martes, 20 de diciembre de 2011

Losa-Bodegas Nuevo Mundo-Villar Arzobispo


Iba hoy a hacer una ruta que me llevaría a lo que hubiera sido la vuelta de aquella otra ruta entre Losa y la escalinata de Casinos. Aquel día la rueda trasera no aguantó más y desde la escalinata tuve verdaderos problemas para llegar a Losa por el carril bici junto a la CV 35. Hoy utilizaría aquel camino de regreso para ponerme en el inicio “real” de la ruta poco antes de llegar a Casinos. Con los montes de Zalagardos a mi derecha y el alto del Roquero a la izquierda compitiendo en altura, busco un paso elevado sobre la autovía, aunque aquí ya no lo es, y me pongo de frente a la Calderona cruzando sobre la rambla de Roig para encontrar poco después el paso elevado sobre la imponente rambla de Artaj.
Pegado a ella giro a la izquierda para remontar por el camino de las bodegas de Nuevo Mundo. Al poco dejo este camino internándome entre los cultivos de almendros principalmente para llegar al cruce de caminos sobre el que se asientan las bodegas de Tufaltaves.
Un conjunto de casas de piedra que tienen la belleza que otorga la armonía de su homogeneidad. Se ven abandonadas pero no aún en ruinas. El camino que sigue recto remonta hacia las bodegas de Gea justo a los pies del valle sur del alto de les Umbríes. A la izquierda el camino remonta la parte sur de este grandioso anfiteatro de montañas hacia las bodegas de Nuevo Mundo.
Al otro lado del alto bajaré hacia otro valle donde predominan los cultivos de olivera y vid. Las olivas se están recogiendo con los avanzados métodos de remover los árboles con un tractor que previamente rodea el árbol con una especie de paraguas invertido que recoge los frutos cuando estos son “vareados” por vibración. El milenario arte de ver a los agricultores varear las oliveras es cada vez más escaso, al menos allí donde pueden llegar con facilidad los tractores. Las viñas hace tiempo que perdieron sus hojas después de haber pasado por casi toda la variedad cromática entre el verde y el escarlata, ahora yacen en el suelo algunas aún conservando su último color rojizo antes de secarse para siempre jamás.
Las bodegas del Nuevo Mundo son un conjunto de casas que se arracima sobre un altozano encarado al sol en estas tierras frías de interior. Llego a la entrada de la aldea y recorro el camino que, por el otro lado baja hasta la rambla de Artaj y luego enlaza con la carretera que va desde Villar hasta Alcublas y que ya recorrí. Hoy no llego a bajar. Veo las ruinas en que está quedando el poblado y regreso con la tristeza de ver otro enclave histórico dejado al capricho de los vaivenes ambientales. Al menos todas estas aldeas o poblados tienen en común que no han sido tomados al asalto por gamberros y energúmenos que los han dejado llenos de pintadas e inmundicia, se les ve abandonados y vacíos, olvidados en el tiempo como si nunca hubieran existido. Desde aquí me dirijo guiado por el “Treki” hacia unos corrales también abandonados y que me darán paso a la bajada por donde cruzaré la rambla de Artaj, el puente pasa a ras del lecho de la rambla por lo que si ha habido lluvias recientemente es muy posible que quede por debajo del nivel del agua y puede ser peligroso aventurarse a cruzar.
Hoy el torrente se ve seco por completo y cruzo sin problemas. Luego cruzaré otra rambla de la Aceña, justo en el punto donde se une con la del Antigón que luego se denominará Rambla Castellana incluso después de recibir el caudal de la Rambla de Artaj, antes de entrar en Villar y ver el campanario recortando sobre la montaña que voy a subir.
Atravieso el pueblo pasando por el convento de las carmelitas donde giro a la derecha en subida y enlazar en la parte alta del pueblo con la ruta que me trajo desde Alcublas. Ahora entro en la cantera y tomo un nuevo camino. Enfilo la subida dejando a mi izquierda el cerro Castellar que poco a poco se lo va comiendo la cantera. Conforme voy subiendo empiezo a notar la fuerza del viento que, encajonado entre estas montañas bate las partes altas a su merced.
Ya arriba paso por la pista de despegue de parapentes. Es un salto suicida al vacío desde casi 700 metros de altitud. Alguna vez desde la carretera los he visto surcar el cielo y una vez, en la costa portuguesa los vi lanzarse con un viento similar al de hoy, en fin, cada uno ya tiene bastante cruz con lo suyo, y las bajadas a casi 60 Km/h. que a veces hacemos en bici tampoco dejan indiferente a aquellos que nos ven desde fuera. Hablando de cruces, la de Villar queda en la montaña de la izquierda pero es inaccesible desde este camino y no voy a volver atrás en busca del camino correcto cerca de la cantera. Hoy no… mañaaana. Continúo adelante para iniciar el descenso cuando la pantalla del GPS me muestra una iglesia en medio de la montaña a mi izquierda. No puede ser me digo, me adentro un poco entre los árboles para no ver nada mas que unos precarios refugios de cazadores y algo asomar entre la maleza. Por la altura y el lugar se debe de tratar de un V.G. Un poco antes había visto un camino destartalado internarse entre la maleza, así que me aventuro a seguir aquel rastro unos metros para llegar, efectivamente a un vértice y no a una iglesia o ermita.
La señal geodésica debe estar en desuso hace muchos años ya que no aparece en ningún mapa, pero el mojón ahí está para mi deleite. Tras la foto de rigor vuelvo al camino y emprendo la bajada hacia Losa por el camino que subí este verano junto al barranco de la cueva la Mora. Las piedras que siembras el camino no permiten lanzarse en ningún momento, ahora veo con más claridad porqué me costó tanto subir este camino.
La pena es paisaje tan árido sin apenas árboles y con poca y rala vegetación de monte. Bajo con precaución pero rápido hasta llegar a aquella rampa asfaltada que, literalmente, me precipita hasta el precioso enclave de la fuente de la Canaleta.
Desde allí voy en busca del paraje señalizado de fuente Pedro.
Después de subir una cuesta descomunal llego al final del camino sin encontrar ni fuente ni señales que indiquen por donde se va. Es la estúpida manía de indicar de forma aleatoria y arbitraria donde y cuando les parece, a los responsables de colocar la señalética, así como no indicar nunca a qué distancia está el lugar referido. Con un calentón del 7 y sin fuente, me bajo para llegar a la puerta de la piscina que es donde aguarda el grandote esperando pacientemente mi regreso. Vamos a casa que a falta de fuente mejor es cerveza.




TRACK DE LA RUTA: http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=2368519

lunes, 19 de diciembre de 2011

Calles-Alcotas-Ermita Remedio Chelva

Por fin las ansiadas vacaciones me ponían nuevamente a los pies de las montañas. Los Serranos volverían a envolver mis rodadas durantes la próxima semana, y cada uno de los caminos, los que iba a recorrer y los que no, resonarían en mi memoria con las palabras que solía decirme mi madre: camino que ves allá que vas. Así que todos esos caminos se los iba a dedicar a ella. Pero vamos a empezar.

La primera ruta la inicio temprano el mismo lunes, no sea que se enfríen las piernas y luego duela más. Subo hacia la base del pico Castellano. No me entretendré mucho en esta subida ya de sobra conocida y explicada en muchas otras rutas, por ejemplo en la del Mas del Herrero http://bikepedalvalencia.blogspot.com/2009/08/calles-agosto09.html Los 0 grados al inicio de la ruta hacen que encuentre algunos charcos helados en la zona sombría de la subida, pero el calor del esfuerzo ahuyenta rápidamente el frío. El viento del norte y oeste despeja la atmosfera de forma que me permite ver el mar y todas las montañas que tanto nos gusta ver y ubicar. El Montgó, el Montdúver, la serra de les Rabosses, la Calderona, el Ropé, el Negrete, el Tejo, el pico Ranera, etc. Por desgracia la cumbre de la montaña que subimos el sábado, el Benicadell, no puedo distinguirlo o bien está tapado por la mole de la sierra de Enmedio. 
El pico Castellano se muestra a mi derecha pidiéndome un poquito de cañita por el camino que veo encaramarse a su cumbre en lugar de rodearlo como hice la vez anterior, pero hoy no podrá ser. El pico Remedio queda a mi izquierda, al otro lado del valle en el cual que esconde la peña cortada.
Inicio la bajada hacia mi primer objetivo del día. Antes habré dejado atrás el desvío del Mas del Herrero y las pozas de las canteras. En el anterior desvío he tomado ha la izquierda para llegar a la Hoya de Antaño. Este verano pasado tomé el desvío a la derecha para ir hacia Higueruelas. El conjunto de casas está en ruinas pero aun así muestra una exquisita sobriedad que se desmorona en el valle con el olvido del tiempo y la soledad que atribuimos a la falta de presencia humana. 
Rodeo la aldea para encontrar un camino bastante machacado pero que se puede ciclar tirando, a veces, de un poco de potencia. Se irá complicando conforme se acerca a la cumbre aunque sigue pudiéndose subir. Piedras de canto surgen del suelo como setas y ponen en peligro la conquista de la cumbre sin poner pie a tierra.
Tirar de potencia y encontrar la trazada correcta a la vez es algo complicado, pero la cercanía de la cumbre me insufla fuerzas para continuar. Ya oigo las aspas de los molinos blandiendo cual espada de Damocles junto a los enormes mástiles, e imagino la corriente eléctrica corriendo a toda velocidad empujada por la fuerza del viento. Estas montañas se han ido poblando de molinos eólicos en los últimos años a un ritmo vertiginoso. Desde Riba Roja se ven estas montañas jalonadas de molinos cuando hace unos pocos años apenas se distinguían un puñado. Si la reforestación tuviera tantas subvenciones como este negocio de la electricidad gratis tendríamos unos bosques magníficos. Los árboles en las montañas no tienen interés político, pero las flores en los puentes si. Llego a la caseta de telecomunicaciones y continúo subiendo para llegar a la cumbre de esta loma que aloja un V.G.  Curiosamente con tanta electricidad y las pilas del GPS se han agotado y no he traído el cargador.
Después de las fotos y el almuerzo cambio las pilas para continuar ruta. Desciendo hacia la derecha y el “Treki” me guía por los innumerables caminos que surgen a un lado y otro para llevarme hacia el caserío de Alcotas. Inicio una bajada casi intransitable, ni siquiera con la pendiente a favor, que deja la subida hacia la cumbre a la altura de una autopista. Es una locura. El camino del collado de Cavas es una trampa de piedras, baches, socavones, y roderas que hacen de la bajada un autentico ejercicio de cómo templar los nervios y mantener la concentración para escoger la trazada menos mala entre las peores posibles.
Veo la aldea antes de llegar abajo en el fondo del valle y con otro parque eólico en las montañas de atrás. Llego al  cruce de caminos y giro a la derecha por el camino de Valseco que coincide con el GR 7. Poco después llego a la aldea que no tiene mucho que visitar. Llego hasta la plaza para ver la puerta de la iglesia y retrocedo para tomar un camino a la izquierda que baja hasta una fuente junto a la rambla en un giro muy pronunciado a la izquierda.
Llego hasta la plaza para ver la puerta de la iglesia y retrocedo para tomar un camino a la izquierda que baja hasta una fuente junto a la rambla en un giro muy pronunciado a la izquierda. 
Sigo este camino principal para llegar al fondo del valle, la aldea queda atrás sobre el altozano, y los molinos de donde vengo vuelven a ser visibles. Sigo el camino hacia la aldea de Ahillas para pasar antes por el Caserío de Mas de Aliaga. Un par de casas en diferente estado de abandono a cada lado del camino y una pequeña iglesia. Esta es casi la zona más al norte de la ruta, toca retroceder para ir hacia Chelva.
El camino llega a un desvío en la Era Toré, que tomándolo a la derecha lleva a Ahillas, de hecho la aldea no queda muy lejos pero no quiero volver por la carretera por más que no tenga tráfico, prefiero ir todo lo posible por el monte, por los caminos y por mi terreno, ya tendré bastante carretera luego. 
En cambio sigo el camino a la izquierda que se adentra en un extenso pinar con claros síntomas de defoliación por el ataque de la procesionaria del pino. Hay amplias bolsas de pinos con sus hojas totalmente secas, no sé si también lo estarán los árboles y serán del todo irrecuperables: entre la procesionaria, los incendios, las canteras, y la tala para hacer “parches” eólicos: y digo parches porque, una vez afeada una montaña igual se podría aprovechar más el espacio y poner más molinos antes de ir a por otra montaña ¿no?, pero bueno, que lo expliquen los técnicos, cada vez nos queda menos bosque a los que agarrarnos. La aldea de Ahillas tiene un aire bohemio por ser lugar elegido por diversos artistas para vivir y crear allí sus obras, de todas formas hoy contemplo la aldea de lejos, ya buscaré una ruta para acercarme hasta allí. El camino se dirige hacia la carretera que baja a Chelva. Llego a la carretera y veo una enorme recta en un sentido y otro. La tomo de subida hacia la izquierda para llegar al collado de las Granzas, allí a la derecha encuentro el camino que llega a la pista del abandonado aeródromo.
A diferencia del alto de Benagueber este está en completo abandono, y la vegetación de monte bajo a dejado la pista reducida a la mínima expresión, concretamente a la zona que mantiene abierta el esporádico paso de algún coche o vehículo forestal. No hay mucho más que ver así que me dejo caer hacia la ermita del Remedio en donde quiero subir a la cruz. En este pequeño tramo pararé en el arcén para admirar la panorámica que he ido dejando atrás en esta ruta.


Junto al parking de arriba hay un caminito que sube hacia la izquierda para llegar a un promontorio donde se planta una imponente cruz desde la que buscando un poco de perspectiva permite encuadrar dentro de la misma foto la propia cruz y la cumbre de la montaña rematada con la torre musulmana y el observatorio.

Ya de bajada me acerco a ver unos pequeños merenderos cubiertos que miran hacia la ermita. Tras la visita llego otra vez a la carretera y emprendo la colosal bajada. A pesar de ser carretera no es la primera vez que la voy a bajar en bicicleta: http://rodaipedal.blogspot.com/2009/01/crnica-por-el-tuejar-al-remedio.html Ya sé que no hay apenas tráfico y con la velocidad ningún coche me podrá adelantar. Apuro frenos en cada curva pues la inercia me empuja hacia afuera y tengo que tensar las manetas casi hasta blocar las ruedas. No llego hasta ese extremo pero casi. Trazo, curveo, me lanzo y me levanto al llegar a las curvas para presentar resistencia al viento y al avance y maximizar así la acción de la frenada. La sonrisa no se desdibuja de mis labios ni siquiera una vez llegado al pueblo. El recuerdo de la bajada aún perdurará un buen rato en mi memoria.
A primera hora de la tarde no me encuentro con nadie mientras cruzo el pueblo así que me aventuro a llegar a Calles por la carretera. El ancho arcén y los escasos 5Km. de carretera bajando me permiten una velocidad y una seguridad que me hacen escoger este final de ruta en lugar de bajar hacia el río Tuejar y subir hacia la ermita de san Cristóbal para llegar a Calles por la parte de la bodega. En fin, a veces pienso en aquello de la doble moral cuando hago estos tramos de carretera, pero al fin y al cabo es mi elección. No me gusta pero a veces es mejor la enfermedad que el remedio. Cierro la ruta con un rápido recuerdo de los caminos transitados y las soberbias vistas de las que he disfrutado en todo momento. Ya estoy pensando en otra ruta que me lleve, esta vez sí, hasta Ahillas y me dé otra oportunidad de disfrutar esta brutal bajada. Termino la ruta como siempre ante una cerveza preludio de una ducha calentita que me prepare para afrontar la ruta de mañana. 




TRACK DE LA RUTA: http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=2368484

martes, 11 de octubre de 2011

Riba Roja-Cueva Turche (Buñol)

Después de algunas semanas sin hacer salidas de entre semana (desde las vacaciones no había hecho aún una ruta), tan solo alguna salida rápida para no perder tono muscular. Incluso con varios sábados faltando a la salida semanal de Roda i Pedal, estaba que me subía por las paredes. Esta semana volvía a tener problemas para organizar una de esas rutas que me organizo y tenía que salir martes o aplazar otra semana. Así que de prisa y corriendo planee una ruta para ir desde Riba Roja a Buñol y conocer la Cueva del Turche. El martes salgo del trabajo por la mañana y llego a casa para coger la bici e iniciar los más de 75Km. planeados. Hago tiempo con los estiramientos para salir con luz de día y dejar que el fresco ambiente de primerísima hora de la mañana gane un par de grados y evitar salir con una manguita que seguro que más tarde me molestaría. Empiezo a pedalear con el fresquito rodeándome la piel en las zonas de sombra, al sol se está bien. Ya a partir de Porxinos rodaré con la compañía del astro solar. Luego hacia Pozalet y hacia el camino que, por dentro del barranc del Poll, se dirige hacia Cheste.
Este camino dentro del barranco es una zona que me gusta. Evitas la carretera y notas el contacto de los caminos bajo las gomas. Al llegar a la carretera en lugar de dirigirme hacia el pueblo me voy a la izquierda hacia el polígono industrial. Bordeando el polígono llego al puente que cruza la A-3 y las vías del AVE.
A partir de aquí el camino es un constante zigzagueo entre los campos de cultivo alternando el asfalto y la tierra y teniendo que cruzar el barranco de Pelos. Tengo que dirigirme hacia MiraValencia pero me siento más perdido que una cabra en un garaje. Normal, el track queda, en la pantalla del GPS a un mundo de distancia. No sé exactamente donde ha sido pero me he desviado y empiezo un recorrido extra para volver hasta la ruta marcada. Por consiguiente no tocaré casi ningún tramo de camino conocido. Intento llegar a aquel paraje tan bonito cerca de MiraValencia pero me siento perdido.
En la carretera de Godelleta giro a la derecha y paso junto a la urbanización Farandola para meterme luego en la montaña y hacer una subida, bueno, un rampa bastante dura antes de llegar a la carretera. Bordeo MiraValencia desde el norte hacia el este sur-este. Los molinos eólicos de Buñol y la cementera queda a mi derecha. Luego me vuelvo a salir de track y llego hasta la carretera de Godelleta. Es una carretera estrecha y sin tráfico, y cansado de dar vueltas como un pollo sin cabeza decido hacer el tramo que me queda casi hasta Buñol por esta carretera. No me equivoco en lo de poco tráfico y tan solo me encontraré con un coche en todo este trayecto que además es, en gran medida, de bajada. Tras la bajada en zigzag tomo un camino a la izquierda que se adentra hacia la colina de las antenas.  
Le daré toda la vuelta para encontrar al otro lado una bonita y cercana vista del Motrotón, el flan que llamamos nosotros, y la cueva del Turche. Enseguida el camino se convierte en una senda, lo suficientemente ancha para poder ciclarla sin problemas pero no para que permita el paso de coches. 
En este sentido ascendente hay un tramo que hay que subirlo a pie porque el desnivel es imposible de ciclar, pero se supera sin mayor dificultad.
Ya tengo Buñol a mis pies y la balsa del parque del Planell azulea la verde pinada. Tras el pueblo las canteras que se comen la montaña y los molinos, se hacen omnipresentes a la vista contribuyendo, junto con la enorme cementera, a afear el paisaje. Un túnel bajo la carretera que he abandonado al otro lado de la montaña, me lleva directo al corazón del parque. Una enorme y preciosa arboleda donde al final encuentro el lago. Las anátidas, peces y anfibios están ampliamente representados así como basura de diversa índole proveniente de la familia de los “homus cochinus” (no buscar en el diccionario).  
Tras la visita, las fotos y respirar un poco de mal olor del agua estancada del lago, pongo rumbo al interior del pueblo para girar a la izquierda y bajar por la carretera hacia Alborache. Cruzo el río Buñol y poco después el río Chico, que se llama río Juanes hasta el charco de las Palomas, para encontrar la señal, a la derecha, que indica Turche. Antes de bajar hacia allí veo la señal del charco Mañán y decido hacer una visita si no está muy lejos; que digo yo que una vez encargada la señal indicar 1 ó 3 Km. costaría muy poco, pero no hay manera, es mejor aventurar al incauto a recorrer los inescrutables caminos de montaña. Y si no que no venga, o que venga en coche. Empiezo a subir, a subir a subir… hasta llegar a una gran balsa. No hay indicativo que diga que es esto, así que le pregunto al valiente que se está bañando en estas cristalinas y frías aguas.  
El día es caluroso para estar a mediados de octubre, pero la temperatura del agua es más para bebérsela que  para bañarse. El caso es que me indica que es más para arriba. Así que tras un pequeño desvío hasta la puerta de la masía de enfrente sigo subiendo. Y subiendo. La rampa es portentosa y me obliga a meterlo todo y bloquearlo todo. Subo pensando que porqué me tiene que pegar siempre por buscar sitios que están en lo alto de las montañas o en el fondo de los valles, luego hay que volver a subir. Ya casi arrepintiéndome de haberme embarcado en esta aventura que no sé lo lejos que me llevará veo un cartel que indica mirador, luego otro que indica Cueva de las Palomas y charco Mañán, sigo subiendo y otro de Cueva de las Palomas y en dirección contraria Turche, pero la señal del charco Mañán ha desaparecido del mapa, de las indicaciones y del mundo. El camino se acaba y sale una sendita que a los pocos metros me deja frente a unas pozas horadadas en la roca por la acción del agua y el tiempo. He llegado, por fin, a no sé dónde. El paisaje es precioso. 
Los peces se asoman a la superficie de un agua verde azulada, mitad efecto de los reflejos arbóreo-celestes y mitad de la poca oxigenación de unas pozas poco renovadas y con vida animal y vegetal. La montaña forma una garganta que se pierde hacia el interior de la misma. Luego emprendo la rápida bajada hacia Turche. Abajo, junto al río, el camino pierde el asfalto y pasa junto al monstruoso esqueleto de una fábrica o de un almacén o algo similar. Quizá una antigua papelera. La arboleda se convierte, poco a poco, en un espeso bosque que se adentra remontando el río. A ambos lados del río las laderas comienzan a escarparse y a cobrar altura. Estoy entrando en una garganta donde el silencio y el paisaje comprimen la razón y crean una atmosfera claustrofóbicamente inquietante. El camino pasa un pequeño puente sobre el río y de repente asomo a una enorme plaza, un cráter escavado en medio de la montaña, un hoyo, una fosa con una única entrada y salida surcada por el río. Bueno, exactamente con una salida, la entrada la hace el río desde lo alto de la montaña precipitándose en una cascada, ahora seca, de unos 20 metros. O incluso, siendo más exacto, diría que el río entra hasta la poza filtrándose a través de la montaña. El espectáculo es apabullante. 
De una belleza delicada y frágil en la cual me muevo a cámara lenta aún impactado por el golpe visual. La inquietante claustrofobia ha desaparecido de repente. Ahora observo a mi alrededor como un alud de colores se posicionan firmemente a mi alrededor. A mi izquierda la ladera se pinta de un verde intenso, remarcado aún más por la sombra de primeras horas de esta tarde otoñal. El propio otoño se desnuda ante mí cubriendo el suelo de miríadas de hojas, en una lluvia de confeti natural aún efímeramente vivo. A la derecha el sol golpea la roca desnuda y la pinada y monte bajo que cubre esa ladera. 
Y en el centro el lago refleja mitad sol y mitad sombra de la pared por la que algún día volverá a correr el agua. Aún estoy pasmado de asombro e intento asimilar un paraje tan maravilloso, desconocido y cercano a casa. Me siento en uno de los bancos a comer sin dejar de mirar a mi alrededor aún incrédulo. Es, sin lugar a dudas uno de los paisajes que más me ha impresionado. Por lo inesperado. Es como contemplar una miniatura, una maqueta a escala pero con los detalles a tamaño real. Solo el goteo del agua que suda de la montaña y el frufrú de las hojas deslizándose y rozando con otras al caer al suelo, rompe el silencio. Es el mejor momento para llamar a Teba y felicitarla por su cumple, no había mejor sitio desde donde llamar y la felicitación suena amplificada por la grandiosidad del lugar. ¡¡¡ Felicidades cari !!!
Tras la comida y una brevísima siesta emprendo la vuelta, no sin antes prometerle a este maravilloso lugar que volveré con la caballería al completo. Inicio el tramo de carretera que entra al pueblo y me interno en este buscando la compañía del río Buñol hasta llegar a la ermita y fuente de San Luis. 
Un bonito enclave que me sitúa al inicio del paseo fluvial. Luego remonto perdiéndome en el entramado angosto y tortuoso del centro del pueblo hasta desesperar de frustración.  Por fin localizo la carretera principal que cruza el pueblo dejando el castillo a la izquierda y salgo en dirección a la ciudad deportiva del Levante y hacia el polígono industrial al este del pueblo y paralelo a la A-3. Cruzo entre las fábricas con un inequívoco aroma a pollo asado, si, tal cual. Mi obsesión con este manjar no me está jugando una mala pasada, así que a las puertas de la fábrica de alimentos preparados acelero el paso para no meterme dentro con la bici y todo. Encuentro un camino de tierra que se adentra entre vides que ya han entregado sus uvas. 
A la derecha, una línea de  montañas cubiertas de pinos, recuerdan lo que en algún tiempo sería la sierra de los bosques al otro lado de la autovía, por allí por donde hoy están los molinos de viento. Desde aquí a Chiva, que se asoma allí delante es un suspiro. Entro dentro del pueblo y llego hasta la fuente de los caños para recargar otra vez agua. Desde la cueva del Turche hasta aquí he dejado la camel temblando y de recargar no llegaré a casa con agua suficiente. El cansancio empieza a pasar factura y ya no sé cómo sentarme, ni como pedalear ni de dónde coger el manillar. Total ya solo me quedan 20 Km. El conocido camino hasta Cheste que regala pequeños tramos de bajada pero sobre todo un buen terreno rodador, lo agradezco como pocas veces, bueno, el día que vine desde Requena también lo agradecí. Y el día de … Después de Cheste me planteo la conveniencia o no de seguir por la carretera, por la facilidad de tránsito que ofrece el asfalto pero renegando de mis principios bikers, o meterme por el camino del barranco dejando intactos mis principios pero exigiéndole un mayor desgaste a la maltrecha musculatura. Así que dándome ejemplo a mí mismo gana la segundo opción y le meto más madera a los músculos aparte de un repaso general a las suspensiones. A la salida del barranco busco la vuelta hacia Pozalet y luego a la izquierda para llegar al camino de Cheste por el campo de tiro, luego Porxinos y ya estoy en la entrada de Riba Roja. Desgranando los últimos metros hasta casa voy pensando en que la ruta ha resultado demasiado larga (84Km.) y mucho más dura de lo que parecía a priori. Aunque solo la cueva del Turche compensa de sobra todo el cansancio, buscaré una ruta más corta para la visita con el grupo y poder así dedicarle más tiempo al idílico lugar. Ya estoy  saboreando la cerveza fresquita que me voy a calzar antes de quitarme el casco en cuanto llegue a casa. Nos vemos pronto en otra ruta.