jueves, 16 de agosto de 2012

Titaguas-Alpuente



Aún no he subido la ruta anterior al blog y ya estoy pedaleando la siguiente. Qué digo pedaleando, estoy escribiendo ya esta crónica. Esta ruta la planifiqué a toda prisa un par de días antes de hacerla. Así que seguro que me he dejado algo que ver por el camino, algún lugar que, de haber tenido más tiempo para configurar el trazado, habría incluido en la visita, como por ejemplo la pequeña aldea de La Carrasca, entre las aldeas de Campo de arriba y Campo de Abajo. Pero es lo que tiene el calor, el verano, el trabajo y el agotador cansancio que llevo encima estos días. Hice la ruta casi sin ganas, casi porque había que salir a la montaña en busca de ese agotamiento físico que sin embargo, me despeja la mente y me deja como nuevo; me libera de tensiones y malos rollos que se ahogan en el salitre del sudor que bulle en mi piel bajo el abrasador calor de agosto. Así que hice la ruta, primero sobre el mapa y luego a lomos de la incansable bicicleta que espera pacientemente a que toque otro día de montaña, de caminos, de piedras y barro, pinchos y polvo, otro día de subidas y bajadas, de diversión… en definitiva, otro día de gloria. La ruta era cortita. Solo 40Km. para liberar tensiones y descansar cansándome: parece una contradicción pero no lo es. Canso el cuerpo para descansar la mente. Pero vamos a lo que vamos.
Las previsiones meteorológicas, con ola de calor sahariano, tampoco invitaban a una paliza mucho más allá, y las fuerzas, exprimidas al máximo en las largas noches de trabajo, ponían lo justito para salir a dar un paseo, lo de hacer la ruta fue porque iban engañadas, sino ni eso.
A las 5 de la mañana los ojos como platos. Consigo vencer la tentación de levantarme hasta las siete y media, para desayunar y poner rumbo a Titaguas con el coche, donde empezaré la ruta en bicicleta. Al ponerme en marcha, doy un pequeño paseo por la parte vieja del pueblo, que no había visitado nunca. El interior del pueblo no se parece en nada a lo que se ve desde la CV 35 que cruza el pueblo. La parte vieja aún guarda sabor a pueblo, un sabor arquitectónico de muchos kilates, un legado cultural extraordinario que queda lejos de miradas vacías que pasan por la carretera sin ver el pueblo. La parte nueva se parece cada vez más a las “grandes”, (aunque grandes solo en tamaño) ciudades: nada que ofrecer, nada que mirar, así que la culpa de esas miradas vacías quizá no es solo del que mira. Una serie de paneles indican un recorrido cultural que sin embargo no haré, voy a mi aire, la eterna cuestión del “my way”, Sinatra vs. Simone. 

Aun así visito la iglesia y algunas casonas dignas de relevancia antes de salir del pueblo junto a la fuente, para subir hacia la ermita del remedio desde la carretera de Aras. Nada más tomar el desvío un parque a la izquierda y comienza la subida de verdad. “Abróchense los cinturones, lo pasaremos bien”, como dijo Guardiola. Allá voy. 

Tras el depósito de agua se ve la ermita, pero la rampa es de las que alegra que sean cortas. Todo el rato ves tu objetivo pero este no se acerca lo más mínimo a pesar de las pedaladas. El calor no perdona y ante el esfuerzo comienzo a sudar como un loco. El esfuerzo es enorme en esta corta pero dura rampa. A pie de ermita tomo el camino de la derecha para subir hasta ella. Un rápido vistazo a este tranquilo y bello lugar que me servirá después como descanso de la batalla para venir a comer el bocata que tengo en el coche. 

Unas fotos después vuelvo hasta este punto y giro a la derecha para encarar la subida larga. Enseguida llego al zigzag de la carretera y a la derecha sale el camino hacia fuente la Zarza. Esta fuente no está indicada aquí sino abajo en el pueblo, pero si vas a la ermita te tienes que desviar, o al contrario si vas primero a la fuente. Como no está muy lejos decido acercarme para ver el paraje y llenar un poco más de contenido la ruta de hoy. Medio Km. después, por un agradable camino en sombra y con una suave bajada, llego a la fuente. 

Un pequeño hilo de agua sale del caño junto a la blanca pared y junto al merendero cubierto. Vuelvo atrás hasta la carretera y sigo subiendo. Hay por aquí unas cuevas rupestres, supongo que en el camino que he dejado a la derecha volviendo a la carretera, pero como no están indicadas vete tú a saber si es o no el camino. Otra visita perdida. Ya en la carretera, viene ahora un tramo exigente de la subida, luego se acaba el asfalto y la pendiente suaviza un poco junto a los corrales de la Hoya del Hacha. Allí dejo a la izquierda una bifurcación y sigo recto, en el siguiente cruce de caminos a la derecha y comienzo a subir otra vez un tramo que se agarra a las piernas. Otro desvío y a la derecha en busca del mirador, este sí que está perfectamente indicado hasta con dos paneles a la vez. Otra vez a la derecha, dejando el norte a mi espalda, me lleva directo hasta el mirador. Como una escalera de Penrose escalo estas montañas con la ilusión de estar permanentemente bajándolas, en una subida hacia el mirador que pica hacia abajo. La sorpresa es encontrarme allí un V.G. con unas impresionantes vistas sobre el pueblo de Titaguas y sobre los campos de cultivo que rodean el pueblo, así como del alto de las Corralizas que tendré que rodear ya en el último tramo de la ruta. 

El mirador es un balcón privilegiado sobre el enorme paisaje que se abre a sus pies. La pureza atmosférica de hoy, permite una óptima visión de todo el horizonte sur, casi 180 grados de este a oeste. Una pequeña zona de picnic bajo la pinada me acogerá para almorzar y aligerar peso, bueno, en realidad para reubicarlo. Vuelvo a los pedales tras el descanso sin haber dejado huella de mi presencia, tan solo el aliento digitalizado de las fotos robadas al paisaje. Dirección norte hasta llegar al primer desvío que tomo a la derecha. El camino comienza a bajar suavemente. Sigo fielmente las indicaciones del “Treki” que me guían entre los caminos que van surgiendo. 

Aún por encima de los mil metros de altitud diferentes variedades de pinos replantados pueblan el paisaje. Me descuelgo poco a poco, por un firme sin problemas, hasta la fuente del Parajuelo para emprender desde allí la parte más empinada de la bajada junto al barranco de las Cambrillas. Llegaré al final de este donde se junta con el barranco del Curro. Por un vado cruzo al otro lado y remonto hacia Baldovar. 

Entro a la aldea por el oeste llegando al frontón y luego al lavadero y la fuente. Recorro la aldea buscando ese encanto de piedra vieja, pero la parte nueva, a la derecha de la carretera no me lo ofrece. Estaba apunto de irme cuando las campanas de la iglesia me llaman. Ante su insistencia me adentro al otro lado de la carretera en su busca. 

Aquí si hay casas de piedra, calles estrechas, ventanas enrejadas… las campanas repican a mano. Nada de cuerda y polea. Los hombres del pueblo suben al tejado y empujan la campana con la mano, cada vez más rápido, en un sprint entre la mano y el eje de la campana hasta que el hombre queda desfondado y cede su turno a otro gregario que llevará el repiqueteo lo más lejos posible, sin rebufos, sin abanicos, una lucha de poder a poder, una autentica contrarreloj. Salgo del pueblo con esta bella estampa grabada en la retina y los tímpanos, que aún reproducen el alegre tañido de la campana llamando a las fiestas mientras se pierden en la distancia. Dejo el pueblo a mi espalda, subiendo por la carretera hacia Las Eras. La carretera gira a la izquierda y allí tomo un camino también a la izquierda que me adentra en los campos de cultivo. Toca bajar hacia la aldea de Obispo Hernández o Eras por la parte de atrás. Desde este camino veré el acueducto de "los arcos" y así llegaré a la aldea para recorrer un pequeño camino junto al barranco del Reguero antes de que este se convierta en el colosal barranco que es a su paso por Alpuente. 

El pintoresco camino queda atrapado entre el barranco con su exuberante vegetación y las casas que se levantan como una muralla de piedra al otro lado. Y así salgo del pueblo lo más pegado posible al barranco. Junto a la señal que delimita la aldea cruzo la carretera para tomar el camino que, junto al polideportivo de Alpuente, sube hacia la ermita de San Cristóbal. El cansancio acumulado del trabajo y el tremendo calor empiezan a pasar factura en esta subida que ofrece su parte más dura al principio. El sol zenital castiga con su mayor crudeza y me obliga a dosificar las fuerzas, estoy a mitad de ruta, y aunque puedo hacer una vuelta más rápida quiero completar toda la ruta prevista. Así que dosificando empiezo a subir esta larga recta que me lleva hasta la ermita de San Cristóbal. Otra sorpresa en forma de V.G. me espera allí junto a las mesas y las paredes de la pequeña ermita. 

La estructura ya no guarda ningún elemento que la identifique como tal, tan solo el monolito a modo de altar puede dar alguna pista. Las espectaculares vistas muestran todo el campo entre Alpuente y Titaguas. A la izquierda Alpuente se acurruca junto al barranco y la peña del castillo. Al otro lado el colosal camino que subí en la ruta: http://bikepedalvalencia.blogspot.com.es/2012/04/tuejar-buena-leche-alpuente-arquela.html Aún queda un pequeño mirador unos metros por debajo de esta ermita, así que me acerco a verlo. Alpuente a vista de pájaro, tal y como antes en el mirador de Titaguas. También veo el valle por el que discurre la rambla Arquela desde un punto de vista distinto al de esta mañana. Las aldeas se pierden en la distancia y las granjas entre los campos de cultivos son solo puntitos en la distancia. Ya las veré de cerca. Tras la visita regreso por el mismo camino esta vez en una bajada rápida y casi recta. Algo de gravilla en el suelo que da la emoción justa para mantenerse alerta ante la velocidad y el empuje que toma la bicicleta. Esta bajada me lleva hasta la rotonda que baja hacia Baldovar y por la que pasé hace un ratito. La tomo ahora en dirección Titaguas bajando por asfalto a gran velocidad. Algo más adelante un desvío a la derecha, antes de llegar a la siguiente rotonda, me pone a los pies de la rambla Arquela, muy cerca del vado que antes crucé de camino a Baldovar. Tras el nuevo vadeo, encaro al sur hacia Campo de Arriba. Un camino asfaltado picando hacia arriba, suave, pero con el peso del calor encima cualquier pequeña subida se hace un mundo. Ahora tengo las granjas de pollos al lado de la carretera y afino el olfato en busca de algún indicio a “pollastre rustit”, pues el calor y los techos de uralita de las granjas me hacen preguntarme del calor que deben estar pasando los pobres bichos. 
Llego al pueblo entrando junto al frontón y la fuente donde paro a reponer el agua y cambiarla por otra más fresca. Allí mismo hay gran pozo o balsa, poco profundo pero grande, donde desagua la fuente. Me adentro en el pueblo en busca de la iglesia que es lo que espero sea más representativo de estas aldeas, salvo alguna sorpresa. La sorpresa me la llevo al salir del pueblo sin encontrar la iglesia, debe de haber quedado en otra calle y ya no tengo ganas de volver atrás a buscarla, aparte de que no veo ni campanario ni nada que se le parezca. El calor me está ganando la partida y ha veces pienso en lo que me queda de ruta como un trámite a terminar, así que ligerito y “palante”. Tomo la carretera a la derecha y unos metros después un camino a la izquierda me pone sobre el valle que veía desde el mirador de la ermita de Alpuente. Los campos de cereales están todos segados y los tallos se queman bajo el aplastante sol de agosto un día tras otro. Ya no hay semillas que dorar ni que adorar. Ya solo quedan tallos que pronto sucumbirán bajo el arado de los tractores, que prepararán el terreno para una nueva cosecha que teñirá de verde y luego de oro este enorme granero. Zigzagueo entre los campos. Un refugio de piedra aquí, un depósito contra incendios más allá, una pequeña rambla cubierta de zarzas y juncos. 

El camino me acerca hasta las inmediaciones del Campo de Benacacira. Otra de tantas aldeas abandonadas en esta zona. Elevada sobre un pequeño cerro, goza de una vista privilegiada de la zona de alrededor, sin embargo, esa posición estratégica no ha evitado su abandono y casi desaparición ante el estado, más allá de derribo, en que se encuentra. Ya llamó mi atención este enclave en la anterior ruta citada más arriba y tenía ganas de acercarme hasta aquí. Continúo mi deambular por el camino, varias alternativas me acercan hasta la carretera que tengo que cruzar. Aquí cerca de la CV 35 algunos viñedos se adueñan del paisaje protegidos por el alto de la Montalbana y el Buena Leche. Cruzo la carretera y giro a la izquierda para subir, primero hacia el campo solar, donde miles de paneles solares duermen al sol recibiendo la calentita y rabiosa caricia del astro rey. Esta tipo de instalación también rompe el paisaje, pero solo si lo miras desde un punto elevado, no es algo que ves a muchos Km. de distancia como los molinos eólicos que inundan nuestras montañas y han modificado tan profundamente el paisaje. Pero este es el precio del progreso: pagamos todos con nuestro patrimonio para que se enriquezcan unos pocos. Uy, se me ha escapado un momento protesta. Ahí quedará aunque de nada servirá. Con rima y todo. Seguimos. Llego al campo eólico subiendo una cuesta que parecía mucho más suave de lo que al final ha sido. No la calificaré de terrible pues a estas alturas de la ruta el calor está influyendo más de lo que me gustaría en mis cansadas y acaloradas fuerzas. Solo la cerveza fresquita que me espera en hielo en el coche me empuja a seguir, o me estira, según se mire. Giro a la derecha, dejo el asfalto y encaro la montaña. 

Junto a unos enormes pinos hago una parada a la sombra para descubrir, allí al lado, el seco fondo de un pequeño navajo o charca. Me repongo un poco del sofocón y tomo fuerzas para encarar la última subida de la jornada por la loma del Águila. Luego me quedará subir hasta Titaguas, pero esa ya no cuenta, la tendré que subir sí o sí. Me animo pensando que esta subida es poca cosa. Y efectivamente, se sube mejor y más rápido de lo que pensaba. Al otro lado las vistas no se acaban de abrir hacia el barranco del Hondón ya que el camino está metido entre los árboles y estos tapan la visión. Hoy tengo unas vistas distintas a aquella primera visita de esta zona en la ruta:  http://bikepedalvalencia.blogspot.com/2011/04/titaguas-aras-zagra.html aquel día me quedé con las ganas de explorar el camino desde el puente sobre el barranco hasta el molino y la chopera. Así que hoy lo haré una vez llegue abajo. Tomo la bajada con precaución pues la gravilla no invita a grandes alardes. Buena pendiente que promete velocidad a poco que suelte frenos. Pero contengo los caballos y las ganas. La vegetación adentrándose en el camino tampoco permite la mejor trazada y obliga a surcar el centro del carril con su abombamiento y el peligro de derrapada que ello conlleva. Ya abajo, tomo un camino a la derecha que pronto se estropea con zarzas que cruzan el camino e indican su poco uso. 

En efecto, al poco tiempo el camino muere bajo un precioso nogal y un campo arado que no respeta el paso, o viceversa, de un sendero local marcado con sus rayas verdes y blancas. En todo caso me toca volver atrás hasta el camino conocido y llegar hasta el molino para inspeccionar la otra parte de este camino, a ver cuanto me puedo acercar. Por el otro lado del camino llego hasta un punto en que baja una suave ladera, pero el camino desaparece para convertirse en senda entre los árboles y bajar hasta el propio barranco del Hondón, así que certifico que este camino no es ciclable y vuelvo atrás para encarar, ahora sí, la última subida del día que me dejará junto al grandote, que espera calentito al sol con mi preciada cerveza y bocata en las gélidas entrañas de una nevera con hielo. Pongo rumbo a la ermita para dar cuenta de estos manjares a la sombra de la pinada y poder reposar los estimulantes efectos del líquido elemento. Ya asoman a mi mente algunos pasajes de esta crónica rememorando los preciosos momentos vividos a lomos de una bici por los caminos entre las montañas, bajo el sol.


martes, 7 de agosto de 2012

Calles-Villar de Tejas



Tras dos semanas de parón volvía a Calles para iniciar otra ruta memorable. Conocía gran parte del recorrido y tan solo una pequeña zona me quedaba por explorar, pero el resultado ha sido una ruta espectacular en todos los sentidos. Voy a desgranarla.
Agosto y sus calores no suelen perdonar, pero esta vez alguien ha tenido un poco de compasión (quizá demasiada en algún momento) pues la climatología se ha portado tan de maravilla, que incluso he llegado a sentir algo de frío en la parte alta de la ruta.
Desayuno en la terraza viendo un cielo cubierto pero que intenta librarse de las nubes como yo de las legañas mañaneras. Durante los estiramientos ya asoma algún rayito de sol entre la gris cubierta celeste. Y me pongo en marcha mientras pienso que me va a caer la del pulpo. 

El camino de la bodega hacia Chelva, ya conocido va picando para arriba y me pone a sudar de lo lindo mientras observo mi primer reto del día en las montañas cercanas. Llego al desvío hacia Chelva y giro a la izquierda para bajar la cuesta del muerto y llegar hasta puente Barraquena, cruzar, y comenzar la brutal subida del Tiñoso: casi 5Km. a más del 9% de media, eso es un puerto de 1ª en toda regla. No en vano le tenía tanto respeto a esta subida que ya hacía tiempo que no enfrentaba. En la última salida ataqué la otra rampa mortal de la zona: la subida hacia la compostadora y luego el camino del Herrero desde Calles. Pero eso ya está en la anterior crónica. Ahora tocaba sudar esta subida. Los chorretones no se hacen esperar y ya me corren por la cara a la primera de cambios. La camiseta ya no puede disipar más sudor y se me pega al cuerpo completamente empapada. Comienza la selección natural. Al final solo quedaremos los más fuertes: la montaña y yo. Todo bloqueado en la bici y todo puesto al servicio de la subida. Las ruedas patinando en algún punto donde la gravilla se acumula y un poco más de potencia en la pedalada las hace girar sin agarre. Como siempre me voy apoyando en las incomparables vistas que ofrece esta subida. 

Pronto llego a mi particular balcón sobre la subida y paro otra vez a hacer la foto. Siempre la misma, siempre diferente, siempre sorprendente y llena de magia. Los zigzags del camino se confunden con la cuesta del muerto, que hoy era bajada, pero que en cualquiera de los dos sentidos puede ser del muerto. Sigo a ritmo, encontrando sensaciones en las piernas que me dicen que estoy bien, el pulso y la respiración controlada me anima a seguir con este ritmo pausado pero tan persistente como la propia subida. Aún me queda un buen rato para pasar al otro lado de la montaña. Allí veré como el Turia se encajona viniendo del embalse de Benageber, allí también veré las abandonadas casas del Collado Estrecho, aquellas ruinas que quedan tan cerca y tan lejos, pues hay que bordear al montaña para llegar hasta ellas. Allí también estaré cerca de la cumbre, y la altitud y el viento, y un día nublado, muy nublado ahora mismo, y todo empapado de sudor, serán una combinación muy a tener en cuenta. Por momentos no me hubiera venido mal una manguita (y ya me estoy imaginando a más de uno descojonado y llamándome friolero), pero no la había y había que seguir. Miro atrás para ver el blanco pilón del V.G. allá arriba de la montaña. Ya estoy arriba, aún queda algo por subir pero el grueso de la subida ya está hecho. Mis sensaciones, en cuanto a cansancio se refiere, no tienen nada que ver con aquella primera subida en la que aquí parado se me nublaba la vista y el corazón casi se salía por la boca. Qué lejos queda aquello. 

Continúo camino para entrar en el altiplano. Alti sí, de plano nada pues los siguientes Km. son de continuos repechos, cortos pero duros y que hacen que el camino aún no haya dejado de subir. Paso el desvío del Collado Estrecho que me llevaría al caserío abandonado, en otro tobogán que no haría más que añadir desnivel y distancia a la ruta. 

Sigo hacia el Collado Cortina, a la derecha bajaría hacia el camino de Barchel y el embalse de Benageber, ya subí por este camino pedregoso una vez y no guardo buen recuerdo de su dureza. Hoy seguiré la pista principal en otro de los repechos duros de este tramo de camino. A la izquierda los imponentes barrancos que se dirigen hacia el Turia, cerca de las casas de Tuesa. Luego el collado del Mas de Alonso y el desvío, a la izquierda, hacia el cerro del Águila. Sigo el camino principal anticipando, mentalmente, el final de esta subida al llegar al desvío de los Visos. Toca ahora bajar hacia el collado de Nieva y el cruce de caminos: a la derecha hacia Benageber, a la izquierda hacia Chera, La Capitana y Calles, izquierda y sigo bajando. El paisaje cambia por completo. Paso, de una zona de vegetación rala y algunos pinos sobrevivientes, a una zona con una densa pinada en el barranco del Mas de Cervera. Tras unas curvas de herradura llega a la derecha el desvío hacia fuente Chelva. Tendré que cruzar el cauce, hoy seco, del barranco. El exuberante pinar es una gozada para los sentidos. Todo se apacigua aquí dentro, los sonidos, la respiración, el pulso, y también el viento, que ya no me enfría. Avanzo hacia la fuente donde tengo previsto almorzar. 

El paraje es sencillo y tranquilo, aunque queda un poco pobre al estar muy encajonado entre el camino y el barranco, y sobre todo cerca del vallado “electrificado” que rodea la finca de la casa de La Capitana para que no se salga el ganado. De todas formas tomo asiento, en una piedra cerca de la fuente, y disfruto del merecido almuerzo con la tranquilidad que atesora este lugar. Una vez comprobado que no he dejado huella de mi presencia en el entorno, continúo en suave subida hacia el barranco de la Zarza. Allí el camino gira a la derecha para evitar el barranco y continúa paralelo a él hasta su nacimiento junto a los corrales de Ricardo. El camino pronto se empina y me pone nuevamente a sudar. Preciosas vistas del interior del bosque desde la altitud que voy tomando. Sigo el GR7 que viene por este camino desde los chorros de Barchel por los Visos y continúa hasta la rambla del Reatillo. La subida tiene tramos de dureza, más por la gravilla suelta que dificulta el agarre que por la pendiente en sí que ya es considerable, pero a ritmo se puede subir. Poco a poco voy ganando la distancia que me separa del alto junto al abandonado corral. Hoy no hago parada aquí arriba y me lanzo a la bajada con más precaución de la deseada, el camino está realmente mal, con mucha grava gruesa en todo el camino, y las ruedas patinan que da gusto. Así que tirando de freno para atar en corto los caballos, voy bajando hasta la pinada de abajo. En el cruce a la izquierda y luego a la derecha en busca del Reatillo. 

Antes me interno en el bosque por una senda que me hace hollar la pinocha que alfombra el suelo bajo los árboles, para tatuar estas montañas en mi alma con gena roja del camino rociada con sudor, cicatrices a golpe de pedal para dejar huella imborrable en mi piel y en la suya. El espectáculo es indescriptible; solo la sensación de estar rodeado de una belleza tan frágil, me abruma y me obliga a parar para contemplar con calma esta serenidad silenciosa. Viene a mi mente la brutal monstruosidad del incendio de Andilla que pude ver de primera mano. Así que intento grabar a fondo estos momentos, este lugar, este tiempo de armonía con la naturaleza. Llego al camino de la rambla del Reatillo y bajo hasta la Hoya del Rayo. 

La fuente está seca, igual que la rambla. En lugar de volver atrás por el camino me interno en un páramo de tierra seca y cardos, hasta una pequeña senda que me devuelve al camino en dirección a Villar de Tejas. Aquí los cultivos cambian y las vides se hacen hueco entre los campos de cereales. La aldea del Cerrito queda un poco separada de Villar y no llego a tomar el desvío que me adentra en ella. A la entrada de Villar un abandonado lavadero, luego, a los pocos metros encuentro la fuente y el actual lavadero. 

La fresca agua invita a saciar la sed y de paso rellenar la camel para el camino de vuelta. Me interno en el pueblo, paso por la puerta de la iglesia y salgo por la carretera de Requena. A la salida de la aldea hay una vista magnífica de todo el valle del Reatillo, del bosque y de la sierra de la Atalaya a la izquierda y de la sierra Picochera a la derecha. 

Continúo para encontrar el abandonado Mas de Cholla en una curva de la carretera. Justo antes de las casas está, a la izquierda, el camino que tomaré después de ver los restos de estas casas. Usadas como pajar y leñera, las casas aún tienen algún uso, pero todo el conjunto está en lamentable estado de ruina y abandono. Lástima porque el conjunto presenta una solemnidad digna de sobrevivir al paso del tiempo. Tras las fotos tomo el camino que me baja hacia la rambla del Reatillo. Bajada suave pero rápida entre más cultivos de vid y campos de cereales ya segados. 

Junto al puente hay, mejor dicho, había, unas pozas entre las rocas en las que tenía previsto, si el día era caluroso, haberme dado un pequeño chapuzón para refrescarme del calor. Pero el sombrío día, aunque ya comienza a despertar “Lorenzo”, unido a las pozas secas, abortan este amago de baño. Remonto el curso del río girando a la izquierda tras el puente, a la derecha subiría hacia el 5 Pinos y pico Ropé. Enseguida giro a la derecha para adentrarme nuevamente en el bosque hacia la fuente de la Mata. De la fuente no encuentro ni rastro. Llego a un desvío y lo tomo a la izquierda. Poco después el camino se desdibuja entre los árboles, pero con la ayuda del GPS me volveré a poner sobre la pista. 

Llegado a la cañada junto a una enorme arboleda, no encuentro el paso hacia el camino del Mas del Pinar por lo que vuelvo a adentrarme en el bosque para tomar el camino de esta mañana junto a un depósito contra incendios. Desde aquí hasta casa todo camino conocido. Primero encaro la subida junto al abandonado Mas del Pinar. El conjunto de casas, como pasa con los corrales de Ricardo, unos metros más arriba, son un juguete en manos de los elementos. 

Pocos metros después llego arriba, un último vistazo al soberbio valle y ya solo me queda bajar hasta Lapuente Alta. 13Km. de trepidante bajada, sobre todo a partir de las casas de Valero que serán el lugar elegido para hacer la pausa de la comida. 

Esta primera parte de bajada es por un bosque más cerrado y tupido pero con mejor firme. En el cruce de las casas de Valero paro bajo los pinos a comer el segundo de los bocatas. Un breve descanso y me lanzo hacia abajo cogiendo buena velocidad.

No es para volverse loco pero se disfruta de un buen rato sin dar pedales y de notar el viento en la cara. Varios tramos se han limpiado a ambos lados del camino para hacer de cortafuego y despejar las cunetas. 

La pena es que si se limpia el bosque pero no se recogen las ramas cortadas, se consigue el efecto contrario al deseado, a no ser que lo que se quiera es un polvorín junto al camino. Llego rápido abajo, junto al río Turia, que me deja la última foto del día. 

Me queda el último esfuerzo en la subida hacia el radio faro. 3Km. de asfalto con unas vistas fascinantes bajo el tórrido sol de agosto que ahora ya ha salido a por todas. Desde el alto del radio faro a Calles se baje en un tiro. En definitiva una ruta que conocía en gran parte pero que me ha dejado una inmejorable sensación. Subidas muy exigentes y bajadas suaves pero divertidas, combinado todo con unos paisajes espectaculares y soberbios. Las pinceladas arquitectónicas también merecen un vistazo detallado, pero las sensaciones vividas dentro del bosque son joyas de imborrable recuerdo que atesoraré siempre. Solo me queda brindar con una cerveza por la ruta recorrida. A su salud.



sábado, 21 de julio de 2012

Calles-Cerro Simón


La ruta estaba diseñada hacía ya algún tiempo. Pero por una razón u otra la había ido aplazando hasta que la fatalidad ha querido que, hace un par de semanas, el desastre ecológico del incendio de Andilla hiciera mella en este bello paisaje a caballo entre la Serranía y la serra Calderona. Lo veré casi de refilón, a pesar de que el incendio llegó hasta aquí arriba, pero el grueso del fuego se perdió en la distancia y solo veré la punta del iceberg. Solo con eso ya dan ganas de llorar, así que me he dedicado a disfrutar más a fondo los paisajes arbolados que he ido encontrando, quizá sea la última vez que los veo así, ojala que no. Pero vamos al relato.
El tiempo para hoy daba sol y calor para esta tarde, que novedad. Lo que no decía con mucha contundencia, casi con ninguna, es que esta mañana amanecería nublado, tanto que mientras desayuno caen un par de gotas. Así que me pongo en marcha a las 9 de la mañana con las nubes cubriendo el azul del cielo, hoy no se si es azul esmeralda o verde turquesa. Casi en la primera pedalada la ruta ya pica hacia arriba, la subida de Saletas se muestra pasmosamente tranquila, como si me esperara después de tanto tiempo sin subirla. 

A la izquierda, la cumbre del pico Remedio se asoma entre la calima y las nubes como algo ilusorio, un espejismo que invita a visitarlo. La suave pendiente se mantiene hasta el depósito de agua del pueblo, allí “Perico” toca su música de asalto y allá que se me viene encima una rampa del 12%. La primera en la frente. No por esperada se suaviza el brutal contraste que sienten las piernas al afrontar este coloso. Un par de curvas después llego a la fuente de la Losa y paro a llenar de agua la camel que traía vacía para aligerar peso al menos por unos metros. El paraje es precioso e invita a un pequeño relax, pero no hay tiempo para ello. Me pongo en marcha oliéndome los peores momentos de la subida. 

En la siguiente curva ya llega la señal del 16%, perece increíble pero sigo subiendo como cada vez que he pasado por aquí. Llego arriba hasta la compostadora y tomo el camino de la izquierda que sigue subiendo; también se ha terminado el asfalto y el camino de tierra toma el relevo. Este tramo no es tan brutal como la rampa asfaltada, aun así no te deja que te duermas, pero el camino biker siempre es más entretenido que el negro asfalto. Otros 5 Km. de subida me llevan hasta casi los mil metros de altitud. 

Las panorámicas desde aquí arriba son indescriptibles, aunque hoy, con la calima tan cerrada, apenas se muestran. Sigo el camino de Chelva por Mas del Herrero, dejando a mi derecha el alto del pico Castellano. 

Inicio la bajada disfrutando de la enorme pinada que se aglomera en la parte norte de esta montaña. Llego a las lagunas de las canteras y descubro que el camión que estaba criando óxido en esta cantera ha desaparecido, es lo que tiene la crisis y la chatarra, al menos sirve para limpiar un poco la basura que se acumula por los montes, ya que no lo hacen ni los forestales, ni la policía local ni el seprona, incluso habiéndoselo indicado con coordenadas GPS en un correo electrónico: que ya se lo comunicarán al departamento correspondiente, y ahí se quedará la cosa, ya me lo veo venir. 

Tras las canteras, otra subidita y llego al camino por el que volveré esta tarde. Ahora lo dejo a mi derecha e inicio un suave descenso que truncaré para tomar a la izquierda, el camino de fuente Madrid y los corrales de los Arcipreses. La fuente no la llegaré a ver. En su lugar llego hasta el confín de la Hoya de Antaño, pues aquí, a mi izquierda ya empieza la montaña. Hacia la derecha una inmensa hoya entre montañas, un valle que en otros tiempos estaría plantado;ahora apenas se cultiva nada, la rala vegetación es el pasto de un rebaño de cabras que ahora aguardan en la vieja casa. 

Bajo hacia una pequeña rambla y giro a la derecha subiendo hacia las casas de Hoya de Antaño. Un par de enormes mastines me indican su presencia desde lejos, ladrando con desgana pero dejando ver su imponente presencia, así que la parada programada bajo los grandes pinos para almorzar, la aplazo hasta llegar arriba de la montaña. No es que les tenga miedo, pero no parece buena idea almorzar allí y no darles nada a los perrunos anfitriones para almorzar, no sea que se ceben en mis canillas y no pueda subir después la montaña. Mi vista se centra en los gigantes dormidos que presiden la montaña. 

Por encima de los pinos replantados, en alineación militar, los molinos siguen tan parados como lo estaban hace dos semanas cuando hice la ruta: http://bikepedalvalencia.blogspot.com.es/2012/07/aras-aldeas-de-alpuente.html Aquí seguimos sin pagar el viento, o la luz que mueve los motores de los molinos, una de dos… o las dos, que ya que estamos: para qué vamos a quitar unas esculturas de aviones en el absurdo aeropuerto de Castellón, si podemos recortarles prestaciones a los parados o cobrar por las recetas, etc.
Inicio la subida. La rampa no supera, de media, el 7%, pero el estado del firme es tan intransitable que me obliga un par de veces a echar pie a tierra. 

Recuerdo que el IBP, esa enorme herramienta que utilizamos para valorar la dureza de una ruta, no tiene en cuenta el estado del firme. Se basa en que la mayoría de bikers considera inapreciable el estado del firme para valorar la dureza de una ruta… pues no se que puede haber más determinante. Aparte de rachas de viento por encima de 30 Km./h. Acabo  de subir 10 Km. a una media del 10% sin despeinarme, cosa bastante fácil para mí, lo de no despeinarme digo, y llevo menos de 2Km. sin superar el 7% y ya estoy maldiciendo los put… pedruscos del camino, y lo que me queda hasta arriba. Pero está clara la dificultad de poner nota al estado del firme: lo que unos consideran una trialera otros  lo consideran una senda y otros pensamos que es un tramo técnico, y otros ni si quiera se atreven a bajar por él. En fin. Dándole vueltas a la idea sigo subiendo por este pedregal que era la parte más temida de la ruta conocida, no me equivocaba, y no ha cambiado desde que la subí hace ya algún tiempo. A falta de 20 metros para llegar arriba se pone en marcha el primer molino, luego, poco a poco, se ponen en marcha los demás. Como si supieran que los iba a poner a caldo, cosa que seguro que se la trae al pairo, pero en fin, cosa de poder taparme la boca. Me paro junto a la caseta de las antenas para almorzar protegido del viento, ya que la sudada y las nubes hacen que el viento sea fresquito. El pico Ropé, al otro lado del Turia no es visible debido a la bruma. Así está el día. Bendigo las nubes que tapan el sol y que me han permitido llegar hasta aquí arriba sin padecer los rigores de san Lorenzo del 16 de julio. Conforme acabo de almorzar las nubes se van dispersando y abriendo para mostrar el azul del cielo que por fin sí que está allí. Es un azul celeste claro y límpido. Pero algunas nubes obstinadas siguen interponiéndose entre el sol y mi agradecida piel.

Me pongo otra vez en marcha subiendo y tomando el camino de la derecha, este me lleva hasta los molinos del norte y tras llegar al más alto de ellos y ver las obras para la colocación de nuevos molinos, bajo hasta la carretera, giro a la izquierda y sigo en descenso hacia La Yesa por la CV 345. Llego a una curva donde la carretera hace un giro pronunciado a la izquierda, de frente otra carretera asfaltada se dirige hacia La Pobleta y Andilla, y a la derecha un camino que indica a fuente Canaleta. Tomo esta camino de tierra que pronto empieza a subir, llego al depósito de incendios y poco después veo la fuente, o al menos el abrevadero, a mi derecha. Me incorporo al camino que viene de allí junto a un muro de piedra y giro a la izquierda. Enseguida una casa en ruinas junto a un cruce de caminos. A la derecha el camino que sube hasta la cruz de Higueruelas. Allá que voy. El camino empieza a picar con más contundencia hacia arriba por un firme bacheado y rugoso, pero nada que ver con la subida de los molinos de Peñas de Dios II. La curva que hace el camino parece alejarme más que acercarme a mi objetivo. Aunque a base de pedaladas iré acortando la distancia. 

El camino llega hasta la base de la montaña que alberga la cruz y V.G. El último tramo lo hago a pie cargado con la bici, por una senda de piedras pero perfectamente distinguible. Por fin he subido al alto de las Peñas de Dios. Arriba las vistas son magníficas. A los pies de la montaña, un poco alejado hacia el sur, Higueruelas es una mancha en medio de los cuadriculados campos de cultivo en medio de la llanura. Sobresalen, aquí y allá, o sea, por todos lados, la multitud de canteras que se comen las montañas poco a poco, de forma más lenta que los incendios pero a la vez más despiadada. Herida abiertas en la piel de la tierra que supuran su roja riqueza mineral. La calima cubre el horizonte y me impide ver todos los lugares conocidos y por tanto me dificulta orientarme a golpe de montañas. 

A mi izquierda la cumbre del Cerro Simón, mi próximo objetivo, me espera soterrada bajo las espadas móviles de las aspas de los molinos, que junto con los anteriores ya han comenzado a moverse. Inicio el descenso hasta aquella ruina junto a la fuente de la Canaleta. Allí tomo a la derecha para acercarme al corral de Serrano, una aldea abandonada rematada con un horroroso corral que desvirtúa la solemnidad de las ruinosas y antiguas piedras, allí tomo una pista forestal a la derecha que sube hacia el cerro Simón. Es curioso, e incluso ahora, fuera de lugar, el cartel que indica la alineación de 7 depósitos contra incendios. Quizá, como los molinos de viento, estaban apagados, digo… secos. El valle que me separa de la mole de La Salada, alberga el nacimiento de multitud de barrancos, entre ellos el río o rambla Andilla que luego se transformará en la conocida rambla de Artaj para desembocar en el Turia. El valle crece a mi izquierda y tras él se levanta la mole de la Salada con la base militar coronando la montaña. Andilla queda a los pies de esta montaña. La negra estela del avance del fuego se puede leer desde el mismo pueblo en todas direcciones. 

En las montañas del fondo, los caminos blanquean con su línea de tierra, la negra lámina de muerte-destrucción que asola el paisaje. Aquel camino que subimos desde Oset por el Puntalico, aquel enorme bosque que admiramos con reverencia y devoción, es hoy una negra sombra de cenizas y apagado color. El olor a ceniza y quemado es penetrante con cada ráfaga de viento. Me escuecen los ojos y no es por el olor ni por la ceniza, o sí. Me lloran los ojos para liberar la rabia del alma que grita de frenética impotencia y se une a la de los habitantes de estas tierras, que ven su paisaje, su presente y su futuro calcinados por unos inapropiados planes de extinción de incendios y por la incompetencia de quienes deberían ponerlos en marcha. Conforme voy subiendo y tomando altura la magnitud del desastre se acentúa y crece. No digo que un desastre así se pueda prevenir, aunque se pueden tomar medidas para amortiguarlo, pero sí que se podría, se tendría, que atajar antes de permitir que llegara a tomar estas proporciones. Sigo pensando que los medios aéreos se pueden desplazar desde cualquier punto en menos de dos horas para atajar algo antes de que se vaya de las manos.
La subida es tendida y el firme está en perfectas condiciones. La caseta de vigilancia forestal se yergue en la cima de la montaña. La vigilancia del incendio forestal se haría de primera mano pues el fuego llegó hasta el borde de la misma casa. Llego a un cruce de caminos y sigo el de la izquierda para subir a la cumbre. Allí arriba la caseta y el V.G. Los pinos calcinados están en la orilla del camino. 

En un monte hacia el sur-este, junto a dos molinos se ve la virulencia del fuego en el arrasado paisaje que ha dejado a su paso. La devastación es sobrecogedora. Pero el monte al otro lado de Andilla es indescriptible. Es un horror dantesco. A estas horas el sol ya empieza a pegar de lleno, además no hay nada más que ver aquí arriba, pues cuanto más veo más de mal humor me pongo. Me dejo caer para llegar al cruce que tomo a la izquierda en bajada. 

Paso junto a aquellos molinos que veía desde arriba y compruebo la desoladora impresión que tenía desde lejos. Sigo bajando, a la derecha y la bajada se hace rápida y divertida. El camino no es lo mismo que subía por el otro lado pero no tiene dificultad. 

Bajo por una pista, entre la pinada que intenta disimular el horror que esconde la otra vertiente de la montaña. Abajo hago una pequeña excursión entre los campos de cultivos, principalmente almendros, de la zona, antes de entrar a Higueruelas por la cantera de caolín que ya conocí en la ruta de Alcublas. La fuente del Olmo me recibe con su arboleda y frescor. Tengo previsto comer en la fuente del Ladrón, así que salgo del pueblo en dirección sur-oeste con vistas a la montaña de la cruz. 

Bajo hacia la zona de acampada y fuente y paro en aquel remanso de tranquilidad. Tras la comida lleno la camel y me pongo protección solar, que la voy a necesitar. Continúo el camino en bajada junto al barranco esperando ver el desvío a la derecha que me meta en la montaña. La subida no se hace esperar y me pone mirando hacia arriba de forma contundente por el camino del Solito, a mi izquierda dejo el camino que sigue hacia Villar del Arzobispo. 

Salvo alguna rampa fuera de lugar, el desnivel es continuo pero moderado. La pinada me da sombra y atenúa la fuerza del sol a primera hora de la tarde. La rambla de la Salceda se acaba y con el camino y llego hasta el conocido camino de Calles a Higueruelas, he cerrado otro circulo por las montañas valencianas. Esas montañas olvidadas y despreciadas por los políticos que no hacen nada por cuidarlas y protegerlas. Esas mismas montañas que nos proporcionan el poco aire limpio que respiramos. Esas montañas que en otros tiempos nos abastecieron de leña y de hielo, de agua y de medicinas en las viejas boticas. En este país parece que las únicas montañas que cuentan son los Pirineos, y porque hacen frontera con Francia, que ya es Europa. Pues aquí también tenemos nuestros pequeños tesoros, nuestros rincones únicos, nuestros pequeños y bravos ríos. No es preciso compararnos con los Pirineos, pues ni podemos ni queremos. Pero salir a disfrutar de nuestras montañas es una recompensa incalculable, un tesoro para nuestras almas y nuestro bienestar.
Giro a la izquierda e inicio una pequeña bajada que pasa por las canteras y me ofrece otra visión, otra luz de estas pequeñas charcas. Sigo bajando hasta el desvío de Mas del Herrero que dejo a la derecha y allí mismo inicio la última subida del día. Las pilas ya están bajo mínimos y el sol castiga más la mente que el cuerpo, y cada pedalada parece una losa que cargar en esta última subida. 

Me apoyo, visualmente, en la pinada que cubre la falda norte del Castellano. Paso aquel letrero inverosímil que indica fuente del Ciruelejo, inverosímil porque la fuente no está indicada en ningún otro sitio excepto este letrero en mitad de este camino (y aquel otro diez Km. antes, abajo en el pueblo de Calles) y, por lo tanto, es inexistente a no ser para un zahorí. Parece, mejor dicho es, una broma de muy mal gusto. Poco después llego a la cima. Esta cima en la que he almorzado alguna vez y que deja la subida al cerro Castellano a mi izquierda, y unas vistas extraordinarias del valle hacia el pico del Remedio a mi derecha. 

Comienzo la bajada. A la derecha el camino del Castellano, sigo recto y remonto un pequeño repecho casi con la inercia de la bajada. Y ahora sí que es todo para abajo. 9 Km. de tremenda bajada que no había hecho nunca desde aquí arriba. Conozco el camino, el firme, las curvas, la gravilla, las pequeñas trampas de arena que hay. Solo un imprevisto me puede dar algún susto. Así que, con todos estos conocimientos me pongo en posición aerodinámica, suelto suspensiones, compruebo las calas… y me lanzo al abismo, que es lo que parece desde aquí arriba. Cojo velocidad de forma inmediata, toco freno para corregir la trazada antes de las curvas y no encontrarme con una derrapada que me descompense en mitad de la inclinada. La velocidad media de la ruta sube décima a décima. Los frenos sisean ante los contundentes y leves toques para controlar el avance descontrolado de la bici que no quiere cortapisas en su loco descenso. Menos mal que estoy yo para poner un poco de cabeza a esta bendita locura. La euforia y los golpes de adrenalina son tan brutales que difícilmente puedo retener el avance de la bici y casi me olvido de frenar, dejando rienda suelta a las enloquecidas ruedas. Soy casi como un mal padre que le consiente todo a su malcriado hijo. Pero no, la responsabilidad me obliga a seguir dando esos cortos toques de freno que me permiten la trazada que yo quiero al cambiar de rodera y pasar entre los montones de grava que se hacen en la mediana del camino. Antes de lo que pensaba estoy junto a la compostadora y se acaba el camino de tierra, llega el asfalto. La velocidad se duplica y la sonrisa ya es imposible quitármela de la cara. Está cincelada en mi alma. Curva a curva las frenadas se hacen más contundentes y las aceleraciones más bruscas, y así llego hasta el depósito de agua y en la siguiente curva al final de la bajada. Un “hiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiihaaaaaaaaaaaaa” sale de mi boca mientras doy pedales en lo que queda de bajada hasta el pueblo. En la recta pedalearé a casi 60 por hora presa de tanta euforia y regocijo. No solo por la bajada, sino por la ruta memorable que he tenido el privilegio de rodar. 



viernes, 20 de julio de 2012

Tres granitos de arena


Seguimos inmersos en la crisis. Tan inmersos que nos ahogamos. Con la prima de riesgo (esa gran desconocida, hasta hace poco más de un año y de la que ahora hablamos como si toda la vida hubiera desayunado con nosotros) en máximos históricos cada día, los nuevos (no los anunciados ayer, sino los nuevos de hoy) recortes, el interés de la financiación del estado disparada, la culpa de los funcionarios que vuelven a pagar parte del recorte, la sanidad se sigue recortando y negando intervenciones que ya estaban programadas, los indecentes dispendios en aviones de juguete en aeropuertos fantasmas mientras los incendios calcinan los pocos bosques que nos quedan y prenden un poco más la mecha del desaliento… y la Comunidad Valenciana pidiendo el rescate al estado. Y ahora aún vendrá alguien a decir que vamos a perder autogobierno… pues para que nos gobiernen como lo están y han estado haciendo, igual no es mala idea, tampoco nos iría mal si vinieran los alemanes a gobernarnos comparando sus cuentas y las nuestras. Mientras tanto por aquí, seguimos echando la culpa al gobierno por los recortes o al anterior por la ruinosa situación en la que nos dejaron, la bicefalia partidista al poder de sus líderes y enfrentando a los ciudadanos (que a veces somos más papistas que el papa y seguimos pensando que los unos son mejores que los otros, pero la mierda nos la estamos comiendo nosotros y no ellos), para impedir que actuemos contra ellos. Pensábamos que estábamos cerca de tocar fondo pero no, aún queda caída libre si no hacemos algo.

Europa y sus instituciones, o sea, los políticos de Europa, siguen sin hacer nada. En lugar de salvar un país antes de la quiebra es mejor hundirlo bien hundido para luego poner la pasta del rescate, que pagarán entre todos los ciudadanos, incluidos, o sobre todo, los propios rescatados, para que una vez más se la repartan entre ellos (los políticos y allegados). Y es que en Europa también hay políticos, también quieren salvar su puesto de trabajo con su sueldazo. Y seguimos consintiéndolo.
El clamor en Internet y en las calles es ensordecedor para todos menos para los políticos, ellos siguen a lo suyo como si no pasara nada. Son verdaderos autistas sociales, eso sí, un 7,1% más pobres que ayer, en solidaridad con los recortes que nos han metido. Que le quiten un 7.1% al salario de un mileurista y que se lo quiten a un senador con sus 37.000 del ala, claro al pobrecito le quitas más de lo que tú ganas, así que no nos quejemos. Si quitamos senadores, diputados autonómicos, concejales, alcaldes, secretarios y subsecretarios de… y les recortamos el sueldo a los que quedan, ya tenemos gran parte de los recortes que nos están imponiendo. Todo ello mientras inventamos una nueva clase política y la pasamos por la criba para sacar a tanta alimaña que se ha escondido en ese sector que está más podrido y es más corrupto que la propia banca. Ahora, y con la que está cayendo, van y se inventan lo del alto comisionado para la marca España, ja, una marca que no puede estar más devaluada, pero claro hay que pagar otro sueldazo y colocar a alguien que estaba fuera de la foto, si al menos al frente de esa marca pusieran a los deportistas españoles (que son los únicos que nos dan alegrías en los últimos tiempos) aún, pero poca cosa más.

Pues decía lo del clamor social porque estamos en unas semanas que parecen claves para todo este tinglado. Hace unos días se cumplía el 15 aniversario de la unidad de Ermua, aquella masiva presión social se desintegró en muchas pequeñas presiones que al final, los presionados (dígase terroristas, asesinos), pudieron eludir hasta que hace poco (esperemos que sea definitivo) han decidido una tregua.
Nos encontramos entonces ante un clamor que en mucho se asemeja al mayo del 68, tenemos que seguir presionando, moviendo cosas en Internet y en la calle, alzando la voz de forma firme pero pacífica en esta presión a la que estamos sometiéndonos a nosotros mismos más que a la clase gobernante, pues sino los caciques en el poder, volverán a darnos una lección magistral de autismo (y pasotismo) y se nos subirán a la chepa otros 15 años por lo menos, eso si no acaba como la primavera de Praga y nos envían a los cascos azules ahora que no están haciendo nada contra la represión en Siria, claro, allí no hay petróleo, y eso no es una guerra… sino veríamos enseguida algún rostro conocido gritando no a la guerra, a los pobres sirios que los mate tranquilamente su gobierno.

Las nuevas generaciones tienen el futuro y el ejemplo que les estamos dejando, o nos implicamos y les implicamos a ellos también o nos sentamos juntos a ver como esto se hunde.

¡¡¡Pongámonos en marcha todos los “Que se jodan” o los que podríamos estar a punto de serlo!!!

viernes, 6 de julio de 2012

Dos granitos de arena


Decía, con el primer granito de arena, que tenemos en Internet la más poderosa herramienta a nuestro alcance jamás concebida.

Desde este blog, creado para otra cosa, voy a ir elevando mi voz, mi pequeño susurro, para al menos no quedarme de brazos cruzados. 
He incluido a nueva gente en la lista de distribución, cosa que no había hecho hasta ahora para el cometido que tenía el blog de contar mis rutas de bicicleta. Pero con esta nueva faceta que pienso ir acometiendo de vez en cuando, sí que me he decidido a incluiros. Siento si me pongo pesado, solo tenéis que mandarlo a la papelera de reciclaje o mandarme un correo para que os quite de la lista de distribución, o simplemente pasar del enlace.

Seguimos oyendo noticias desalentadoras sobre corrupción y pelotazos mientras el país se desangra económicamente. Unos pegan palos a los fondos para las ONG’s mientras otros recortan medios para atajar incendios que luego nos cuestan más dinero que si lo hubiéramos apagado a tiempo; sin contar con el drama de aquellos que lo han perdido todo, incluida la vida, por hacer su trabajo mientras otros, desde la comodidad de un sillón, firman recortes para todos como si fueran en mismísimo Iniesta repartiendo helados. A propósito de Iniesta y las supuestas primas donadas y luego desmentidas: es cierto que cada uno puede hacer lo que quiera con su dinero… está claro que se lo han ganado, aunque con lo que ganan tampoco hubiera estado mal un gesto por parte de la selección hacia aquellos que más lo necesitan en este momento de crisis. Eso sí hubiera sido un acto de grandiosidad por parte de aquellos a los que en estos días consideramos como héroes. Eso si sería un acto de heroicidad. Pero claro, aquí cada uno mira por su bolsillo mientras pide unidad contra la crisis. No es lo mismo disponer de tu dinero, el que te has ganado en el campo, aunque sea algo exagerado, que ganártelo metiendo la mano en la saca común de las arcas del estado, comunidad, ayuntamiento o empresa pública.

Hoy leía una noticia sobre unos críos, bueno, críos de 13 años, que han matado a un señor que iba en coche, tirando piedras desde un puente. Recordemos que algunos de esos “críos” a esa tierna edad ya follan y luego se toman la píldora o abortan o matan a gente como en este caso… pero luego no tienen edad suficiente para exigirles responsabilidades penales. Pues leía, que la responsabilidad se la exigirán a los padres. No está mal la medida, eso es lo que reclamamos muchos, que se exijan responsabilidades, y si tienes hijos te encargas de ellos y los educas correctamente o no los tengas. Lo de hacerse mirar las leyes que incumben a los menores tampoco estaría de más.

Pues bien. Este tema lo saco como introducción; esto va de exigir responsabilidades a quienes la tienen en el ámbito que sea: político, económico, social, penal, etc.
A los dirigentes de Bankia, leía hoy que, también los van a procesar. Si ahí estiran de la manta veremos hasta donde llega eso. Igual algún presidente y expresidente preferirían que el tema se quede como está, pues uno tenía al enemigo en casa y el otro puso al gobernador del banco de España en la poltrona que, parece que, desgaste no tenía mucho, porque gobernar, lo que se dice gobernar…
Y claro, pensamos que no podemos hacer nada a tan alto nivel, que esas instituciones están muy por encima y lejos de nosotros; pero a nivel de la comunidad en la que vivimos sí que podemos. Tanto de comunidad autónoma como de comunidad de vecinos, es decir, ayuntamientos. Alcaldes y concejales que ponen obras en marcha para luego aparcarlas por falta de dinero, y volver a retomarlas meses después para reparar los daños que han hecho los bándalos… y volver a abandonar las obras, no sea que las acabemos y no podamos volver a cobrar ninguna comisión por esta obra que se está pasando de presupuesto. Llámese piscina municipal de Riba Roja o metro que no llega a pesar del fastuoso puente que se tenía que acabar con horas extras por la noche.

Igual podemos empezar por abajo, moviendo la silla de algún concejal y exigiendo al nuevo inquilino que la ocupe una labor transparente y al servicio de los ciudadanos. Y si no quieres trabajar por y para los vecinos no aceptes el cargo. Siempre habrá alguien dispuesto a hacerlo. Igual también, a pesar de mover alguna silla habría que pedir responsabilidades a quienes los han puesto ahí. ¿No son listas cerradas y creadas por los partidos políticos? Pues alguien en el escalón inmediatamente superior (llámese alcalde) tiene que tener alguna responsabilidad por haberlo nombrado, como concejal o como nº 2, y en el escalafón de más arriba también y así hasta la mismísima cúpula de cada uno de los partidos y de las instituciones. Pienso que necesitamos nuevas políticas, nuevos políticos y nuevas exigencias para ellos. Si empezamos desde abajo haciendo limpieza, igual los de arriba se ponen las pilas o acabamos limpiando de gentuza y de farsantes nuestras instituciones.
Y hablando de instituciones, hablando de gastos inútiles, hablando de recortes. ¿Qué ha pasado con aquello que nos vendieron, de suprimir ayuntamientos reunificando varios de ellos? ¿De suprimir instituciones duplicadas? Como decía en el anterior granito de arena ellos siguen salvando su puesto de trabajo, y nosotros seguimos permitiendo que nos quiten el nuestro.

Los diputados no asisten a muchas de las sesiones del congreso, y sin embargo tenemos diputados duplicados en las comunidades y en el congreso de los diputados en Madrid. Y luego el Senado. ¿Alguien sabe para qué sirve el senado? Si, para ratificar las leyes aprobadas por el congreso o para que estos las “retoquen” y las vuelvan a votar y se las manden otra vez… No, digo si de verdad alguien sabe para qué sirve. Aparte de que 266 congresistas se estén embolsando más de 37.000 euracos todos los meses, vamos, que mil euristas no son, aparte dietas, ordenadores e ipads, desplazamientos y traductoras. Si al final esta cámara está supeditada al congreso (y ya nos sobran diputados…) pues eso. Una moción para eliminar el senado igual tampoco estaba mal. No querían recortes, pues que den ejemplo, ahí van unos 120 millones de euros.

¡¡NO PASEMOS NI UNA MÁS!! ¡¡HAGAMOS QUE ESTO MEJORE!!