bajo puebla hasta el último rincón de la sierra, pero los árboles quedan lejos del camino. La fuente está seca igual que el pequeño barranco que pasa por allí. Sigo subiendo por un camino labrado y que agarra las ruedas ralentizando el ya de por sí lento avance. Llego a la masía de La Rocha. 

Abandonada, olvidada hace tiempo. Un testigo de excepción de tiempos pasados. La veía tan lejos hace algunas curvas que no me creo que ya esté aquí. Pero la cumbre sigue estando muy muy lejos. En la siguiente curva la fuente de La Rocha, tan seca como la anterior aunque el lugar me trae a la memoria otra fuente de montaña, está en la Serranía, fuente Chelva, que tan bien me sirvió para hacer un alto en el camino y almorzar y descansar junto a sus frescas aguas y sus verde vegetación en medio de la montaña en la ruta: http://bikepedalvalencia.blogspot.com.es/2009/12/diciembre09-en-calles.html 
Pedalada tras pedalada la cima se va acercando y llego a una bifurcación que por error tomo a la izquierda en fuerte subida, tan convencido estaba que no miro el GPS hasta que el camino se acaba en lo que parece una antigua cantera. Por más que miro el camino no pasa por aquí, me he equivocado en el cruce y me toca volver a bajar, dejando esta subida como una suma inútil de desnivel positivo en las piernas. Poco después Gatova se deja ver abajo en el valle. Y enseguida el camino se hace de cemento con lo que ello conlleva. Una rampa terrible, que se sube bien por el agarre extra pero que con las fuerzas ya tocadas me deja temblando. A mi manera subo hasta el cruce. La derecha indica el camino que tomaré después ahora toca izquierda y afrontar la parte final de la subida a esta cumbre mítica. Siempre ha estado ahí y nunca llegaba el momento de abordarla, hoy ya no hay escusa, no hay vuelta atrás, no hay miedo. 

En realidad sí lo hay cuando veo el camino que me espera, que serpentea por la montaña y sube y sube y sube sin descanso ni piedad. La bajadita que antecede todo esto no hace más que añadir metros inútiles desde el fondo hasta recuperar esta cota, pero es lo que hay. El cemento rayado me dice la dureza del camino, como si no lo notara en las piernas, o en las pulsaciones golpeándome las sienes, o en la respiración que me ensancha el pecho y que aun así no es suficiente. Voy dibujando un zigzag tan ancho como permite el camino, y tras cada curva y cada loma aún hay otra que espera después. Por fin llego, con unas últimas pedaladas agónicas a la cima de esta cumbre. Dejo la bici en el suelo mientras ando en círculo para recuperar pulsaciones y respiración. La chica de la caseta forestal me mira con una mezcla de sorpresa y pena “pobre loco” estará pensando antes de ofrecerme un poco de agua fresquita que agradezco con movimiento de cabeza pues aún no soy capaz de hablar. Media botella después entablamos una conversación sobre las cumbres y los sitios visibles en un día claro, que no es el caso. Las vistas son alucinantes aun con toda la bruma que hay. No me imagino lo que debe ser en un día despejado. Agoto en paisaje con mi mirada ávida de imágenes, de momentos, de lugares, de sensaciones, de postales únicas que guardaré en mi memoria, de sombras y luces que la lente de la cámara no podrá plasmar y que, aunque distorsionadas por mis sensaciones, dejarán un relieve imborrable en mi recuerdo. Me despido de mi anfitriona que me ha regalado agua y conocimientos de varias cumbres y lugares, aunque yo también le he aportado mi granito de arena. Me preparo para una bajada brutal. 

Y es que voy tan de cabeza que a veces pienso que voy a volcar. Los frenos no dan abasto a detener el empuje de la bicicleta que solo piensa en recuperar todo lo que ya ha puesto para dejar el balance a cero, pero la tengo que obligar a tomarlo con calma. Llego al cruce y me dirijo ahora hacia Masía Tristán. Esta camino está bastante peor que el otro pues está más abandonado, pero siendo de bajada no plantea más problemas, realmente no está tan mal. La bajada es, a veces rápida, a veces divertida, a veces técnica. Con mil y una paradas para ver como en la distancia se va dibujando la silueta de lo que hace poco era mi techo del mundo. Sigo bajando por un paisaje bello y cambiante. Finalmente la bajada deja paso a un sinfín de toboganes, no muy largos, no muy duros pero que ponen a prueba las exiguas reservas de energía que hay en mis piernas. Así llego hasta la laguna del Gabacho. 

Un par de lagos casi enlazados de una belleza extrema, sublime. Extasiado en el paisaje y las fotos me digo que tengo que seguir, pues el camino aún tiene mucho que mostrar. Al otro lado del lago la masía, una preciosa construcción totalmente renovada y con aire de grandiosidad majestuoso. Llego hasta la puerta de entrada de la masía de la Virgen.  Luego llego al asfalto y giro a la derecha para iniciar una subida, primero suave hasta la Laguna La Rosa, bonita. 

Luego casi brutal hasta un mirador sobre ella: aquí las vistas sobre la laguna son soberbias, como antes lo fueron sobre la anterior laguna. Poco después una ligera bajada que deja las mejores vistas sobre este reducto de agua en mitad de una montaña y una zona, con unos niveles de pluviometría en constante recesión desde hace unos años. La sequía, agravada por la brutal deforestación de la provincia de Valencia es tan alarmante que deja pocas opciones a la esperanza. Tras esta bellísima visión aún me queda otra subidita hasta la última laguna e hito del día, la laguna del Portillo, que ya visitamos el grupo, o parte de él, en la ruta de la Olivera Morruda: http://rodaipedal.blogspot.com.es/2009/03/cronica-pla-de-lluc-olivera-morruda-por.html  aquella vez vista desde arriba y hoy desde abajo. 

En esta ocasión no he querido enlazar las rutas y no he llegado al mismo punto que aquella vez. Toca ahora bajar hasta Segorbe. Con más llaneo de lo que el perfil indicaba, pero como esto ya lo tenía previsto no me coge por sorpresa, aunque agradezco estar solo y no haber dicho en voz alta que ya todo era para abajo, menuda me hubieran liado. Los Km. se hacen rápidos y el pueblo se acerca a pasos agigantados. Atento a las indicaciones de la pantalla en los cruces me adentro en el pueblo tras cruzar la autovía por abajo y la carretera  hasta la vía del tren, salir junto al polideportivo y llegar a la estación donde espera el coche que guarda mi bocata y la Coca-Cola que aportarán algo de la energía perdida durante estas horas de exigente pedaleo. Rememoro momentos mientras voy devorando el bocata y la sonrisa se vuelve a dibujar en mi cara cuando miro hacia la montaña y marco otra muesca en el sillín, el pico del Águila ya no me podrá mirar sin reconocerme. Otra cumbre domada a sudor y hierro. Aunque esta noche pase su factura. 


Track de la ruta: http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=7271722