miércoles, 2 de noviembre de 2016

PicodelAve - SierradelCaballón

Iniciaba esta ruta que se resistía desde hacía muchíiiiiisimo tiempo. Demasiado había esperado esta cumbre a ser coronada. Por fin era el día.
Llegaba a Dos Aguas, concretamente a la salida del pueblo en dirección Millares, poco después de dejar el pueblo hay un camino en subida a la izquierda y poco después un sitio en el que aparcar, allí arrancaba la ruta. Descargada la bici me ponía a pedalear en subida, llegado el camino a la derecha ya en fuerte subida porque la rampa de inicio se las trae. Un par de zigzags después sale un camino a la izquierda sin asfaltar que es por el que me meto. 

Voy ganando proximidad al pueblo que veo ahora en perspectiva, casi a vista de pájaro. Este camino se mete en la umbría de la sierra del Caballón por lo que a primera hora y con un poquito de viento la sensación térmica invita a ponerse una manguita. Es lo que hago mientras busco una buena posición para una foto del pueblo. Sigo el camino que está en muy buen estado, creía que estaría más roto. La pena es que la vegetación, o mejor dicho los árboles, han desaparecido. Restos del brutal incendio de 2012; madera carbonizada, piedras chamuscadas y una sensación de vacío ante las montañas desnudas que solo los arbustos no son capaces de mitigar. Aun así los pobres romeros hacen lo que pueden. El camino va subiendo de forma progresiva. Se ve más si me fijo en la carretera al otro lado del barranco, aquella parece subir más aunque no es así.  

Voy acercándome a la cabecera del barranco donde este camino se une a la carretera y justo enfrente el camino de subida al pico del Ave junto a la masía del Collao. Una cadena cierra el paso a vehículos. Comienza una subida de casi 6Km. a poco más del 7% de desnivel medio y con rampas, sobre todo al final, entorno al 15%. 

Unos metros más adelante otra barrera bajo un grupo de árboles que serán de los pocos que hay en toda esta montaña. El viento, a pesar de ser poniente, refresca la sudada piel dando una sensación del fresquito propio de la época, lo que hace que no pueda quitarme la camiseta a pesar de estar en plena subida, pero es que aún no estoy protegido por la montaña. Un giro pronunciado a la derecha me dejará mirando de frente la gran mole rocosa y ya algo más protegido del viento quitarme la camiseta que necesitaré arriba mientras almuerzo.  


Sigo ganando altura en un entorno ondulado que, con el contraluz parece dibujado sobre el azul de las montañas y, aún resalta más ante la ausencia de árboles. Barrancos que arañan la piel de la tierra mientras se derraman, como un lento lamento, resecos, hacia el Júcar. Algunos de estos barrancos vierten sus aguas hacia el norte al río Magro, pero a su vez este es deudor del Júcar allá en Algemesi. Esta perspectiva de los barrancos crece, mejor dicho se multiplica, conforme voy ganando altitud. Pronto, por encima de la sierra del Caballón aparece el Caroche, que será la cumbre más reconocible durante un buen rato de ascensión. Luego aparece la parte de la subida que está asfaltada coincidiendo con los tramos de pendiente más fuertes. 

Tras una curva de 180º se adivina la rampa final con la caseta de vigilancia arriba. El viento empieza a pegar otra vez con fuerza al salir de la protección de la montaña. Ya arriba busco un poco de protección tras el vértice geodésico, pero el viento es tan racheado que apenas noto la diferencia. Me pongo el paravientos que algo hará. Mientras voy preparando el banquete que me voy a dar en forma de bocata, cerveza y vistas panorámicas adivinando montañas, cumbres, valles, pueblos, embalses, etc.

Impresionante el paisaje. Soberbio. Lástima que el día no acompañe en cuanto a claridad pues sería disfrutar de un horizonte incomparable.   

La altura y ubicación de esta montaña permite una visión de 360º para mí inigualable: desde la albufera y la costa hasta Javalambre o la sierra de Gúdar, estas muy desdibujadas por la distancia y/o mimetizadas con otros picos más cercanos como el pico del Buitre.

Inconfundible el Penyagolosa, el pico Pina, la sierra de Espadán y la Calderona, la Rodana y Perenxiza, los picos Nevera, Negrete, 5 Pinos, Ropé, Tejo, Montote, Ñoño, Caroche, Serra Mariola, Montcabrer, Menetjador, Montgó, Montdúver, Benicadell, Aitana, la Serrella, L’Aixorta, sierras de Palomeras y el Boquerón y un largo etc. 

Los embalses de Forata y Tous, la balsa de la muela de Cortes y bajo ella el pueblo de Cortes de Pallás, donde sin verse se adivina su embalse. Creo que es el mejor mirador al que se puede acceder, sin ninguna duda el mejor que he subido hasta la fecha, ya que se halla en el centro de las montañas que conozco. De estar aquí con los compañeros estaríamos discutiendo si lo que vemos allí es esto o aquello sin ponernos de acuerdo y sin dar nuestro brazo a torcer hasta que ya en casa una medición en google earth nos diera la razón a uno de nosotros. Es lo que siempre hacemos, es lo que nos gusta, las puyas, las discusiones y la controversia, pero siempre desde el buen rollo, unas risas que nos echamos.  

Sigo haciendo un barrido a todo el paisaje. El camino de subida raya la montaña y se deja ver tanto lo que subido hasta ahora, también al otro lado del barranco, como la parte que me queda por subir de la sierra del Caballón por la parte de la umbría. Tiro unas cuantas fotos más a ver si la cámara capta lo que el ojo no ve pero, vistas las fotos mientras escribo la crónica, fue completamente al revés. Acabo de disfrutar las panorámicas y me dispongo a bajar sin quitarme el paravientos; no voy a coger mucha velocidad en la bajada así que no me molestará y me evitará enfriarme. Voy calmando el ímpetu que la Zesty pone en cada bajada y tiro de freno más de lo que a ella (y a mí) nos gustaría, pero la prudencia se impone. Llegado a la parte en que vuelvo a tener la montaña a mi izquierda es el momento de quitarme algo de ropa y disfrutar por última vez de la visión cercana de esta mole.

Llego a las cadenas y después a la carretera que tomo a la izquierda en suave subida hasta el puerto del Real. Al poco de coronar un camino a la derecha que sigue subiendo. Es el que veía desde arriba de la cima. El desértico paisaje, la solitaria carretera, la montaña como un hito… y los melancólicos rasgados y tensos solos de guitarra de Ry Cooder golpean mi imaginación… route 66, Paris-Texas… ya tengo melodía.

Aquí los estragos del incendio son todavía más visibles y el camino está en peores condiciones. Antes de la curva paro, ahora sí, para el último vistazo, tras la curva la sierra se interpondrá y ya no tendré más visión de esta montaña. Giro y entro en otro paisaje. 

Al frente, pero que irá quedando a la izquierda, la cima del Colaita. Al poco de girar un susto que no me esperaba. En un camino que se adentra en la montaña dos astados me miran con la misma cara de sorpresa que yo a ellos. Pero además de lo inesperado yo les tengo miedo. El caso es que no sé si eran toros o vacas. Tampoco es que me parara a averiguarlo, por si acaso hice un buen tramo de subida a buen ritmo para poner tierra de por medio en caso de que les diera por salir a dar una vuelta. Las plastas en el camino o las huellas de las pezuñas en el barro del camino, me hicieron pensar que no lo había “flipao” y que eran más verdad de lo que me gustaría. Otro susto como el mes pasado en: http://bikepedalvalencia.blogspot.com.es/2016/09/la-virgen-de-la-vega-penarroya-gudar.html  el caso es que hago este tramo de subidita hasta asomar por la parte sur de la sierra y comenzar la “bajada”. Tras la insufrible subida andando de antes de ayer en la anterior ruta (ver entrada anterior del blog) comienza esta bajada de igual forma, pero al menos voy de bajada, que siempre es más descansado. 

No es que el camino esté roto, es que el correr del agua a lo largo del tiempo ha abierto grietas que parecen barrancos.  Hay algunos tramos que arriesgando un poco se pueden incluso bajar, pero cuidado porque una caída sí que sería un buen revolcón y no lo de las vacas. En cualquier caso el tramo malo es de algo más de 1Km. y sabiéndolo se pasa rápido.

Cuando camino se hace bueno hay que fijarse al otro lado del barranco pues aparecen los abrigos que hay en la zona. La senda que llega hasta ellos se ve bien definida y no es muy larga, pero me voy a conformar con verlas desde aquí y dejar la visita para una excursión senderista más adelante visitando también otras cuevas de la zona.

Sigo bajando hasta un depósito de agua tan seco como el propio monte, a continuación la carretera que, a la izquierda se adentra en la sierra del Caballón y, a la derecha me hará completar el círculo y volver hacia Dos Aguas. Este camino pica ligeramente hacia arriba y luchar contra la pendiente y viento al mismo tiempo no es de lo que más me gusta. Buscando la bajada me paso el desvío a la izquierda que lleva al mirador de la Ceja sobre el Júcar y Millares al otro lado del río. Me da rabia haber dejado escapar esta oportunidad pero quedará como excusa para volver en esa ruta senderista. Un último repecho y llego a la bajada. No hay duda. 

Sobre todo destacar las vistas que se desploman sobre un acantilado imposible. Otra vez la bruma y la posición del Sol estropearán lo que de otra forma sería un mirador impresionante. Allá abajo se ve la carretera que va hacia Millares antes de cruzar el puente. 

Sobre las montañas al otro lado la carretera que seguí en la ruta: http://bikepedalvalencia.blogspot.com.es/2014/05/millares-otonel-miradores.html Casi arriba del todo un pequeño grupo de pinos en una especie de granja. Allí justo a la derecha arranca el camino por el que llegué al mirador sobre la presa del Naranjero. Casi perdido, en medio de las montañas, se mimetiza y pasaría desapercibido de no saber que está allí, el castillo de Coves, espectacular en su emplazamiento. Más cercano el precipicio, con una caída vertiginosa que afina ese miedo profundo y reverencial que afina el ver la carretera por la que tengo que bajar tan pegadita al abismo. 

Solo me resta bajar hasta el coche, a ser posible de la manera más rápida aunque no sea la más corta. A la derecha la montaña pasa ante mis ojos a gran velocidad pero a la izquierda el siempre cambiante paisaje abierto del gran barranco es tan hipnótico que me obliga a moderar aún más la velocidad pues voy mirando el paisaje más que la propia carretera. Tampoco hay que perder de vista las innumerables rocas que hay en la carretera debido a desprendimientos de las paredes casi verticales que caen sobre el camino. Vuelvo a tener en algún momento el pueblo de Dos Aguas a la vista, esto es señal de que la ruta se acaba. Cierro el círculo sobre el camino que tomé esta mañana a la izquierda y ahora queda a mi derecha, un par de curvas después llego a la carretera dando por terminada la ruta de hoy. Un bocata y un refresco antes de volver a casa y rememorar por el camino las pedaladas acumuladas en las piernas. 




Track de la ruta: 
http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=15586439 

lunes, 31 de octubre de 2016

Montichelvo-SantJeroni-Circ-Lorcha

Esta ruta está basada en la ruta de los monasterios desde Alzira hasta Gandía. La ruta  de los monasterios pasa por los monasterios de La Murta, Aigües Vives, Santa María de la Valldigna, Corpus Christi y Sant Jeroni. Como siempre yo voy adaptando las rutas a mi conveniencia, a veces no tan conveniente porque en este caso había partido la ruta original en varias rutas debido a la dificultad de tener que enlazar el final con el principio o bien en tren o bien con dos coches. Al final hice un cortar-dibujar-pegar y listo…, cuatro rutas para conocer estos cinco monasterios.
foto tomada de http://vaigapeu.blogspot.com.es/2013/06/el-circo-de-la-safor.html 

Llegaba a Montichelvo, lugar elegido para iniciar la ruta. Iniciaba la casa por el tejado pues es la ruta más lejana del tríptico de los monasterios y además iba a quedar sin enlazar con las otras dos, que están por llegar. Se queda en tríptico pues el monasterio de la Murta no lo llegué a completar en la ruta Cullera-Alzira por una avería, como además no se puede entrar al recinto con la bici pues solo veré los otros cuatro. Cuando me pongo a diseñar las rutas veo mil sitios que quiero conocer, por los que quiero pasar. A veces son simples caprichos: un camino que me gusta cómo zigzaguea por el mapa, una arboleda que parece que tiene buena pinta, una bonita foto que he visto en algún sitio, en fin. Otras veces responde el capricho a algo más elaborado en mi mente y que lo dota de mayor peso. Un monasterio, ermita, lavadero, catarata, río, montaña mítica o vete tú a saber qué.


El caso es que el monasterio de Sant Jeroni era el punto de ignición para esta ruta, que además iba a aportar muchos y muy interesantes objetivos extras a esta ruta. Y hacia allí me dirijo tras poner a la Zesty en el suelo y ver esa sonrisa que se le pone cuando se sabe la protagonista de lo que queda del día. Cruzo la carretera y me adentro entre campos de cultivos en un camino de bajada que me lleva rápido hacia Terrateig. 

Llego a un punto donde, a la derecha, remonto y llego al pueblo para visitar el lavadero. La subida me trae remotos recuerdos de Agres: http://rodaipedal.blogspot.com.es/2010/04/cronica-de-serra-mariola.html nada tiene que ver la subida con aquella pero algunos detalles evocan aquel día en mi mente.  

Vuelvo a bajar al cruce y giro a la derecha, enseguida la ermita. Un lindo lugar junto a sus cipreses. El camino presenta un carril bici a todas luces innecesario en este tramo de camino secundario sin excesivo tráfico, pero si además el carril está dejado de la mano de Dios y de los hombres, y no tiene ningún mantenimiento, resulta que las zarzas se adueñan del lugar y resulta imposible ciclar por allí sin riesgo a pinchar y a engancharse la ropa, además sin posibilidad de salir de allí si no saltamos el muro que nos han puesto, ya que no hay ninguna escapatoria de principio a fin. 

Paso junto a la presa de la rambla Vernissa. Es una presa de nueva construcción que no está diseñada para almacenar agua sino para retener durante unas horas las avenidas del río Vernissa y evitar, así, los efectos catastróficos cuando coinciden con las avenidas del río Serpis, donde desembocan sus aguas.
Desde aquí estoy a un paso de Lloc Nou de Sant Jeroni. Un par de rotondas que traen algo más de tráfico desde la CV-60 que me acompañaba a mi derecha desde Terrateig. Pronto me encuentro con el lavadero a la izquierda pero primero sigo adelante para ver la iglesia,  con un campanario algo futurista que bien podría inspirar alguna película sobre el género. 


Llego, ahora sí, al lavadero junto a un singular reloj solar; las dos piezas flanqueando el camino hacia Almiserat. 

Cruzo la rambla Vernissa y llego al pequeño pueblo buscando el lavadero a espaldas de la iglesia. Un viejo gato me mira con la misma curiosidad que demuestro yo por el viejo lavadero, aunque yo me llevaré una foto de recuerdo y el gato no, supongo que él no la necesita, su vida es más simple que todos estos rollos que nos montamos los humanos para intentar ser felices: fotos, móviles, redes sociales, bicicletas, subir montañas..., lo conseguimos? Sigo mi camino junto a la rambla que vuelvo a cruzar. 

Sin caudal pero con algún charco en el fondo asomando entre las desgastadas piedras que forman su lecho. 

Luego una forma conocida asoma entre el cañaveral y no me resisto a recoger el testigo que pasaré a los miembros del observatorio Manises J98. Llego así hasta el cartel que indica la senda al acueducto.  

El pequeño acueducto, que abastecía de agua al monasterio, salva un pequeño barranco, y un camino empedrado se adentra en la montaña hacia Les Fonts. Yo retrocedo hasta la carretera y continúo adelante hacia mi objetivo. Llego a Rótova y dibujo, en su trazado urbanístico, el contorno del meandro del río que volveré a cruzar ya fuera del pueblo. La aproximación al monasterio está siendo más larga de lo que esperaba pero al fin veo las torres asomando entre los naranjos que me regalan su aroma de azahar entre coloridas naranjas que ya pronto estarán maduras.  

Tras el monasterio el Montdúver y su sierra ponen una pincelada de altura a este valle de Marchuquera que queda a espaldas del monasterio. Llego a la arboleda que custodia la entrada del recinto monacal. 


Un túnel arbóreo que enlentece el tiempo. Sobre la puerta la imagen de San Jerónimo y el blasón del duque de Gandía; luego la torre almenada y el recinto amurallado. 

Llego a la plaza donde se encuentra la entrada a la iglesia. El monasterio cerrado no da opción a ninguna visita y decido aprovechar un banco junto a las mesas del bar para almorzar y disfrutar de la tranquilidad que destila el lugar con su fuente y su inmenso árbol.

Tras el ágape sigo camino y me vuelvo a maravillar con la arboleda, ahora de salida, del recinto. Fuera de ella todo es bullicio junto a la carretera. Más allá las montañas que pronto subiré y hacia las que me dirijo por este laberinto de carreteras, caminos y calles que me esperan desde aquí hasta la salida de Villalonga. Primero junto a la CV-60, luego cruzo por última vez el río Vernissa antes de que, no lejos de aquí, este entregue sus aguas al Serpis. Atravieso Palma de Gandía y Ador y luego me desvío a la izquierda entre cultivos, huyendo de la carretera. Pero el Serpis me obligará a volver a la carretera antes de entrar en el pueblo y cruzarlo para llegar al camino que ya recorrimos todo el grupo Roda i Pedal en la ruta: http://rodaipedal.blogspot.com.es/2008/11/crnica-de-la-va-verde-del-serpis.html  otra ruta enlazada. Llegado a la fuente de la Reprimala la carretera entra en una rampa brutal, no la recordaba ni tan pronunciada ni tan larga. A los datos me remito: http://www.altimetrias.net/aspbk/verPerfilusu.asp?id=528

A ritmo llego arriba al desvío. Aquí una monstruosa cantera, por fortuna abandonada, que rompe el paisaje y un lugar de altísimo valor en la geografía valenciana. El Circo de la Safor se muestra grandioso.  

A la derecha el camino desciende y continúa la vía verde, yo giro a la izquierda para continuar la subida que ha encontrado aquí el primer descansillo. Primero una breve parada en la fuente de Azafor para ver las vistas que presenta la montaña pues aún voy bien provisto de agua en la camel. … Y comienza la subida… en realidad ya la había comenzado en la fuente de la Reprimala pero los siguientes 5Km. son de una brutalidad y una constancia terribles. El descansillo pasado el 3er Km. apenas sabe a nada de lo cansado que llego y de ver lo que aún me queda por delante.  


Tan solo las vistas que se van abriendo a la izquierda sobre el Circ y algún vistazo hacia el mar ponen un puntito de sabor a esta cruel subida. Pero la estoy disfrutando. Cada pisotón al pedal es una confirmación de que esta subida no va a poder conmigo… y así me retuerzo en el sillín y ahora soy yo quien pongo esa sonrisilla de “otra subida a la saca”, “otra muesca”. En mitad de la subida agradezco estas nubes que cubren un sol que de otro modo me estaría machacando. Pero la luz y la bruma no son un buen aliado para las fotos. Es lo que hay. La casa Tarsán despierta un puntito de envidia ante su estupenda ubicación y el deleite de las vistas que debe tener. 

Y lo mejor para el final, un rampón del 21% después de una curva de zigzag hormigonada. ¿Qué más se puede pedir? … una cervecita, fría por favor. Aquí arriba encuentro la senda de subida a la cima del Circ, por desgracia no es ciclable ni mucho menos. Con el Benicadell al fondo la sierra que tendré que subir en breve se alza amenazante en mitad de mi camino.


Por fin se abre arriba un descansillo que me lleva por una especie de pasillo paralelo al Serpis que se intuye abajo. Tramo rápido de bajada y acometo otra subida que nada tiene que ver con lo sufrido hasta ahora, esta subida está finiquitada aunque siempre, en bicicleta de montaña, quede otro repecho. Luego la senda, esta vez a la derecha hacia la fuente de la Serquera. Un poco más adelante otro desvío, ahora toca a la izquierda, hacia la Font dels Olbits. Ojo porque esta fuente no está señalizada desde el camino y el lugar merece la pena visitarlo, tan solo esta a 800metros y apenas hay desnivel.  

De paso hacia allí encuentro una pared de roca negra y completamente lisa, pulida, suave. Se ven, perfectamente alineados, los anclajes para la escalada a lo largo de la pared. Sigo adelante para llegar a un coqueto lugar donde está la fuente, unas mesas, paellero y lo que parece un refugio. 


Este rincón ofrece unas bonitas vistas del valle hacia L’Orxa. La pena es que con el sol poniente de la tarde se enturbian los paisajes, aun así disfruto el panorama que se me ofrece antes de ponerme en marcha. Retrocedo hasta la pista de asfalto y giro a la izquierda siguiendo el camino que venía haciendo antes de esta pausa. Comienza la bajada. La pendiente no es ni mucho menos lo que estaba subiendo pero la velocidad es vertiginosa. Retengo la bici un poco antes de que la velocidad…y la gravedad, se adueñen de la situación, luego sería tarde para parar la bici en las curvas. 


Los paisajes me llaman y me hacen parar un par de veces a disfrutarlos. Uno de ellos es un mirador a la derecha hacia el río Serpis que serpentea abajo. Enfrente la montaña que tengo que subir hacia Montichelvo que queda detrás de la montaña. Continúo la bajada dejando atrás crestas y picos y el valle de Beniarrés se va adueñando, poco a poco, del paisaje. No es que el embalse sea visible pero la presencia del omnipresente Benicadell delata la ubicación del mismo. El puntiagudo pico ya es visible desde hace un buen rato.  


El valle cobra protagonismo con sus otoñales amarillos que alegran el paisaje. Lorcha, o L’Orxa, es el guardián del final del valle, a partir de aquí el río se encajona entre montañas y solo la vía verde del Serpis es capaz de seguirlo.  

Bajo hasta el pueblo, atravieso el barranco y voy a la derecha buscando la carretera que sale del pueblo, fijándome en el castillo de Perpuixent como referencia a seguir. Justo allí abajo se enlaza con la vía verde, junto a la antigua estación de L’Orxa. La vía comunicaba Alcoy con Gandía pero quedó abandonada a finales de los 60 del siglo pasado. Ya en el camino de la vía verde giro a la derecha siguiendo el curso del río que pronto veré a mi derecha. Este primer tramo está bastante roto y con mucha piedra por lo que no se hace cómodo de rodar, aunque de aquí poco, y esto aún no lo sabía cuando estaba pedaleando esta ruta, bendeciría este camino. 

Llego hasta el meandro del río que veía desde arriba  de la montaña. Un mirador invisible desde esta perspectiva. Paso un pequeño túnel y al poco el camino a la izquierda que me indica el “treki”. Es el paso entre las sierras del Benicadell a la izquierda y la sierra d’Ador a la derecha. Allá que voy. Unos primeros metros de potencia salvando algunas piedras y el desnivel que ya se deja notar. Equivoco la trazada, tropiezo con una piedra y pie a tierra. No pasa nada, eso pasa en las mejores familias, vuelvo a subir, otra ver potencia, otra piedra, una rodera, esquivo, zigzagueo, más potencia, más pendiente, más roderas, ramas que se adentran en el camino y también hay que esquivarlas, piedras, pendiente, pulsaciones que se disparan, … no doy abasto a tomar oxigeno, pedalear y mantener la verticalidad encima de la bici. 

Otra ver pie a tierra, dejaremos pasar esta rampa y cuando mejore el camino ya volveré a pedalear. Tras la curva no mejora el camino, tras la rodera aquella sí, pero demasiado poco como para que valga la pena pedalear, ahora sí, pero otra sucesión de piedras, esquivar baches, roderas, pendiente, cansancio, me hacen volver a bajar. Y así hasta arriba. Casi 3 insufribles Km. de un no valer la pena el esfuerzo de pedalear o de pedalear solo unos metros para acabar volviendo a bajar y encontrar más frustración y rabia que si sigues andando y empujando. Respiro, dejo la frustración y el enfado. Me vuelvo en el paisaje y en los recuerdos de los momentos vividos en la ruta, los malos también. También forman parte de esta ruta, también los disfrutaré cuando hayan pasado. Voy llegando arriba pues el alt de la Cova, a mi izquierda, va dejando de ser la mole amenazadora que se alzaba sobre mí en toda la subida. Cuando el camino se vuelve a hacer ciclable sé que estoy arriba. Enseguida un corral, lo rodeo y empiezo a bajar de forma suave. Esto es la cabecera de un enorme barranco que ahueca la sierra en dirección al mar, hoy demasiado brumoso para ser visible.

Apenas veo la cima del Circ de la Safor y el camino que he recorrido hace apenas unas horas al otro lado del río. Llego a un cruce de caminos, izquierda remontando y llego a una caseta. Un cartel indica Peñas Albas y las vistas hacia la Vall d’Albaida se abren en todo su esplendor. 


Otra cosa es que el tiempo y la visibilidad no acompañen demasiado, pero con el sol de espaldas el paisaje crece y algo se deja ver. Por fin la bajada final. La pista está en muy buenas condiciones aunque es de grava y eso siempre lleva a pequeños patinazos, pero nada insalvable si estas acostumbrado a la btt. La velocidad crece de forma increíble pues a priori no parece que haya tanta pendiente, solo se nota el desnivel al llegar a las curvas de herradura y ver donde estaba hace apenas unos segundos. Los frenos y las suspensiones haciendo, perfectamente, su parte del trato. Después entro en la frondosidad del bosque y apunto estoy de pasarme el giro a la izquierda de la velocidad que llevo. Consigo evitar el error y sigo con la bajada. Paso junto a una fuente metida en un frondoso barranco, veo el cartel que la indica pero no me acerco a verla.  

Y así entro en Aielo de Rugat para ver el lavadero, seguir por el camino del cementerio y llegar a otro lavadero junto al molino. Vuelvo al pueblo por este nuevo camino, salgo hacia la fábrica de ladrillos que pinta de arcilla roja los límites de la carretera. Junto a ella giro a la derecha en busca del Montichelvo, solo me queda remontar el pueblo para llegar al coche y comerme el bocata con el refresco que aún estará fresquito. La cerveza me espera al llegar a casa que ahora toca conducir. 60Km. y más de 1400 metros de desnivel después, por fin acabo esta ruta que por momentos se ha hecho eterna, pero haberle hincado el diente, por fin, a aquella subida junto al Circ de la Safor ha merecido la pena. Ya tengo el primero de los 4 monasterios.




Track de la ruta: http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=15348598