jueves, 11 de agosto de 2011

Calles-Alcublas-Calles


Por fin llegaban las vacaciones. Los 20 días en Calles prometían emociones fuertes desde el primer día. No en vano el planning de rutas estaba más apretado que la goma del bañador, así que tocaba darlo un poco de sí a golpe de subidas. 
Así que la primera ruta era de aquellas de desentumecer los largos meses de trabajo y tensiones acumuladas. Nada de bromas y la ruta más dura al principio, así todo lo que venga después ya será de puras vacaciones.
Minutos antes de las 8 de la mañana salgo de casa para encarar la temida subida de Saletas; realmente no es esta la peor subida, lo que más respeto me inspira es la siguiente subida hacia fuente Solaz, esa subida de tierra que, las dos veces anteriores que la subí, aprisionaba las ruedas entre la gravilla y la tierra para no dejarme avanzar ante sus imponentes porcentajes.

Inicio la recta que pasa entre unos viñedos de Vegamar y que pica hacia arriba, de forma suave y moderada pero sin pausa. El Sol aún no despunta por encima de las montañas y cuando lo hace me aproximo a las lomas cercanas para volver a ocultarme de él; es como el juego del escondite que acabará ganando por goleada. Llegado al depósito de agua la rampa no ofrece dudas sobre sus intenciones y el cartel del 12% de desnivel lo dice todo. El asfalto, sin embargo, facilita la labor y con todo bloqueado y arrastrando el desarrollo, aquí ya no tengo fuelle para molinillos, voy subiendo sin prisa pero sin pausa.
Fuente la Losa me recibe con un abrazo de frescor entre los eucaliptos y el chorro de agua que se escapa de la fuente y me invita a hacer una parada para refrescarme. Continúo subiendo una vez aligerado peso de la mochila en forma de barrita, así que a pedalear con ganas el resto de la subida que se asoma al cada vez más alto barranco. No tardan en ofrecerse las inmensas vistas tantas veces contempladas pero tantas veces inacabadas ante la magnitud del soberbio panorama. De vez en cuando pienso aquello de “sube las rodillas” para ayudar en cada pedalada con el movimiento de subida, la verdad es que funciona, y cuando lo pongo en práctica noto como avanzo un poquito más rápido, o más fresco, o más suelto, el problema está en que aún no tengo esto como un hábito y cuesta más proponérselo que hacerlo, pero en ello estamos. Llego arriba de Saletas y es cuando me entra el canguelo, ahora viene la peor parte para mí. El camino de tierra. Para mi sorpresa, perdón, para mi gozo, compruebo que han arreglado el camino, la trampa de graba a desaparecido y ahora el firme presenta una solidez y uniformidad digna del mejor camino. Es una bendición afrontar los siguientes 6Km. de desniveles del 10% con este tipo de firme, solo espero que esto dure toda la subida. Mientras tanto disfruto del momento y sigo “subiendo rodilla”. En este tramo del camino las vistas se disparan exponencialmente por cada metro subido.
El cortado del embalse de Loriguilla se recorta en la montaña de enfrente allá por las Marianetas, justo delante del Pico Ropé y detrás del alto de Saletas. Recuerdo lo imponente de aquel precipicio aún con un escalofrío en el cuerpo. Por delante de estas rocas recortadas, la caída de agua de la cola de caballo se precipita hasta el lecho del Turia para ir llenando el embalse. Sigo subiendo por el reseco camino junto a pequeñas plantaciones de jóvenes pinos que si les dejamos cubrirán estas desnudas laderas y darán sombra al camino. Ahora lo único que hay es un suave aroma a romeros resecos y alguna huella de vida salvaje que intento esquivar bajo mis ruedas. Llego arriba y me dirijo hacia el desvío del Castellano a la derecha y Chelva al frente. Sigo recto hacia Chelva e Higueruelas y emprendo la bajada. El camino abre sus vistas hacia el pico Remedio al otro lado del valle que guarda la Peña Cortada. Las zonas arboladas cada vez se hacen más extensas en este lado norte de la sierra y los bosques de pino cubren las montañas. En la bajada dejo atrás el desvío hacia Chelva por el Mas del Herrero y comienzo la parte nueva de la ruta.
Termino la bajada en una abandonada cantera, que cubre el fondo de la pedrera con lagunas color turquesa y paredes de arenisca rojiza surcadas por los profundos surcos que labra el agua en su descenso a las profundidades. Sigo camino y dejo a mi izquierda el desvío a fuente Madrid, la bajada, en peor estado que el anterior tramo de camino, me deja de bruces contra los mudos muros de la Hoya de Antaño.
Este añejo y viejo vestigio del pasado contrasta con la insolente modernidad que culmina las cumbres de las montañas de detrás, dotando al cuadro de un contraste surrealista: los viejos muros de piedra contra la más ultramoderna tecnología para producir energía. Decenas de molinos eólicos se yerguen en el aire a la caza de una brisa para ponerse en marcha; para nutrir nuestras vidas de lo que creemos esencial para subsistir, de aquello que hemos convertido en una necesidad, cambiando la fisonomía de las montañas en los últimos años tanto como lo cambiaron, hace unas décadas, las primeras urbanizaciones que abrieron la veda. Hoy seguimos haciendo lo mismo pero de distinta forma bajo la bandera del bien común. Despojamos a los pueblos de su patrimonio paisajístico para poder tener donde cargar el móvil o el ordenador, yo el primero, aunque también sería el primero en renunciar a muchos de esos caprichos por poder seguir paseando mis rueditas por estas montañas vírgenes. Giro a la derecha y continúo bajando hacia Higueruelas ya en suave descenso y dejando atrás, con la velocidad de la bajada, los oscuros pensamientos y preocupaciones, lo que hay es lo que hay.
Ya a la vista del pueblo una bifurcación indica una zona de acampada y la fuente de Ladrón a escasos 400 metros. Decido que puede ser un entorno apropiado para almorzar antes de seguir ruta. Un fuerte descenso me deja en una zona de chopos junto a una fuente y unas mesas de madera. Despojado del casco y demás indumentaria auxiliar casi me meto en la fresca agua para refrigerar del calido día que me acompaña. Gozo de un tranquilo y solitario almuerzo a la sombra de los enormes árboles antes de ascender la bonita rampa que me he metido sin tenerla en el guión.
Antes de entrar al pueblo paso un puente sobre una rambla, una fuente a la izquierda y la enorme cruz que preside la montaña detrás del pueblo. Luego cruzo el pueblo y salgo por el camino junto a la fuente del Olmo para meterme en el camino de las canteras, que me dejará a los pies de los molinos eólicos de la zona norte del pueblo, allá por el Cerro Simón. Es por esta zona donde dejo de subir hacia el norte y enfilo al este hacia Alcublas. La solana es tremenda, pero la brisa se encarga de refrescar la terrible sudada que llevo encima; de ser hoy un día de poniente lo estaría pasando mal ya que en cuanto sales de las zonas de brisa el aire se estanca, pero al menos no es caliente, y eso lo digo yo que me encantan los días de poniente, pero para ir en bici mejor que no. Sumido en estos pensamientos de gloriosa aleluya por la climatología de este día me dejo caer por una carreterita hacia un fantasmal pueblo cruzado por la negra carretera. El pueblo parece un fantasma, las casas se alinean en fila a ambos lados de la línea asfaltada.
No solo es que no se ve un alma, es que no hay ningún signo de actividad: ni vida, ni personas, ni animales, ni plantas, ni siquiera un hierbajo o un coche, por no haber no hay ni antenas en los tejados, todo un record. Es la nada más absoluta enlatada entre paredes. Recorro toda la calle para salir por el otro lado y comprobar en el cartel de la carretera que realmente son las bodegas de Pardanchinos, si no lo veo no lo creo. Lo más llamativo del pueblo es la plaza de la fuente, una placeta de suelo redondo y empedrado como una antigua era, o tal vez lo fuera, con una fuente y una casa en la esquina con un reloj de sol. De allí sale un camino que cruza la rambla Artaj y lleva a Alcublas, primero por camino de tierra entre la montaña y luego a través de cultivos de vides y almendros hasta llegar al último tramo asfaltado y que conecta con la carretera de Andilla a Alcublas. Justo antes de llegar a este cruce tengo el primer contacto visual con mi objetivo de hoy. Realmente no llegaré a subir a los molinos ya que me queda toda la vuelta y preveo que llegaré justito de fuerzas a casa, así que me ahorro el esfuerzo de una subida, aunque por ganas de subir a los molinos no será.
A la entrada del pueblo hay un área de recreo con un paellero y frescas sombras donde puedo descansar un poco del tórrido sol que me castiga. Atravieso el pueblo para ir hacia la carretera de Sacañet y la cueva Santa. A los pocos metros de salir del casco urbano me topo con lo que es el lugar elegido para finalizar la parte de ida de la ruta y parar a comer.
Las ermitas de santa Bárbara y san Agustín. La suerte quiere que estén hoy precisamente desbrozando los alrededores y el insoportable ruido de las máquinas me aleja unos metros más arriba junto al depósito de agua del pueblo donde unos bancos a la sombra de pinos, me servirán de refugio y acomodo para la comida y una pequeña siesta interrumpida por el estruendo que antecede al bando municipal. ¡¡Coño!! esto parece Riba Roja. Es increíble que los ayuntamientos fomenten la contaminación acústica de esta ensordecedora forma. No voy a entrar a juzgar la música que ponen, eso es harina de otro costal y para gustos colores… o artistas o llámale x. Pero poner la música, antes de anunciar las cosas más peregrinas, con un volumen digno del FIB e interrumpir el descanso o la vida cotidiana de la gente de esta atronadora manera me parece, no solamente escandaloso sino, increíble e incluso denunciable. Pero esto no es, ni invasión de la intimidad ni intrusión en el derecho al descanso ni nada por el estilo. Este podría ser el momento protesta de hoy, al menos hasta ahora. Tras la comida me pongo en marcha para volver por donde he venido, salir del pueblo y alejarme carretera abajo hasta llegar al cruce que esta vez tomaré a la izquierda dejando la carretera de Andilla. El tramo que he hecho desde el pueblo hasta aquí veo, por la velocidad que llevaba, que picaba hacia abajo, no de forma escandalosa pero si constante. Ahora esa pendiente se incrementa un puntito y salvo algún pequeño repecho volaré hacia abajo hasta poco antes de llegar a Villar del Arzobispo. Por el camino dejaré atrás nuevamente la rambla de Artaj y a mi izquierda el alto de las Umbrías, justo detrás de esta mole se cobijan las bodegas de Gea, aquel poblado también en ruinas que visité en la ruta http://bikepedalvalencia.blogspot.com/2011/02/sant-vicent-bodegas-de-gea.html Casi enseguida veo a mi derecha una singular construcción que desde lejos llama la atención con sus cúpulas.
Me acerco hasta esta casa para admirar su peculiar y llamativa arquitectura rematada con espectacular “trencadis” y arábicas arcadas.
Continúo hasta llegar a Villar, cruzar la rambla e ir hacia la casa de Icona antes de meterme en la zona de las canteras. Y yo que me quejaba de que en Riba Roja hay cuatro o cinco canteras… aquí hay dos pueblos metidos en una cantera. Entre Villar e Higueruelas no se puede decir que haya muchas canteras… ¡¡es que no hay otra cosa!! Se han comido las montañas o están en ello.
Entre incendios, canteras, molinos y urbanizaciones la naturaleza será lo que quede en los libros o lo que diga Google. Amen. Voy como loco buscando una fuente para reponer agua ya que no quiero meterme en la subida hacia Saletas con medio depósito; preveo, por el calor que hace que voy a necesitar bastante agua. Estas canteras presentan también lagunas en el fondo de las zonas que ya no se explotan, pero a diferencia de las otras canteras estas siguen en activo. Salgo de aquí para conectar con el camino que baja hacia Verche, luego a la derecha y conecto con el camino que sube hacia Saletas.
Entro en la zona de rompepiernas que me llevará a subir y bajar laderas de forma continua hasta la compostadora. Siempre picando hacia arriba y por un firme que se irá estropeando hasta llegar a su peor parte allá en la subida que cruza el barranco del Agua Salada. Desde aquí ya se divisa el alto de Saletas y por tanto ya huelo la bajada final. El último esfuerzo para llegar hasta allí sale de unas fuerzas que ya no tengo, pero que recuperaré con la cerveza fresquita que pienso calzarme, al llegar a casa, sin siquiera bajar de la bici. Antes de eso toco el asfalto en el último metro de subida y me lanzo 5 Km. hacia abajo en una bajada de 5 minutos para recorrer lo que esta mañana me constó 40 largos minutos de sufrimiento. Llego a casa repleto de recuerdos y sensaciones, henchido de placer y satisfacción por haber culminado estos 79 Km. que marca el velocímetro y aún con la euforia de la velocidad dibujada en la cara. Mañana no pienso salir, pero pasado mañana otra nueva aventura, me va a faltar tiempo para contarlas.





TRACK DE LA RUTA: http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=1995227


martes, 26 de julio de 2011

RibaRoja-Bugarra-Fuente la Zorra

Ya hace tiempo que iba buscando una fuente llamada fuente la Zorra, por Pedralba o quizá ya termino de Bugarra, pero no es eso lo importante. Es una de aquellas fuentes que íbamos a recoger agua con el 850. Allí tuve una de esas desagradables experiencias que avergüenzan a un niño pequeño, cuando, jugando con mi hermano me caí al río en pleno invierno: las burlas me acompañaron durante una buena temporada, pero lo peor es que venía un vecino de aquellos que llevan la guasa por bandera y que no me caía demasiado bien.
A parte de aquel trágico, en aquel entonces, incidente, era un sitio del que guardaba un buen recuerdo, pues era uno de aquellos lugares de peregrinaje que nos sacaban un tanto de la rutina y suponían una aventura, pues había que cruzar Pedralba, el pueblo de los canales en las calles. Había buscado el lugar varias veces sin éxito y le había preguntado a mi hermano y a mi padre que al final fue quien me dio pistas de por donde podría estar. Hoy no iba a dejar ningún camino sin recorrer hasta encontrarla.

A las 8 de la mañana salgo de casa con unas ligeras nubes cubriendo la fuerza del Sol a estas horas. Bajo hasta el río ya que entre semana y a estas horas está de un tranquilo impresionante, no así por la tarde y los fines de semana.
Pedaleo rápido y solo hasta el final del Parc fluvial del Turia, subo a la carretera de la Pea y llego hasta el desvío que me baja hasta el puente sobre el río.
La acumulación de cañas y suciedad tapona los ojos y el agua salta el camino, como no tiene mucha profundidad lo cruzo con la precaución del que ya se ha caído en similares circunstancias. Al otro lado la gravera sigue parada y no se levanta polvo, de todas formas giro pronto a la izquierda y llego hasta el asfalto que me llevará hacia los campos de naranjos al otro lado de la carretera de Lliria. Es el mismo camino que seguí en la ruta hacia Calles http://bikepedalvalencia.blogspot.com/2010/12/riba-roja-calles.html  

Hoy, a diferencia de aquel día, no hay llovizna ni frío. El calor ya se ha apoderado del día y el Sol castiga con fuerza. Los campos y el bosque que atravesaré están resecos y sedientos. El aroma de los pinos recalentados y el bajo monte, con las hojas agostadas por el calor, se apoderan del olfato, flotando en bolsas inmóviles en el aire que esperan mi llegada.
Al salir de la senda veo, al otro lado del valle, la montaña a la que me dirijo. Las antenas de Bugarra siguen en su sitio, aquel paraje que me despistó la otra vez que estuve por aquí. Ahora ya sé lo que es aquella montaña, es mi primer objetivo de la ruta. Al salir de la senda giro a la izquierda y paso junto a la fuente Marjuela en la que recogen agua con decenas de garrafas, poco después el desvío para subir al alto me espera a la derecha, pero antes me acerco a fuente Pino que está a escasos 50 metros. Me acerco a comprobar si tambien tiene agua, está caliente pero no deja de ser agua. Emprendo la subida por un camino que pronto se descarna y del que asoman piedras como aristas junto a una pronunciada pendiente. Giro a la izquierda otra vez y el camino entra en un pequeño bosque. Cargo todo el desarrollo y bloqueo las suspensiones: la trasera para evitar el balanceo que contamina la pedalada, la delantera para evitar que una posible rampa o piedra me encabrite la bici, así mando yo sobre ella en todo momento. El problema es que a veces me olvido de desbloquear y en las bajadas las paso canutas.
Al salir de la arboleda la vista se recrea en la inmensa Sierra de los Bosques que ocupa todo el horizonte. Gestalgar es una mancha delante de las inmensas montañas. Continuo subiendo esta cuesta que es más corta y por tanto más dura de lo que esperaba encontrar. Ya arriba me acurruco a la sombra contra la verja que protege las casetas de las antenas. Detrás de ella la sorpresa de encontrar un V.G. que no sabía que estaba aquí arriba. Otro mojón conquistado junto con otra cima, otra montaña, otra muesca en el sillín y en mi memoria. Otra sonrisa desafiante hacia las montañas que me miran desde todos lados. Desde el lejano mar hasta el pico Ropé busco alguna nueva cumbre que subir para dejarme conquistar. Almuerzo en la sombra, envuelto en silencio y calma y acompañado por las hormigas que se afanan en recoger las migas que caen a mi lado. Las observo fascinado de su fuerza, de su incansable trabajo, de su solidaridad, de su falta de envidia… no se comen los restos a escondidas, lo llevan a su “ciudad” para compartirlo entre todos y crecer juntos... vamos igual que hacemos nosotros, la raza más “evolucionada” del planeta. Tras el almuerzo hago algunas fotos y contemplo el cortado que cae hacia Bugarra y hacia el río. Quiero explorar algunos caminos que veo junto al río así que inicio la bajada acordándome de soltar las suspensiones y poniendo ojo a los baches que adornaban el camino.
En el cruce, que ahora tomo a la izquierda me llevara a rodear por completo la montaña, pero antes haré una parada en la fuente de la Hortezuela, un precioso paraje que no hay que perderse, y sobre todo hay que disfrutar de su fresca y abundante agua. Luego por asfalto llego al pueblo, al viejo lavadero que es de los edificios más encantadores del pueblo.
El camino llega hasta el mismo río, pero no hay ninguna zona definida de baño y el agua baja con fuerza, la zona junto al camping es mucho mejor. Luego sigo el cartel del aula de pesca, un camino que llega a lo que parece ningún lado, al menos aparentemente; allí nace una senda que es la que llega al azud del canal de la central eléctrica de Pedralba. Lo tardío de la hora y el empeño de buscar la fuente de la Zorra me hace plantearme cambiar la vuelta y no ir hasta Pedralba subiendo por el Aliagar. Así que tendré que ir por la carretera. Ya sé que no soy amigo de eso pero conozco el poco tráfico que hay en esta vía y además es casi todo para abajo, y desde que la arreglaron hace un par de años le han hecho un buen arcén. En fin, que me doy más y más excusas para justificar la decisión que he tomado. Un pequeño repecho me deja en la parte de bajada hacia Pedralba. Tan solo un par de coches me adelantan en la parte de subida, en la bajada voy tan rápido que no les doy opción, o eso quiero pensar. Comienzo la busqueda después de haber preguntado en el pueblo, pero nadie parece conocer exactamente la ubicación exacta aquella fuente, solo vagas aproximaciones. Me desvío de la carretera y entro por el camino junto a la cantera y pronto emprendo un frenético descenso, un desnivel brutal por un camino empedrado que se mete en un valle entre lomas y que llega casi a la orilla del río, solo obstaculizado por el canal.
Retorno a la carretera y empiezo el descenso. Llego a la central eléctrica y giro a la derecha dejando momentáneamente la carretera. El camino discurre paralelo al canal que alimenta la central y que luego se convertirá en acequia hasta entrar en la calle principal del pueblo donde tantas imágenes de decadente nostalgia siguen asaltando mi memoria. Exploro todos los caminos que surgen de este camino principal y llego hasta el final, un camino junto a la valla izquierda de un chalet. El camino está en perfecto estado de abandono por lo que la maleza impide el paso. Con ganas y tiempo, y sin importarte los rasguños en las piernas se podría avanzar hasta la arboleda que se ve abajo y que es, según me han dicho, lo que queda de esta fuente, o del paraje. No bajaré a comprobarlo y me doy por vencido a la vista de las dificultades. Vuelvo hasta la carretera y sigo bajando hasta el polideportivo, allí giro a la izquierda y llego a unos escalones de traviesas del tren a modo de escaleras que baja hasta la chopera del río. Es, en esencia, la continuación del camino del Parc fluvial del Turia que teóricamente llegará hasta aquí. Continúo hasta la pasarela de hierro y allí cojo el camino que sube al pueblo. Bonitas vistas de Pedralba antes de llegar a la entrada del canal.
Luego retorno hacia atrás para cruza la pasarela y girar, al otro lado del río, a la izquierda en dirección a la Pea. Con la senda ya perfectamente marcada entre la pinada no tengo los problemas de las primeras veces cuando aún tenía que bajar de la bici y arrastrarla entre los romeros y demás arbustos. Enlazo con el camino viejo de la Pea y descubro que el caminito que presentaba roderas y bastante piedra suelta está perfectamente compactado con tierra y ensanchado.
Subo la rampa a tren, a buen ritmo, con una cadencia alta que abre todos los poros para que el sudor refresque mi piel al contacto con el aire. La bajada también está arregladita y bajo seguro hasta el cruce donde girar a la izquierda y emprender el tramo de asfalto que me lleve de nuevo al camino del río. Este tramo me permite rodar con soltura aunque a estas alturas de la jornada de pedaleo el cansancio comienza a notarse, sobre todo por el tremendo calor que ha ido creciendo con el día. Antes de llegar a Vilamarxant veo una acequia que baja con agua y decido parar a refrescarme los pies y darme un pequeño respiro. Ya solo queda el tramo de riíto ese hasta casa. Un tramo plano y sin rampas que me permite subir la media, no tanto por las ganas de pedalear o fuerzas que me quedan como por las ganas de terminar y calzarme una cerveza fresquita. La próxima aventura ya en tierras serranas, os la contaré.



TRACK DE LA RUTA: http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=1901575



sábado, 16 de julio de 2011

Calles-Benageber (rodeando la Atalaya)


Volvía a iniciar otra ruta desde Calles. El verano traía una disgregación del grupo por unos u otros motivos y eso me dejaba en la serranía con mil y un caminos que explorar. Tenia en la cabeza el run-run de no haber seguido aquel camino que conducía hacia el Mas del Pinar y que, por tener trazado otro en el GPS, no seguí en la ruta hasta Requena. Tuve entonces que pasar un pequeño cercado y no me había dejado la impresión de una ruta “terminada”, así que hoy quería buscar una alternativa a aquel camino. Ya puestos iba a llegar hasta Benageber rodeando la cordillera del Alto de la Atalaya. Vamos a la historia.

Me despierto temprano y remoloneo un poco en la cama, aún no son las 7 y la ruta, planeada para todo el día, me ofrece tiempo más que suficiente. Unos minutos después decido levantarme y evitar así unos minutos de calor en el cuerpo bajo el ardiente ecuador de julio. Desayuno, estiramientos y me pertrecho con la mochila cargada hasta los topes y el alma llena de ilusión. Bajo hasta el puente en el único descanso que tendré en los próximos Km. pues una vez paso el río todo hacia arriba hasta el radiofaro.
Ya conozco la subida y me la tomo con calma aunque me parece llevar un buen ritmo de subida, o tal vez es que controlo muy bien las pulsaciones y subo sin un esfuerzo excesivo. La pendiente tendida y por asfalto permite bloquear todo y llevar una buena cadencia. Enseguida veo lo que me espera y una sonrisa se forma en mis labios. El día diáfano, el calor intenso, el esfuerzo continuado y ni una gota de sudor, fantástico. Un buen día de poniente. Para mí no son ningún problema estos días de ambiente reseco y temperaturas elevadas, los prefiero a los días húmedos y pegajosos que sufrimos aunque con algo menos de temperatura. Bueno, eso es lo que hay y el camino es el camino, iba a salir igual con cualquier otra temperatura. Cobro altura y las vistas sobre el valle sur del Pico Remedio se engrandecen, la carretera curvea en este lado del valle y sigue ascendiendo hasta el radiofaro.
Desde allí la colosal bajada hacia La Puente Alta y sin tregua, o sin solución de continuidad que queda muy literario, inicio el ascenso por camino de tierra para dejar atrás, primero fuente Jórgola, luego el desvío de Las Marianetas y llegar en una ascensión interminable hasta el desvío de Benageber, que no está indicado como tal, aunque no recuerdo lo que pone en el letrero. Enseguida llego al segundo desvío. Tomo a la derecha hacia Villar de Tejas. Hoy el camino no está encharcado como en aquella ocasión. Pronto llego al desvío que tomé aquel día y hoy, con la lección aprendida, sigo la señal del Mas del Pinar por el camino principal hacia arriba.
Un par de fuertes rampas después llego a la zona alta del camino, o casi, aquí el camino dibuja una cerrada curva sobre la ladera de la montaña y visto desde arriba casi cierra un circulo sobre sí mismo. Allí mismo las vistas hacia el norte son esplendidas y hago una parada contemplativa para ubicar cumbres y montañas conocidas.
Continúo camino buscando a la derecha aquel infernal tramo de subida por un camino desdibujado que se muestra en la ladera de delante. Sigo este placido camino acercándome hacia la cumbre, hacia aquella masía abandonada y ruinosa en el cruce del camino. Hoy no llegaré hasta allí ya que he comprobado que este camino es factible, hoy bajaré hacia la izquierda siguiendo un nuevo cartel indicativo del Mas del Pinar. En este desvío nace un caminito que se adentra en la montaña casi campo a través. Como desconozco exactamente su ubicación dejo pasar el V. G. del Mas del Pinar que roza, a falta de escasos centímetros, los mil metros de altitud. Inicio la bajada hacia el valle donde se ubica Villar de Tejas.
Los pinos forman pequeñas islas entre la roja y fértil tierra que acoge, aquí y allá, pequeños huertos o cereales o árboles frutales. Paso junto a las ruinas de la masía. Un pequeño conjunto de casas, mejor dicho; de lo que fueron casas, destartaladas, ruinosas, abandonadas. Una larga lista de muros derruidos a lo largo del camino es el mudo testigo de un pasado ganadero y agrícola que interactuaba con el medio, no lo explotaba sin reabastecerlo, no lo minaba hasta secarlo y dejarlo inútil. Un profundo sentimiento de pena me invade ante la visión de estos muros, no solo de estos, es la letanía que me ha ido contando el camino, todos los caminos de esta zona y sus abandonadas aldeas. Sigo descendiendo hacia el valle. La bajada no permite demasiadas alegrías puesto que hay mucha piedra suelta, pero sobre todo quiero disfrutar del paisaje. Bajo una de estas islas arbóreas paro a almorzar y descansar del implacable sol que castiga con mayor dureza a cada minuto que pasa. Dos horas y media en estos casi veinte Km. subiendo, no esta mal, me he ganado una buena cerveza. Tras el almuerzo continuo en dirección a Benageber. Voy por el camino que pasa junto al Mas de Caballero y que ya visité camino de Requena.
Dejaré esta aldea a mi izquierda mientras contemplo la mole de la Atalaya surcada por caminos que, por los desniveles, no parecen ciclables. Así llegaré a la parte semiencañonada del barranco del agua, con el Mas de Sancho a mis pies y la mole del Negrete en la otra orilla. Las altas lomas tapan, por la perspectiva más cercana, la mayor altitud de esta cima que casi siempre es localizable por las antenas que coronan la montaña. El camino gira ligeramente a la derecha ciñéndose a la base de la Atalaya. Inicio un suave pero rápido y divertido descenso, camino perfecto y curvas suaves y con buena visibilidad. Algunos badenes en el camino que viéndolos venir los aprovecho para volar a ras de suelo e incrementar un poco más la velocidad.
Tan entusiasmado estoy que me paso el camino a la derecha, llego al cruce con unos pinos en medio, en una isleta. Un letrero indica a fuente Cortes, no será hoy cuando llegue hasta allí.
Retrocedo unos metros hasta el camino ahora a la izquierda y sigo un camino bordeado de árboles y matorrales, monte bajo que se afana en verdear el terreno; a lo lejos parece una alfombra de suave césped, de cerca es otra cosa, pequeñas y tiernas coscojas que crecen poblando el suelo, más a lo ancho que a lo alto y que parecen transportarme mentalmente a otro lugar. Poco después un suave descenso me llevará hasta el campamento y luego a la ermita de San Isidro a las afueras de Benageber.
Esta parte del camino la recorrimos en aquella lejana ruta de Sinarcas al embalse de Benageber http://rodaipedal.blogspot.com/2007/11/sinarcas-benageber.html pero en sentido contrario. Tras la visita a la ermita y un breve descanso en la sombreada fuente giro a la derecha para iniciar un tramo llano que pasa por un viejo pozo junto a la casilla de arriba, a partir de aquí el camino empieza a subir y me dejará en el collado Nieva: en el cruce que recto sigue hacia la Capitana y que a izquierdas sigue subiendo hacia los Visos, subo y enseguida dejo a mi izquierda la bajada hacia los Visos y después el Collado de Alonso. Desde aquí arriba una mirada hacia atrás me mostrará la cumbre de la Atalaya y los caminos que surcan sus laderas. La cima parece tan inalcanzable en bicicleta como dulce sería el sabor de coronar esta cumbre.
Con este pensamiento enredado en mi mente me dejo llevar por el ondulado camino entre las colinas que suponen un verdadero rompe piernas, aunque en el sentido de mi marcha de hoy es mucho más llevadero, pues al final siempre pica hacia abajo. Hacia el Tiñoso y más allá. La cruel subida hoy se torna bajada y el calor asfixiante en los valles entre las laderas no me permite parar a comer.
Tampoco es que haya muchas sombras en las que refugiarse del tórrido sol estival. Solo de pensar en el caldito de cerveza de me tomaría me hace seguir con ganas hacia casa. Me queda una hora de camino para disfrutar de una refrescante cerveza, ¡Umm cerveza…!




 TRACK DE LA RUTA: http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=1995492

jueves, 30 de junio de 2011

Riba Roja-Miravalencia


Hoy tocaba una ruta suave. O eso creía. Los poco más de 37Km del sábado me pedían un poco de “vidilla” así que iba ha meterme una buena kilometrada para compensar. No esperaba demasiado de la ruta y quizá por eso al final me ha dejado muy buen sabor de boca. Bueno, eso y un par de lugares más que interesantes que he descubierto. También ha servido como acercamiento hacia Buñol a donde quiero llegar un día desde Riba Roja. Pero vamos al principio para no mezclar las cosas.

Me levanto pronto y a eso de las 7 ya estoy desayunando, vistiéndome y estirando. Salgo de casa con una ligera bruma enturbiando el cielo matinal y el bochorno de la noche reemplazado por una agradable, fresca y madrugadora brisa.
Salgo del pueblo hacia Porxinos, siempre me parece ver este lugar por primera vez: la exuberante arboleda y la enorme masa de naranjos que rodean la masía. El camino de subida a Les Rodanes lo dejo a mi derecha y llego enseguida al camino de Cheste. A la inútil y absurda “autopista” que han hecho aquí y que me lleva girando a la izquierda hacia Loriguilla. Después cruzo la vía del tren enfrente del Mas de Mompó que aún aguanta el paso del tiempo mejor que la Masía de Baló: este pobre testigo del pasado ha quedado, literalmente, ahogado por naves industriales.
La parcela donde se ubica está pegada a altas y modernas naves industriales a las que nada les importa el pasado y la historia de este despojo en que se está convirtiendo el lugar. “A ver cuando nos dejan construir” estará pensando alguien. Bajo al cauce del barranc del Poll y por el otro lado me dirijo hacia Perentxiza. Hasta aquí nada nuevo. Pero poco después de cruzar el barranco de Pelos, giro a la derecha por un camino que me llevará recto hasta la subida a la Muela de Pota. Justo a sus pies giro a la derecha para bordearla dejándola a mi izquierda, este camino es el que seguimos en aquella incursión hacia Chiva por este camino. Llego hasta aquel camino roto que rodeaba los campos de naranjos; si están trabajando puede que encontremos las puertas abiertas pero igual la siguiente puerta está cerrada así que mejor no intentarlo y seguir el camino marcado. Recordaba el camino igual que está, con roderas y baches del 8 y pedruscos sueltos, así que mejor me bajo y arrastro la bici unos 50 metros. Ya abajo de los chalets cojo el camino del centro de las tres opciones y empiezo a rodar por una zona completamente nueva. Cruzo la CV-417 y empiezo a intuir las montañas al fondo.
El paisaje empieza a cambiar y las vides se reparten el protagonismo con los naranjos, no en vano al poco llego a una enorme bodega vinícola. Sigo de frente acercándome a la zona montañosa de Godelleta, dejo atrás la CV-50 y me pego a la falda de una montaña urbanizada. Por no coger un tramo de carretera me meto en un camino que acaba en una senda junto a un chalet. No se puede ciclar pero se puede ir andando con la bici al lado por el lindero del campo hasta llegar, unos 50 metros más allá, otra vez al camino.
Bajo la urbanización Royo Alto y giro a la derecha dejando a mi izquierda el barranco del Murtal. Voy por un camino asfaltado sin apenas tráfico, la verdad es que he tocado muchos caminos asfaltados pero la máxima de que no sean carretera y no tengan tráfico procuro cumplirla lo máximo posible. Al otro lado del barranco la montaña se oculta bajo la pinada, y en el curso se adivina agua bajo el tupido cañaveral que dibuja el discurrir del riachuelo. Llego así a una zona de exuberante vegetación y un camino a la izquierda que se adentra en ella. La curiosidad puede más que el track y me desvío a investigar. Es el paraje de la fuente del Prado.
Un precioso rincón entre la montaña y el riachuelo, cubierto de pinos que refrescan el lugar con sus gigantescas sombras. Mesas fuente y paelleros, incluso papeleras y contenedores que están más de adorno que otra cosa, o al menos eso deben pensar los energúmenos que han estado por aquí últimamente: igual son los mismos que dejaron hecho unos zorros el parque de Bétera, o el de la Presa, hace unas semanas, o quizá es, simplemente, la guarrería de demasiados “amantes de la naturaleza” que mejor si se quedaran en su puñetera casa.
Continúo hacia delante para ver, al salir de la curva, mi objetivo. El alto del Cerrajón alberga el V.G. Miravalencia. El camino de acceso está al otro lado de otra carretera, la CV-421 entre Chiva y Turís. Inicio el ascenso y tomo el camino de la derecha ya que el otro, de asfalto, llega a un chalet. Enseguida la subida se pone brava, nada insuperable pero que exige toda la potencia para seguir avanzando. La pinada es exuberante en toda la montaña, hecho que evitará poder gozar de buenas vistas desde aquí arriba. En la cumbre hay dos chalets y otro continuando el camino hasta el final. Junto a la curva que hay nada más coronar, está, casi cubierto por la vegetación, el pilar con la señal geodésica, y junto a él un mojón de término municipal: 3 pueblos limitan aquí arriba sus territorios. Encaramado en lo alto me esfuerzo en otear el horizonte. La bruma no permite mucha visibilidad e incluso el “flan” (Motrotón) se difumina en la distancia.
La sierra de Martés es un espejismo y los más cercanos molinos eólicos de Buñol se desdibujan en lo alto de la sierra justo por encima del dantesco edificio de la cementera, así como los Parapetos o el Pico Hierbas.
Miro hacia Valencia pero la altura de los pinos que me rodea no permite ver más allá de sus copas, y por si queda algún hueco la bruma se encarga de cubrir el horizonte en tal dirección, así que la impresionante vista de la capital que me habían anunciado desde aquí arriba se ahoga en la calima que ensombrece el día. Me bajo del pilar resignado y me pertrecho con el equipo para ponerme en marcha otra vez. Deshago parte del camino hasta la curva aquella donde tuve oportunidad de ver por primera vez esta montaña. El desvío que tenía que coger antes de dicha curva lleva a un camino sin salida así que tengo que improvisar otro camino para enlazar con el track. Lo encuentro en un camino a la izquierda que baja hacia el fondo de un barranco y luego sube hacia la masía de la Purísima.
Es un verde valle plantado de naranjos y vides en armonía con los pinos que cubren las laderas. Un exuberante rincón arrancado a las secas tierras del interior a base de riegos por goteo. Acabo de subir la ladera para encontrar un gigantesco depósito de agua a mi izquierda, el camino enfila ahora la bajada hacia el barranco de la Canaleja y de allí hacia Chiva, pasando por delante de un cuidado albergue municipal cerrado a cal y canto, cruzando el paso subterráneo del Ave y entrando en el pueblo.
Las obras en la calle que baja hacia la plaza de las fuentes me obliga a dar un rodeo antes de poder cargar agua y refrescarme del bochornoso calor que a pesar de todo me acompaña. Estoy bebiendo tanta agua que me pesa el estómago y no voy del todo cómodo pero no puedo dejar de beber si no quiero tener una pájara por deshidratación, es un círculo vicioso que me hace sentirme mal haga lo que haga. El cansancio, producido por el calor más que nada no da tregua y empieza a sobrecargarme las piernas. El círculo ya es una bola de nieve cuesta abajo. Llego a Cheste y cojo el camino que me llevará por el barranco del Poyo, no tengo ganas de carretera hasta el desvío de Pozalet. El misterio de las aguas del barranco no puedo resolverlo; hay dos pasos por los que hay que cruzar las aguas pero a veces no las cruzas siendo que el agua sigue su recorrido. Aun así me gusta este camino de piedras y tierra más apto para nuestra especialidad que la carretera.
Me desvío para ver una granja de toros que siguen con su rutina a pesar del fotógrafo que los observa, poco después serán unas rapaces quienes justo encima mío se llaman y me sobrevuelan, no creía ir tan mal, solo espero que no lleguen los cuervos o los buitres.
Luego unas plantas a modo de acacias, quizá lo son, muestran sus enormes espinas al viento, y así llego al final de este tramo que me ha deparado hoy mucho entretenimiento. Salgo hacia Pozalet y luego recorto por el Altico de los Pinos para acercarme a la pedrera y de allí al camino de Cheste que me bajará a Porxinos, ya solo queda entrar en el pueblo y tomar esa cerveza que me reponga de los minerales que no me aporta el agua. Bonita ruta en definitiva que me ha aportado más de lo que esperaba, no la pondré entre las favoritas pero el placer de haberla rodado no me lo quita nadie. Hasta la próxima.



TRACK DE LA RUTA: http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=1818055